Mostrando entradas con la etiqueta western. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta western. Mostrar todas las entradas

Django desencadenado (2012)


Dos hombres y un mandingo.

Después de ofrecernos su particular visión sobre géneros tan distantes como el cine de gangsters, el blaxploitation, las artes marciales, el thriller con toques de slasher o las cintas de nazis, ahora Quentin Tarantino ha decidido pasarse al western. Que Tarantino llegara al western era solo cuestión de tiempo, pues ya se veía que el hombre le tenía ganas al género en algunos tramos de Kill Bill, de Dead Proof e, incluso, en la secuencia inicial de su anterior trabajo, Malditos bastardos. De todos modos supongo que, en el fondo, no debería importarnos demasiado cual es el género que Tarantino decida abordar en cada ocasión, pues Tarantino ya es un género en sí mismo. De este modo cabe decir que Django desencadenado es un western, sí, pero sobre todo es un western de Tarantino, con todo lo que tal afirmación conlleva.

Los profesionales (1966)


El Equipo A

Un año antes de realizar una de sus películas más aclamadas y conocidas, A sangre fría (1967), una buena adaptación al cine de la grandísima novela homónima de Truman Capote, el director norteamericano Richard Brooks se dispuso a realizar un western lleno de acción llamado Los profesionales, en el que destaca un reparto difícil de olvidar: Lee Marvin, Burt Lancaster, Robert Ryan, Jack Palance y Claudia Cardinale.

Cowboys & Aliens (2011)


Centauros de las galaxias.

El western es un género al que, a menudo, le ha gustado romper las encorsetadas reglas de su propia idiosincrasia para ponerse a coquetear con otros estilos. De este modo, al western, se lo ha mezclado con la comedia más alocada (Sillas de montar calientes), el musical (La leyenda de la ciudad sin nombre), la ciencia ficción (Atolladero), la animación (Rango), el terror (Billy the Kid vs. Dracula), el cine erótico (Wild gals of the naked west de Russ Meyer) e incluso el cine más independiente (Dead man) y de autor (Condemor, el pecador de la pradera) no han podido evitar meter sus garras en él. Ahora nos llega un nuevo cocktail (¿molotof?), en el que al pobre western lo meten de lleno en una peli plagada de simpáticos visitantes espaciales con ganas de marcha, acción a raudales y un sentido de la aventura algo más atropellado de lo que estábamos acostumbrados a ver dentro del género.

Johnny Guitar (1954)


No, no, no nos moverán.

Este año se conmemora el centenario del nacimiento del director de la primera película de James Dean, Rebelde sin causa (1955), que no es otro que Nicholas Ray, que murió en 1979 a la edad de 77 años. Por este motivo, en la edición de este año del Festival Internacional de Cine de Venecia (31 de agosto-10 de septiembre) se le hace una merecida retrospectiva. Ayer mismo se presentó en el Festival, como estreno mundial, su última película, We can't go home again, un film rodado a principios de los 70 con sus alumnos de la universidad donde impartía, en el que utilizó todo tipo de formatos, y que ahora se ha podido completar y restaurar gracias al trabajo de su viuda Susan Ray, que también es la responsable del documental Don't expect too much, que indaga en este último trabajo de su difunto marido con bastante material de archivo.

Pero ahí no se queda la cosa, en un próximo proyecto Al Pacino encarnará al director en una película dirigida por Philip Kauffman. Por eso quizás esto sea suficiente para hablar de una de las películas más recordadas y alabadas del director norteamericano: Johnny Guitar (1954), un western clásico en el que hay una historia de amor, y el típico salón con peleas, disparos y chupitos de whisky, pero en el que también los diálogos son brillantes, llenos de ironía, la tensión de la trama va en aumento, los personajes están muy bien construidos y encontramos a una Joan Crawford que traspasa la pantalla.

Rango (2011)

¿Qué hace un camaleón como tú en un sitio como éste?

Viendo Rango me di cuenta de lo mucho que me llega a molestar el término “cine familiar” o “cine para todos los públicos”. Uno frente a una película de animación protagonizada por un camaleón perdido en el desierto que juega a ser sheriff (y sin el vocabulario soez de otras películas de animación como podría ser South Park) puede llegar a pensar que se trata de la película ideal para que los padres lleven a sus hijos pequeños a los cines para tenerlos entretenidos hora y media larga. Francamente dudo mucho que Rango sea una película para niños, lo que no quiere decir que los niños no puedan ver la pelí e incluso que algunos de ellos puedan llegar a disfrutarla, pero creo que la mayoría terminarán aburriéndose soberanamente ante las aventuras del camaleón de camisa hawaiana. ¿Y los padres? Los padres sí podrían disfrutar de la película, pero me sorprendería bastante que lo hicieran con su hijo aburriéndose en el asiento de al lado.

Valor de ley (2010)

Alto o el viejo borracho a mi lado dispara.


Recuerdo que hace unos años los hermanos Coen eran un valor seguro y uno esperaba ansioso la llamada "nueva película de los Coen" con una especie de fervor religioso sin importar demasiado si se trataba de un drama, un thriller, una comedia o todo lo anterior mezclado y agitado. Desde hace unas cuantas películas atrás (en mi caso concreto fue a raíz de O, Brother!, la incomprendida para algunos primera colaboración de los Coen con Jorge Clooney), los hermanos nos han ido sirviendo su habitual ración de cine pero sin que fuera ya lo mismo. Siguen ofreciéndonos grandes películas, es cierto (sin ir más lejos el No es país para viejos que le valió el Oscar a Javier Bardem), pero demasiado en cuenta gotas y mezcladas con otros trabajos menos relevantes e incluso, en alguna ocasión, con alguna película francamente terrible (déjenme recordarles la funesta Ladykillers, su primer remake). A base de este continuo "una de cal y otra de arena", uno ha aprendido a desconfiar de la conocida como "nueva película de los Coen" en lugar de esperarla con ansiedad. Ahora nos llega un western que es un remake de una película del año 1969 y, siendo sincero, debo confesar que no me esperaba gran cosa (más si cabe a sabiendas del desastre que supuso su primer remake). Por suerte para todos, la dicha parece habernos sonreído en esta ocasión y este Valor de ley tira más hacia el grupo de pelis de los Coen para recomendar a los amigos que el de las pelis de los Coen para quemar en un fuego purificador.

Limonada Joe o la ópera equina (Limonádový Joe aneb Konská opera, 1964)

De la Europa de las Nuevas Olas y de la mano de Oldrich Lipský, surge esta aproximación checoslovaca al western americano, una aproximación realizada mediante la parodia y la sátira, y que está pensada para rendir un disparatado homenaje al cine de vaqueros, haciendo especial hincapié en su etapa muda, aunque sustituyendo el clásico blanco y negro por una serie de llamativas gammas bicolor, con especial predominio del amarillo (limón). La película está situada a medio camino entre el arte y la broma, y es un cruce transgénico de western, comedia y musical, pero como suele suceder con la filmografía de este director, cualquier etiqueta se le queda corta.


La acción se sitúa en el Lejano Oeste, en Stetson City, donde hay un salón de whisky en que los hombres se emborrachan y las mujeres entonan canciones sobre entregar sus virtudes a misteriosos desconocidos. En ese escenario, repleto de humo y peleas, hace su entrada Limonada Joe, un pistolero que solo bebe (¿no lo adivinan?) limonada Cola-Loca y que es capaz de matar una mosca de un disparo. Antes de que alguien pueda decir Lucky Luke, el tipo ya ha evitado un atraco y enamorado a una rubia, de tal manera que pone de moda un nuevo local, el Cola-Loca Saloon, un lugar donde persiste la violencia y el caos, pero como mínimo la gente ya no se emborracha. Eso sí, el número de muertos aumenta, porque al ir serenos nadie falla un tiro. El pérfido amo del salón de whisky recurrirá a todo tipo de estratagemas para recuperar a su clientela y acabar con Joe.


Para recrear su peculiar versión del mundo del western, Lipský toma prestados los recursos propios de una fantasía animada. La violencia del filme resulta absurda y los personajes reciben nombres rimbombantes que definen sus personalidades, como Lou Tornado, Doug Badman o Ezra Goodman, a lo que hay que sumarle que Cola-Loca es un claro remedo de una popular marca de refrescos (a los de la Coca-Cola Company les deben estar pitando los oídos). El protagonista, por su parte, parece más un dibujo animado que otra cosa, y en un principio representa el bien sin ambages, mientras que sus oponentes son el claro reflejo del mal, aunque un mal bastante naïf y descafeinado.


Pero la película no se limita a la caricaturización de la mítica del western, sino que logra una deconstrucción de lo que históricamente ha significado el género en sí, y ahí es donde radica la genialidad de la obra. El cine estadounidense ha usado las películas del oeste para escribir su propia leyenda, relatando el proceso de formación de su país y haciendo exaltación de héroes que personificaban los valores culturales americanos. Y esto es exactamente lo mismo que hace Lipský, pero de una manera jamás vista y completamente desmadrada.


Poco a poco Limonada Joe se descubre como un personaje mucho más turbio de lo que cabría pensar en un principio, sus motivos se nos revelan interesados y el conflicto que se establece entre él y el amo del salón de whisky, desemboca en una mera lucha comercial, donde los clientes no son más que títeres manipulados a su antojo, toda una alegoría de la sociedad de consumo y el neoliberalismo. Cabe suponer que esta parábola americana ya existía en la novela y la obra de teatro en que se basa el filme, creaciones ambas firmadas por Jiří Brdečka, el guionista del largo, pero también es verdad que la historia parece predestinada a ser película, por su discurso autorreferencial y su tendencia al subrayado cinematográfico.


El cine de Lipský tiene algo de paradójico e imprudente, como si el director se lanzara a una idea sin paracaídas y sin saber muy bien cuál es el filme que persigue, demostrando siempre una mentalidad abierta y mucha valentía. Humor absurdo, gags visuales, slapstick, números musicales surrealistas y unos efectos especiales basados en el trucaje, son lo que se puede encontrar en esta disparatada ópera western, una comedia que funciona como una anatomía del American way of life contada para niños y todo un clásico de culto de la Nueva Ola checoslovaca.



La frase 1: “¡Señores! ¿Creen que el salvaje oeste será menos salvaje si ustedes llenan sus vasos con leche fresca o agua del grifo?”

La frase 2: “Defensor de la ley, vengador de los débiles y… representante de limonada.”

La frase 3: “Abriré una casa de mala reputación donde solo se venda limonada.”

La frase 4: “Lo que es bueno para Cola-Loca, es bueno para la ley.”

Leer critica Limonada joe en Muchocine.net

Hasta que llegó su hora (1968)

Elprimerhombre ha visto Hasta que llegó su hora, de Sergio Leone, el cuarto y último spaghetti western de este director, esta vez sin Clint Eastwood, considerado por muchos como su obra maestra del género.

La historia empieza con una interesante secuencia de quince minutos en la que vemos a tres tipos esperando la llegada de un tren en una estación perdida en el viejo Oeste. La lenta filmación con bastantes primeros planos alertan muy bien al espectador y significan un digno inicio para ir introduciendo poco a poco, y de forma original, las letras de crédito, finalizando con el nombre del director con la llegada de la locomotora. Además, un sutil humor remarca la simplicidad de estos personajes, fulminados con tres disparos certeros por un recién llegado Charles Bronson, que con la melodía de su harmónica, que repetirá varias veces en la primera mitad del film, se da a conocer allá por donde pasa. Lo curioso es que el malo de la película es encarnado por Henry Fonda, cosa que da un punto de interés al argumento.

Un tipo llamado Cheyenne (un interesante Jason Robards) es otro de los personajes vitales de esta historia. Él y Harmónica (que es como llama Cheyenne al personaje de Bronson) acabarán ayudando a una mujer, una bella Claudia Cardinale, que llega a la ciudad para empezar una nueva vida. Un mes atrás se había casado en Nueva Orleans con un tal Bred McBain y dispuesta a instalar todas sus cosas y a conocer a su nueva familia, se encuentra con un panorama desolador: McBain y sus cuatro hijos han sido masacrados por unos bandidos. Y todo el mundo cree que los culpables son la banda de Cheyenne (cosa que indigna al mismo Cheyenne), pero el maldito verdugo es Frank (Henry Fonda), junto con tres tipos más, trabajando para un tal Morton (Gabriele Ferzetti), que padece tubercolis ósea. La intención de este es quedarse con esas tierras ya que McBain tenía pensado un proyecto que era el sueño de su vida: construir una estación en su propia ciudad. Desde que supo que el ferrocarril pasaría por esos lugares, compró el terreno que tenía alrededor y ahorró hasta esperar a que llegara el gran día. Lo tenía todo pensado, hasta sabía que en un radio de 50 millas sólo había agua en un punto de su terreno para abastecer a la locomotora de vapor. Al final la viuda tomará su relevo.

El papel del personaje de Bronson es puramente vengativo, queriendo saldar varias cuentas con Frank, aunque este no recuerde exactamente quién es él. Su harmónica tiene una fuerte carga simbólica, como también lo tenía el reloj de pulsera con una dulce melodía en La muerte tenía un precio (1965). Y la banda sonora de Ennio Morricone se une perfectamente a esa harmónica, plasmando un magnífico trabajo que da un valor esencial a diferentes situaciones de la película, remarcando, obviamente, que la relación Leone-Morricone es lo más singular de los cuatro Spaghetti Westerns que culminaron juntos a su manera. Sin esa unión no tendría sentido casi ninguna escena de las que se ven en estos espectaculares films (aunque aún me queda por ver la primera, Por un puñado de dolares, de 1964). Por ejemplo, de esa unión quiero destacar la escena del reto casi del final, cuando vuelve a aparecer en la mente de Bronson la imagen difuminada vista ya dos veces durante el film, pudiendo observar el espectador el recuerdo entero de un terrible suceso que ocurrió cuando él era aún un adolescente y el motivo de la harmónica, siendo una de las mejores escenas de todo el metraje. La magia de los planos de Leone, tan largos, penetrando más allá de la mirada de sus personajes, perderían todo su valor sin esas canciones tan potentes del gran Morricone. La locura o la poca racionalidad de los personajes que cabalgan en estos films va totalmente unida a unas composiciones musicales que parecen tener un mismo fin: un sentido crepuscular de sus vidas y el inevitable duelo final.

Pero en este film, esa gran fuerza visual y musical pierde bastante peso a causa del guión, obra del mismo Leone, junto con Dario Argento (antes de dirigir su primera película en 1970) y Bernardo Bertolucci (que ya había realizado algunos cortos y películas). A la hora de incluir un personaje femenino protagonista, aunque sea esencial para la historia, los demás personajes parecen perderse un poco alrededor de esa mujer, un poco mal retratada por ser un papel poco trabajado, importándome bastante poco desde su aparición. Aunque la Cardinale salga despampanante, con toda su sensualidad y enseñando a veces sus preciosas curvas, uno está acostumbrado a ver a tipos duros disparándose entre ellos, pareciendo en este caso que la larga duración del film (más de dos horas y media) sirva más para contarnos el futuro que tendrá la pobre Cardinale que no en entreternos con enfrentamientos entre bandidos. Además, la venganza planeada para el personaje de Bronson no está muy bien llevada, llegando al duelo final de una manera un poco forzada, sobre todo con unos diálogos bastante pobres. Quizá mi devoción por los primeros westerns de Leone viene marcada también por la presencia de Clint Eastwood, mucho más carismático que el poco expresivo Bronson (sin estar mal en su papel). Aún así, no he podido dejar de disfrutar con este film, aunque no tenga la autenticidad de sus antecesoras y parezca que todo esté dirigido más seriamente. Para eso siempre ayuda la manera de filmar del señor Leone y la de emocionar del grandísimo Ennio Morricone.

En definitiva, el último western del señor Leone, demasiado largo para contarnos una historia con menos fuerza que las anteriores, mantiene bastante entretenido al espectador gracias a su buena dirección y a la acertada música de Morricone.

Un saludo!




Leer critica Hasta que llegó su hora en Muchocine.net

Grupo salvaje (1969)

Elprimerhombre nunca olvidará a William Holden, Warren Oates, Ben Johnson, y Ernest Borgnine, como los cuatro intrépidos forajidos de Grupo salvaje, de Sam Peckinpah, una película intachable que, como ya dije en la crítica de El Bueno, el Feo y el Malo, es otra de mis favoritas del Oeste, un género que no es mucho de mi gusto, pero ante una obra de tal calibre no hay prejuicios que valgan.

Hay muchas diferencias entre esta película y todas las demás del género. Los protagonistas son unos veteranos atracadores de bancos, ladrones que viven al margen de la ley, alejados por completo de los prototipos de los cowboys de los 50. Es un western más crepuscular y violento que cualquier otro y profundiza en el carácter de los personajes. El montaje es bastante vanguardista y se la considera una de las películas más sangrientas, según algunos críticos.

Pocas películas tienen un principio y un final tan apasionantes. El comienzo es un halago al buen gusto. Te engancha desde las letras de crédito, cuando el grupo de forajidos entra en un pueblo y pasa al lado de unos niños que juegan a echar a un escorpión a unas hormigas, siendo el presagio de lo que les va a ocurrir. Esta idea se le ocurrió a Peckinpah a raíz de una charla con Emilio Fernández, un actor mexicano que hace del general Mapache. Este le comentó, mientras charlaban sobre el guión, que cuando el grupo entra a la ciudad le recordaba cuando era pequeño, porque cogía un escorpión y lo echaba a un hormiguero y entonces las hormigas atacaban al escorpión. Al oír esto, Sam no lo dudó ni un minuto, llamó de seguida a un productor y le pidió que le llevaran sin demora escorpiones y hormigas. Entonces se puso a reescribir de inmediato la película para incluir el sensacional comienzo con las letras de crédito.

Y la secuencia final es apoteósica, un hito del cine. Una de las secuencias más extraordinarias jamás filmadas, llamada “La batalla del Porche Sangriento”. En ella la coreografía es perfecta. La cámara lenta y los disparos a discreción provocan un sentimiento intenso. Según palabras de Gordon Dawson, supervisor de vestuario, esta secuencia costó doce días en rodarla. Sólo tenían 350 uniformes militares mexicanos y reventaron 6.000. Tenían un equipo de remiendo de uniformes justo detrás de los disparos. Tapaban con una cinta los simulados agujeros de bala y la pintaban de color caqui. Después la pegaban al calentador para secar la pintura y alguien lo retocaba con guantes sucios para darle un aspecto usado. Y todo esto para volver a reventarse delante de las cámaras.

Como curiosidad, esta película compitió en su época con otro western llamado en España “Dos Hombres y un Destino”, que narraba las andanzas de Butch Casidy y Sundance Kid. Pero resultan ser dos películas muy distintas, sobre todo porque la llamada Wild Bunch (título original de Grupo salvaje) era el nombre real de la banda de forajidos que lideraban los nombrados Casidy y Kid, que curiosamente no aparecen en la película de Peckinpah.

Para acabar tengo que decir que Grupo Salvaje es una película llena de violencia estilizada, lo cual era una innovación para la época en que se filmó. Es una gran historia épica, de traición y amistad, llena de momentos de tensión. Al verla te das cuenta de que Sam Peckinpah tenía las cosas muy claras, pero también improvisaba mucho, lo cual me sorprende aún más. Como algunos le recuerdan, Peckinpah era un entusiasta e inigualable, lleno de excesos dentro y fuera de la pantalla. Al final de su carrera se autodestruyó, cayendo al mundo de las drogas, más concretamente al de la cocaína, muriendo en 1985 a los 59 años de edad. Y me quedo con lo que dijo de él una vez Harry Dean Stanton: “Era muy apasionado, motivado, un artista loco y un poeta, y le quería, la verdad”.

Un saludo!

Leer critica de Grupo Salvaje en Muchocine.net

El bueno, el feo y el malo (1966)


Elprimerhombre homenajea a El bueno, el feo y el malo, de Sergio Leone, casi el arquetipo del Spaghetti Western, un “subgénero” dentro de las películas del Oeste, y para mí muchísimo más interesante.

Para hacer la sinopsis de la película voy a recitar al director: ”El bueno, el feo y el malo" transcurre en la guerra de Secesión Americana y habla de diversos estereotipos históricos, mediante la historia de tres personajes errabundos que son una amalgama de todos los defectos humanos”. Esto último no lo hubiera dicho mejor.

Clin Eastwood es Rubio (“el bueno”), un tipo calculador que siempre parece tener un as escondido en la manga. Eli Wallach es Tuco (“el feo”), un tipo gracioso y cascarrabias que no daría su vida por nadie y Lee Van Cleef es Sentencia (“el malo”), un tipo que no duda en matar a quien sea para conseguir su objetivo. En definitiva, ninguno de los tres es de fiar y ellos lo saben. Es lo que queda más claro durante todo el largometraje: en ningún momento, estos personajes deben bajar la guardia, porque un pequeño descuido les puede dejar en la cuneta. Y uno de los aciertos del guión es que se necesitan entre ellos para llegar a su destino.

Y aquí no hay ni indios ni vaqueros, aquí hay tipos duros que se dejan la piel por un tesoro escondido. Los ves sudar, sufrir y percibes la tensión del momento, sobre todo gracias a los primeros planos en los duelos. Y la música no es la del séptimo de caballería sino de un gran Ennio Morricone que acertó por completo en su cometido. Quién no habrá oído esa melodía pegadiza, ese tipo de llanto/aullido que acompaña a los personajes durante todo el recorrido por ese Oeste tan austero.

Es una gran película de puro entretenimiento que nunca dejaré de recomendar, aunque sea un Western. Eso sí, a parte de Leone, me quedo con Sam Peckinpah y su Grupo Salvaje, que algún día quizás la comentaré.

Me despido con unas palabras del crítico Ramón Freixas, refiriéndose a Leone: “Su Oeste es brutal. Quien no dispara es un Don Nadie”.

Un saludo!!

Leer critica de El bueno, el feo y el malo en Muchocine.net

Mientras tanto, en Twitter...

Free counter and web stats