Que me lo disfruten.
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Encuentros en la tercera planta.
Lo verde empieza en las estrellas.
¿Qué hace una chica como tú en un planeta como éste?
En Splice encontramos a dos reputados científicos, matrimonio fuera de los laboratorios, que mediante la ingeniería genética y después de cruzar el A.D.N. de varios animales logran crear una especie de bicho/babosa del cual pretenden extraer una proteína para ayudar en los avances científicos para la cura de un gran número de enfermedades. Vean, pues, que el bienestar de la humanidad es el fin, veamos a continuación los medios. El siguiente paso lógico (lo de lógico sería un decir) sería el de introducir A.D.N. humano en la fórmula para lograr un nuevo bichejo, pero las empresas que patrocinan todo el experimento se cierran en banda ante tal posibilidad. Lo que ocurrirá a continuación es lo que ya se nos contó con lo de "la manzana de Adán y Eva". Ella, está dispuesta a seguir adelante con el experimento a escondidas de sus superiores, mientras él, por el contrario, prefiere obedecer, pero una y otra vez caerá en la tentación y cederá ante las intenciones de su pareja, lo que nos lleva a la primera conclusión de la película: la carne es débil (cójanlo en el sentido que más les convenga).
El director de la película, el canadiense Vicenzo Natali, resulta todo un clásico de la ciencia ficción, con títulos como Cube, Cypher o Nothing, experto en thrillers clautrofóbicos, cuya esencia también encontramos en Splice, aunque con la incorporación de un elemento nuevo, como es el del monstruo. Adrien Brody (El pianista) y Sarah Polley (Mi vida sin mi) interpretan a la pareja protagonista con solvencia aunque sin alardes, y la criatura está interpretada por la francesa Delphine Chanéac, aunque por momentos hubiera jurado que la película significaba el salto de la cantante Sidney O'Connor al mundo de la interpretación.
El punto de partida de Splice me pareció muy acertado, con un arranque espectacular a medio camino entre el thriller y la ciencia ficción, con unos toques de terror, que va calando en el espectador. A medida que la criatura crece, la cinta se va volviendo más perturbadora, consiguiendo que nos solidaricemos más con la criatura que con sus creadores y acercándose más hacia el drama fantástico. La película avanza y su ritmo narrativo, a pesar de resultar irregular en algunos momentos, logra no decaer en exceso, aunque algunas de las decisiones de sus protagonistas cada vez empiezan a resultar más cuestionables, ya no sólo a nivel moral sino también a nivel de sentido común. Ya hacia su recta final la cosa pierde originalidad y termina convirtiéndose en algo que ya hemos visto en otras películas, a pesar de lo cual logra mantener un cierto interés hasta su final.
La película empieza con un grupo de rudos mercenarios, cayendo en paracaídas sobre una frondosa selva. Nadie recuerda como han llegado hasta allí ni quien les ha traído, pero rápidamente empezarán a entender que deberán unir sus fuerzas ante una amenaza mayor, si desean salir con vida. La sorpresa irá en aumento cuando descubran que se encuentran en un planeta extraterrestre y que una extraña raza de alienígenas les sigue la pista para darles caza y captura. Convertidos en presas, han pasado de ser cazadores a cazados.
La primera conclusión lógica a la que nos lleva la película es que los peligrosos depredadores vistos en los anteriores films se han vuelto unos acomodados de cuidado. Los tios ya no se molestan ni en desplazarse hasta los planetas de sus víctimas para darles caza como ocurría en las entregas anteriores. ¡Que va! Ahora se los hacen llevar directamente hasta su planeta los muy comodones. Es cómo si yo desde mi casa encargo una pizza a domicilio. Seguro que existe algún tipo de empresa intergaláctica que te trae humanos a casa para que puedas darles caza. Pero es que, además, para colmo, los depredadores ya no se esfuerzan en perseguir a sus víctimas para cansarlas antes de entrar en acción. ¡Nada de eso! Ahora primero les sueltan los perros (perros alienígenas predators, por supuesto) para que les cansen para que así cuando los predators, muy señoritos ellos, entren en acción la peña ya esté falta de fuelle. Una desgracia. Para mi que la raza se está echando a perder. Como siga así la cosa el siguiente paso lógico es que los predators empiecen a cazar humanos en second live.
La película Depredador de John McTiernan era una gran película de acción, con un sólido guión, grandes escenas de lucha, una tensión que iba en aumento y un diseño del predator que ha permanecido inamovible durante más de veinte años (¡hasta que llegaron los super predators!). Es evidente que las cosas, entonces, se hicieron bien. Predators, de Nimród Antal (Blindado) es justamente todo lo contrario. La acción cae en el ridículo en varias ocasiones (tenemos grandes armas, pero mejor usemos esta mierda de hacha para luchar contra los malos); la dirección es tirando a muy pobre y los efectos especiales no están a la altura; el guión es un coladero, lleno de frases estúpidas, diálogos vacíos y situaciones rocambolescas, con personajes que aparecen y desaparecen cuando a los guionistas les da la real gana; no hay misterio, no hay tensión, no hay ritmo y resulta francamente imposible que el espectador se solidarice con los protagonistas. Y ya puestos a rajar, debo advertirles que la imagen más promocionada de la película, la de Adrien Brody como blanco de varias mirillas de armas de predators, ni siquiera aparece en el película. ¡Toma ya!
Porque de sueños va precisamente la cosa. Resulta que, al parecer, alguien ha inventado una especie de cachivache que permite al que lo usa adentrarse en los sueños de los demás. El invento, en lugar de usarse para fines más bien libidinosos (que es para lo que se termina usando cualquier avance tecnológico), resulta que se usa para el espionaje industrial de más alto nivel, robando las ideas de las víctimas de la máquina mientras se encuentran en los brazos de Morfeo. En ese sentido, el mayor profesional del sector de la extracción de ideas es el prota de Titanic que, al parecer, ha decidido montar una empresa junto con el niño de Cosas de marcianos y las cosas les van bastante bien hasta que el subconsciente del primero empieza a jugarle malas pasadas, debido a ciertos fantasmas del pasado encarnados en la imagen de la que fuera su esposa, Edith Piaf, que también decide pasearse por los sueños de la peña para hacer la vida imposible a su ex.
Origen es como uno de esos nudos tope gordos que, a priori, parecen imposibles de deshacer pero que, no obstante, agarrando cada uno de los extremos de la cuerda y tirando sin más, terminan por deshacerse por sí solos sin apenas esfuerzo. Porque uno, empieza a entender la trama de la película únicamente cuando al director le da la real gana de que ya va siendo hora de que el espectador se empiece a enterar de algo, pero una vez explicado resulta que la cosa era más sencilla de lo que nos habían pintado en un principio. El señor Nolan, por tanto, juega con el espectador, durante la primera media hora de metraje, en la que se sigue lo que va sucediendo en pantalla, con interés, pero sin acabar de captar el global de la historia, lo cual crea una gran expectación (que se acentúa claramente cuando Ellen Page empieza a retorcer edificios a su gusto).
La película, que empieza siendo un complejo thriller de ciencia ficción con aires de grandilocuencia y perdurabilidad (no lo entiendan como una crítica negativa, de entrada) en su primera mitad de metraje, termina convirtiéndose en una gran y espectacular ensalada de tiros muy amena y terriblemente entretenida que consigue tener al espectador en tensión viendo una peli de acción global, aliñada por el valor añadido del mundo de los sueños, lo cual permite que un tren entre en escena en medio de una gran avenida llena de coches o que los protagonistas deban luchar contra sus enemigos en un escenario de ingravidez. El problema vendría a ser que no es lo que uno se esperaba viendo la primera mitad de la película, convirtiendo la trama en algo excesivamente predecible y domesticada, francamente disfrutable pero sin la capacidad de trascendencia que se le esperaba. Mas allá de esto, personalmente, me chirrió algún que otro aspecto de la película, como el personaje de Marion Cotillard y sus consecuencias o ese lugar conocido como “el limbo” un lugar del que nadie vuelve, pero al que sólo falta que se organicen visitas guiadas como destino turístico.
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