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Ana Karenina (2012)


Alta suciedad.

Para llevar a la gran pantalla su adaptación de El Hobbit, un libro de poco menos de trescientas páginas, el director Peter Jackson necesitará tres películas de tres horas de duración, cada una de ellas. Sí, seguramente sea algo exagerado. Para adaptar Hamlet, otro libro que tampoco llega a las trescientas páginas, Kenneth Branagh realizó una excepcional película de cuatro horas de duración (existía una versión corta de algo más de dos horas y media, pero el espectador ya empezaba a perderse elementos importantes de la historia). Pues bien, ahora llega el bueno de Joe Wright y decide adaptar el clásico literario Ana Karenina, un complejo libro de algo más de mil páginas, resumiéndolo todo en una cinta de dos horas escasas de duración. Francamente, más que una decisión tomada después de largas horas de deliberación, lo que parece es la lógica conclusión de una mala noche de borrachera con vodka.


Robin Hood (2010)

Robin Hood Begins.

He aquí, una nueva aproximación al personaje de Robin Hood. Creo que sólo conozco a una persona que no se sepa la historia de pe a pa y se trata de la hija de un amigo que nació hace apenas un par de semanas. Como se suele decir en estos casos, la película apuesta por intentar dar una nueva vuelta de tuerca a la historia que ya conocemos y, en ese sentido, cabe reconocer que la cinta lo consigue, centrándose más en la forja del mito y cómo llegó a convertirse en el popular personaje, más que en sus peripecias en sí, robando a los ricos para dárselo a los pobres. En ese sentido la película se acerca más a “Robin Hood, la leyenda” que a “Las aventuras de Robin Hood”, para que nos entendamos, alejándose así de sus anteriores adaptaciones, algunas de ellas tan populares como Robin de los bosques (no veo yo a Russell Crowe dando los saltitos de Errol Flynn), la adaptación animada de la Disney, la crepuscular Robin y Marian o Robin Hood, Príncipe de los ladrones (con un Kevin Costner luciendo el pelo de Bon Jovi).

En esta nueva adaptación, la película empieza presentándonos a Robin Hood como un soldado del ejército del Rey Ricardo Corazón de León, de visita turística por tierras francesas por aquello de saquear castillos y esas cosas, después de regresar de las cruzadas. En la última batalla antes de volver a casa, el rey caerá en combate (no esperen una aparición estelar al final de la película porque uno no se recupera de una flecha clavada en el cuello a no ser que se trate de una película de George A. Romero) y nuestro prota, viendo el panorama, decide pirárselas para Inglaterra con la compañía de unos amigos que, como él, deciden poner pies en polvorosa. Muy heroico por su parte, todo sea dicho. Una vez en casa, Robin se hará pasar por Robert de Loxley, el hijo de un noble inglés caído en combate, y esposo de Lady Marian, para evitar con ello que ella pierda sus tierras. A mi esto me recuerda la horrible película esa de Sommersby, con Richard Gere y Jodie Foster, con una trama parecida aunque sin el consentimiento expreso por parte de la esposa; e incluso, si mucho me apuran, el capítulo de Los Simpson en que se descubre que el director Seymour Skinner, no es en realidad quien decía ser.

Al lío. Lady Marian, deberá hacer de tripas corazón (de León), instalando al desconocido en su casa y haciéndolo pasar por su marido a los ojos de la gente, para evitar perder sus bienes, al no tener descendencia, por mucho que en un principio le repugne la idea de compartir estancias con un individuo tan arrogante. Pero ustedes ya saben que “los que se pelean se desean“ (y en cine más) y poco a poco la muchacha se irá sintiendo más cercana al recién llegado. Por otra parte, muerto el Rey, su hermano pequeño El Príncipe Juan, heredará el trono y su primera medida será la de subir impuestos cosa mala a sus súbditos, en un afán recaptador que ríanse ustedes de la policía local de ciertos ayuntamientos. El pueblo, ahogado por las deudas deberá hacer frente como pueda a la subida de los impuestos que, los secuaces del rey, optarán por cobrar de formas altamente expeditivas. ¿Quién ayudará a las gentes de bien ante tal desdicha?

La película, dirigida por Ridley Scott, viene a demostrar dos cosas que ya hace tiempo que nos rondaban por la cabeza: 1. Que al hombre le gusta más una lucha con espadas a cámara lenta que a un tonto un lápiz; y 2. que para el hermano mayor de los Scott a una película de menos de dos horas se le llama cortometraje. En el apartado de actores, en la cinta encontramos rostros conocidos como los de Russell Crowe, luciendo una vez más sus dos únicos registros interpretativos conocidos: serio y enfadado (siendo éste su quinto proyecto junto a Ridley Scott); Cate Blanchett, la mejor de la película de calle, interpretando a una dura Lady Marian, muy de armas tomar, más adaptada a nuestros tiempos; Mark Strong, el malo de Sherlock Holmes y Kick-Ass, ¿encasillamiento a la vista?, y los veteranos Max von Sydow (el malo de Flash Gordon) y William Hurt (El turista accidental), entre otros.

De entrada, hay que reconocer que para tratarse de una película de dos horas y media de duración la acción resulta suficientemente ágil como para que uno no se aburra soberanamente viendo las batallitas del famoso arquero, con un buen ritmo narrativo, únicamente cortado por la pesadez de las cámaras lentas que el señor Scott se empeña una y otra vez en colocarnos entre tomas (mira cómo tenso el arco, un poco más, un poco más, un poco más...mira cómo me gotea la sangre por la cara, un poco más, un poco más, un poco más...), una ambientación más que correcta y una historia que intenta aportar algo nuevo a lo que ya conocíamos. Dicho esto, después de un buen arranque de la película, una vez nuestro héroe llega a tierras inglesas, todo empieza a ir de mal en peor, como si el guión hubiera tenido tantas escrituras y re-escrituras que, al final, la cosa se hubiera tenido que unir con calzador, buscando un mínimo de coherencia a marchas forzadas. Porque lo cierto es que hay elementos de la película que no acabo de comprender: ¿qué pintan esos misteriosos habitantes de los bosques en la trama?, ¿qué son todas esas extrañas coincidencias, en plan: vaya por Dios, no nos habíamos visto nunca y resulta que lo sé todo de tu pasado? ¿por qué ningún habitante de Nothingham se da cuenta de que su señor ha vuelto con otro rostro? ¿qué es eso de buscar rollo en medio del fragor de la batalla y rodeados de cadáveres? ¿qué es ese extraño desembarco de Normandía made in siglo XII? ¿por qué Robin Hood tiene durante toda la película esa pinta de gordo y en la única ocasión de la película en que se quita la camiseta resulta que está cachas que te cagas?

Resumiendo: Un nuevo Robin Hood para saber, precisamente, de donde sale Robin Hood. Entretenida, aunque va perdiendo fuerza y coherencia a medida que avanza.




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El retrato de Dorian Gray (2009)

La arruga es bella.

Se hace muy complicado analizar una película basada en una novela que se ha leído un servidor, por aquello de que siempre se tiende a comparar el resultado cinematográfico final con el original literario. Lo dicho debe multiplicarse por dos en el caso de que el libro le haya gustado mucho a uno, y por tres, en el caso de que, además, el libro resulte ser todo un clásico literario, como corresponde a la cinta que hoy nos ocupa. A pesar de ello, en estos casos, siempre procuro analizar las películas de forma independiente, intentando no compararlas con sus originales, por aquello de tratarse de géneros totalmente distintos, incluso en casos en los que, como ocurre con esta nueva adaptación de El retrato de Dorian Gray, se deba hacer todo un auténtico tour de force, debido a las numerosas licencias creativas que se toman los responsables de la película.

Entiéndanme, puedo llegar a entender que la película no se recree en los jardines de la casa del protagonista, como si se hace en el libro (de hecho, ni siquiera aparecen en la película), pero lo que verdaderamente me cuesta de entender es que se alargue, de forma un tanto extraña, su recta final o que se haya optado por incorporar nuevos personajes con un peso más que relevante dentro de la trama, que ni siquiera aparecían en la novela.

La película empieza con la llegada a Londres de Dorian Gray, un joven con una pinta de pardillo que dan ganas de correrlo a collejas desde el andén de la estación hasta su propia casa. Su huraño abuelo ha fallecido y el muchacho regresa a la capital para tomar posesión de todos sus bienes recientemente heredados. Su nueva posición social le permitirá asistir a las fiestas de la alta sociedad de la época, donde rápidamente entablará amistad con Harry, un vividor adicto a los variados placeres de la vida que, poco a poco, irá introduciendo al apuesto Dorian en su mundo de vicios y depravación.

Si duda Harry es un tipo que sabe vivir la vida al límite, no obstante, lógicamente, es incapaz de detener el inexorable paso del tiempo, algo que sí conseguirá Dorian Gray, a quien se le concederá su deseo logrando permanecer joven y bello para siempre, a la vez que irá profundizando cada vez más en el oscuro mundo de Harry. Dorian no envejece, pero si lo hará un retrato suyo pintado por su otro gran amigo, Basilio Hallward, a quien no le gustará la nueva forma de comportarse de su compañero. A medida que el alma de Dorian vaya corrompiéndose cada vez más, su retrato irá cambiando convirtiendo lo que en su momento fuera belleza, en una decrepitud monstruosa.

Nueva adaptación para la gran pantalla de la popular novela de Oscar Wilde, en esta ocasión con Oliver Parker detrás de las cámaras, quien, anteriormente, ya había adaptado en un par de ocasiones al autor, con las comedias Un marido ideal (1999) y La importancia de llamarse Ernesto (2002). Para los personajes principales, Parker, ha contado con el joven Ben Barnes (Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian), que interpreta a un Dorian que gana en credibilidad a medida que avanza la película y se le va corrompiendo el alma; Colin Firth (Un hombre soltero), como Harry, demostrando, una vez más, su solvencia como actor y convirtiéndose, con cierta facilidad, en el mejor de la película; Rebecca Hall (Vicky Cristina Barcelona) como uno de los amores de Dorian, metido con un más que enorme calzador dentro de la trama; y Ben Chaplin (Oscura seducción), como el autor del retrato maldito y amigo del protagonista.

Lo cierto es que la película empieza mejor de lo que me esperaba. La ambientación del Londres de la época es correcta y la dirección de Oliver Parker convierte la ciudad en un lugar sombrío y lleno de pecados. La película, no obstante, avanza bastante a medio gas en su mayor parte de metraje, sin resultar nada del otro mundo, aunque pueda resultar medianamente pasable (evidentemente nada que ver con la gran obra de alcance mundial que es el libro). Hacia el final, lamentablemente, la película termina por írsele de las manos al director, añadiendo subtramas que no vienen a cuento de nada, que hacen mayor daño que bien a la historia y llegando a un clímax final que provoca cierta vergüenza en el espectador, concluyendo el espectáculo con una resolución mal planteada y peor resuelta. Al final uno termina con la sensación de que es una lástima que se hayan cargado la película por un cúmulo de malas decisiones que pesan en exceso en contra del film.

Resumiendo: Pasable, tirando a mediocre, adaptación de un brutal clásico literario, con una recta final francamente mala que termina dejando un amargo gusto en la boca del espectador.



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Sherlock Holmes (2009)

Sherlock House.


Es público y sabido que, cada cierto tiempo, a los estudios de Hollywood les gusta poder recuperar algún personaje literario clásico con la intención de realizar un nuevo lavado de imagen, y una buena puesta al día, acomodándolos a los nuevos tiempos, algo que suele significar una mayor dosis de acción, aventuras y efectos especiales de lo que nos tenían acostumbrados sus anteriores adaptaciones cinematográficas. Sin ir más lejos, este mismo año nos tiene que llegar el Robin Hood de Rusell Crowe, la Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton, o el nuevo Dorian Gray. De momento, el que ya ha practicado su asalto a las carteleras (llevándose un buen bocado en taquilla) ha sido Sherlock Holmes.

El personaje de Sherlock Holmes, creado por Arthur Conan Doyle, realizó su primera incursión en el cine en el año 1903, en un pequeño gag de apenas un minuto de duración. En el 1908, Holmes, fue el sorprendente protagonista de la novela de Edgar Allan Poe, Los crímenes de la calle Morgue; en 1958 fue interpretado por Peter Cushing en una versión de la Hammer de El perro de los Baskerville, dirigida por Terense Fisher; en 1970, el gran Billy Wilder, hizo su aproximación al personaje en La vida privada de Sherlock Holmes, en la que se insinuaba una más que probable relación homosexual entre Holmes y Watson; en 1984 se hizo una genial versión animada para la televisión en la que todos los personajes eran perros, dirigida por el maestro de la animación Hayao Miyazaki; en 1986 hubo Holmes por partida doble, como adoscente metomentodo en El secreto de la pirámide y como personaje animado de la Disney en Basil, el ratón superdetective; ya en 1988 llegó Sin pistas, una parodia sobre las aventuras de Sherlock Holmes, en la cual Watson era el genio en la sombra, y Holmes un farsante, muy en la linea de la serie de la época para televisión Remington Steele. Pero de todo esto ya a llovido demasiado y se necesitaba un nuevo Holmes para los nuevos tiempos que corren.

Nada más empezar la película ya entendemos que nos podemos ir olvidando de la figura clásica del personaje de Sherlock Holmes. En los primeros compases del film una chica está a punto de ser sacrificada por una extraña secta liderada por un tipo raro que viste con túnica oscura, mientras nuestro protagonista tumba a hostias a un tipo tres veces mayor que él. Nuestros héroes llegan a tiempo para salvar a la chica y detener al malo de turno: Lord Blackwood, un tipo con cara de bellaco, mirada penetrante y un pelo todo repeinado hacia atrás (lo que hizo preguntarme como debían lograr tal “efecto mojado” en el Londres de finales del siglos XIX, llegando a conclusiones más bien poco higiénicas). Los buenos ganan, los malos pierden y lord Blackwood termina balanceándose en el aire con una soga alrededor del cuello. Fin del caso? Evidentemente, no. Sin ser Semana Santa ni nada, al fiambre le da por regresar del más allá haciendo alarde de su poderío con la magia negra y las artes oscuras. Se reabre el caso, pero, como lograrán nuestros protagonistas detener a alguien capaz de vencer a la muerte?

A medida que avanza la película iremos conociendo a este nuevo Sherlock Holmes. Al nuevo Holmes le gusta boxear por dinero en antros infectos (haciéndose el chulo anticipando al espectador cuales serán los golpes que provocarán la derrota de su contrincante), no soporta la inactividad (los casos le mantienen vivo), es un desastre a nivel social, es desaliñado, manipulador, observador, elocuente, mordaz, sarcástico, tocapelotas, de respuesta rápida, lengua viperina y, por supuesto, es un genio, lo que provoca que se la sude lo que de él puedan pensar los demás. Además, su gran apoyo, el doctor Watson, está a punto de abandonarlo para irse a vivir con su prometida. Watson es el contrapunto de Holmes, es más serio, más formal, más de guardar las apariencias delante de terceros, experto en la lucha con espada y con la estimable habilidad de dejarse complicar la vida por su amigo Holmes.

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero les debo confesar que a mi estos nuevos Holmes y Watson me recuerdan una barbaridad a los doctores House y Wilson de la serie House. La cosa tampoco es que tuviera mayor relevancia si no fuera porque, y aquí viene lo curioso del caso, resulta que para confeccionar al personaje de Gregory House, precisamente, se inspiraron en Sherlock Holmes. Y ahora que toca, de nuevo, abordar el personaje del detective, en lugar de echar la vista hacia atrás para modelar la personalidad del nuevo Holmes, resulta que se fijan en el personaje del médico que, a su vez, ya viene siendo una adaptación del personaje clásico. Así pues, para crear al Holmes del siglo XXI han preferido adaptar una adaptación, en lugar de adaptar el original.

El director Guy Ritchie sigue intentando recuperarse de su profundo bache cinematográfico (algunos lo llamaron matrimonio con Madonna) del que ya empezó a asomar la cabeza con Rochnrolla. El escenario es el mismo de siempre, los suburbios de Londres, aunque en esta ocasión ha optado por cambiar de siglo. También ha cambiado de personajes, de estafadores de poca monta a sesudos detectives, pero casi todo lo demás sigue estando aquí, incluyendo la voz en off del protagonista y la cámara lenta para recrearse en los detalles.

Para encarnar a los protagonistas encontramos al estadounidense Robert Downey Jr., estupendo en su papel de Sherlock Holmes, haciendo lo que mejor sabe hacer (otra cosa ya es que sea lo mismo que ya hiciera en Iron Man, entre otras); y al británico Jude Law, como Doctor Watson. Los mejores momentos de la película suelen coincidir con ambos en pantalla, confirmando que la química existente entre ellos funciona. Además, en la película, también encontramos a la actriz Rachel McAdams (El diario de Noa, Vuelo nocturno), que encarna a la única mujer que le ha roto el corazón a Holmes (dos veces) y a Mark Strong (Good, La reina Victoria), como el malo de la función. En la película también aparece brevemente el personaje del profesor Moriarty, aunque jamás le podemos ver el rostro (suponemos que a la espera de saber quien lo encarnará, finalmente, en la secuela).

Los personajes tienen carisma y los actores saben interpretarlos con gracia; el director no arriesga en exceso y se queda a medio camino entre director florero de gran superproducción y sus pequeños tics (algo repetitivos) en los que intenta mostrar algo de personalidad; la ambientación del Londres de finales del siglo XIX resulta mucho más que convincente; y la trama, sin ser nada del otro mundo (dejándonos con la sensación de que se reservan lo bueno para la secuela) resulta medianamente entretenida. Hacia la mitad del metraje, no obstante, la cosa empieza a aburrir un poco (todo el rollo del matadero se me hizo pelín plomizo) y que, salvando la recreación de la época, los efectos especiales tampoco es que sean nada del otro mundo, ni mucho menos. Ya a pesar de todo, la mayor crítica que se le puede hacer a la película, es que en ningún momento se tiene la sensación de estar viendo algo nuevo, diferente o mínimamente arriesgado. Pero ese nunca fue el plan.

Resumiendo: Lavado de cara para el personaje de Sherlock Holmes. No esperen nada del otro mundo si esperan poder pasar las dos horas de metraje medianamente entretenidos.



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Los duelistas (1977)


Elprimerhombre ha visto Los duelistas, de Ridley Scott, una estupenda ópera prima de un director cuya pericia cinematográfica es ya patente en esta obra, siendo sobradamente corroborada dos años después con Alien (lo de "el octavo pasajero" es cosecha española) y acabada de rematar en 1982 con Blade Runner. ¿Quién puede pedir un mejor comienzo?

Los duelistas se remite al año 1800, cuando Napoleón Bonaparte sube al poder. El teniente Feraud (Harvey Keitel), un húsar del ejército napoleónico que siempre intenta batirse en duelo, debe permanecer en cuartel bajo arresto por haber disputado su honor con el sobrino del Mayor, al que le ha clavado su espada, produciéndole una terrible herida que ha estado a punto de quitarle la vida. Un tal D'Hubert (Keith Carradine), también perteneciente al ejército de Napoleón, es enviado en su búsqueda con el encargo de traerlo consigo, pero cuando lo encuentra, Feraud se opone a tal castigo, retando al mismo D'Hubert a que desenvaine su espada. Este lo encuentra ridículo, negando en rotundo tal fechoría, pero sin tener ningún tipo de escapatoria y acabando por desquiciarle, ambos comienzan un duelo que significará el primero de los muchos que protagonizarán durante los varios encuentros (algunos fortuitos) que tienen a lo largo del largometraje, llegando al 1816 con Napoleón ya derrotado. El sometimiento que tiene Feraud sobre D'Hubert por su pesada actitud de salvar su honor con el duelo, es explicado brevemente con la frase inicial de la película que simplifica muy bien lo que viene a ser todo el argumento: "El que se bate en duelo exige satisfacción; el honor es para él un apetito. Esta historia retrata uno de estos tipos de hambre excéntrica".

Unos bellísimos parajes de Francia, Escocia e Inglaterra amparan esta historia basada en un relato de Joseph Conrad, El duelo (curiosamente, Alien también estaba basada, aunque una adaptación bastante libre, en una novela de Conrad, La línea de sombra). La fotografía de Frank Tidy es espléndida, siendo aún más lograda con Ridley Scott como operador de cámara. Y siguiendo con sus primeras realizaciones, el señor Scott solía dibujar sus propios storyboards con un resultado más que digno, retratando las escenas con una sobrada solvencia, capaz de plasmar perfectamente en el celuloide todo lo que tenía en mente, enganchando en extremo al espectador con historias totalmente atrayentes, rodeadas de una atmósfera enigmática. Por eso, después de su primer lustro de gran logro creativo, algún golpe se debió dar en la cabeza para no realizar ninguna otra obra de tal calibre (aunque algunos dirán que Gladiator o American Gangster se aproximan, sin yo poder reprocharles nada porque no las he visto; Thelma & Louise está bien pero hasta ahí puedo leer).

La importancia de dar con unos actores que dieran la talla para los papeles protagonistas era vital para esta película, acertando sobre todo con el personaje de D'Hubert, con un Keith Carradine más que formidable. Su manera de estar en escena es sorprendente, al igual que su capacidad para transmitir con sus gestos faciales. En el caso de Harvey Keitel por mi parte no es tan logrado, no porque no quede bien para el personaje de Feraud, ya que ahora no me imagino a otro (salvo a Robert de Niro), sino porque sus acciones no son tan vigorosas como las de Carradine, con además demasiada seriedad en su rostro aunque su personaje sea bastante arisco, llegando a veces a la inexpresividad en su actuación. Aunque eso sí, la secuencia final en el duelo definitivo es de una absoluta belleza, con los dos en pleno apogeo.

Todo en esta película está tratado con el más mínimo detalle, recordando sobre todo a esa otra gran obra llamada Barry Lyndon (1975), de Stanley Kubrick, reconociendo el mismo Scott su gran influencia. Los duelos en este film tienen una gran fuerza por estar rodados con cámara en mano, tomándose su tiempo los mismos duelistas, acompañados con un sutil humor, como cuando en el segundo duelo D'Hubert pide perdón porque va a estornudar. Y aunque poca cosa habría que reprochar a Scott de este gran film, algo sí que se podría comentar. El ritmo de la película baja un poco cuando, en 1814, D'Hubert se va a vivir con su hermana que reside en Tours, con la intención de esta de encontrarle pareja, como la bella Adelle, a la que cortejará y con la que se llegará a casar. No con esto quiero decir que pierde calidad el film pero sí un poco de interés en el espectador. También hay un plano contraplano entre el personaje de D'Hubert con un amigo del general Feraud cuando se le reta a otro duelo con este último, en el que sorprende por su falta de raccord. Pero esto son minucias sin casi importancia después de visionar otras grandes escenas de la película.

En definitiva, un gran debut cinematográfico de un director que da buena muestra de su saber hacer a la hora de mover y colocar la cámara.

Un saludo!



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Cyrano de Bergerac (1990)


Elprimerhombre se siente desvalido y apocado, como si alguien le hubiera robado el secreto más preciado. ¿Será por el desgarrador relato que ha presenciado? Quizás, porque ni un alma puede permanecer impasible ante tanto amor despreciado. Un ser con un don tan bello debería ser premiado con algo más que un halago.

Todo el amor que desprende esta película debe ser elogiado, por eso dedico esta crítica a un personaje cuya nariz le tiene preocupado, un ser que no necesita presentación ya que sus palabras no son en vano. Sí, señores, es Gascón, más conocido como CYRANO DE BERGERAC.

Tras esta larga introducción no me queda mucho que decir, salvo que, si no es mucho pedir, me acompañen hasta el final del comentario, ya que intentaré aportar algo más que sea de su agrado.

Tan heroico personaje merece una dirección memorable, por eso sus dulces palabras son acompañadas por leves balanceos de la cámara, como si flotaran en el aire. Cada momento tiene un punto de inflexión muy bien marcado, igual que hace Cyrano articulando un leve murmullo o imponiéndose con una voz solemne, capaz de embaucar a cualquier ser humano.

Y, reconozcámoslo, la belleza interior nunca será como la belleza exterior. Me río de que “lo que cuenta es el interior de la persona”, si no que os lo diga el mismo Cyrano:

“NI EL CAPRICHO PUDO PERMITIRME DE SER AMADO POR LA MÁS FEA. ESTA NARIZ, QUE LLEGA UN CUARTO DE HORA ANTES DE QUE SE ME VEA, LO PROHÍBE”
Un saludo!


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El ilusionista (2006)


Buenos días, soy el jefe Dreyfus, volviendo a esto del cine, a las puertas de un fin de semana de cuatro días, con puente incluido, que espero puedan disfrutar debidamente, a pesar de que a un servidor le toca trabajar el lunes (tócate-los-cojones). Así pues, sin más dilatación (mmmm..) una pantomima más para la colección, hoy: EL ILUSIONISTA… ¡Empezamos!


Dos tiernos niños de mierda se quieren mucho y se prometen amor eterno, pero la familia de ella los obligan a separarse y a no verse más (en este momento de la peli me esforcé por no llorar a moco tendido). Así que viendo el plan, el niño se las pira, para volver unos años más tarde convertido ¡en un importante mago! Bueno.. ilusionista, que viene a ser lo mismo, pero que no es igual..


Siendo bueno (que ya aviso que no lo soy) diría que la peli se aguanta durante poco más de media hora, con una historia que a pesar de sonar tópica te mantiene entretenido. Todo esto se rompe con un giro de guión inesperado y la segunda parte de la historia es más aburrida y tontorrona, con algún que otro momento bastante absurdo para acabar con un final que busca impactar (y un último plano absolutamente vomitivo donde solo le falta la Heidi correteando por el prado). Pero buena parte de mis dudas se centran en los verdaderos olvidados de la historia: los cuatro orientales que acompañan al protagonista durante la segunda parte de la cinta. ¿De donde cojones salen?, ¿Qué pintan allí?, ¿Quines son?, ¿Qué ocurre con ellos al final de la historia?, ¿Por qué diablos no nos explican nada de nada? Jojojojojo ¡espero que hagan un spin-off solo con ellos!


Resumiendo: Pasable película, con pinzas (pinzas muy muy gordas), para ver cuando no hagan nada por la tele, a pesar de que seguramente tengan algo mejor que hacer (yo no cuento que para mi esto es como un trabajo..)

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Amadeus (1984)


Elprimerhombre aplaude a Amadeus, de Milos Forman, una película de 1984, el mismo año que Ghostbusters y La Historia Interminable. Con este último comentario no quiero decir nada, sólo es un detalle referido a las producciones de aquel año (que cada uno saque sus propias conclusiones si piensa que lo he puesto por algún motivo especial).

El comienzo del film en cuestión ya sugiere el planteamiento del guión con Antonio Salieri como personaje principal. Dicho Salieri deplora la muerte de Mozart, echándose las culpas hasta el punto de intentar suicidarse.

El actor que encarna a este compositor de cámara en la corte del emperador José II, es F. Murray Abrahams, que borda el papel con gran seriedad y naturalidad. A través de sus gestos percibimos la emoción que se siente al oír unas melodías tan perfectas. Pero la envidia le ciega tanto que pretende hundir al maestro, intentando persuadir sutilmente al emperador para que no le acoja en su corte.

Salieri no para de maldecir a Dios, de reprocharle sus malos actos contra él, al otorgar el don de la música a ese ser jactancioso y lujurioso, con una risa absurda y exagerada.

Llegado a este punto, también quiero destacar el trabajo de Tom Hulce como un Mozart juvenil, de risa burlona y un tanto derrochador. Su creación del personaje es bastante creíble. Por cierto, Tom, ¿por dónde deambulas? Porque si te he visto no me acuerdo.

Retomando mi crítica, he de decir que la escena del baile de máscaras que acaece a la hora de película me resulta brillante, por cómo está rodada toda la secuencia. Y Salieri está genial con el antifaz negro, resaltándole más esa mirada de recelo hacia Mozart.

Y qué decir del vestuario, decorado, fotografía, etc. Por todo esto fue galardonada con 8 Oscars, entre ellos el de Mejor Película, Mejor Director y, cómo no, Mejor Actor (ese gran Salieri).
Como curiosidad final, quiero comentar que el nombre completo de Mozart es Wolfgang Amadeus Mozart y que por el nombre sólo le llama su mujer, aunque en diminutivo, “Wolfie” (que en español se podría traducir como “Lobito”); Amadeus sólo se observa en el título y Mozart es como todos los demás le nombran, o como es más conocido.

Me despido como si fuera el final de una gran ópera: ¡¡BRAVO, BRAVÍSIMO!!

Un saludo!!

María Antonieta (2006)


Elprimerhombre acaba de ver con Elputocriticón María Antonieta (jueves 18 de Enero), de Sofía Coppola, y a él le ha gustado mucho pero a mí todo lo contrario.

Ya sé que es malo ir con una idea de una peli al cine, porque cuando la ves y no es lo que te esperabas, te decepciona bastante. Y eso me ha pasado con esta. Creía que el personaje de María Antonieta iba a ser más desinhibido, más espontáneo, sobre todo después de verla en algunas situaciones para ella embarazosas, con gestos poco propios de una futura reina.Ya sé que la vida que le ha tocado no es recomendable para nadie, lo digo por no poder elegir esposo (y no por la fortuna que tiene), y encima que no consiga que este le haga caso en la cama, pero de ahí a que Sofía me muestre durante toda la historia esa monotonía con muy pocos cambios en la narración (excepto algunas fiestas que hay), pues no me va. Y, sobre todo, los típicos chismorreos entre la gente hablando de fulano o mengano se repiten demasiado.

Me quedo con una escena de una fiesta que acaba en una puesta de sol y con algunas sonrisas o muecas que hace Kirsten Dunst, porque da un poco de simpatía al personaje. Pero me mofo de una escena en la que la señora Antonieta corre por el campo, acariciando las hojas como si fuera un anuncio de un champú para el pelo o, si fuera desnuda, como un anuncio de un desodorante de FA.

Para mi gusto le falta chispa a la película, que con eso no digo que quiera acción todo el rato, pero es que el principio mismo ya se me hace eterno. Hasta que llega a la corte francesa deben pasar diez o quince minutos y a mí ya me daba miedo por lo que me veía venir. La fotografía está muy bien, el vestuario también, los actores también, pero no me gusta cómo se narra la historia y eso hace que no me interese demasiado. Coppola es una directora de silencios y de situaciones que a mí me aburre por cómo las plantea. Lost in Traslation me gustó un poco más, pero tampoco le doy el valor que le ha dado la gente. Las vidas de los personajes de estas dos pelis (no he visto Vírgenes Suicidas) son bastante típicas en cuanto lo que les pasa en su vida interna. Y encima te lo expresa con detalle no sólo una vez si no varias veces. Son personajes perdidos que no están contentos con la vida que tienen pero que cuando me lo muestra a su manera me pregunto: “Vale, ¿y qué?”.

Y no es que no me gusten las pelis lentas y con silencios, porque soy fan de bastantes directores que podrían ser los padres del silencio, como Bergman, Godard, Rohmer, o, sobre todo, Truffaut.

En definitiva, durante las dos horas y poco más que dura la peli, bostecé varias veces e incluso hubo un momento en que una escena acababa en un fundido en negro y pensé que terminaba la película, aunque por el argumento era imposible, pero me alegré por un segundo.

Eso lo dice todo.

Un saludo!!

María Antonieta (2006)


Buenos días, soy elputocriticón. El otro día volví a ir al cine (por segunda semana consecutiva, tengo la sensación de que estoy salvando a la industria) con elprimerhombre, entrando en la sala al ritmo de Enrique Anaut y cantando “María Antoniet, María Antoniet”, y al igual que la semana pasada hubo gran división de opiniones entre los dos (pero no le hagan mucho caso a elprimerhombre, porque tiene jodidas las corneas de los ojos de tantos años viendo la porno del plus codificada y al entrar en la sala, se sentó al revés y estuvo dos horas mirando a la chica que se sentaba detrás suyo pensando que ella era María Antonieta y claro, al final dijo que la peli le pareció aburrida) Total, que hoy (por si todavía no lo habían adivinado): MARIA ANTONIETA... ¡Empezamos!

La reina se aburre, ¿Qué tendrá la reina? Este podría ser, en pocas palabras, el argumento de la peli.. y es que, en el fondo, no creo yo que haya tanta diferencia entre una joven norteamericana aburrida en el Japón actual, y una joven austríaca aburrida en el Versalles del siglo XVIII …bueno, sí, que la segunda no tiene a Bill Murray para ir de fiesta y karaokes, pero un baile de máscaras en el París de la época tampoco está nada mal.

La película es un puto rollo de poco más de dos horas sin término medio, o la odias o te encanta. A mi ME ENCANTÓ. Peliculón en toda regla de la Sofía Coppola, con una Kristen Dunst genial, como la reina misma, con menos diálogo que un chiste de gangosos de Arévalo (ni puta falta que hace para contar la historia), con una banda sonora en forma de lazo, con unas imágenes con una fuerza arrolladora y una dirección que me atrapó por completo (como ya lo hizo en su momento Lost in Translation). La historia avanza al mismo ritmo que madura María Antonieta y, puestos a criticar, déjenme decir que me sobran ciertas imágenes anuncio (anuncio de perfumes/anuncio de Norit, con borreguito y todo) que, a pesar de todo, no consiguen cargarse el encanto de la peli.

Resumiendo: Película extrema como las reacciones mismas de los espectadores: dispónganse a disfrutar o bostezar como nunca, ustedes eligen.

El perfume (2006)


Buenos días, soy elputocriticón. Verán, hará poco más de un año, iba yo andando por las calles de mi ciudad, sin rumbo aparente, cuando de pronto me encontré rodeado por un grupo de parisinos andrajosos del siglo XVIII. Al principio creí que había viajado en el espacio-tiempo, pero rápidamente observé que al fondo de la calle se estaba rodando la película que fui a ver el otro día al cine. Hoy: EL PERFUME. ¡Empezamos!

El perfume, historia de un asesino. Con este título y este subtítulo paso olímpicamente de comentar el argumento de la peli. Simplemente decir que me he leído el libro (como casi todo el mundo) y que si no es el que más me ha gustado, poco le queda. Por eso, si me obligan a elegir entre libro o película tengan claro que siempre elegiré el libro. Se que es una obviedad, pero en esta ocasión toca decirlo más y más alto que nunca.

Kubrick dijo en una ocasión que era imposible llevar este libro a la gran pantalla (y para mi, lo dicho por Kubrick va a misa) pero a pesar de todo, el director (del que solo había visto “corre Lola, corre”, muy recomendable por cierto) consigue hacerlo y, lo más importante, consigue hacerlo bien. La peli tiene dos partes: a) el prota en París: Genial, gran principio, usando mucha voz en off, porque la historia así lo requiere, bien los actores, ambientación y, lo más difícil, la percepción de los olores. ¡Bravo! b) el prota fuera de París: La peli baja mucho, empieza a hacerse larga, desaparece la voz en off y empiezas a moverte demasiado en el asiento del cine (y a reconocer las calles y los sitios de la película). No está mal, tampoco nos vamos a llevar las manos a la cabeza, pero deja de ser la buena peli que era al principio e incluso, el gran final (soberbio en el libro) aquí queda muy descafeinado.

Resumiendo: Buena peli (y buena pelirroja) que va perdiendo fuelle a medida que avanza la trama.. una lástima.

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