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Pasitos
de bebé.
Uno
no puede evitar tener la sensación de que el cine español se ha
pasado media vida criticando la forma de hacer películas en
Hollywood, y su vacuo sentido del espectáculo, a la vez que
defendía, a capa y espada, la cinematografía patria y su forma de
hacer las cosas. Por suerte o por desgracia, o mucho me equivoco o
creo que la otra mitad se la van a pasar copiando esa forma de hacer
cine, importada del otro lado del charco. No desearía que se me mal
interpretara: estoy encantado con la idea y lo cierto es que,
personalmente, ya estaba un poco hasta las narices de pelis sobre
grandes dramas de penurias y miserias ambientados en la guerra civil
española o, lo que es todavía peor, en la post-guerra (que lo poco
gusta y lo mucho cansa). Pero lo que también sería de agradecer es
que la valentía que se ha demostrado a la hora de cortar con una
especie de tradición de hacer cine en nuestro país, también se
demostrara a la hora de ser capaces de innovar en lugar de limitarse
a copiar, a pies juntillas, los grandes clichés de las
super-producciones americanas. Los últimos días no es que
contenga alguno de estos clichés, es que arrastra un enorme y pesado
carro repleto de ellos, provocando que le cueste una barbaridad
avanzar con un mínimo de fluidez y originalidad.
Miseria y compañía.
Lo
imposible fue el gran fenómeno cinematográfico del 2012. La
película que logró batir récords, que arrastro un descomunal
número de espectadores a las salas de cine donde se proyectaba, que
contó con una espectacular y agresiva campaña de marketing y de la
que, obviamente, todo el mundo hablaba y opinaba. Además, por
increíble que pueda parecer, se trata de una super producción
española, rodada en inglés y protagonizada por grandes estrellas de
Hollywood, basada en un hecho real que en 2004 impactó al mundo
entero. Se trata de una cinta de catástrofes, es cierto, pero que
pretende ir mucho más allá, tocando temas como los de la
supervivencia, la superación personal, el compañerismo, la
generosidad, la ayuda anónima en un momento de necesidad y, ante
todo, de la unidad familiar por encima de todas las cosas. Y todos
estos elementos lo que hacían preguntarme una y otra vez era: ¿que
demonios hago yo viendo esta cosa?
Pues parece ser que ya tenemos aquí nuestra dosis habitual de invasión alienígena en pantalla grande. De hecho creo que si tuviera diez euros por cada película que se haya estrenado con extraterrestres con ganas de eliminar la raza humana, ahora mismo podría estar tomándome un café y un cruasan con Mark Zuckerberg charlando de nuestras inversiones. Entrando ya en materia, cabe decir que existen dos grandes grupos claramente diferenciados de este tipo de productos: a) las invasiones alienígenas protagonizadas por civiles en el bando humano (aquí recordaremos la reciente adaptación de La guerra de los mundos con un Tom Cruise dejándose el culo por intentar poner a buen recaudo a sus retoños); y b) las invasiones alienígenas protagonizadas por militares en el bando humano (cómo por ejemplo ese Independence day con un Will Smith cargándose a los marcianos a puñetazo limpio). Invasión a la tierra (Battle: Los Angeles) pertenece claramente a este segundo grupo.
Soldaditos de plomo cuero
Que en Hollywood van algo mal de ideas es algo que ya hace cierto tiempo que tenemos asumido. Que en Hollywood les gusta de vez en cuando echar la vista hacia atrás y recuperar temas a priori ya olvidados (especialmente si se trata de temas que tuvieron su auge en la década de los ‘80) también resulta algo público y notorio. Pero que resulte que ahora, en Hollywood, se vean obligados a sacar ideas de antiguas lineas de juguetes para conseguir llenar las salas de cines, empieza a ser algo extraño y hasta cierto punto desconcertante. Aunque lo cierto es que después del éxito de las dos entregas de Transformers, ¿quien puede llegar a pensar que sea una mala idea llevar a la gran pantalla, con actores de carne y hueso, los personajes G. I..Joe? Y es que, a pesar de que un servidor siempre fue mucho más de Los masters del universo, el otro día me estuve viendo: G. I. JOE: EL ORIGEN DE COBRA... ¡Empezamos!
La trama de la peli se la puedo contar de dos maneras, la versión corta y la versión larga. La corta sería algo así: Un grupo de soldados buenos lucha contra una organización criminal por el control de una nueva arma muy peligrosa. Fin. Y para esto emplean dos horas de duración. Si, visto así la cosa incluso podría llegar a tener cierto sentido, así que mejor les cuento, ya de paso, la versión larga para que no se hagan falsas expectativas antes de hora.
Una empresa de armamento, con nombre de chocolatina (MARS), ha inventado una nueva arma que es el no va más, pero los militares que la debían transportar caen en una emboscada perpetrada por los malos de turno y se llevan el arma. Tan solo dos de los soldados logran sobrevivir al ataque, quienes se unirán a una especie de fuerza especial de ataque conocida con el nombre de G.I.Joe en busca del arma sustraída. Como los G.I.Joe son un grupo de élite en el cual no entra quien quiere sino quien puede, los dos soldados deberán pasar unas duras pruebas para ingresar en el cuerpo, aunque, evidentemente, los dos sobrevivientes resultarán ser la polla en vinagreta y el no va más en lo que a soldados se refiere y pasan, en un abrir y cerrar de ojos, de ser los novatos a ser absolutamente imprescindibles para la organización. Así va el ejercito americano. Total, que a partir de aquí empezará una contrarreloj para encontrar el arma de las narices esa antes de que los malos se decidan a utilizarla. Pero es que además resulta que las cosas son mucho más complicadas de lo que en un principio nos parecen y la trama está plagada de pequeñas casualidades. Que si la mala de turno (enfundada en cuero para la ocasión) es una ex de uno de los soldados que sobreviven al ataque, que si hay un ninja en el grupo de los buenos y otro en el grupo de los malos y, vaya por Dios, resulta que encima se conocen (posiblemente de su afiliación al sindicato ninja)... ya saben, esas pequeñas cosas que le dan vidilla al asunto.
Entre los nombres destacados del reparto encontramos a Dennis Quaid (El chip prodigioso), quien parece estar viviendo una segunda juventud; Channing Tatum (Fighting, puños de asfalto) salido de la nueva cantera hollywodiense; Brendan Fraser (La momia), quien salvo la trilogía de La Momia es veneno para la taquilla; Sienna Miller (Alfie) a quien el cuero ajustado le sienta de escándalo y de lo de actuar, ya si eso, hablamos otro día; Joseph Gordon-Levitt (500 días juntos), parece ser que el niño de “cosas de marcianos” ya se nos ha hecho todo un hombretón; y Marton Wayans (Ladykillers), un habitual de la saga Scary Movie que, en ésta película, sigue empeñándose en hacer el papel de gracioso, cuando resulta que la gracia la tiene en el mismísimo culo. Además de todos estos nombres ilustres, encargado de la dirección de la peli, encontramos a Stephen Sommers, todo un hombre de arte y ensayo quien, con anterioridad, había hecho saltar taquillas por los aires cosa mala con títulos tan conocidos como las dos primeras entregas de La Momia o el fallido experimento a lo “cajon de sastre” que fue Van Helsing.
Lo cierto es que la película funciona, en el sentido de que la trama parece sacada de ver a un niño jugando en el suelo del comedor de su casa con los muñecos originarios de los GIJoe, otra cosa sería que, en principio, se debería esperar algo más de unos guionistas de Hollywood que se ganan la vida con esto.
Ahora en serio. La peli no va de nada y no hay por donde cogerla, sosteniéndose, tan solo, sobre cuatro largas escenas de acción (la de la emboscada, la del cuartel, la de Paris y la del final). Todo lo demás parece no importar, sujetándose la trama por un fino hilo conductor que se ve obligado a recurrir, en innumerables ocasiones, a los flashbacks para intentar dar una mínima explicación al batiburrillo que estamos viendo en pantalla. Lo único que parece importar a los responsables de la película es que la cosa tenga ritmo, pero, a la hora de la verdad, la cosa tiene tanto ritmo que no hay tiempo para nada. De este modo, resulta imposible lograr cierta empatía con los personajes debido a que no da tiempo ni a conocerlos (sabemos quien es el protagonista porque es el que más minutos de pantalla ocupa y poco más). Por lo demás, vemos pulular sin ningún tipo de orden ni concierto, robustos militares, ninjas misteriosos, apretadas heroínas y científicos locos. Eso si, en las escenas de acción todo apunta que se han gastado lo que no está escrito, buscando la espectacularidad más que el sentido común y da igual que en una misma escena unos tios se estén peleando con espadas, otros con armas de último diseño y otros con una especie de trajes muy al estilo Iron Man. Ttodo tiene cabida en este gran sinsentido.
Resumiendo: Probablemente la película más tonta en lo que va de año.
Leer critica GI Joe en Muchocine.net
El futuro, esa gran chatarrería.
Alguien dijo en cierta ocasión que segundas partes nunca fueron buenas. Al parecer el creador de tan popular frase no llegó jamás a manifestarse acerca de las cuartas entregas, aunque se podría llegar a presuponer su opinión al respecto con cierta facilidad. En lo que a cine se refiere, muchas de las cuartas partes que nos han ido llegando durante los últimos años correspondían a sagas empezadas durante la década de los ochenta, un signo inequívoco más de que no corren buenos tiempos en Hollywood en lo que a nuevas ideas se refiere y que les resulta bastante más económico rebuscar en el baúl de los recuerdos, a ver que encuentran, en lugar de enfrentarse a algo totalmente nuevo. Una de las últimas que nos ha llegado, para probar suerte e intentar reventar taquillas es: Terminator salvation... ¡Empezamos!
Además, los resultados de estas cuartas entregas acostumbran a estar muy por debajo de la media de las tres partes anteriores (la excepción que confirma la regla, en este caso, vendría a ser Rambo IV). Así pues, ¿que puede motivar a realizar una cuarta entrega de una saga que, en principio, hacía ya tiempo que debería estar finiquitada? La respuesta es tan evidentes que incluso me sonrojo al responder: los fajos de dinero como puños. Analizando la situación, he podido comprobar que existen, por norma, tres formas de afrontar una cuarta entrega: a) cuando están concebidas como un episodio independiente dentro de una saga pensada desde un principio como un global (ex. los Harry Potters); b) cuando alargan la trama de las entregas anteriores, como si de un chicle se tratara, sin importar en exceso el resultado final ni su impacto dentro de la saga (dicha fórmula acostumbra a comportar dinero a tutiplén y el cabreo generalizado de los seguidores que, a pesar de todo, asistirán a los cines si se rodara una posible quinta parte); y c) cuando se enfoca la nueva entrega como si de un nuevo comienzo se tratara, respetando el material anterior al cual se le podrá hacer algún guiño durante la nueva película, pero por lo general pasando bastante de lo que ya existía e intentando dar a la trama un nuevo enfoque, lo que acostumbra a comportar un rotundo cambio en el reparto. Terminator salvation, como habrán adivinado, responde a esta tercera forma.
La peli empieza en el presente, con un tal Marcus Wright, un condenado a muerte al que se cepillan vía inyección letal en un pis pas. En el siguiente plano ya estamos metidos de lleno en un futuro post-apocalíptico (exactamente en el año 2018), habiendo superado el llamado "Día del juicio final", y donde los humanos las están pasando putas, obligados a esconderse de los malvados robots que se han echo con el control del planeta (de gran variedad de tamaños y formas, para que ustedes puedan elegir cual les resulta más molón), dirigidos por una especie de ordenador central conocido con el nombre de Skynet. Pero los humanos no se rinden a su suerte y un grupo de aguerridos muchachos formarán la "resistencia", donde podremos encontrar entre sus filas a la última gran esperanza blanca de la humanidad: Batman... digo, ¡John Connor!, el que en la primera entrega todavía corría por los cojones de su padre, en la segunda ya era un adolescente tirando a conflictivo y en la tercera un mozalbete que empezaba a darse cuenta de lo que el destino le había deparado.Pues bien, en estas estamos cuando aparece en pantalla, dándose un garbeo, el Marcus Wright ese que les comentaba al principio, vivito y coleando y con una amnesia de tres pares de narices. Como el hombre no recuerda nada el tio flipa lo suyo al ver como se le van tirando a la yugular toda clase de robots varios, así que, con la ayuda de un chaval que sueña con ingresar en la resistencia y una niña muda (muy de moda en este tipo de productos, solo tienen que recordar Mad Max 2 o Aliens) emprenderá un viaje hacia el escondite de la resistencia para ver si logra entender algo de lo que le ha sucedido. ¿Me lo parece a mi o cada vez cuento peor los argumentos de la pelis?
Cuando me enteré de que pretendían hacer una cuarta entrega de Terminator confieso que me temí lo peor. Había disfrutado mucho con la primera y me divirtió la segunda, pero me aburrió soberanamente la tercera y no tenía pinta de que la cosa pudiera remontar. Luego se comentó que la intención era dar un vuelco total a la saga y empezar con un John Connor adulto en continua guerra contra las máquinas y poco a poco me volví a interesar más por el proyecto a medida que se iban sabiendo nuevas cosas, como que el prota sería Christian Bale, un tipo más que eficiente y de buen hacer (aunque para muchos siempre seguirá siendo el niño de El imperio del sol). Más tarde se conoció el nombre del director, el elegido era McG, el que fuera responsable de los dos truñacos de entregas de Los ángeles de Charlie (que si, que vale, que mucha acción, pero es que no había por donde cogerlas). Total, que se me volvió a desvanecer el interés de nuevo y ni con la confirmación del resto de nombres del reparto, como Sam Worthington (uno de los chicos de moda de Hollywood y que estará en Avatar de Cameron), Bryce Dallas Howard (cuyo sueldo se podrían haber ahorrado porque apenas aparece en pantalla) o Helena Bonham Carter (otra que es un visto y no visto), no me acabé de animar.
La peli tiene un fallo de concepto: la historia que nos están contando es un enorme mojón que, además, huele a que ya nos lo sabemos. Es cierto que se han gastado los dineros en efectos especiales, en “vibrantes” escenas de acción, en persecuciones imposibles, en actores de cierto renombre y en una ambientación post-apocalíptica dura y estéril. Pero, al parecer, se han olvidado en invertir en una historia atrayente para el espectador. Porque entiendo que en este tipo de película deba predominar las escenas de acción, pero estaría bien que entre toma y toma de lucha/persecución nos contaran algo, pasara algo, nos descubrieran algo... pero no. La peli empieza plomiza y hacia la mitad parece que se recupera un poco y consigue crear algo de interés, pero es un espejismo y el final vuelve a ser de malo para arriba. Lo dicho, has estado dos horas menos cuarto frente a la pantalla y al final uno tiene la sensación que no ha ocurrido gran cosa, bueno, salvo acción, mucha acción, eso si. Luego están lo de los guiños a la trilogía inicial, porque la canción que suena en la furgoneta parada en la carretera, no es por casualidad y uno de los escenarios escogidos para que transcurra parte de la escena final, tampoco lo es. ¡Ah!, y luego está lo del “cameo”, claro.
Resumiendo: Fallido intento de dar una vuelta de tuerca más a una saga que hace ya tiempo que deberían haber dejado como estaba. Eso si, escenas de acción y persecuciones, a puñados.Leer critica Terminator salvation en Muchocine.net
Apocalipse Now
Buenos días, soy el jefe Dreyfus, volviendo a las andadas con una película que, si algo deja claro, es que lo tenemos crudo y que la cosa se acaba. Pero, por suerte, la raza humana cuenta con Nicolas Cage entre sus filas, para encontrar una solución al problema (si amigos, estamos perdidos). No obstante, démosle un voto de confianza para que logre predecir a tiempo las: Señales del futuro (Knowing)... ¡Empezamos!
La peli empieza en el año 1959, cuando los alumnos de una escuela entierran una cápsula del tiempo con dibujos de como imaginan ellos el futuro dentro de cincuenta años. Entre dichos alumnos encontramos a Lucinda, una niña con cara de haberse comido una paella en un chiringuito playero, a quien unas voces le susurran una serie numérica que también enterraran dentro de la cápsula del tiempo. Ya en el año 2009, el dibujo “conceptual” de Lucinda irá a parar a manos de Calep, el hijo de un profe de astronomía que, rápidamente, empezará a sentir curiosidad por los números de la hoja desenterrada, llegando a la sorprendente conclusión (entre whisky y whisky, todo sea dicho) de que en los números se esconden predicciones sobre grandes catástrofes de la humanidad transcurridas durante los pasados cincuenta años. Además el profe de astronomía (un hombre de ciencia y, en principio, escéptico ante tal despliegue de sucesos paranormales), empezará a comprobar que un grupo de tipos extraños, vestidos como si acabaran de salir de la peli “Jovenes Ocultos”, empezarán a seguirles, dejando tras de si una marca personal en forma de extrañas piedras negras (aunque en principio nada hace suponer que sean de esas que se fuman). A medida que la trama avance descubriremos que lo peor todavía está por llegar.
El director de la cosa esta es el señor Alex Proyas, un tipo que lleva colgando el cartelito de joven promesa desde que se dio a conocer hace ya quince años (!) con El cuervo, película que dio bastante de que hablar por su estética oscura y siniestra y, especialmente, por la sonada muerte de su protagonista, Brandon Lee, en pleno rodaje. Más tarde vinieron títulos como Dark City (con la que logró el reconocimiento de buena parte de la crítica), Días de garaje (n.p.i.) y Yo Robot (el torpe intento de llevar a la gran pantalla el famoso relato de Isaac Asimov con Will Smith luciendo pistola). En esta película el muchacho hace lo que puede a costa de perder gran parte de su sello distintivo, exceptuando la utilización de un filtro de color que hace resaltar los tonos de forma descarada. Después de Señales del futuro parece que el hombre todavía no acaba de estar lo suficientemente maduro. Yo casi que le otorgaría otros quince años más de gracia.
Entre los actores un nombre destaca por encima de todos los demás (bueno, lo cierto es que los demás no se ni quien coño son): Nicolas Cage (the man). Lo cierto es que es un tipo, cuanto menos, desconcertante. Reconozco que hubo un tiempo en que me caía bien, quizás debido a mi simpatía hacia un título tan imprescindible como es Arizona Baby, película donde el bueno de Cage me ganó. Pero al hombre, poco a poco, se le fue yendo la olla, hasta que ganó el Oscar a mejor actor por Leaving las Vegas y a partir de entonces la cosa ya se desmadró. Y fue a partir del Oscar cuando el tipo decidió que a él lo que le molaba era ser un héroe de acción y/o héroe romántico (y si podía ser llevando el pelo largo pues mejor que mejor), con lo que empezó a encadenar títulos malos a porrillo, intercalándolos con algún trabajo más arriesgado que, no obstante, ya no le logró devolver mi simpatía, en parte, porque parece ser que últimamente no le sale bien ni cuando arriesga.
Y así llegamos a Señales del futuro, una película que sigue una trayectoria sorprendentemente similar a la carrera de su protagonista: empieza prometedora, consigue interesarme durante su primera media hora, se va desinflando a medida que avanza la trama, se precipita a gran velocidad pasada la mitad de la película, y, al final, llegamos a un muy bochornoso desenlace y a una última escena que casi me hace potar (y es que me imagino al señor Proyas en la sala de montaje decidiendo si poner o no la escena final a la que me refiero, y pensando: de perdidos al río, si vamos a hacerlo mal, hagámoslo todo lo mal que podamos, vayamos más allá del patetismo. Yes, we can).Y es que la peli empieza despistando al espectador, resultando más cercana a una película de terror de última hornada, con niña siniestra, pálida y con mirada chunga incluida, que a lo que realmente resulta ser: cine de catástrofes. Pasada la introducción la peli avanza medianamente bien a pesar de intentar tratar al espectador como estúpidos a los que se les tiene que dar todo masticado para que lo entiendan bien (ejemplo: el prota es viudo y hacia el principio tiene una conversación con su hijo sobre que su madre está en el cielo y no se cuantas cosas más, que no viene demasiado a cuento más que para informarnos de que solo se tienen el uno al otro). Hacia la mitad, la peli pierde fuelle a marchas forzadas, y uno tiene la sensación que había dos caminos hacia donde avanzar y se termina eligiendo el menos apropiado, lo que provocó que poco a poco fuera perdiendo el interés, hasta llegar a la última media hora (o como a mi me gusta llamarlo: el momento en que los guionistas se pasaron a las drogas duras) que nos hace pensar en épocas pasadas (el final resulta muy '80, pero en el peor sentido de la expresión) cayendo en el ridículo y consiguiendo que la hora y media anterior no tenga sentido ni sirva para nada más que para rellenar tiempo y hacer lucimiento de efectos especiales y catástrofes a mansalva.
Resumiendo: Todo parece apuntar a que tenían un buen arranque pero no un buen desenlace, con lo que, hacia la mitad de la película, la cosa se empieza a precipitar hacia un sonado batacazo, rematado con su final.
Leer critica Señales del futuro en Muchocine.net
Resumiendo: Todo parece apuntar a que tenían un buen arranque pero no un buen desenlace, con lo que, hacia la mitad de la película, la cosa se empieza a precipitar hacia un sonado batacazo, rematado con su final.Leer critica Señales del futuro en Muchocine.net
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