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Vaya par de polis (2010)

Dos tontos muy polis.

No existe ningún motivo válido para ver esta película. Al principio, inconsciente que es uno, se podría llegar a pensar que los motivos radican en ver cómo Kevin Smith afronta su nuevo trabajo, siendo éste el primero que debe abordar con un guión que no le es propio; en ver a Bruce Willis volviendo al personaje de poli duro que tan bien ha sabido encarnar a lo largo de su carrera; en ver cómo una estrella catódiga se arriesga dando el salto a la pantalla grande; o, simplemente, en ver cómo una película, sin excesivas pretenciones, busca la justa medida entre acción y comedia. A pesar de todo lo dicho, créanme, no existe ningún motivo válido para ver Vaya par de polis (Cop Out).

La película intenta recuperar (si es que alguna vez se fueron) la esencia de las buddie movies policiacas tan de moda en la década de los ochenta, en las que una pareja de policias de carácter más bien opuesto debían unir esfuerzos por el bien de la ciudadanía. Ejemplos hay muchos: Arma letal, Tango y Cash, Danko, calor rojo o Límite 48 horas (bueno, en esta sólo uno era poli, pero vale igual). Aunque la que rápidamente me vino a la cabeza mientras estaba viendo Vaya par de polis fue Dos sabuesos despistados (con Tom Hanks y Dan Aykroyd) por aquello de que ambas dan mayor peso a la comedia, a pesar de que, como ya no estamos en los ochenta, el guión ha optado por cambiar a la típica banda de punks malvados de extrarradio, por la típica banda de latinos malvados de extrarradio, que en los tiempos actuales visten mucho más.

La película empieza presentándonos a sus dos protagonistas Jimmy Monroe (Bruce Willis) y Paul Hodges (Tracy Morgan), dos policias que llevan siendo compañeros desde hace nueve años. El primero es más serio, duro y resolutivo, mientras que el segundo resulta más histriónico y deslenguado. A ambos los conocemos en una secuencia sobre un interrogatorio a un sospechoso que, se supone, debe ser divertida y donde se parodia a grandes clásicos cinematográficos. El problema radica en que el resultado final en lugar de divertido resulta de vergüenza ajena.

Total, que ambos la acaban liando y, como acostumbra a suceder en estos casos, su superior les pide que entreguen sus placas y armas, suspendiéndolos de empleo y sueldo. El problema está en que la hija del personaje de Willis tiene que casarse y quiere una boda de alto copete y su padre, suspendido de sueldo, se las verá canutas para pagar el bodorrio, viéndose obligado, finalmente, a vender un valiosísimo cromo de beisbol del año 1952. En el momento de la transacción unos ladrones entrarán en la tienda llevándose el deseado cromo y obligando a nuestros protagonistas a emprender su busqueda por los bajos fondos de la ciudad. Como pueden observar, sin duda, se trata de una absoluta trama de mierda.

Como les decía al principio, la película está dirigida por Kevin Smith, que si pretende relanzar su carrera con productos como Vaya par de polis lo tiene clarísimo, pues lo único que consigue es bajar un nuevo peldaño en su filmografía (y ya se está acercando peligrosamente a los sótanos). Para ello cuenta como protagonistas con una estrella cinematográfica como Bruce Willis y con una estrella de la pequeña pantalla como Tracy Morgan (popular por su papel en la serie Rockefeller Plaza). No existe ningún tipo de química entre ambos y en ocasiones parece como si estuvieran interviniendo en películas distintas. Willis no parece estar cómodo en ningún momento del film; por el contrario, Morgan si parece estar cómodo, lo que terminó provocando mi incomodidad como espectador. Además, como secundarios en la película también intervienen Sean William Scott (el capullo salido de American Pie, que sorprende una vez más con su asombrosa variedad de registros) y Jason Lee (Me llamo Earl), un habitual de las películas de su amigo Kevin Smith.

¿Realmente alguien pensó en algún momento que hacer esta película era una buena idea? Kevin Smith está en horas bajas (y ya hace demasiado) pero, más allá de lo que le hayan pagado por dirigir este cagarro, ¿realmente cree que esta película es buena para su carrera y para que, más adelante, le surjan proyectos más atractivos? ¿Y Bruce Willis? Por muy coleguitas que se hiciera con Smith en el rodaje de La Jungla 4.0, ¿tiene necesidad de aceptar estos proyectos tan menores y sin ningún encanto?

Lo cierto es que al poco de empezar la película uno ya empieza a tener claro que la cosa va a ser un absoluto desastre. El humor que destila la cinta no me hizo gracia en ningún momento (habrá gente que se parta la caja con un negro vestido de teléfono móvil gigante gesticulando como un poseso mientras habla a gritos soltando improperios y memeces varias, pero no es mi caso) y si encima se mezcla con una dosis de acción sin ningún tipo de tensión ni fuerza, pues el resultado huele a cadáver que hecha para atrás. A medida que la trama avanza se van confirmando los temores y uno sólo puede llegar a desear que la cosa termine cuanto antes para que le duela lo menos posible, pero incluso en ese caso, la película se empeña en alargarse innecesariamente. Cuando por fin termina, uno se da cuenta de que no existe nada en la película que resulte mínimamente destacable. Positivamente, se entiende.

Resumiendo: Señor Smith, si lo que pretendía era dirigir esta película para lograr hacer resurgir su carrera cual ave Fénix, lamento comunicarle que, con ella, lo único que ha logrado es orinarse en sus propias cenizas.



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Sherlock Holmes (2009)

Sherlock House.


Es público y sabido que, cada cierto tiempo, a los estudios de Hollywood les gusta poder recuperar algún personaje literario clásico con la intención de realizar un nuevo lavado de imagen, y una buena puesta al día, acomodándolos a los nuevos tiempos, algo que suele significar una mayor dosis de acción, aventuras y efectos especiales de lo que nos tenían acostumbrados sus anteriores adaptaciones cinematográficas. Sin ir más lejos, este mismo año nos tiene que llegar el Robin Hood de Rusell Crowe, la Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton, o el nuevo Dorian Gray. De momento, el que ya ha practicado su asalto a las carteleras (llevándose un buen bocado en taquilla) ha sido Sherlock Holmes.

El personaje de Sherlock Holmes, creado por Arthur Conan Doyle, realizó su primera incursión en el cine en el año 1903, en un pequeño gag de apenas un minuto de duración. En el 1908, Holmes, fue el sorprendente protagonista de la novela de Edgar Allan Poe, Los crímenes de la calle Morgue; en 1958 fue interpretado por Peter Cushing en una versión de la Hammer de El perro de los Baskerville, dirigida por Terense Fisher; en 1970, el gran Billy Wilder, hizo su aproximación al personaje en La vida privada de Sherlock Holmes, en la que se insinuaba una más que probable relación homosexual entre Holmes y Watson; en 1984 se hizo una genial versión animada para la televisión en la que todos los personajes eran perros, dirigida por el maestro de la animación Hayao Miyazaki; en 1986 hubo Holmes por partida doble, como adoscente metomentodo en El secreto de la pirámide y como personaje animado de la Disney en Basil, el ratón superdetective; ya en 1988 llegó Sin pistas, una parodia sobre las aventuras de Sherlock Holmes, en la cual Watson era el genio en la sombra, y Holmes un farsante, muy en la linea de la serie de la época para televisión Remington Steele. Pero de todo esto ya a llovido demasiado y se necesitaba un nuevo Holmes para los nuevos tiempos que corren.

Nada más empezar la película ya entendemos que nos podemos ir olvidando de la figura clásica del personaje de Sherlock Holmes. En los primeros compases del film una chica está a punto de ser sacrificada por una extraña secta liderada por un tipo raro que viste con túnica oscura, mientras nuestro protagonista tumba a hostias a un tipo tres veces mayor que él. Nuestros héroes llegan a tiempo para salvar a la chica y detener al malo de turno: Lord Blackwood, un tipo con cara de bellaco, mirada penetrante y un pelo todo repeinado hacia atrás (lo que hizo preguntarme como debían lograr tal “efecto mojado” en el Londres de finales del siglos XIX, llegando a conclusiones más bien poco higiénicas). Los buenos ganan, los malos pierden y lord Blackwood termina balanceándose en el aire con una soga alrededor del cuello. Fin del caso? Evidentemente, no. Sin ser Semana Santa ni nada, al fiambre le da por regresar del más allá haciendo alarde de su poderío con la magia negra y las artes oscuras. Se reabre el caso, pero, como lograrán nuestros protagonistas detener a alguien capaz de vencer a la muerte?

A medida que avanza la película iremos conociendo a este nuevo Sherlock Holmes. Al nuevo Holmes le gusta boxear por dinero en antros infectos (haciéndose el chulo anticipando al espectador cuales serán los golpes que provocarán la derrota de su contrincante), no soporta la inactividad (los casos le mantienen vivo), es un desastre a nivel social, es desaliñado, manipulador, observador, elocuente, mordaz, sarcástico, tocapelotas, de respuesta rápida, lengua viperina y, por supuesto, es un genio, lo que provoca que se la sude lo que de él puedan pensar los demás. Además, su gran apoyo, el doctor Watson, está a punto de abandonarlo para irse a vivir con su prometida. Watson es el contrapunto de Holmes, es más serio, más formal, más de guardar las apariencias delante de terceros, experto en la lucha con espada y con la estimable habilidad de dejarse complicar la vida por su amigo Holmes.

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero les debo confesar que a mi estos nuevos Holmes y Watson me recuerdan una barbaridad a los doctores House y Wilson de la serie House. La cosa tampoco es que tuviera mayor relevancia si no fuera porque, y aquí viene lo curioso del caso, resulta que para confeccionar al personaje de Gregory House, precisamente, se inspiraron en Sherlock Holmes. Y ahora que toca, de nuevo, abordar el personaje del detective, en lugar de echar la vista hacia atrás para modelar la personalidad del nuevo Holmes, resulta que se fijan en el personaje del médico que, a su vez, ya viene siendo una adaptación del personaje clásico. Así pues, para crear al Holmes del siglo XXI han preferido adaptar una adaptación, en lugar de adaptar el original.

El director Guy Ritchie sigue intentando recuperarse de su profundo bache cinematográfico (algunos lo llamaron matrimonio con Madonna) del que ya empezó a asomar la cabeza con Rochnrolla. El escenario es el mismo de siempre, los suburbios de Londres, aunque en esta ocasión ha optado por cambiar de siglo. También ha cambiado de personajes, de estafadores de poca monta a sesudos detectives, pero casi todo lo demás sigue estando aquí, incluyendo la voz en off del protagonista y la cámara lenta para recrearse en los detalles.

Para encarnar a los protagonistas encontramos al estadounidense Robert Downey Jr., estupendo en su papel de Sherlock Holmes, haciendo lo que mejor sabe hacer (otra cosa ya es que sea lo mismo que ya hiciera en Iron Man, entre otras); y al británico Jude Law, como Doctor Watson. Los mejores momentos de la película suelen coincidir con ambos en pantalla, confirmando que la química existente entre ellos funciona. Además, en la película, también encontramos a la actriz Rachel McAdams (El diario de Noa, Vuelo nocturno), que encarna a la única mujer que le ha roto el corazón a Holmes (dos veces) y a Mark Strong (Good, La reina Victoria), como el malo de la función. En la película también aparece brevemente el personaje del profesor Moriarty, aunque jamás le podemos ver el rostro (suponemos que a la espera de saber quien lo encarnará, finalmente, en la secuela).

Los personajes tienen carisma y los actores saben interpretarlos con gracia; el director no arriesga en exceso y se queda a medio camino entre director florero de gran superproducción y sus pequeños tics (algo repetitivos) en los que intenta mostrar algo de personalidad; la ambientación del Londres de finales del siglo XIX resulta mucho más que convincente; y la trama, sin ser nada del otro mundo (dejándonos con la sensación de que se reservan lo bueno para la secuela) resulta medianamente entretenida. Hacia la mitad del metraje, no obstante, la cosa empieza a aburrir un poco (todo el rollo del matadero se me hizo pelín plomizo) y que, salvando la recreación de la época, los efectos especiales tampoco es que sean nada del otro mundo, ni mucho menos. Ya a pesar de todo, la mayor crítica que se le puede hacer a la película, es que en ningún momento se tiene la sensación de estar viendo algo nuevo, diferente o mínimamente arriesgado. Pero ese nunca fue el plan.

Resumiendo: Lavado de cara para el personaje de Sherlock Holmes. No esperen nada del otro mundo si esperan poder pasar las dos horas de metraje medianamente entretenidos.



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Hidden (Oculto, 1987)


En la década de los 80 el cine palomitero vivió su época de máximo esplendor, y uno de los géneros más afortunados fue el cine de acción, que experimentó un boom sorprendente y estableció las bases que lo vendrían a definir hasta día de hoy. Depredador, Terminator, Mad Max, Desafío Total y Robocop, no solo corroboran este hecho, sino que además ponen de manifiesto que en aquellos días también estaban de moda los cócteles, tanto en las discotecas y en los bares de copas, como en los estudios cinematográficos. No, no estamos hablando del prematuro alcoholismo de Drew Barrymore, sino de una serie de producciones que combinaron con mayor o menor fortuna dos o más géneros cinematográficos. Un desenfadado ambiente que propició la aparición de Hidden, una cinta que casa el terror, la sci-fi, el thriller, las buddy movies y el cine de acción, en un acto de irreverente pero pícara poligamia.


La película empieza por todo lo alto, con un violento atraco y su consecuente persecución, una vertiginosa carrera automovilística que da cabida a un par de acontecimientos muy a tener en cuenta. Primero, el atropello de un pobre inválido en silla de ruedas (algo que remite directamente a La carrera de la muerte del año 2000) y segundo, la utilización del típico gag de los transportistas de cristal. Un recurso muy frecuente en el cine cómico (solo hay que echarle un ojo a ¿Qué me pasa doctor?) que aquí se salda con el violento atropello de los dos cargadores y la total destrucción de la superficie cristalina. Todo un alegato de intenciones, ¿no les parece? Pero no nos detengamos aun, el atracador cae en una emboscada en la que es cosido a balazos y volado por los aires, pero el tipo sobrevive milagrosamente, con el cuerpo malherido en algún punto entre pasado y muy hecho. A todo esto le sigue una cruenta escena en que la película se decide a mostrarnos sus cartas. Vemos como el criminal despierta en el hospital y un horrible insecto gigante sale de su boca para ocupar el cuerpo de su compañero de habitación. Llegados a este punto, el lector se dará cuenta de un hecho irrefutable. No estamos ante una mera cinta policíaca, aquí hay marciano encerrado. Benditos ochentas.


Jack Sholder, el realizador, probó suerte con esta mermelada de géneros tras el sonado fracaso que supuso Pesadilla en Elm Street II, su anterior filme. Una cinta muy infravalorada a mi parecer, que aun con sus desaciertos y disparates, se me antoja como la única digna seguidora de la primera parte, ya que consigue funcionar como película terrorífica sin caer en la caricatura y la auto parodia que se adueñaría de la saga a partir de la tercera entrega. Dicho esto, ahora ya pueden dirigir sus misiles hacia mi cabeza.


La sombra de Alien, el octavo pasajero y La invasión de los ultracuerpos planea sobre esta película en la que un psychokiller intergaláctico hace de la tierra su patio de recreo mientras habita diferentes cuerpos humanos. El portador de este parásito alienígena sufre lo que yo llamo “el efecto ochentas”, que consiste en adquirir un gusto repentino por el rock duro y los cochazos (preferiblemente Ferraris). Los encargados de pararle los pies son un policía y un agente del FBI. El primero está interpretado por Michael Nouri, al que posiblemente recordarán por Flashdance si consiguieron apartar la vista en algún momento de la despampanante Jennifer Beals. Él interpreta al mejor agente de la ciudad, un tipo del que depende todo el departamento de policía, como bien se afana en comentar en voz alta su jefe. El segundo está interpretado por Kyle McLachlan en un claro precedente al papel que le haría famoso en Twin Peaks. La escena en que nos dan a entender que su personaje también es de origen extraterrestre está realmente bien planteada. Se encuentra frente al espejo y se toca el rostro de forma peculiar, emulando el mismo gesto que el portador del parásito ha hecho con anterioridad, un par de escenas atrás, en una situación similar. Sencillo, sutil y efectivo, un tipo de detalle que la cinta repetirá más adelante.


Juntando al poli terráqueo y al poli marciano tenemos otra película de colegas con personalidades opuestas. Claro que aquí se lleva este concepto hasta el extremo, algo que solo sería superado por Whoopie Goldberg, cuando protagonizó en 1995 una película policíaca junto a un tiranosaurio. La buena de Whoopie, siempre poniendo el listón tan alto.

En su violenta visita turística por nuestro planeta, el maligno ente alienígena hará todo lo que le de la gana y no se amilanará ante nada ni nadie. Sus cambios de cuerpo responderán a las circunstancias y a sus ansias de poder, y al ser consciente del efecto que produce entre los hombres, se meterá en las voluptuosas carnes de Claudia Christian. Una actriz que tuvo su momento de gloria televisiva con la serie de ciencia ficción Babylon 5 y que aquí interpreta a una bailarina de striptease. Como el lector bien sabrá, en Hollywoood existe un mandamiento que obliga a toda película con una investigación criminal a incluir una escena en un bar de striptease, quebrantar esta norma podría romper el continuo espacio tiempo cinematográfico y lo que es peor, obligar a los guionistas a buscar nuevos recursos argumentales.


La temática extraterrestre en Hidden sirve tan solo de mera excusa para desplegar todo un carrusel de fuego y balas. La película es básicamente una persecución de 97 minutos de duración que no nos deja ni un segundo de respiro, haciendo gala de un vigor narrativo que ya quisieran para sí actuales superproducciones como Wanted. Es puro cine de evasión, directo, violento y sin complejos, donde aun maravilla ver lo bien que se realizaban los tiroteos en los 80.


Ya en el último tercio de la película, cuando por fin se topan Kyle McLachlan y su némesis marciana, ambos mantienen una conversación llena de latiguillos extraterrestres que hoy en día pueden rechinar bastante, pero en general la cinta ha envejecido bien. No deja de sorprenderme que algunos críticos la acusen de tener un final demasiado sensiblero y tópico, nada más lejos de la realidad. La cinta concluye de una manera más negra y ácida de lo que puede parecer a simple vista, pero hay que saber leer entre líneas. Cuando vi la cinta por primera vez, en el cine de mi pueblo y acompañado por la trouppe del Quesito Rosa, a mí también se me escapó esta segunda lectura. Claro que yo tenía 10 años y estaba demasiado ocupando contando la numerosa cantidad de asesinatos que hay en la película.



La frase: “Mató a 12 personas e hirió a 23. Robó 6 coches, la mayoría Ferraris. Atracó 8 bancos, 6 supermercados, 4 joyerías y una pastelería. A 6 de las víctimas las degolló con un cuchillo, 2 eran unos chiquillos. Todo eso en una semana.”

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El templo del oro (Firewalker, 1986)


La saga de Indiana Jones se convirtió rápidamente en un revienta taquillas a principio de los 80’s, así que a nuestro arqueólogo favorito le salieron todo tipo de hijos bastardos e imitadores y empezaron a abundar en los videoclubes películas que transcurrían en selvas exóticas o rutas inhóspitas, y donde el héroe de turno, acompañado por la habitual chica florero de armas tomar, se metía de lleno en berenjenales mitológicos o bíblicos. Entre estas claras explotaciones de dicha franquicia se encuentran películas como Tras el corazón verde de Robert Zemeckis o Las Minas del Rey Salomón de J. Lee Thompson. Director este último que merece una mención especial al tener en su currículo obras tan dispares como Los cañones de Navarone (mítica cinta bélica), El cabo del terror (clásico en mayúsculas del que Scorsese hizo un remake), La conquista del planeta de los simios y La batalla por el planeta de los simios (dos de las absurdas secuelas de la apocalíptica saga), Cumpleaños mortal (el clásico slasher ochentero), un sin fin de cintas con Charles Bronson haciendo de justiciero vengador y El templo del oro, la peli que hoy nos ocupa y que también viene a ser uno de esos remedos de Indiana Jones de los que antes hablábamos, pero con un aliciente añadido: aquí se sustituye a la permanente barba de dos días de Harrison Ford por la mucho más tupida y nada despreciable barba de Chuck Norris.

Chuck Norris descifrando un jeroglífico.

La cinta nos cuenta la historia de Max Donigan y Leo Porter, dos tipos que se toman la muerte a guasa, mean colonia y cagan melones. Un par de bravucones con los huevos cuadrados y más chulos que Ray Liotta bailando un chotis, que se dedican a esto de la caza de tesoros y el saqueo de tumbas, pero que tras una serie de percances están pensando en dejarlo, claro que todo cambia cuando una rubia buenorra y el mapa de un tesoro azteca caen en sus manos. Durante el camino hacia el preciado botín situado en alguna parte de la jungla centroamericana, se las tendrán que ver con una arcana y vengativa entidad espiritual que ha decido ponerles las cosas muy difíciles.

Chuck Norris exterminando una arcana y vengativa entidad espiritual.


Otro producto de la Cannon encabezado por el incombustible Chuck Norris, que aquí demuestra tener una gran química con Louis Gosset Jr., ya que juntos, siguiendo la extensa tradición de las buddy movies americanas, añaden mucho humor y comedia a las escenas de acción y aventura. Ambos se mueven con desparpajo y arrojo entre cementerios aztecas y antros de mala muerte, acompañados por la bella Melody Anderson, actriz jamona que se ha hecho con un pequeño hueco en mi corazón por haber interpretado a Dale Arden en la mítica adaptación cinematográfica de Flash Gordon.

Chuck Norris cogiendo por los huevos a Louis Gosset Jr.


Esta es una cinta entretenida y simpática, que tiene buen ritmo, alguna que otra pelea para que Chuck se luzca y mucho humor. Un divertimento menor y bastante inofensivo, pero altamente disfrutable para cinéfagos sin prejuicios ni monomanías. Una película de aventuras para toda la familia, con tintes casi paródicos y la inocencia que la época conlleva.

Chuck Norris was here.


La frase: “El hombre que quiere el mapa no parece un hombre. Es más como un cíclope, un cíclope rojo de largas melenas.”


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Arma fatal (Hot fuzz, 2007)


"Nicholas Angel es el mejor policía de Londres con un registro de arrestos 400 veces más alto de lo normal, el resto del cuerpo está que trina ya que su excesiva eficacia los está dejando en evidencia, por lo que el inspector jefe decide quitárselo de encima y trasladarlo lejos, a la apacible villa de Sandford, el pueblo más tranquilo de Inglaterra, donde la paz del lugar se verá perturbada por una misteriosa cadena de muertes violentas y Angel descubrirá que sus habitantes ocultan un terrible secreto."


El mismo equipo que perpetró la genial Zombies Party vuelve a la carga, y si en su anterior trabajo parodiaban el mondo zombie, ahora es el turno de las buddie movies. La historia, bastante tonta, tan solo es el pretexto para que los actores luzcan su bis cómica y el director Edgar Wright, con un ritmo endiabladamente rápido, mucho humor y un gran talento para la exageración, haga un homenaje muy british de las pelis de polis americanas, demostrando una vez más que se pueden mezclar el slapstick, el humor burdo, la caricatura y el ingenio, sin caer en la chabacanería de películas como Scary Movie.


Simon Pegg repite como protagonista en un papel que se toca por las puntas con su trabajo anterior, vuelve a ser ese tipo que no cae bien a nadie, aunque ahora en vez del último mono es el mejor de su promoción, un remedo del típico policía obsesionado con su trabajo que se verá obligado a formar equipo con un compañero con el que no tiene nada en común, NicK Frost, un gordito inmaduro y bastante freaky que flipa con las pelis de polis y que no para de hacerle preguntas del estilo: “¿es cierto que hay un lugar en la cabeza de un hombre que si le disparas allí, explota?”.


La peli contiene varios guiños a películas como “Dos policías rebeldes” y “Le llaman Bodhi”, algún momento narrativo a lo Colombo, y un antológico numerito final de Spaghetti Western, en el que se sustituye a Clint Eastwood y Lee Van Cleef por curas, amas de casa y viejos, una gozada créanme. Esperemos que la distribuidora no la maltrate tanto como a su predecesora.

La frase: "¡Por el poder de Grayskull!"

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Tiempo de valientes (2005)


Buenos días, soy elputocriticón, agitando un pañuelo en mi mano, diciendo adiós a las fiestas de navidad, a los reyes magos, a los turrones, a su puta madre y a punto para guardar el árbol de navidad de quita y pon en su caja hasta el año que viene. Antes de empezar con la peli de hoy, decir que el sr. Demente volverá dentro de poco con sus jeroglíficos, pero que de momento se ha pillado la baja temporal porque tiene el ordenador enfurruñado y así no se puede. Pero a lo que vamos, carguemos contra una peli argentina que me salté en su momento de estreno en cines, hoy: TIEMPO DE VALIENTES… ¡Empezamos!

Esto va de un poli que lo deja su mujer y su jefe en la comisaría decide que un psicólogo, que debe horas de servicio social a la comunidad, lo acompañe para ayudarlo. Total, que ya tenemos servida la extraña pareja de turno..

Pues no solo debería haberme saltado la peli en cines, debería haberme saltado la peli en general porque es poquita cosa, la verdad. La película copia aquellas cintas de los ochenta, tipo dos sabuesos despistados (o alguna por el estilo), quitándole sal gruesa e intentando meterles más profundidad: una cagada como un piano, es aburrida, sobada y predecible como la que más. Puestos a salvar algo de la cinta, salvemos a los dos protas, que por lo menos caen simpáticos y se compenetran bien y lapidemos directamente todo lo demás, empezando por la trama.

Resumiendo: nada, nada, pasen de este tostón que no vale la pena, para ver esto miren una porno, que es igual de predecible y los protas también se compenetran muy bien..

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