Lincoln desencadenado.
A Dios rogando y con el mazo dando.
La película empieza en Alejandría, Egipto, en el siglo 391 d.C., donde encontramos a una profesora de filosofía/matemáticas/astromía (un primor) que imparte clases a unos alumnos, ya creciditos, con grandes ansias de saber. Más tarde sabremos que uno de esos alumnos bebe los vientos por su maestra. A Hipatia, que así es como se llama la profesora, siempre le acompaña su esclavo personal que, además, suele prestar gran atención en sus clases convirtiéndose en una especie de alumno aventajado. Más tarde también sabremos que el esclavo suele tener sueños húmedos con su dueña. Si amigos, la cosa apuntaba a un menage a troi como la copa de un pino, pero, lamentablemente, la película avanzará hacia otros derroteros pues, Hipatia, es más de ser un espíritu libre y en lugar de pensar en buscar varón resulta ser que está más enfrascada en descubrir donde radica el centro del universo.
Como en esa época no había futbol y la gente no sabía de que hablar entre sí por las calles o tomando la copita en el bar, se solía hablar de religión. Y en esa época, en cuanto a religión, el equipo con más aficionados y más hooligans de todos eran los cristianos, que cada vez les iban robando más adeptos a los judíos y a los llamados paganos, equipo al que pertenecía la bella y lista Hipatia. Y es que los cristianos llevaban mucho tiempo
Agora es la quinta película del director Alejandro Amenabar y segunda rodada íntegramente en inglés después de Los otros. Reconozco que no soy un fan incondicional de Amenabar (me gustan algunas cosas suyas y otras, como Mar adentro, más bien todo lo contrario). A pesar de todo, siempre le he tenido por un tipo listo, capaz de sacar gran rendimiento a sus historias. En esta ocasión uno tiene la sensación de que la cosa se le ha escapado de las manos, mostrándose incapaz de abarcar todo lo que se nos pretendía contar, mezclando demasiados conceptos sin acabar de profundizar, como un servidor hubiera deseado, en ninguno de ellos. Cabe destacar la puesta en escena de la película, corroborando que se gastaron sus buenos dineros en ambientación y decorados. Además, la cinta cuenta con Rachel Weisz, como absoluta protagonista en un papel que, a pesar de ser un caramelo, no acaba de aprovechar al cien por cien.
Lo cierto es que Agora tiene todo lo que debería tener para ser una gran película: acontecimientos históricos, drama, injusticias, romance, acción, aventuras... ¡matemáticas!. Todos los elementos necesarios estaban dentro de la coctelera, el problema es que a Amenabar se le olvidó agitarla con gracia. Solo de esta manera se puede explicar la falta de emoción que me transmitió la película a pesar de los hechos que allí se estaban sucediendo. Parte del problema, además, radicaba en los personajes protagonistas, mal dibujados y sobre los que nunca se termina de profundizar. En algún momento de la película se puede llegar a confundir alguno de dichos personajes por las columnas de la biblioteca de Alejandría, aunque, por suerte para el espectador, las columnas no parpadean, lo que termina por delatar a los protagonistas de la historia.
Caso abierto.
Y es que fuimos muchos los que no caímos en la cuenta de que, no nos engañemos, en esto de los Oscar muchas veces se vota más por coleguismo que otra cosa y el director de "El secreto de sus ojos", Juan José Campanella, es bastante conocido en Estados Unidos, especialmente, a raíz de su trabajo en televisión, donde ha colaborado en series tan populares como Ley y Orden, 30 Rock o, sobretodo, House. No obstante, no deja de ser curiosa la trayectoria como director del bueno de Campanella, pues al contrario que la gran mayoría de los directores importantes de cine no norteamericanos, que empiezan sus carreras en su país de origen para, más tarde, trasladarse a EEUU, Campanella siguió el camino contrario. Así pues, empezó realizando dos películas en Estados Unidos, El niño que gritó puta y ...Y llegó el amor, para trasladarse, desde entonces, a su Argentina natal para realizar el resto de su filmografía, donde dirigió películas tan conocidas como El mismo amor la misma lluvia, El hijo de la novia y Luna de Avellaneda, además de la serie co-producida entre España y Argentina llamada Vientos de agua.
El Secreto de sus ojos es una película fragmentada en dos tiempos: el presente y el pasado. La película empieza en el presente, donde conocemos a un agente de la justicia federal ya jubilado que decide emplear su recién adquirido tiempo libre para escribir una novela acerca de un caso que le dejó marcado veinticinco años atrás. Aquí es, justamente, donde entra en escena el pasado, que nos muestra al personaje cuando todavía trabajaba en el juzgado, junto con su inseparable compañero de profesión (al que le gusta empinar el codo más de lo aconsejable por el bien de su hígado) y su joven y atractiva superior. Así pues, estando en el pasado podremos conocer de primera mano el crimen que tanto marcó a nuestro protagonista, la violación y posterior asesinato de una joven en el interior de su propia casa. A partir de este momento, la trama se irá moviendo entre las dos épocas para contarnos los hechos sucedidos a raíz de la investigación y lo escurridizos que pueden llegar a resultar, en ocasiones, algunos criminales.
Para esta nueva película, Campanella vuelve a confiar en Ricardo Darín para el papel principal, actor con el que ya había trabajado en sus tres anteriores trabajos en Argentina y probablemente uno de los actores Argentinos de mayor tirada internacional. Darín borda su papel y acaba siendo tan efectivo y carismático que a uno, como espectador, le resulta prácticamente imposible no ponerse de su parte en todo momento, además de lograr resultar rematadamente convincente en las dos épocas distintas que narra la historia, algo que no siempre resulta ser todo lo fácil que en un principio podría parecer. A su lado, encontramos a la actriz y cantante Soledad Villamil (Goya a la mejor actriz revelación, a pesar de llevar actuando desde 1997), en el papel de la Jueza que investiga el crimen, que ya había colaborado con Campanella y Darín en El mismo amor la misma lluvia y también había aparecido en la comedia No sos vos, soy yo, junto a Diego Peretti.
La trama consigue enganchar al espectador con cierta facilidad a partir de una historia con un truculento crimen como punto de partida y unos personajes atrayentes, con mención aparte para el personaje secundario y compañero de trabajo del personaje de Darín como contrapunto cómico. Cabe destacar el espectacular ritmo narrativo de la película (si el arranque te engancha, el ritmo se encarga de no soltarte) que va hilando los sucesos de tal forma que no permite que baje la intensidad. Ya llegados a la mitad de la película, Campanella nos regala una escena que transcurre en un campo de fútbol con un plano secuencia de más de cinco minutos que provocó que mis huevos se desprendieran de mi cuerpo, se cayeran por el suelo y empezaran a rodar. Quizás lo único que se le pueda recriminar a la película es que el punto álgido de la cinta llega hacia la mitad de la misma, con lo cual, todavía nos queda por delante una hora más de metraje que, a pesar de resultar seguir siendo sobresaliente, ya sólo puede ir hacia abajo, incluido un final o epílogo alargado en exceso, por muy efectista que resulte.
Resumiendo: Desconozco si la película merecía el Oscar a mejor película de habla no inglesa o no. De hecho, me la suda un rato. De lo que si que estoy seguro es de que estamos frente a un peliculón como la copa de un pino.
LOS BLANCOS NO LA SABEN METER.
La película empieza con una carretera que separa dos campos deportivos. Uno, con un césped en perfecto estado, sirve para que se entrenen a rugby un grupo de blancos perfectamente uniformados. En el otro, con un césped roñoso y maltrecho, juegan a fútbol un grupo de negros, vestidos con harapos. De repente aparece sobreimpresionada en pantalla una fecha: 11 de febrero de 1990 y un coche oficial cruza por la carretera que separa ambos campos, provocando reacciones claramente opuestas entre los grupos. De este modo, mientras unos se avalanchan contra las rejas al grito de “Mandela”, los otros definen la fecha como “el día en que nuestro país se fue a la mierda”. Con apenas dos minutos de duración la película ya ha logrado, perfectamente, colocar al espectador en situación. Lamentablemente este brillante ejercicio de síntesis no será la tónica general de la película.
La película nos cuenta que en Sudáfrica, en esa época, las diferencias raciales llegaban incluso hasta las preferencias deportivas. Como se nos cuenta en el plano inicial, los blancos prefieren el rugby mientras que los negros prefieren el fútbol. Cuando en 1995 el país acogió la copa del mundo de Rugby, Mandela vio en ello una oportunidad de conseguir una mayor cohesión, para que el pueblo se ilusionara por un objetivo común. Debía conseguir que el equipo nacional (formado en su totalidad por blancos, con la sola excepción de un jugador negro) ganara el mundial, y eso a pesar de ser una pandilla de patanes, por lo que pedirá ayuda a Jason Bourne, el capitán del equipo. De hecho, la película nos muestra a un Mandela obsesionado por la copa del mundo, como si durante su mandato no pensara en otra cosa e incluso en algún momento del metraje se roza el absurdo. Se dice que la fe mueve montañas, en este caso la fe sólo debía mover a tios de poco más de cien kilos con muy malas pulgas.
La cosa de las pensiones en Estados Unidos no debe estar muy bollante porque el bueno de Clint Eastwood ya lleva cinco película como director en los últimos cuatro años y, aunque el reconocimiento mayúsculo le ha llegado en los últimos tiempos, lo cierto es que lleva ejerciendo como tal desde el año 1971 con Escalofrío en la noche. Treinta títulos más tarde, ya nadie duda sobre su condición de maestro de la vieja escuela, independientemente de si la película guste más o menos. En esta ocasión, ha optado por llevar a la gran pantalla el Best Seller de John Carlin publicado en 2008 llamado El factor humano.
En su arranque inicial la película resulta entretenida e interesante, mientras nos cuenta como Mandela abordaba el reto de gobernar un país deshecho y lleno de odios enfrentados. Es durante estos momentos donde la figura de Mandela y su carisma se erigen como protagonistas absolutos, a la vez que la película aborda su personalidad, su forma de trabajar y su alto grado de compromiso, lo que le acarreará conflictos con sus oponentes políticos, con los miembros de su mismo gabinete e, incluso, con su propia familia. De hecho sabemos que algún tipo de conflicto grabe ocurre en el sí de su familia (ya saben, aquello de intentar arreglar las relaciones de las gentes de todo un país sin poder arreglar las relaciones de los miembros de su propia familia) porque la película se encarga de hacer referencia a ello en un par de ocasiones, pero más tarde la película se va olvidando del tema sin que el espectador acabe de entender del todo que ha pasado ni porqué. Quizás tengamos que esperar a una segunda entrega. Quizás tengamos que esperar a Invictus Revolution.
Resumiendo: Curiosamente prefiero el buen arranque político del film antes que la épica deportiva mal llevada en la que se acaba convirtiendo la película. Política antes que deporte, lo que son las cosas. En definitiva, película pasable sin más.
El espía que surgió para salvar el mundo
Juan Pujol García nació en Barcelona en 1912 y después de desertar en la Guerra Civil, alrededor de 1940, por su profundo odio al Régimen Nazi y con la ayuda de su mujer Araceli González, decidió presentarse en la embajada británica de Madrid para ofrecer sus servicios como espía. Al ser rechazado, probó suerte con el Tercer Reich con la intención de servir como espía doble para los aliados. Los nazis le dieron un cursillo de espionaje durante una semana y después de un intervalo de tiempo, el servicio de inteligencia británico para la seguridad interna del país, el MI5, optó por tenerle en su bando después de haber vigilado sus pasos sin que él lo supiera. A partir de entonces, con una increíble capacidad de inventiva, Pujol se convirtió en uno de los mejores actores de la historia, por lo que los británicos lo bautizaron como Garbo, en clara referencia al papel de la actriz como Mata Hari. Su gran imaginación le ayudó a inventarse a unos veinte subagentes esparcidos por diferentes ciudades, logrando su credibilidad con su buen hacer. Pero siempre será recordado por su actuación en la Operación Overlord con el desembarco de Normandía, el día D. El punto fuerte de su historia es el engaño a Adolf Hitler y a todos sus colaboradores de que la invasión aliada iba a producirse por el Estrecho de Calais y que el desembarco era sólo una estrategia para distraer a las tropas alemanas. Hitler le creyó y siempre pensó que la invasión no iba en serio, pero cuando el Führer se dio cuenta de que la invasión sí era cierta ya fue demasiado tarde. Los alemanes quisieron respuestas concretas de Garbo sobre el motivo de que los aliados no hubieran atacado por Calais y él les respondió que la Batalla de Normandía había tenido tanto éxito que no les había hecho falta otro ataque y misteriosamente le volvieron a creer. Curiosamente, Garbo recibió una condecoración de cada bando: la Cruz de Hierro alemana y la Orden del Imperio Británico.
Edmon Roch ha escrito el guión de la película junto con María Hervera y el director Isaki Lacuesta (recientemente ha estrenado Los condenados), convenciendo en la búsqueda de información que le ha llevado unos cinco años, utilizando muy bien como método de narración las entrevistas que vemos en la película, como el escritor inglés de novelas de espías, Nigel West, que en 1984 decidió buscar a Pujol al no creerse que se le diera por muerto en Angola en 1949, encontrándolo en Venezuela, siendo la parte más emotiva de la historia; a un experto en Garbo como Mark Seaman, Oficial de Inteligencia del MI5; al periodista Xavier Vinader, o hasta una espía como Aline Griffith, conocida en España como la condesa viuda de Romanones. La música que acompaña muy bien a las imágenes es obra de Fernando Velázquez, compositor de la banda sonora de El Orfanato, con la que obtuvo una nominación a los Goya. Y hay que destacar el buen uso del director de imágenes de películas con la intención de situar y entretener al espectador, aunque en la primera parte del film sea un recurso demasiado repetido. Películas como Operación Cicerón (1952), de Joseph L. Mankiewicz, Patton (1970), de Franklin J. Schaffner o Nuestro hombre en La Habana (1959), de Carol Reed, esta última basada en la novela homónima de Graham Greene, de quien se dice que se basó en la figura de Garbo para su historia.
"Un documental bien realizado, con una gran labor de investigación, que provoca en el espectador un sentimiento de misterio y a la vez de emoción ante la historia del personaje de Garbo, el espía que salvó el mundo"
Situémonos. Segunda Guerra Mundial. Territorio francés bajo ocupación alemana. Shosanna. una joven judía huye de los nazis después de que éstos se hayan cargado a toda su familia ocultándose bajo una nueva identidad y regentando un pequeño cine en París. No muy lejos de allí, el teniente Aldo Raine, un macarra que encabeza un grupo de soldados judíos (a cual más chalado), con el objetivo de cargarse al mayor número de nazis posible, planea una nueva misión con la ayuda de Bridget Von Hammersmark, una famosa actriz alemana afín al régimen que trabaja como espía para los aliados pasando información. La misión, aprovechar el estreno de la película nazi “el orgullo de la nación”, basada en hechos reales (en las hazañas de un joven soldado nazi que se cargó él solito a trescientos
Quentin Tarantino arrancó su carrera como director con una brutal opera prima, Reservoir dogs; se consagró con (tan solo) su segunda película, Pulp Fiction; se le infravaloró con Jackie Brown; se elevó hasta los altares con Kill Bill; e incluso se permitió el lujo de cagarla (eso si, sin perder sus señas de identidad) con Dead Proof. Además, entre peli y peli, se ha ido permitiendo el lujo de divertirse actuando en diferentes películas como Abierto hasta el amanecer, Desperado, Little Nicky o Planet Terror (aunque no sería precisamente su mejor virtud, ni mucho menos, por mucho que el hombre tiene toda la pinta de pasárselo bomba) y colaborando como director en diferentes proyectos (la horrible y coral Four Rooms o un episodio doble de C.S.I. Las Vegas).
Además, Tarantino se está convirtiendo (por méritos propios) en uno de esos directores por el que los actores bajan sus pretensiones económicas a cambio de poder trabajar en una de sus películas (y eso que el hombre siempre se ha especializado por recuperar viejas glorias venidas a menos). Así pues en esta peli encontramos nombres tan populares como los de Brad Pitt (El curioso caso de Benjamin Button), Diane Kruger (
La película empieza con una brillante secuencia de unos quince minutos que sirve para presentarnos al que será el malo de la peli y para sacar las dudas de encima a los que (como un servidor) les defraudó su anterior trabajo como director. Lo que viene después es una especie de mezcla entre peli de nazis, spaguetti western y vodevil. En la película encontramos violencia (gratuita, por supuesto), una historia de amor imposible, personajes al límite (Hitler incluido), intriga, grandes escenas, ingeniosos diálogos y una dosis de humor mayor de la que nos tenía acostumbrados el bueno de Tarantino, que tampoco pierde la oportunidad de reivindicar el papel del cine dentro de la historia. La película me atrapó desde su principio y luego solo tuve que dejarme llevar por la trama hasta su rotundo final. Puestos a decir algo malo de la película (y siempre en lucha constante con mi subjetividad), reconocer que en algún momento se pierde algo de fuerza debido a un bajón en la intensidad narrativa (aunque negaré haberlo dicho). Y a todo aquel que tenga la intención de cargarse la cinta por su falta de rigor histórico, decirles aquello de: ¡a mamarla!
Resumiendo: Vuelve Tarantino, por todo lo alto, con una clase magistral de buen cine. No se la pierdan, ¡es un bingo!
Buenos días, soy el jefe Dreyfus, una vez ya superada la Semana Santa que, obviamente, he dedicado enteramente al recogimiento y a la penitencia en general, solo faltaría, para regresar con una película que se estrenó ya hace un tiempo y a la que le pasaron factura, quizás, las altas expectativas depositadas en ella. Y es que mucho se habló en su momento, incluso antes de su estreno, de: VALKIRIA... ¡Empezamos!
Esta claro que nacer en la Alemania nazi y no ser un pérfido hijo de la gran puta te podía acarrear bastantes complicaciones. Si, además, te daba el punto y optabas por intentar cambiar las cosas, y ya de paso los acontecimientos históricos, para lograr dar un rumbo en la dirección que había optado por seguir tu país, lo más seguro es que te metieras en un jardín del que difícilmente se pudiera dar marcha atrás. El “cienciólogo number one” interpreta a un oficial alemán destinado en África que, después de un ataque rival, queda gravemente herido perdiendo una mano, dos dedos de la otra y uno de sus ojos. Vamos, que quedó como un cromo. Ya de regreso a su Alemania natal, se unirá a un grupo disidente que planea cargarse a Hitler, junto a los que tramará un plan conocido como Operación Valkiria, con el que cargarse, de un plumazo, al Führer y a las S.S e instaurar un nuevo gobierno. El primer paso para conseguirlo será matar a Hitler colocando una bomba dentro de su bunker, siendo nuestro “cienciólogo” tuerto el encargado de llevarla hasta allí. No hace falta saber mucho de historia para saber que la cosa no acabó saliendo como se había planeado.
El director de la peli es Bryan Singer, un muchacho que vale un potosí y que se dio a conocer con Sospechosos habituales; que ya tocó de refilón el tema nazi con Un verano de corrupción; que cerró las bocas de los más incrédulos (entre los que me sumaba) consiguiendo hacer un buen trabajo llevando a la gran pantalla el cómic de X-Men, repitiendo la experiencia con la muy superior X-Men 2 (lástima que no dirigiera también la tercera parte, ya puestos); y que probó fortuna intentando recuperar al personaje de Superman. Además, como le sobra el tiempo al hombre, es uno de los creadores, y a dirigido algún capítulo, de la serie House.
Entre los actores hay un nombre propio muy por encima del resto, Tom Cruise, estrella absoluta de la película, que a pesar de empezar siendo un forracarpetas de lujo, a raíz de sus trabajos en películas como Legend, Top Gun, Cocktail o Días de trueno, es de justicia admitir que últimamente ha intentado buscar trabajos más arriesgados. Otra cosa es que lo haya conseguido, claro está. Y a pesar de admitir públicamente que me cae como el mismísimo culo, no me queda otra que reconocer que, al fin y al cabo, fue el actor protagonista de la última película del maestro Kubrick (y si él logró ver algo bueno en él es que algo debe haber). Del resto del reparto destaca Kenneth Branagh, un tipo terriblemente menospreciado tanto como actor y, especialmente, como director (su Hamlet es brutal y una de las películas más infravaloradas de los últimos tiempos y estoy dispuesto a batirme en duelo con quien lo ponga en duda), con un personaje que no acaba de tener demasiado sentido dentro de la historia ya que llegados a cierto punto se le pierde la pista. Además, en la peli también aparece Carice van Houten, la prota de El libro negro, con otro de esos personajes que ahora está y ahora ya no está.
A la peli le cuesta más bien poco enganchar con el espectador. Después de una breve introducción en territorio africano, la maquinaria se pone en marcha y rápidamente ya estamos colocados en situación, sufriendo con los protagonistas mientras traman la ejecución de su plan intentando evitar ser descubiertos (por mucho que ya se sepa de antemano que tururu). Llegados a la mitad de la película el plan ya está claro (más o menos, que la cosa es complicadilla) y es momento de pasar a la acción. La segunda mitad de la peli es la ejecución del plan, así que toca seguir sufriendo junto con los personajes hasta que llega el consabido final. Bryan Singer consigue una dirección sobria, una buena ambientación, un ritmo fluido y logra mantener un suspense durante buena parte de la película, que ya desde un principio se sabe que no existe. El cienciólogo está más o menos controlado, aunque en algún momento se le va la cabeza y empieza a poner caras raras (aunque quizás sea cosa mía, porque siempre que veo una peli de este hombre me imagino que en cualquier momento se va a poner a gritar como un loco aquello de “ordenó usted un código rojo”).
Resumiendo: Convincente e interesante película, sobre un nuevo episodio de la segunda guerra mundial que todavía no conocíamos. ¿Cuantos quedan?
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