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Alta
suciedad.
Para
llevar a la gran pantalla su adaptación de El Hobbit, un
libro de poco menos de trescientas páginas, el director Peter
Jackson necesitará tres películas de tres horas de duración, cada
una de ellas. Sí, seguramente sea algo exagerado. Para adaptar
Hamlet, otro libro que tampoco llega a las trescientas
páginas, Kenneth Branagh realizó una excepcional película de
cuatro horas de duración (existía una versión corta de algo más
de dos horas y media, pero el espectador ya empezaba a perderse
elementos importantes de la historia). Pues bien, ahora llega el
bueno de Joe Wright y decide adaptar el clásico literario Ana
Karenina, un complejo libro de algo más de mil páginas,
resumiéndolo todo en una cinta de dos horas escasas de duración.
Francamente, más que una decisión tomada después de largas horas
de deliberación, lo que parece es la lógica conclusión de una mala
noche de borrachera con vodka.
No
lo llames amor, llámalo bipolaridad.
Cuando
uno se encuentra con una película del género “comedia romántica”,
con dos guapas estrellas de Hollywood como protagonistas y con un
título del estilo de El lado bueno de las cosas, más que de
entrar en la sala a ver la cinta, de lo que le entran ganas a uno es
de meterle fuego a todos los cines que la proyectan con la intención
de limpiar nuestras almas gracias a un gran fuego purificador. Pero
luego uno empieza a ver las críticas y todos los premios que ha
recibido la peli y, todavía con un bote de gasolina en una mano y un
mechero en la otra, empieza a dudar. Siempre me he quejado
airosamente de que los grandes premios de cine tienden a ningunear
las comedias en favor de los grandes dramas. Y de pronto, nos llega
una pequeña comedia romántica que ha conseguido ocho nominaciones a
los Oscar (y encima en las categorías grandes) y otros muchos
premios internacionales. ¿Me habré precipitado a la hora de juzgar
la película? Pues no.
Siempre nos quedará París
La filmografía de Billy Wilder contiene una gran cantidad de obras maestras, y películas como Perdición (1944), El crepúsculo de los dioses (1950), o El apartamento (1960), así lo atestiguan. Pero con Ariane (1957) me he llevado una decepción, dirigida además el mismo año que Testigo de cargo, otra de sus obras maestras. Y aunque sea su primera colaboración con el guionista I.A.L. Diamond (trabajarían juntos hasta el último film de 1981, Aquí, un amigo), y aparezca una bella Audrey Hepburn (una de las actrices favoritas de Wilder), acompañada por un galán Gary Cooper (Cary Grant rechazó el papel), la historia se alarga demasiado. Eso sí, una menor película de Wilder no quiere decir un mal resultado en general, ya que contiene detalles y bromas para comentar, sobre todo el comienzo del film en el que la voz en off de uno de los protagonistas destaca París como la ciudad donde mejor se hace el amor y vamos viendo diferentes tipos de parejas besándose por las calles (ver tráiler).
El amor conyugal
Michael Haneke ha vuelto esta vez de una forma diferente: en Amor muestra su lado más humano, dejando algo aparte su visión cruda de la vida, como ya hizo David Lynch con Una historia verdadera (1999), saliéndose del surrealismo de sus otras películas y probando suerte con las relaciones humanas. Lo curioso es que la de Lynch obtuvo muy buenas críticas y Amor, entre muchos premios, ha sido considerada la mejor película europea del año, consiguió la Palma de Oro en Cannes, y está nominada a cinco Oscar, incluido el de mejor película.
La vida de los otros
Hace poco se estrenó en las salas de cine En la casa, que obtuvo el premio a la mejor película y al mejor guión en el Festival de Cine de San Sebastián, y que hasta ahora es la más aclamada de la carrera cinematográfica del director y guionista francés François Ozon. En esta ocasión ha vuelto a adaptar una historia y ha optado por la obra teatral El chico de la última fila (2011), la primera que es llevada al cine del dramaturgo español más internacional, Juan Mayorga. Ambos hablaron y comentaron sobre la adaptación de la obra pero Mayorga tenía claro que debía dejar vía libre a Ozon para que escogiera lo que más le interesara de su obra. Y parece que debió dar buen resultado, ya que al autor le gustó la película y además acompañó a Ozon en la recogida de los galardones en San Sebastián.
¡Shama Shama!
Viendo este cartel (que recuerda mucho al de Sonrisas y lágrimas) a uno ya le da la sensación de que Descalzos por el parque puede resultar una comedia simpática y agradable, con la intención de que el espectador pase un rato entretenido. Y eso es lo que exactamente ocurre al ver la película, ópera prima de Gene Sacks, que había sido actor de teatro y de televisión en los años 50, y dirigió obras en Broadway en la década de los 60, cuya película más conocida fue la que realizaría el año siguiente: La extraña pareja. Pero para esta película en concreto contó con un guión de Neil Simon, que no tuvo más que adaptar su obra original que ya se había representado en Broadway en 1963 con un éxito muy notable, protagonizada entonces por Robert Redford y Elizabeth Ashley, repitiendo el primero en esta adaptación para el cine, acompañado en esta ocasión por la guapísima Jane Fonda.
Interiores
En muchas ocasiones, aunque una película se haya rodado en pocos días y con poco dinero (algo que pasa comúnmente en el cine independiente), cuando el autor tiene talento, sabe a lo que se atiene y encima tiene a su merced a unos actores con buenas dotes interpretativas, el resultado puede ser bastante satisfactorio. Esto es lo que uno siente al ver El amigo de mi hermana (2011), escrita y dirigida por Lynn Shelton, cuyo título en español es simple y típico pero cuyo original tampoco tiene una traducción fácil ya que Your Sister's Sister es más bien un juego de palabras que hace referencia a un diálogo que tienen dos de sus protagonistas en una escena en concreto. Pero antes de entrar en materia, habría que decir que en el guión de esta comedia dramática la directora solo tenía esbozados algunos diálogos ya que su intención era que los actores tuvieran la capacidad de improvisar mucho y que las situaciones fueran surgiendo a lo largo del rodaje, algo que se consigue con creces con el gran trabajo del buen trío protagonista: Emily Blunt, Rosemarie DeWitt y Mark Duplass.
Cuentos a la boloñesa.
Pues todo parece apuntar que, a sus setenta y siete años de edad, a Woody Allen la idea de la jubilación no es algo que vaya mucho con él. Así pues, en lugar de tomarse su profesión de una forma más relajada, el director sigue con su infatigable ritmo y nos sigue ofreciendo una película por año. Además, sigue con su tour por Europa (en plan gira musical de viejos rockeros) y después de filmar en Londres, Barcelona y París, en esta ocasión la acción se centrará en la ciudad de Roma, que se convertirá en el escenario ideal para las cuatro historias que contiene el film. Lo curioso del caso es que, teniendo en cuenta el título de la cinta, A roma con amor, lo cierto es que a pesar de que las cuatro historias del film, aisladas entre sí, tratan sobre temas de amoríos varios, solo una de ellas se puede entender propiamente como una historia sobre el amor, dejando las otras tres a temas más banales y cercanas al humor absurdo ya visto en los relatos del propio director. Supondremos, pues, que el “amor” a que se refiere el título debe ser entendido como aquel hacia la propia capital italiana, y así todos contentos. ¿O no?
Los sueños se hacen realidad
Este viernes pasado se estrenó en nuestras salas de cine Ruby Sparks (2012), de Jonathan Dayton y Valerie Faris, un matrimonio que después de dirigir numerosos vídeos musicales (entre ellos el premiado Tonight, Tonight, de Smashing Pumpkins) decidieron dar el paso a la gran pantalla con Pequeña Miss Sunshine (2006), con la que cosecharon varios premios y un éxito abrumador tanto de crítica como de público. Ahora han dado vida un guión escrito por Zoe Kazan, la nieta del que fue director y escritor norteamericano Elia Kazan, que en una entrevista comentó que la historia le vino a la cabeza cuando volvía de un rodaje, al ver un maniquí tirado en un contenedor, recordando entonces una leyenda griega que aparece en Las metamorfosis de Ovidio: Pigmalión, un rey de Chipre, cansado de no encontrar a la mujer perfecta, empezó a crear esculturas de mujeres preciosas, enamorándose de la más bella de ellas, Galatea. Al soñar que cobraba vida, Afrodita hizo realidad su deseo y cuando despertó vio que la mujer de sus sueños era real.
Desde África con amor
Los amantes del buen cine tenemos que dar gracias a que John Huston quisiera hacer una película en África con la intención principal de querer cazar un elefante, ya que debido a esa afición totalmente repudiable el resultado de aquel viaje a El Congo, donde todo el equipo de rodaje sufrió un montón de adversidades, fue la increíble La reina de África (1951), en la que el director norteamericano consiguió retratar una de las historias de amor más hermosas que se hayan visto jamás en el cine. Desde la sencillez de la trama y la evolución tan bien llevada de ese respeto mutuo que se tiene la pareja protagonista surge algo especial lleno de romance y ternura.
Ladrones y amantes
Es muy agradable encontrar una película que cautive por su simpática historia y por estar llena de momentos ingeniosos que engrandecen aún más su brillante resultado, y eso es exáctamente lo que ocurre al ver Un ladrón en la alcoba (1932), una comedia romántica de la Paramount que podría ser la predecesora de las "screwball comedies" tan populares en los años 30 y 40 (se suele considerar como la primera de ellas a Sucedió una noche, de 1934).
Canciones de amor y desesperanza
Dentro del movimiento cinematográfico francés llamado Nouvelle Vague hubo un director que quiso apostar por un proyecto musical que cuando se hizo realidad sorprendió tanto a crítica como a público. Ese hombre fue Jacques Demy y su película en concreto Los paraguas de Cherburgo (1964), cuya propuesta fue tan novedosa que resultó ser revolucionaria. La historia es un apasionante retrato del amor, plasmado con todo sentimiento a través de diálogos cantados, algo que era inusual en el género siendo el primer film en realizarlo enteramente (además sin ninguna coreografía). Su estreno resultó ser tan formidable que tuvo un gran éxito internacional y se ha convertido con creces en un clásico del cine europeo. Hay que decir que cuando Demy presentó su idea a su productor éste la rechazó y en Cannes de 1962 no hubo ningún comprador que le interesara el proyecto; pero, paradojas de la vida, en 1964 la película ganó la Palma de Oro en dicho festival de cine (también fue nominada en los Oscar como mejor película de habla no inglesa).
El amor y otras cosas del montón
Hace poco más de una semana llegó a nuestras pantallas una película francesa llamada Los nombres del amor (2010), de un tal Michel Leclerc, que cuenta una peculiar historia de amor entre un hombre serio y maduro y una joven bastante extravagante, entregada al sexo de forma acentuada. Con este contraste pronunciado en la pareja protagonista y con un personaje femenino desbordante y vivaz, quizás les vengan a la cabeza películas como La fiera de mi niña (1938), ¿Qué me pasa, doctor? (1972) o Algo salvaje (1986), en las que ellas también volvían locos a los personajes masculinos.
El amor en los tiempos de la juventud
Antes de probar suerte en Estados Unidos, Milos Forman formó parte de la Nueva Ola Checa (les recomiendo nuestro apartado de Fantasía Checa de la mano de Cecil B. Demente), en cuyo período realizó cuatro películas entre las que se encuentra la magnífica Los amores de una rubia, de 1965, que en su país arrasó en taquilla y obtuvo muy buenas críticas en todo el mundo. Justo un año después, Jiri Menzel, que también estaba integrado en aquel original y sorprendente movimiento cinematográfico, estrenó la adorable Trenes rigurosamente vigilados, muy emparentada con la de Forman ya que tienen en común varios detalles: ambas son comedias agridulces con una puesta en escena basada en mostrar únicamente situaciones reales en las que se encuentran los personajes, puestos a prueba en varios momentos en los que, a causa de su manera de ser, nace perfectamente un humor tan sorprendente como brillante al surgir de forma tan natural. Aunque, sobre todo, se asemejan mucho por sus jóvenes protagonistas, bastante tímidos e introvertidos pero, además, debido a detalles que se van viendo en sus correspondientes historias, absolutamente tristes y frágiles.
La última vez que me sentí así, acabé enamorándome
La infidelidad se ha visto muchas veces plasmada en el cine pero cuando es tratada de manera distinta en una historia de amor fortuita, contada hasta con simpatía y encanto, puede dar lugar a que nos encontremos con películas tan curiosas e interesantes como El próximo año a la misma hora (1978), de Robert Mulligan, con Alan Alda y Ellen Burstyn como la pareja protagonista, cuyo amor apasionado será disfrutado por el espectador durante casi toda la película.
Las clases particulares
Es normal que en la enseñanza un estudiante se pueda sentir atraído por algún profesor o profesora quedándose el asunto simplemente en un sentimiento; pero también, en algunas ocasiones, puede suceder que esa atracción sea mutua y acabe, en más veces de las que creemos, en relación sexual. Esto es lo que ocurre, aunque con el aliciente de estar ubicado en la Segunda Guerra Mundial, en la película La belleza de las cosas (1995), un drama del director sueco Bo Widersberg, que fue nominado para el Oscar a la mejor película de habla no inglesa y que consiguió el Oso de Plata-Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale).
Encuentros en la tercera planta.
Ya lo decía el propio Nacho Vigalondo en su corto "Una lección de cine" en el que, él mismo, intimidaba a una despreocupada vaca, que pastaba tranquila en el prado, con una perturbadora "bat-bola", haciendo varios amagos hacia el animal pero sin llegar a lanzársela en ningún momento: "En el cine, muchas veces, es más importante la expectación que creas en torno al contenido, que el contenido en sí". En su segundo film, después de la celebrada "Los cronocrímenes" (cinta que aplaudí a rabiar), parece que el director y guionista haya llevado tal afirmación hasta su máxima expresión, manteniendo en vilo al espectador sobre lo que puede llegar a ocurrir durante todo su metraje. Solamente hay un pequeño problema, su corto duraba poco más de dos minutos, mientras que su última película dura hora y media.
El amor lo cura todo
En su segunda película, Declaración de guerra (2012), la actriz, guionista y directora francesa, Valérie Donzelli, cuenta parte de su vida personal, centrándose en la dramática experiencia que vivió con su actual pareja, el actor Jeremías Elkaïm, cuando descubrieron que su hijo tenía una grave enfermedad. Las varias pruebas que los médicos tuvieron que hacerle y la terrible espera que ellos debieron soportar para conocer cuáles eran los resultados hicieron que su amor fuera aún más fuerte, como se muestra de forma muy original y emotiva en la película. Ambos actores interpretan a la pareja protagonista, algo que da más cercanía y verosimilitud a su propio relato y ayuda a que el espectador congenie con la gran química que hay entre ellos. En el Festival de Cine de Cannes fue muy bien acogida y es que Declaración de guerra es, ante todo, una preciosa historia de amor y uno de los films más atrevidos y llenos de vitalidad de los últimos tiempos.
Entre dos mujeres
Jack Clayton, uno de los pioneros de aquel movimiento cinematográfico inglés llamado Free Cinema, consiguió con Un lugar en la cumbre (1959) una obra inolvidable, una película con mayúsculas considerada un clásico del cine británico. Con guión de Neil Paterson, adaptando una novela de John Braine, y con la buena dirección de Clayton, el espectador disfrutará de un ritmo narrativo formidable y se meterá de lleno en esta emotiva historia de ambición, de engaños, de mucha pasión, pero también de amores frustrados. Entre los varios premios que logró, hay que destacar que fue nominada a 6 Oscars, de los que consiguió el premio al Mejor guión adaptado y a la Mejor actriz, por el increíble trabajo de la actriz francesa Simone Signoret.
Las murallas de Jericó
Una de las "screwball comedy" más conocidas de la historia del cine (y considerada habitualmente como la primera de ellas) la encontramos en la película Sucedió una noche (1934), el primer gran éxito de Frank Capra y la primera en conseguir los Oscars de las 5 categorías más importantes: película, director, actor, actriz y guión, algo que después volvieron a conseguir Alguien voló sobre el nido del cuco (1975) y El silencio de los corderos (1991). Este tipo de comedias se caracterizan por ser comedias románticas que se hicieron muy populares en las décadas de los 30 y 40 en Hollywood, cuya pareja protagonista solía tener una relación de amor-odio llena de enredos y cuyos diálogos estaban llenos de picardía. Como curiosidad, el film de Capra fue un inesperado éxito de Columbia Pictures, después de haberse fundado diez años antes por Harry Cohn, y su pareja protagonista ya era bastante conocida por aquel entonces: Clark Gable y Claudette Colbert. Él venía de la MGM y ella de la Paramount, y es que Harry Cohn solía contratar a estrellas que no estaban a gusto en otros estudios.
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