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#5 'SOFAFILIA': Los chicos de la Tierra son fáciles



Quinta y última entrega, hasta la fecha, de nuestras andanzas animadas. Lo que tenemos entre manos es mi capítulo preferido, así que mejor dejarlo cuando la fiesta está en todo lo alto, ¿no creen? Las estrellas tintinean, los motores Warp van a plena potencia, las venusianas están húmedas y hay cerveza romulana en la nevera, es hora de apagar las luces y bajar las persianas de la nave. Ha sido divertido. Yo me he reído, y tengo un amigo que también, lo sé porqué me lo ha dicho. Ha habido zombies, fantasmas, dimensiones alternativas y fotocopiadoras. Ha sido como Fringe pero sin el robo de niños. Así que un servidor se dispone a despedirse de estos personajes y de ese sofá dónde se podía decir cualquier gilipollez, aunque con voz robótica y monocorde. En fin, larga vida y prosperidad, o lo que es lo mismo; salud y pasta.

Que me lo disfruten.

PREVIOUSLY ON QUESITO ROSA;

#0: 'SOFAFILIA': Ghost World

#1:'SOFAFILIA': Dellamorte dellamore

#2:'SOFAFILIA': Fantasias animadas

#3:'SOFAFILIA': Condensador de fluzo... fluzeando

#4:'SOFAFILIA': Aquellos maravillosos años

#3 'SOFAFILIA': Condensador de fluzo... fluzeando



¡Buenas! ¡Si hoy es jueves, esto son las aventuras animadas del Quesito Rosa! En nuestro capítulo de hoy podréis encontrar más bromas pesadas sobre cine, referencias nada sutiles a los atributos de ciertas actrices, tacos y mucha gente sentada hablando y hablando con voces de lo más fastidiosas. ¡Ah, sí! ¡Y el descubrimiento de una dimensión paralela llena de Nachos Vigalondos! ¡Jajajaja! ¡Vaya tontería teníamos el día que grabamos este capítulo! Nos ha quedado torpe hasta para ser nosotros. Pero oye, dura poco. Y es mejor que la mayoría de cosas que dan por la tele. Y luego gana si lo comentas. Y tiene su qué. Vean, vean.

Que me lo disfruten.

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El hombre de acero (2013)


Superman II Reloaded

Superman es mi personaje de ficción favorito, y no sólo eso, también es la imagen más repetida en mis calzoncillos, lo que hace de nuestra relación algo, cuanto menos, íntimo. El personaje ha cumplido los 75 recientemente, y durante su recorrido por cómics, cine, televisión, videojuegos, prensa, radio, teatro y mis calzoncillos, se las ha visto de todos los colores, superando crisis, matrimonios y muertes, y demostrando una gran flexibilidad para adaptarse a lo que venga. El personaje tiene una gran capacidad simbólica, y según el contexto se muestra capaz de representar a Estados Unidos, a los inmigrantes, al capitalismo o a toda la comunidad superheroica, por ejemplo, en lo que viene a ser una cuestión de niveles. Pero este hecho se da de manera bidireccional, ya que también existe un abanico de imágenes precisas (la capa, la “ese”, el rizo en el pelo, los calzoncillos de nuevo…) que evocan en nuestra mente al personaje. Asistir al estreno de la última de sus encarnaciones cinematográficas se convierte en todo un acontecimiento para alguien como yo, pero tras más de 140 minutos de proyección me encontré en la salida del cine comentando el pendiente en la oreja de Perry White o que la interpretación de Diane Lane parecía basada en la loca de los gatos de los Simpson, lo que no es muy buena señal.

Looper (2012)

El verdugo.

Reconozco que las películas basadas en los viajes en el tiempo y en las paradojas temporales son una de mis pequeñas debilidades. Así pues cuando me enteré que se estrenaba Looper y vi las buenas críticas que había cosechado no tardé en correr hasta la sala de cine más cercana. Y una vez allí, ¿qué me encontré? Pues lo que me encontré fue un thriller de acción futurista, con toques de ciencia ficción, de western, de cine noir, de cine negro, con toques de comedia, con una historia basada en los saltos temporales, con máquinas del tiempo, algo de telequinesis, motos voladoras, futuros apocalípticos... ¡y a Bruce Willis partiendo la pana!. Yo es que no sé qué más se le puede pedir a una película de estas características. Bueno sí, que la trama funcione y esté bien resulta. Pues señores, no se lo van a creer, pero la trama funciona y está bien resuelta. Ya pueden ir descorchando el champán. 

Prometheus (2012)

 
¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos?

Ridley Scott, ese director cuya carrera disfrutó de un más que espectacular arranque y un no menos impresionante descalabro a partir de su cuarta película, ha considerado que ha llegado el momento de buscar respuestas a las grandes preguntas formuladas por la humanidad. Y, para ello, el cineasta mete mano a uno de los tótems de la ciencia ficción y el terror: Alien, el octavo pasajero, del año 1979, dirigida por el propio Scott. Muchos pensarán que lo mejor hubiera sido que se hubiera dejado al universo “Alien” tal y como estaba (y que Scott hubiera seguido dirigiendo películas protagonizadas por Russell Crowe, que es, básicamente, lo que venía haciendo últimamente), pero lo cierto es que el universo “Alien” ya estaba tan de capa caída que tampoco es que nos venga de aquí. Y no nos engañemos, por lo menos Prometheus es bastante mejor que Alien vs. Predator. Bueno, digamos que es mejor que la 2.

Los juegos del hambre (2012)


Juegos de guerra.

Qué gran negocio este de las sagas literarias destinadas al público joven, amigos. Primero se forran vendiendo los libros (mínimo una trilogía para que la cosa cunda lo suyo); más tarde se forran haciendo las adaptaciones cinematográficas (y si la ocasión lo merece se podrá optar por dividir algunos de los libros en varias películas para lograr alargar la gallina de los huevos de oro); y por último se forran plasmando la cara de los atractivos protagonistas que interpretan a los personajes principales en todo tipo de productos variados, a cuál más sorprendente (empezando por estampar la cara del guapo de turno en las bragas que lucirán las adolescentes más entregadas). ¿Y qué se persigue con todo esto? Muchos buscarán ocultos motivos económicos detrás de todas estas rentables franquicias, pero los más nobles de corazón sabemos que el fin último de este tipo de productos no es otro que el amor por arte mismo. A los títulos ya conocidos súmenle un nuevo fenómeno que ha llegado con la firme intención de reventar las taquillas de medio mundo: Los juegos del hambre.

Black Mirror. Miniserie (2011)

Empantallados.

De la misma forma que al cine, a veces, le gusta mirar hacia sus adentros y hablar del propio cine, a la televisión también le gusta hablar de sí misma desde la propia caja tonta. Encontramos varias series con la misma televisión como protagonista. Me vienen a la cabeza aquella sitcom de la década de los noventa, producida por John Landis, de nombre Sigue soñando en la que el protagonista relacionaba los sucesos de su vida con cortes clásicos de la televisión de su niñez; Studio 60, protagonizada por Matthew Perry y creada por Aaron Sorkin; Extras de Ricky Gervais; o Rockefeller Plaza de Tina Fey. Ahora nos llega un nuevo ejemplo, cargado de veneno: Black Mirror.

Extraterrestre (2011)


Encuentros en la tercera planta.

Ya lo decía el propio Nacho Vigalondo en su corto "Una lección de cine" en el que, él mismo, intimidaba a una despreocupada vaca, que pastaba tranquila en el prado, con una perturbadora "bat-bola", haciendo varios amagos hacia el animal pero sin llegar a lanzársela en ningún momento: "En el cine, muchas veces, es más importante la expectación que creas en torno al contenido, que el contenido en sí". En su segundo film, después de la celebrada "Los cronocrímenes" (cinta que aplaudí a rabiar), parece que el director y guionista haya llevado tal afirmación hasta su máxima expresión, manteniendo en vilo al espectador sobre lo que puede llegar a ocurrir durante todo su metraje. Solamente hay un pequeño problema, su corto duraba poco más de dos minutos, mientras que su última película dura hora y media.

Acero puro (2011)


Chapa y pintura.
Les voy a pedir que hagan un ejercicio de imaginación. Intenten unir los siguientes referentes cinematográficos: Rocky (en cuanto a la ambientación del mundo del boxeo y el espíritu de superación del que se sabe inferior a su rival y que a pesar de ello sigue luchando hasta el final por mantenerse en pie); más Yo, el halcón (la relación paterno-filial entre un padre y un hijo que apenas han tenido contacto el uno con el otro y deben recuperar el tiempo perdido para poder conocerse mejor, todo ello montados a lomos de un potente camión); más Transformers (enormes robots zurrándose hostias como panes ante la atónita mirada de los humanos). Bien, a continuación cojan el resultado de la suma y pónganlo en remojo durante unos días para que el producto final vaya quedando más tierno y blandito... un poco más... un poco más... bien, suficiente. Si han seguido los pasos correctamente el resultado que habrán obtenido será algo muy parecido a... ¿Acero Puro?

In time (2011)

El tiempo es oro.

Cuarta película como director de Andrew Niccol (suyo era también el guión de El show de Truman), quien debutara tras las cámaras con la interesante Gattaca. En esta ocasión vuelve al futuro y a la ciencia ficción, temas ya tratados en su opera prima, para mostrarnos una peculiar sociedad en la que el dinero ha sido sustituido por el tiempo, que se utiliza como moneda de cambio para conseguir bienes y servicios, hecho que acentúa claramente las divisiones entre clases sociales, convirtiendo a los millonarios en seres prácticamente inmortales y a los pobres, sin recursos, en cadáveres ambulantes pendientes constantemente del tiempo de vida que les resta, viéndose obligados a mendigar a cambio de unos pocos minutos más. Al igual de lo que ya sucedía con Gattaca, la sociedad que dibuja Andrew Niccol funciona a la perfección, a la vez que nos muestra un futuro terrible. El problema es que, a diferencia de su anterior trabajo, en esta ocasión, una vez presentada la sociedad sobre la que transcurrirá la historia, el resto del guión termina resultando ser de lo más estúpido que se le puede arrojar a un espectador a la cara.

Melancolía (2011)


La que se avecina

Cuando un director de cine es conocido sobre todo por ser un provocador y haber realizado algunas películas muy personales y diferentes, en cada estreno de un nuevo trabajo suyo se oyen rumores sobre las expectativas que hay puestas en él. Y, normalmente, en cuanto al resultado suelen haber varios comentarios a favor y otros totalmente en contra, pero a nadie parece dejar indiferente. En este caso, el danés Lars von Trier encaja perfectamente en este tipo de director y acaba de estrenar Melancolía (2011), una muy interesante película que fue presentada en el Festival de Cannes, donde merecidamente obtuvo el premio a la mejor actriz por Kirsten Dunst, y que está precedida por Anticristo (2009), un film que fue fruto de una depresión del director y que se percibe plenamente en la historia.

Green Lantern (2011)

Lo verde empieza en las estrellas.


Me imagino a un directivo de la Warner analizando la cartera de superhéroes de DC para decidir cual será el próximo personaje de la editorial en dar el salto a la pantalla grande, porque hay que aprovechar ahora que las adaptaciones de cómics vuelven a estar de moda y a dar dinero a mansalva. Se detiene en una hoja del carpesano (si, yo Hollywood me lo imagino así) y preguntando a su ayudante por cierto enigmático personaje de traje verde. Es Green Lantern, señor, su poder es el de crear cuanto imagina gracias a un poderoso anillo que recarga en una extraña lámpara verde alienígena. El directivo pone cara de no entender un ápice de lo que le está hablando y se limita a preguntar si la cosa dará dinero. El ayudante le responde que a pesar de no tratarse de un Superman o un Batman, sí que es un personaje popular de segunda línea, al estilo de Wonder Woman, Flash o Acuaman; además el protagonista de una de las series de más éxito del momento, The Big Bang theory, suele llevar una camiseta del personaje. Finalmente el directivo coge el teléfono y encarga el proyecto: quiero a un actor guapo y medianamente popular para el protagonista, a una jamona para hacer de la chica de la que se enamora el héroe, quiero un actor reputado, a poder ser con un Oscar en su haber, que esté en horas bajas, para interpretar al malo de la película, quiero a un director que haya tenido algún éxito importante pero que no esté pasando por su mejor momento debido a algún bache comercial para asegurarnos de que acepte el proyecto, y quiero una habitación pintada de verde para rodar la mayor parte de la peli mediante croma y así ahorrarnos algo de pasta. Ah, ¡y lo quiero para el verano!

Esclavas del Espacio (Slave Girls from Beyond Infinity, 1987)

¿Qué hace una chica como tú en un planeta como éste?

Hay quien mira al cielo nocturno, ve puntos luminosos y titilantes, y piensa en las estrellas, en la radiación electromagnética, en neutrinos y viento estelar. Otros alzan la vista hacia la bóveda celeste y piensan en naves espaciales, robots y esculturales chicas en bikini. Ken Dixon es un claro representante de esta segunda tendencia al haber dirigido, guionizado y producido Esclavas del Espacio, una serie B de ciencia ficción protagonizada por una hembra cuyos pechos merecerían ser estudiados por los astrónomos durante décadas (nos referimos a la insigne delantera de Elizabeth Kaitan).

Cowboys & Aliens (2011)


Centauros de las galaxias.

El western es un género al que, a menudo, le ha gustado romper las encorsetadas reglas de su propia idiosincrasia para ponerse a coquetear con otros estilos. De este modo, al western, se lo ha mezclado con la comedia más alocada (Sillas de montar calientes), el musical (La leyenda de la ciudad sin nombre), la ciencia ficción (Atolladero), la animación (Rango), el terror (Billy the Kid vs. Dracula), el cine erótico (Wild gals of the naked west de Russ Meyer) e incluso el cine más independiente (Dead man) y de autor (Condemor, el pecador de la pradera) no han podido evitar meter sus garras en él. Ahora nos llega un nuevo cocktail (¿molotof?), en el que al pobre western lo meten de lleno en una peli plagada de simpáticos visitantes espaciales con ganas de marcha, acción a raudales y un sentido de la aventura algo más atropellado de lo que estábamos acostumbrados a ver dentro del género.

El origen del planeta de los simios (2011)

Humanos, yo os maldigo.

Después de la película original de El planeta de los simios (1968), de las cuatro secuelas posteriores, de una serie de televisión, de otra serie de televisión de animación y del descalabro que supuso el reciente remake de Tim Burton, alguien en Hollywood decidió que, contra todo pronóstico, era éste un buen momento para abordar otra intentona para lograr reflotar una franquicia que muchos ya daban por irrecuperable. Así pues, este verano nos llegó a las salas de cine una nueva entrega/secuela/remake/precuela/reboot de la popular saga simiesca: El origen del planeta de los simios. ¿Qué podría salir mal?

Super 8 (2011)


Super 80's.

J.J.Abrams, se baja momentáneamente del Enterprise y desciende de las estrellas hasta el planeta tierra para perderse en un pequeño pueblo rural de la América más profunda para contarnos una historia fantástica protagonizada por unos pre-adolescentes, que se moverán por el escenario elegido en bicicletas, y que se verán involuntariamente inmersos en una aventura en la que deberán demostrar su valía haciéndole frente a un misterioso monstruo y a todo un grupo de militares armados hasta los dientes. A la vez, Abrams, regresa del futuro que nos mostró en su Star Trek para visitar nuestro pasado más inmediato, trasladándose hacia la década de los años ‘80 que, curiosamente, sigue estando muy de moda en este presente que vivimos, especialmente en lo que a cine se refiere. Y es que muchos han sido los que recientemente han echado la vista hacia atrás para regresar a los ‘80, pero pocos han sido los que han logrado convencer con sus trabajos. Hasta que ha llegado Abrams. ¿Cual es, entonces, la fórmula utilizada por el director para lograr que las cosas salgan bien? Simple. Hacer las cosas bien.

Invasión a la tierra (2011)

Holocausto marine.

Pues parece ser que ya tenemos aquí nuestra dosis habitual de invasión alienígena en pantalla grande. De hecho creo que si tuviera diez euros por cada película que se haya estrenado con extraterrestres con ganas de eliminar la raza humana, ahora mismo podría estar tomándome un café y un cruasan con Mark Zuckerberg charlando de nuestras inversiones. Entrando ya en materia, cabe decir que existen dos grandes grupos claramente diferenciados de este tipo de productos: a) las invasiones alienígenas protagonizadas por civiles en el bando humano (aquí recordaremos la reciente adaptación de La guerra de los mundos con un Tom Cruise dejándose el culo por intentar poner a buen recaudo a sus retoños); y b) las invasiones alienígenas protagonizadas por militares en el bando humano (cómo por ejemplo ese Independence day con un Will Smith cargándose a los marcianos a puñetazo limpio). Invasión a la tierra (Battle: Los Angeles) pertenece claramente a este segundo grupo.

Splice. Experimento mortal (2009)

Larga vida a la nueva carne.


Splice es el nuevo exponente de un género cinematográfico que ha dado grandes títulos a lo largo de la historia: el del científico loco que juega a ser Dios. En este caso los científicos son dos, Adrien Brody y Sarah Polley, que encarnan, respectivamente, al ángel y al demonio, instalados sobre los hombros de la ciencia, luchando entre sí por salvaguardar o destruir los límites de la ética, a la hora de llevar a cabo sus experimentos. La película, además, nos vuelve a plantear, de nuevo, la eterna pregunta de si el fin justifica los medios. Que quieren que les diga, después de ver como suelen terminar la gran mayoría de éste tipo de películas a lo "mad doctor" a uno se le quitan las ganas de experimentar más de la cuenta.

En Splice encontramos a dos reputados científicos, matrimonio fuera de los laboratorios, que mediante la ingeniería genética y después de cruzar el A.D.N. de varios animales logran crear una especie de bicho/babosa del cual pretenden extraer una proteína para ayudar en los avances científicos para la cura de un gran número de enfermedades. Vean, pues, que el bienestar de la humanidad es el fin, veamos a continuación los medios. El siguiente paso lógico (lo de lógico sería un decir) sería el de introducir A.D.N. humano en la fórmula para lograr un nuevo bichejo, pero las empresas que patrocinan todo el experimento se cierran en banda ante tal posibilidad. Lo que ocurrirá a continuación es lo que ya se nos contó con lo de "la manzana de Adán y Eva". Ella, está dispuesta a seguir adelante con el experimento a escondidas de sus superiores, mientras él, por el contrario, prefiere obedecer, pero una y otra vez caerá en la tentación y cederá ante las intenciones de su pareja, lo que nos lleva a la primera conclusión de la película: la carne es débil (cójanlo en el sentido que más les convenga).

No hace falta ni decir que el experimento se les terminará escapando de las manos y que sus actos terminarán comportando graves consecuencias. La criatura crecerá, se hará mayor y cada vez será más difícil ocultarla del resto de empleados del laboratorio, pero el personaje de Sarah Polley no estará dispuesta a deshacerse del engendro debido a un creciente instinto maternal hacia el bicho (al parecer hay algún tipo de trauma con sus progenitores, pero la película no termina de darle cancha en ningún momento). A medida que el ser genéticamente alterado vaya creciendo empezará a desear más libertad de la que le ofrecen las cuatro paredes en las que se encuentra recluido y su comportamiento empezará a ser cada vez más errático. Dicho lo cual, les debo confesar que me solidarizo plenamente con la criatura, pues si un buen día, de pronto, me apareciera un pincho de la punta de la cola, mi comportamiento tampoco sería, precisamente, como de matrícula de honor.

El director de la película, el canadiense Vicenzo Natali, resulta todo un clásico de la ciencia ficción, con títulos como Cube, Cypher o Nothing, experto en thrillers clautrofóbicos, cuya esencia también encontramos en Splice, aunque con la incorporación de un elemento nuevo, como es el del monstruo. Adrien Brody (El pianista) y Sarah Polley (Mi vida sin mi) interpretan a la pareja protagonista con solvencia aunque sin alardes, y la criatura está interpretada por la francesa Delphine Chanéac, aunque por momentos hubiera jurado que la película significaba el salto de la cantante Sidney O'Connor al mundo de la interpretación.

El punto de partida de Splice me pareció muy acertado, con un arranque espectacular a medio camino entre el thriller y la ciencia ficción, con unos toques de terror, que va calando en el espectador. A medida que la criatura crece, la cinta se va volviendo más perturbadora, consiguiendo que nos solidaricemos más con la criatura que con sus creadores y acercándose más hacia el drama fantástico. La película avanza y su ritmo narrativo, a pesar de resultar irregular en algunos momentos, logra no decaer en exceso, aunque algunas de las decisiones de sus protagonistas cada vez empiezan a resultar más cuestionables, ya no sólo a nivel moral sino también a nivel de sentido común. Ya hacia su recta final la cosa pierde originalidad y termina convirtiéndose en algo que ya hemos visto en otras películas, a pesar de lo cual logra mantener un cierto interés hasta su final.

Resumiendo: Recomendable cinta con bicho de por medio, que arranca de forma espectacular para ir perdiendo fuelle y originalidad en su segunda mitad.



Leer critica Splice en Muchocine.net

Predators (2010)

Coto privado de caza.


Cada vez que un productor de Hollywood, por muy Robert Rodriguez que sea, asegura querer reflotar una antigua franquicia de gran popularidad en tiempos pasados, dándole un nuevo enfoque y adaptándola a nuestros tiempos, muere un hada en alguna parte. En Predators, se pretende seguir la historia donde se quedó después de la primera entrega (la de Schwarzenegger) obviando la secuela con Danny Glover que transcurre en la gran ciudad (como la mayoría de secuelas) y los dos posteriores crossovers junto a los Alien. Incluso en la película se hace una referencia a la primera película Depredador, cuando uno de los personajes asegura reconocer a los predators, contando a sus compañeros de grupo que un hombre logró vencer a uno de ellos en 1987 revolcándose en el fango. De hecho, no será la única referencia a la película original, ya que esta secuela se dedica a calcar literalmente alguna de sus escenas, como aquella en la que el indio decide sacrificarse luchando él solito contra el predator mientras sus compañeros huyen a través de la selva. Efectivamente amigos, esto vuelve a suceder tal cual, cambiando, simplemente, la raza del tipo en cuestión.

La película empieza con un grupo de rudos mercenarios, cayendo en paracaídas sobre una frondosa selva. Nadie recuerda como han llegado hasta allí ni quien les ha traído, pero rápidamente empezarán a entender que deberán unir sus fuerzas ante una amenaza mayor, si desean salir con vida. La sorpresa irá en aumento cuando descubran que se encuentran en un planeta extraterrestre y que una extraña raza de alienígenas les sigue la pista para darles caza y captura. Convertidos en presas, han pasado de ser cazadores a cazados.

El personaje interpretado por Adrien Brody (pluriempleado este año hasta las trancas) se erigirá como líder del peculiar grupo compuesto, entre otros, por soldados, yakuzas, militares rusos, presidiarios y un doctor. El personaje del líder resulta especialmente odioso porque es de la clase de tipo que siempre quiere tener la última palabra, soltando demoledoras sentencias con la mirada fijada en el infinito, dando por acabada cualquier posibilidad de seguir con el diálogo que se estuviera manteniendo en ese momento (muy al estilo de Horatio en C.S.I. Miami o de algunos héroes de acción de la década de los ‘80). Personalmente, si hubiera sido uno de sus compañeros de batalla, en lugar de disparar a los predators me hubiera desahogado disparándole a él de la rabia que me llega a generar en ciertos momentos del film. Luego, por el contrario, está la figura del doctor, un patán absoluto entre tanta testosterona, al que le tienen que ir salvando la vida cada dos por tres. No obstante, cabe decir en su favor que el tipo es un absoluto genio, pues en la película se muestra capaz de reconocer el veneno que emite una planta existente en el planeta alienígena en el que, por supuesto, jamás había estado con anterioridad. Suponemos pues que su doctorado fue en horticultura extraterrestre, o algo por el estilo.

La primera conclusión lógica a la que nos lleva la película es que los peligrosos depredadores vistos en los anteriores films se han vuelto unos acomodados de cuidado. Los tios ya no se molestan ni en desplazarse hasta los planetas de sus víctimas para darles caza como ocurría en las entregas anteriores. ¡Que va! Ahora se los hacen llevar directamente hasta su planeta los muy comodones. Es cómo si yo desde mi casa encargo una pizza a domicilio. Seguro que existe algún tipo de empresa intergaláctica que te trae humanos a casa para que puedas darles caza. Pero es que, además, para colmo, los depredadores ya no se esfuerzan en perseguir a sus víctimas para cansarlas antes de entrar en acción. ¡Nada de eso! Ahora primero les sueltan los perros (perros alienígenas predators, por supuesto) para que les cansen para que así cuando los predators, muy señoritos ellos, entren en acción la peña ya esté falta de fuelle. Una desgracia. Para mi que la raza se está echando a perder. Como siga así la cosa el siguiente paso lógico es que los predators empiecen a cazar humanos en second live.

Los responsables del guión desvirtúan el aspecto cazador de los predators, incluyendo una lucha a espadas entre uno de los bichos, que renuncia a sus armas pesadas, contra una de sus víctimas. No me imagino yo a un cazador humano renunciando a su escopeta y entablando una lucha cuerpo a cuerpo contra una codorniz. Además, por si no bastara con los predators que ya conocemos, la película añade una nueva raza de predators a los que, a partir de este momento, pasaremos a llamar los super predators. Los super predators son cómo los predators que ya conocemos pero más grandes, más fuertes y con una mayor mandíbula. ¿Realmente lo que necesitaba la franquicia para resurgir de sus cenizas era una nueva raza de predators? Me limitaré a dejar la pregunta al aire.

La película Depredador de John McTiernan era una gran película de acción, con un sólido guión, grandes escenas de lucha, una tensión que iba en aumento y un diseño del predator que ha permanecido inamovible durante más de veinte años (¡hasta que llegaron los super predators!). Es evidente que las cosas, entonces, se hicieron bien. Predators, de Nimród Antal (Blindado) es justamente todo lo contrario. La acción cae en el ridículo en varias ocasiones (tenemos grandes armas, pero mejor usemos esta mierda de hacha para luchar contra los malos); la dirección es tirando a muy pobre y los efectos especiales no están a la altura; el guión es un coladero, lleno de frases estúpidas, diálogos vacíos y situaciones rocambolescas, con personajes que aparecen y desaparecen cuando a los guionistas les da la real gana; no hay misterio, no hay tensión, no hay ritmo y resulta francamente imposible que el espectador se solidarice con los protagonistas. Y ya puestos a rajar, debo advertirles que la imagen más promocionada de la película, la de Adrien Brody como blanco de varias mirillas de armas de predators, ni siquiera aparece en el película. ¡Toma ya!

Resumiendo: ¿Alguien más siente deseos de mandar a los responsables de la película al planeta de los Predators?



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Origen (2010)

Porque sueño yo no lo estoy.

Con sus primeras películas, Cristopher Nolan logró meterse a gran parte de la crítica en el bolsillo. Con sus trabajos más recientes logró, además, el más difícil todavía logrando aunar a crítica y público, entrando, a la vez, en esa selecta competición entre ciertos directores de relumbrón por ver quien la tiene más gorda. Después de visionar su último trabajo, Origen (Inception), ya no queda ninguna duda al respecto, Nolan se ha convertido, por derecho propio, en el director más importante de nuestros tiempos. En sueños, claro está.

Porque de sueños va precisamente la cosa. Resulta que, al parecer, alguien ha inventado una especie de cachivache que permite al que lo usa adentrarse en los sueños de los demás. El invento, en lugar de usarse para fines más bien libidinosos (que es para lo que se termina usando cualquier avance tecnológico), resulta que se usa para el espionaje industrial de más alto nivel, robando las ideas de las víctimas de la máquina mientras se encuentran en los brazos de Morfeo. En ese sentido, el mayor profesional del sector de la extracción de ideas es el prota de Titanic que, al parecer, ha decidido montar una empresa junto con el niño de Cosas de marcianos y las cosas les van bastante bien hasta que el subconsciente del primero empieza a jugarle malas pasadas, debido a ciertos fantasmas del pasado encarnados en la imagen de la que fuera su esposa, Edith Piaf, que también decide pasearse por los sueños de la peña para hacer la vida imposible a su ex.

Total, que los tipos deberán afrontar un nuevo reto aparentemente imposible, cuando uno de sus clientes les proponga un nuevo trabajo: en lugar de robar una idea deberán realizar, justamente, la operación contraria, la de implantar una idea en una de sus víctimas, el espantapájaros de Batman Begins. Para este nuevo reto, los dos protagonistas pedirán ayuda a Juno, una joven estudiante que resultará ser todo un primor a la hora de construir puzzles imposibles, quien ejercerá la función de “arquitecto” debiendo edificar los paisajes que poblarán los sueños en los que transcurrirá la acción. El mayor problema de nuestros protagonistas resultará ser que, en el mundo de los sueños, a uno a veces le cuesta distinguir entre lo que es real y lo que no.

Origen es como uno de esos nudos tope gordos que, a priori, parecen imposibles de deshacer pero que, no obstante, agarrando cada uno de los extremos de la cuerda y tirando sin más, terminan por deshacerse por sí solos sin apenas esfuerzo. Porque uno, empieza a entender la trama de la película únicamente cuando al director le da la real gana de que ya va siendo hora de que el espectador se empiece a enterar de algo, pero una vez explicado resulta que la cosa era más sencilla de lo que nos habían pintado en un principio. El señor Nolan, por tanto, juega con el espectador, durante la primera media hora de metraje, en la que se sigue lo que va sucediendo en pantalla, con interés, pero sin acabar de captar el global de la historia, lo cual crea una gran expectación (que se acentúa claramente cuando Ellen Page empieza a retorcer edificios a su gusto).

Lamentablemente la película es suficientemente entretenida como para que no me durmiera en la sala de cine. Y digo lo de lamentablemente porque creo que para captar toda la esencia de la película uno, como espectador, debería dormirse en la butaca, con la película de fondo sonando de forma que, en plena fase REM, nuestro cerebro captara el audio para introducirla en nuestros propios sueños y conseguir, con ello, lograr una nueva capa donde uno se fusionase definitivamente con la trama logrando que la película se infiltrara en el subconsciente de la misma forma que los protagonistas se infiltran en los sueños de sus objetivos. Sinceramente espero que mi subconsciente fuera lo suficientemente espabilado como para dejar pasar a Marion Cotillard (más guapa que nunca) y prohibirle el paso a Tom Berenger (quien le iba a decir a este hombre hace poco tiempo que volvería a aparecer en un blockbuster de estas características).

La película, que empieza siendo un complejo thriller de ciencia ficción con aires de grandilocuencia y perdurabilidad (no lo entiendan como una crítica negativa, de entrada) en su primera mitad de metraje, termina convirtiéndose en una gran y espectacular ensalada de tiros muy amena y terriblemente entretenida que consigue tener al espectador en tensión viendo una peli de acción global, aliñada por el valor añadido del mundo de los sueños, lo cual permite que un tren entre en escena en medio de una gran avenida llena de coches o que los protagonistas deban luchar contra sus enemigos en un escenario de ingravidez. El problema vendría a ser que no es lo que uno se esperaba viendo la primera mitad de la película, convirtiendo la trama en algo excesivamente predecible y domesticada, francamente disfrutable pero sin la capacidad de trascendencia que se le esperaba. Mas allá de esto, personalmente, me chirrió algún que otro aspecto de la película, como el personaje de Marion Cotillard y sus consecuencias o ese lugar conocido como “el limbo” un lugar del que nadie vuelve, pero al que sólo falta que se organicen visitas guiadas como destino turístico.

Resumiendo: Origen es el blockbuster del año, pero blockbuster al fin y al cabo, para lo bueno y para lo malo.



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