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El hombre de acero (2013)


Superman II Reloaded

Superman es mi personaje de ficción favorito, y no sólo eso, también es la imagen más repetida en mis calzoncillos, lo que hace de nuestra relación algo, cuanto menos, íntimo. El personaje ha cumplido los 75 recientemente, y durante su recorrido por cómics, cine, televisión, videojuegos, prensa, radio, teatro y mis calzoncillos, se las ha visto de todos los colores, superando crisis, matrimonios y muertes, y demostrando una gran flexibilidad para adaptarse a lo que venga. El personaje tiene una gran capacidad simbólica, y según el contexto se muestra capaz de representar a Estados Unidos, a los inmigrantes, al capitalismo o a toda la comunidad superheroica, por ejemplo, en lo que viene a ser una cuestión de niveles. Pero este hecho se da de manera bidireccional, ya que también existe un abanico de imágenes precisas (la capa, la “ese”, el rizo en el pelo, los calzoncillos de nuevo…) que evocan en nuestra mente al personaje. Asistir al estreno de la última de sus encarnaciones cinematográficas se convierte en todo un acontecimiento para alguien como yo, pero tras más de 140 minutos de proyección me encontré en la salida del cine comentando el pendiente en la oreja de Perry White o que la interpretación de Diane Lane parecía basada en la loca de los gatos de los Simpson, lo que no es muy buena señal.

The amazing Spider-man (2012)


Spider-boy.

Nos encontramos frente a un reebot de nuestro trepamuros favorito. El personaje de Spiderman es uno de los más populares superheroes de acción y, de hecho, fue de los primeros del universo Marvel en dar el salto a la gran pantalla. La trilogía original, dirigida por Sam Raimi, obtuvo gran popularidad y recaudó montañas de dinero. Así pues, uno tiene la sensación de que cuando se confirmó que no habría cuarta entrega, el estudio rápidamente se puso a trabajar en buscar una solución para no tener que prescindir de su habitual fuente de ingresos procedentes del bueno de Spidey. Finalmente optaron por el típico borrón y cuenta nueva, en plan: aquí no ha pasado nada, hagámonos todos los locos, finjamos que un Men in Black nos ha flasheado el cerebro y somos incapaces de recordar nada referente a la saga original de la que, su última entrega, apenas hace cinco años, todavía teníamos en pantalla.

Los Vengadores (2012)

El supergrupo.

Lo estábamos esperando. Después de que nos llegaran las películas, por separado, de la gran mayoría de los personajes que han acabado formando Los Vengadores, por fin ha llegado el momento de verlos luchando juntos. De las películas que preceden a la gran reunión actual encontrábamos alguna de interesante, alguna de correcta y, lamentablemente, alguna de soporífera. Lo que tenía claro es que ninguna de las cintas anteriores me había hecho vibrar como esperaba. Parecía claro, pues, que la última gran esperanza recaía en las sabias manos de Joss Whedon, quien parecía ser el único capaz de obrar el milagro. Y lo logró. ¿Cual es la diferencia principal entre esta película y todas las anteriores? Pues parafraseando al personajes de Will Smith en Men in Black: “¿Sabes cual es la diferencia entre tu y yo? Que yo hago que esto luzca”.

Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio (2011)

Tintín y la última cruzada.
 

Yo nunca he sido muy fan de Tintin. De hecho, siempre fui más de Asterix. Dicha afirmación no impide, no obstante, que pueda llegar a apreciar una buena película del intrépido periodista y pueda, fácilmente, aborrecer una mala adaptación del irreductible galo. Lo cierto es que, de pequeño, me llegué a leer un par o tres de los volúmenes de Hergé, pero nunca me llegaron a fascinar ni los personajes ni las aventuras en las que se veían inmersos sus protagonistas. A quien al parecer, y según ellos mismos afirmaron, si que atraparon fue a Steven Spielberg y Peter Jackson (para quien no los conozca diremos que son dos señores que hacen películas) hasta tal punto que decidieron unir esfuerzos para intentar trasladar las viñetas de los cómics hasta la gran pantalla. Es cierto que ya se había intentado llevar al personaje al cine en alguna que otra ocasión anterior, pero el resultado final siempre había sido, como poco, tirando a sonrojante y bastante próximo al suicidio en masa.
 

Green Lantern (2011)

Lo verde empieza en las estrellas.


Me imagino a un directivo de la Warner analizando la cartera de superhéroes de DC para decidir cual será el próximo personaje de la editorial en dar el salto a la pantalla grande, porque hay que aprovechar ahora que las adaptaciones de cómics vuelven a estar de moda y a dar dinero a mansalva. Se detiene en una hoja del carpesano (si, yo Hollywood me lo imagino así) y preguntando a su ayudante por cierto enigmático personaje de traje verde. Es Green Lantern, señor, su poder es el de crear cuanto imagina gracias a un poderoso anillo que recarga en una extraña lámpara verde alienígena. El directivo pone cara de no entender un ápice de lo que le está hablando y se limita a preguntar si la cosa dará dinero. El ayudante le responde que a pesar de no tratarse de un Superman o un Batman, sí que es un personaje popular de segunda línea, al estilo de Wonder Woman, Flash o Acuaman; además el protagonista de una de las series de más éxito del momento, The Big Bang theory, suele llevar una camiseta del personaje. Finalmente el directivo coge el teléfono y encarga el proyecto: quiero a un actor guapo y medianamente popular para el protagonista, a una jamona para hacer de la chica de la que se enamora el héroe, quiero un actor reputado, a poder ser con un Oscar en su haber, que esté en horas bajas, para interpretar al malo de la película, quiero a un director que haya tenido algún éxito importante pero que no esté pasando por su mejor momento debido a algún bache comercial para asegurarnos de que acepte el proyecto, y quiero una habitación pintada de verde para rodar la mayor parte de la peli mediante croma y así ahorrarnos algo de pasta. Ah, ¡y lo quiero para el verano!

Cowboys & Aliens (2011)


Centauros de las galaxias.

El western es un género al que, a menudo, le ha gustado romper las encorsetadas reglas de su propia idiosincrasia para ponerse a coquetear con otros estilos. De este modo, al western, se lo ha mezclado con la comedia más alocada (Sillas de montar calientes), el musical (La leyenda de la ciudad sin nombre), la ciencia ficción (Atolladero), la animación (Rango), el terror (Billy the Kid vs. Dracula), el cine erótico (Wild gals of the naked west de Russ Meyer) e incluso el cine más independiente (Dead man) y de autor (Condemor, el pecador de la pradera) no han podido evitar meter sus garras en él. Ahora nos llega un nuevo cocktail (¿molotof?), en el que al pobre western lo meten de lleno en una peli plagada de simpáticos visitantes espaciales con ganas de marcha, acción a raudales y un sentido de la aventura algo más atropellado de lo que estábamos acostumbrados a ver dentro del género.

Conan, el bárbaro (2011)

Comer, beber, matar.


Después del sonado éxito de las dos primeras entregas de Conan (el bárbaro y el destructor), protagonizadas por el por entonces prácticamente desconocido Arnold Schwarzenegger, hubo una auténtica fiebre por realizar películas de espada y brujería, dando como resultado títulos tan dispares en resultados como El último guerrero, El guerrero y la hechicera, El guerrero rojo, Gor, Ator, Los bárbaros (si, si, la de los gemelos), El señor de las bestias o La reina bárbara, entre muchos, muchos otros. Como suele suceder en estos casos, el género acabó muriendo de puro desgaste quedando relegado, en sus años posteriores, a un cierto éxito a nivel exclusivamente televisivo con las series de Hércules y Xena, la princesa guerrera, producidas ambas por Sam Raimi. Llegados a éste 2011 parece ser que alguien ha vuelto a apostar fuerte por los bárbaros, con este reboot de la saga Conan, que nos llega de la mano del director Marcus Nispel, quien ya intentara reflotar el género hace unos años con El guía del desfiladero. Diríamos que en esta ocasión le han salido bastante mejor las cosas.

X-Men. Primera Generación (2011)


Mutantes Ye-Ye.

¿Solo me lo parece a mi o los reboot, las precuelas y las nuevas revisiones de franquicias desgastadas en taquilla cada vez tardan menos en aparecer en relación con sus originales? Tan solo han pasado cinco años desde que se diera por finalizada la trilogía original de los X-Men con su llamada “La decisión final”, una trilogía que empezó de forma brillante con las dos primeras entregas dirigidas por Bryan Singer y que posteriormente se encargaron de tirar por la borda todo el trabajo bien hecho con la tercera entrega y posterior spin-off de Lobezno. Y todavía con el cadáver caliente, como se suele decir, han intentado reflotar una franquicia y unos personajes que parecían difícilmente recuperables con una arriesgada vuelta de tuerca, en forma de precuela de la trilogía original, recuperando algunos de los personajes más significativos de la saga. Pocas esperanzas había depositado, en su momento, en la primera entrega dirigida por Singer y me tuve que tragar mis palabras. Menos todavía me esperaba de esta “Primera Generación”, que me olía a intento a la desesperada por repartir dividendos y, una vez más, mis dotes adivinatorias vuelven a quedar en evidencia, resultando ser, finalmente, esta nueva entrega, incluso superior a la primera de las películas de la saga original.

Thor (2011)

Thortura vikinga.


Marvel sigue empeñada en allanar el terreno de su proyecto de llevar a Los Vengadores a la gran pantalla, avanzando las películas de parte de sus componentes (básicamente los más carismáticos) en sus aventuras en solitario que, a la vez, sirvan a modo de presentación de los mismos para el gran público que no es asiduo a los cómics. De este modo se podría entender que la estrategia a seguir es justamente la opuesta a la que ya se siguió con los X-Men, donde primero se realizó la película de todo el grupo para que, más tarde, apareciera el spin-off de lobezno (y finalmente se terminaran frustrando los de Magneto y Tormenta). El problema de esta nueva estrategia de la Marvel es que, viendo el mediocre nivel de los films que nos están ofreciendo hasta el momento, con una continua repetición de fórmulas, a uno cada vez se le están quitando más las ganas de seguir viendo sus productos y las expectativas creadas se van diluyendo en cada nueva entrega. En ese sentido Thor no termina resultando ser ninguna excepción.

Red (2010)

La revolución de los veteranos.


Existe una fina línea que suele separar una película de género de una película que se dedica a parodiar dicho género. De este modo, el espectador, es capaz de diferenciar una película de espías de una parodia de las películas de espías (Top Secret) o una película de catástrofes aéreas de su parodia (Aterriza como puedas). Desde hace un tiempo, no obstante, se ha dado el caso de que dicha línea cada vez se va volviendo más difusa en lo que respecta al género de la "acción", con películas, en principio, serias que se empeñan en añadir algún tipo de adrenalítica secuencia que ronda la burla y el ridículo, por mucho que ese no fuera su intención inicial. Para acabar de liarlo todo un poco más, recientemente, han empezado a aparecer un tipo de películas de acción que durante su metraje atraviesan la línea que separa el género, de su caricatura, de forma pretendida y continuada. Un claro ejemplo de lo que les estoy contando es la alocada cinta de acción Shoot em up. Si estaban buscando otro ejemplo más, ya lo tienen: Red.

Scott Pilgrim contra el mundo (2010)

Dando Cera.

La pregunta que uno se hace antes de empezar a ver Scott Pilgrim contra el mundo es: ¿Puede un producto de estas características lograr encajar correctamente mundos tan dispares como son los del cine, el cómic y los videojuegos y lograr salir airoso? La respuesta, mientras se está viendo la película, termina cayendo por su propio peso: Si, si la dirige Edgar Wright. Y es que después de haber visto sus dos anteriores películas, Zombies party y Arma fatal (y teniendo todavía pendiente de visionado su serie para la BBC, Spaced), tenía claro lo mucho que admiraba a este director y lo acertada de su elección para llevar a cabo la adaptación cinematográfica del cómic original en el que se basa la película. Lo que no sabía era hasta que punto. Edgar Wright no sólo hace posible lo imposible, marcando un antes y un después en su carrera, sino que, además, se reivindica destapándose como un director global, más dotado de lo que algunos habíamos llegado a imaginar, sacando a relucir todas sus armas en la que, hasta la fecha, para un servidor, es la película del año.

El protagonista de la película, como no puede ser de otra manera, se llama Scott Pilgrim. Se trata de un muchacho de veintidós años, que vive en Toronto, Canadá, y que suele pasar sus ratos libres tocando el bajo en una banda local. Un buen día (es un decir porque en Toronto hace un frio de mil demonios y no para de nevar durante toda la película), Scott conocerá a la (literalmente) chica de sus sueños: Ramona Flowers, una chica norteamericana con una extraña tendencia hacia teñirse el pelo de colores chillones. Scott caerá rendido a sus encantos y, rápidamente, vencerá su timidez para pedirle una cita. Lo que nuestro joven protagonista no sabe es que para lograr estar con ella, primero, deberá vencer, en cruento combate al más puro estilo Street Fighter o el torneo de artes marciales de Bola de dragón, cómo ustedes prefieran, a los siete ex-novios de Ramona, obligado a (literalmente, de nuevo) luchar por el amor de su chica.

Esta claro que en el Hollywood actual, para interpretar a un protagonista joven, de pelo alborotado y cara de empanado tirando a nerd, hay dos alternativas claras: Jesse Eisenberg (Bienvenidos a Zombieland, La red social) y Michael Cera (Juno, Supersalidos). Ellos dos se están repartiendo los mejores papeles. Cera fue el escogido por Edgar Wright para ser, finalmente, Scott Pilgrim. Lo cierto es que es un actor que nunca me había inspirado demasiada simpatía debido, en parte, a su galopante falta de expresividad, pero debo reconocer que, después de ver la película, es imposible llegar a imaginarse a un Scott mejor que él. A su lado, encontramos a Mary Elizabeth Winstead (la animadora de Tarantino en su Dead Proof o la hija de John McClane en La Jungla 4.0) como Ramona y a Chris Evans (la antorcha humana de Los cuatro fantásticos) y a Jason Schwartzman (el prota de Academia Rushmore y el marido de la María Antonieta de Sofía Coppola), entre los malvados ex-novios.

Cualquier persona en su sano juicio, después de leer el argumento de la cinta, habrá llegado a la lógica conclusión de que la película es una absoluta memez. ¡Bingo! Sin duda alguna estamos ante una bizarrada de grandes dimensiones con un nerd metido a luchador de videojuego en continua pugna contra unos malvados, a cada cual más estrafalario, obligados a repartirse estopa y hostias como panes por ganarse el corazón de la chica de la película. ¿Quien dijo que el amor no era doloroso? Pero es que, además, el film es pura diversión desenfrenada, con tronchantes gags que se van intercalando a gran velocidad, ágiles diálogos y una ambientación de videoconsola (iniciada desde el mismísimo principio con el logo de la Universal) que ayuda a crear el mundo fascinante e irreal que envuelve la historia.

Scott Pilgrim contra el mundo es la película más tonta a la vez que rotundamente brillante que he visto en mucho mucho tiempo. Cuenta con un arranque de una media hora espectacular (antes de empezar a luchar), con unos personajes dotados de un carisma y comicidad que se les sale por las orejas, con unos malos de excepción (me encanta el malo made in Bollywood) y unas descacharrantes peleas perfectamente orquestadas y plagadas de fardadas que harán las delicias de los más descerebrados. Alguien podría llegar a pensar que la cinta se arriesga mucho, llegando a bordear el poder caer mal, por pretender ser demasiado cool (¿alguien sabe donde radica el límite para no resultar excesivamente moderniqui?), que podría sobrarle algún minuto de metraje o que algunas de las luchas se alargan en exceso. Podría ser. Pero todo esto se le disculpa porque el film cuenta con ese plus del que muy pocas películas pueden presumir, ese plus que te deja pegado a la butaca durante su visionado y que, tras su finalización, te provoca unas ganas incontrolables de salir a la calle a enamorarte de una chica con los pelos de colores chillones y luchar cuerpo a cuerpo con todos y cada uno de sus ex. Que demonios, si incluso me entraron ganas de ir a vivir a Canadá.

Resumiendo: Pasen, vean, disfruten.



Leer critica Scott pilgrim contra el mundo (scott pilgrim vs. the world) en Muchocine.net

Kick-Ass (2010)


Adolescentes ultraviolentos en pijama.

Mi apretada agenda me ha obligado a ver Kick-Ass, lo último en adaptaciones cinematográficas sobre comics de superhéroes, en dos sesiones, lo curioso del caso es que no he podido tener percepciones más opuestas. Después del fiasco que supuso Wanted (2008), aquella vulgar película basada también en un cómic de Mark Millar, los primeros minutos de este filme me parecieron sobrecogedoramente amorales y gamberros. La cinta goza de un ritmo endiablado, de una buena puesta en escena, de una violencia grotesca que no había vuelto a ver desde Pulp Fiction (1994), porque produce ese tipo de efecto en el que asistes a una matanza, llena de apuñalamientos y desmembramientos, mientras se te dibuja en la cara una sonrisa de oreja a oreja. Y además parecía la adaptación perfecta, fiel al espíritu del cómic original y poseedora de una buena cinemática. Matthew Vaughn tenía entre manos un proyecto capaz de atestarle una sonora bofetada en la cara a Zack Snyder y su Watchmen (2009).


«Ya está aquí»- me dije, - «la película que hará que las demás cintas de acción de este año parezcan salidas del pleistoceno y que redefinirá el concepto de blockbuster para el nuevo milenio». Pero lamentablemente Kick-Ass, la película que no el cómic, se vuelve más asequible y menos transgresora a medida que avanza el metraje, domesticando su trama hasta desembocar en un clímax final demasiado en sintonía con los valores establecidos. De nuevo el pop de derribo se convierte en mainstream, como también sucediera con la ya mencionada Wanted (2008). Si hay alguna lección que aprender de todo esto es que cuanto más popular es un arte, más lentos son los mecanismos para su desarrollo, o lo que es lo mismo, que el cómic hoy en día es mucho más valiente y provocador que el cine.


Para no caer en equívocos aclararé que el filme en su conjunto resulta bastante equilibrado, y que mi percepción y mis expectativas se deben básicamente a dos motivos extra-cinematográficos. El primero y fundamental es haber leído el cómic, la obra de Mark Millar y John Romita Jr. puede no ser perfecta, ni mucho menos, y sin duda una adaptación cinematográfica de esta índole necesitaba cambios y simplificaciones, pero conociendo el material original a uno le es fácil adivinar qué modificación ayuda a la historia y qué es una mera concesión de cara a la galería, algo con lo que todo lector deberá lidiar al enfrentarse al filme. El segundo motivo es que soy bastante impresionable y la película es una fardada que empieza muy fuerte. Me comentaba mi compañero de blog, el jefe Dreyfus, que la ves con quince años y flipas, y sin duda un servidor tiene algo de quinceañero cuando se pone delante de una pantalla. Pero mi queja no es que la película no tenga momentos alucinantes a lo largo de todo el metraje, que haberlos haylos, sino que su potencial de perversidad y fascinación apuntaba a cotas más altas.


La trama nos narra las aventuras de un friki que decide emular a sus héroes de ficción adoptando una identidad secreta como justiciero enmascarado, y el filme básicamente puede tomarse como una revisión paródica y realista de los cómics de Spider-Man, donde la auto-referencia y el metalenguaje quedan siempre implícitos. Hay una escena en que el protagonista menciona que «sin poderes no hay responsabilidades», deformando así la popular sabiduría del tío Ben. En el primer párrafo señalábamos que el filme tiene algo de Tarantino en su manera radical de gestionar la violencia, pero además las escenas de acción adquieren tintes excesivos al estilo Matrix (1999), tal y como manda el signo de los tiempos. Y aunque esta fantasía adolescente tiene innegables pretensiones realistas, no es la exageración lo que juega en su contra, sino el hecho de que poco a poco se va asentando en los mecanismos del género y adentrándose en la ficción pura y dura, hasta producir cierto alivio ingenuo en el espectador, cuando lo que éste desea son más agallas.


A pesar de todo la cinta dispone de varios momentos de vértigo, una corrosiva combinación de ultra violencia y humor, múltiples referencias a la cultura pop, un lenguaje obsceno, adolescentes en pijama combatiendo el crimen y una pequeña psicópata de tan solo once años (Chloë Grace), elementos que harán las delicias de más de un aficionado, por lo que solo resta felicitar a Nicolas Cage. El actor, después de su absurda aventura con El motorista fantasma (2007) y de aquel intento fallido de interpretar a Superman a finales de los 90’s (demos gracias a Dios de que el proyecto no prosperara), por fin ha logrado participar en un filme de superhéroes entretenido y con carisma, pero que pudo ser mucho, mucho más.


La frase: «De todos los millones de personas a las que les gusta los Súper Héroes, uno pensaría que alguno lo intentaría.»

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BONUS TRACK:

Los sustitutos (2009)


Dicen que es mejor caer en gracia que ser gracioso. La frase se podría aplicar a Bruce Willis, un actor con una larga carrera llena de películas buenas, aunque también con muchas otras de absolutamente desastrosas. Lo que está claro es que Bruce Willis borda como nadie el papel de policía de vuelta de todo al cual le dan por todos lados, hasta que sale victorioso de la contienda, papel que se sabe al dedillo y que no duda en reinterpretar una y otra vez película tras película. A pesar de esto, Bruce Willis siempre es Bruce Willis y algo tiene que consigue conectar con el público. La última película estrenada con el actor como protagonista y que lo devuelve una vez más a su sobado conocido papel es: Los sustitutos... ¡Empezamos!


La película está centrada en una especie de realidad alternativa o dimensión paralela (como ustedes prefieran), en la cual los humanos ya apenas salen de sus casas porque la tecnología les ha permitido disponer de unos robots sustitutos que realizan el trabajo por ellos. De este modo, mientras la humanidad se queda tendida en su habitación, mandan a sus sustitutos al mundo exterior, con los cuales están conectados a través de su cerebro. Los sustitutos son más ágiles, más guapos y más resistentes que sus dueños de carne y hueso y, en el caso de sufrir algún tipo de accidente, se puede reemplazar al sustituto sin que el humano que lo controla sufra ningún daño. Es un mundo "ideal" para algunos, aunque un pequeño reducto de humanos se niega a usar los androides sustitutos, encabezados por una especie de gurú espiritual que reniega de los robots y ve en ellos la depravación de la raza humana. Para que nos entendamos, el mundo que presenta la película sería como un "second life" pero a lo bestia y sin ordenadores de por medio.


El problema (independientemente de los obvios) será que aparecerá un misterioso individuo con un arma capaz de cargarse el primer sustituto que se le pase por delante y, a la vez, freirle el cerebro al humano que se encuentra en su casa, conectado a la máquina. Como si cada vez que nos entrara un virus en nuestro ordenador también nos afectara a los que estamos frente al monitor. Una putada, vamos. Los asignados para investigar los asesinatos serán una pareja del FBI que poco a poco irán descubriendo que algo huele a podrido en Dinamarca, y que en dicha sociedad uno ya no puede fiarse de quien es quien, ni de quien se encuentra al otro lado de los sustitutos. Llegados a este punto, para el poli que interpreta el bueno de Willis, habrá llegado el momento de ponerse a investigar a la vieja usanza, saliendo de su hogar por primera vez en vaya usted a saber cuanto tiempo.


La película se basa en una novela gráfica (el nueva fuente de inspiración del Hollywood actual) guionizada por Robert Venditti y dibujada por Brett Weldele, que se ha encargado en llevar a la gran pantalla Jonathan Mostow, el que fuera director de Breakdown (la de Kurt Russell buscando a su mujer por desiertas carreteras), U-571 (peli bélica perteneciente al sub-género de submarinos) y Terminator 3: La rebelión de las máquinas (sin comentarios), además de algún que otro trabajo en la pequeña pantalla. En definitiva un realizador que no sería, precisamente, muy santo de mi devoción y que su aportación dentro de la película o resulta ser de lo más escasa, o es que el hombre tiene una grave carencia de personalidad como director. En cualquier caso, que se lo haga mirar un poco o jamás logrará pasar de ser un director al servicio de la estrella de turno.


Uno tiene la sensación, viendo la película, que si en algún momento alguien con más de dos dedos de frente hubiera optado por apoyar el proyecto y apostar fuerte por él, la cosa hubiera cambiado más que sustancialmente y hubiéramos podido estar frente a una película muy a tener en cuenta. Lamentablemente no fue así y las buenas ideas que se esconden dentro de la peli se van, una tras otra, directamente por el desagüe (que hermosa metáfora). Porque toda la película en sí está terriblemente desaprovechada a pesar de tener una trama capaz de enganchar y a una estrella de renombre en su haber. A pesar de lo dicho, la película resulta de visionado ligero, no se puede decir que se haga ni pesada ni larga (solo faltaría con un metraje de apenas hora y veinte minutos) y si el objetivo era entretener un rato, pues casi que medio lo consigue, aunque siempre nos quedará la duda de lo que podría haber sido y, obviamente, no es ni de lejos.


Resumiendo: Película medio pasable aunque claramente de segunda división que, no obstante, tenía los mimbres necesarios para ser de primera, aunque no se hayan sabido aprovechar.



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Dragonball evolution (2009)

Buenos días, soy el jefe Dreyfus y hoy nos interesamos por una película que ha conseguido máxima unanimidad entre público y crítica. Eso sí, ¡en su contra! Vamos a meternos un poquito, solo un poquito, con Dragon Ball Evolution, que siempre viene bien desahogarse con un producto de estos... ¡Empezamos!

Goku es un adolescente que vive en una casucha en las montañas, con su abuelo, quien le entrena en el apasionante mundo de las artes marciales. Pero Goku baja a diario a la gran ciudad para asistir a clase, en el instituto, donde no es que sea precisamente el tipo más popular y, a pesar de los abusos de sus compañeros, jamás saca a relucir todo su poderío. Además, nuestro joven protagonista está perdidamente enamorado, en secreto, de Chi-Chi (la mujer, no el concepto) una de las chicas más populares del instituto, quien será capaz de ver en él algo más que el resto de sus compañeros de clase. En la historia también encontramos a un malo, llamado Piccolo, un tipo verde tirando a raro, enfrascado en encontrar siete bolas mágicas que, una vez reunidas todas juntas, tienen el poder de conceder un deseo. Su nombre, las bolas de dragón. No tardará Piccolo en cruzarse en el camino de Goku quien, con la ayuda de Bulma (quien también busca las bolas), el Maestro Roshi (con pelo, pero con revistas de chicas en bikini) y Yamscha (rubio para la ocasión) también emprenderá la búsqueda de las bolas mágicas, intentando reunirlas todas, antes que su enemigo.

Verán, yo tenía unos trece años cuando se estrenó la serie “Bola de drac” en tv3 y recuerdo perfectamente comentar con unos amigos el primer capitulo, al día siguiente, en la hora del recreo. Por aquel entonces todavía no conocíamos a Akira Toriyama, autor de la serie, pero si que teníamos claro que los responsables eran los mismos que los de la anterior Dr. Slump (con Arale a la cabeza). Poco después llegó el boom de la serie y el intercambio de fotocopias con los compañeros de clase (no se muy bien de donde salieron esas fotocopias pero rápidamente se extendieron por gran parte de la geografía, algunas de ellas aderezadas con un poco de picante). A medida que avanzaba la serie se iban alargando las tramas (hasta la saciedad en muchos casos) y menguando el humor, pero yo seguía fiel a la cita con los personajes. Más tarde llegó la edición en papel, llegó la segunda parte (Bola de drac Z) y la tercera (Bola de drac ZZ), con un Goku más entrado en años, con hijos, nietos y no se cuantas cosas más. Ya hacia el final llegó Bola de drac GT, la única que no he seguido porque la cosa ya se empezaba a salir de madre, con un Goku que volvía a ser pequeño (últimamente ha aparecido una cosa llamada Dragon Ball Kai que viene a ser una nueve reedición del Dragon Ball Z). Y ahora nos llega el segundo intento de llevar a los personajes a la gran pantalla, ya que hubo una primera versión que apareció directamente en las estanterías de los videoclubs de hace unos años y que se antojaba de cutre para arriba. Ahora me pregunto si realmente era peor que ésta.

El responsable de este producto infecto es James Wong, director de la peli y que anteriormente había dirigido Destino final y Destino final 3 (al parecer le dio un calambre en un pie y no pudo dirigir la segunda) y El único (con Jet Li dando patadas a diestro y siniestro). El hombre parece bastante más interesado en que la película nos recuerde más a Matrix que a la serie original. Estoy convencido de que cuando no sabía muy bien como afrontar una escena de la película optaba rápidamente por hacerla a cámara lenta, que eso siempre queda muy fino y elegante y se vende muy bien. Entre los actores destacaríamos, y es un decir, a Justin Chatwin (que era el hijo de Tom Cruise en La guerra de los mundos), Chow Yun-Fat (Ana y el Rey, Tigre y dragón, El monje, La maldición de la flor dorada) y James Marsters (Spyke en Buffy Cazavampiros).

Tiendo a ser una persona comprensiva y, precisamente por eso, puedo llegar a entender ciertas decisiones que se toman en la película. De manera que puedo entender que Goku empieze la película como un adolescente en lugar de un niño de unos diez años, que el malo sea Piccolo (aunque yo hubiera preferido al gran Pilaf que hubiera aportado un buen número de diversión), que hayan prescindido de la nube voladora, y que hayan obviado personajes como Ulong (el cerdo metamorfo), Pua (el bicho ese que acompañaba a Yamscha) y la tortuga gigante (del maestro Roschi). Incluso podría llegar a entender que Goku no sea un puto paleto sin contacto con el mundo exterior y que asista día tras día al instituto para hacerse un hombre de bien. Si señores, así soy yo, un ser comprensivo y el hijo que toda madre quisiera tener.

Pero lo que ya no puedo entender, de ninguna de las maneras posibles, y lo que provoca que me hierba la sangre cada vez que vuelvo a pensar en el gran montón de mierda apestosa y sin sentido que es este solemne bodrio, es que teniendo una serie tan popular y longeva con un montón de tramas y subtramas a las que poder agarrarse para realizar la película, no les haya salido de sus santos cojones hacer una cosa medianamente decente (que no digo yo que esto tenga que ser un maldito hito en la historia del séptimo arte, pero sí que por lo menos lograra entretener durante su, gracias a Dios, apenas hora y veinte minutos de duración). Lo que sucede, y eso es algo que se tiene que decir bien claro, es que a los responsables, en el fondo, se la sudaba la película, porque estaban convencidos de que hicieran lo que hicieran la gente acudiría enfervorecida a los cines, se tragarían lo que hiciera falta y luego ellos podrían vender los videojuegos, muñecos y demás merchandising de la película hasta que les petaran los bolsillos de los fajos de dinero.

Y es que la película es realmente mala, mala con ganas, mala hasta decir basta, mala hasta desear salir de casa a reunir por mi propia cuenta las siete bolas y pedirle al dragón que destruya la película y nos la borre de nuestras memorias. Y es tan mala porque en ningún momento logra interesar lo más mínimo, no consigue que el espectador conecte con ninguno de los personajes (me la suda el abuelo, me aburre Goku, me ralla Bulma, me da risa Piccolo y odio, odio, odio con todas mis fuerzas a Yamscha), la trama es tonta a más no poder (no es que parezca escrita para niños, es que parece escrita por niños) y luego está lo de los efectos especiales, que decir que son de vergüenza ajena es quedarse corto.

Resumiendo: He aquí la película que destruyó lo poco que quedaba de mi infancia y lo redujo a cenizas.



Leer critica Dragonball Evolution en Muchocine.net

X Men Orígenes: Lobezno

Buenos días, soy el jefe Dreyfus. Verán, hará cosa de un mes se coló en internet una copia de la película que hoy nos toca, aunque era una copia sin terminar así que, como haría Ramoncín el grande, esperé paciente a que la estrenaran en las salas de cine. El pasado jueves, por fin, la vi, pero no pude evitar pensar: ¿¡Cuando diablos se van a decidir a acabar del todo esta película!? Porque no me acabo de creer que lo que estaba viendo era todo lo que nos podía ofrecer: X MEN ORÍGENES: LOBEZNO... ¡Empezamos!

Lobezno era uno de los personaje principales de las tres entregas de los X-Men (donde la segunda de ellas brillaba con fuerza por encima de las demás), y el más carismático, quizás, así que los jefazos de la Fox decidieron que se merecía, por méritos propios, ser el primero de la saga que consiguiera su propio spin-off (se rumoreaba que el personaje de Magneto también tendría su oportunidad). En ese sentido, la película, situada diecisiete años antes de la primera entrega de la trilogía, nos cuenta a modo de precuela las andanzas de Logan antes de unirse al grupo del profesor Xavier.

La película empieza con un Logan imberbe (cosa ya difícil, de entrada) acompañado de su hermano, conocido popularmente como Dientes de Sable. Que son hermanos lo sabemos porque a) ambos disponen de un factor de curación que les permite sanar a gran velocidad y apenas envejecer; y porque, b) ambos lucen amplias patillas, lo cual facilita mucho las cosas al espectador. Además, Logan dispone de unas bonitas garras que le atraviesan los nudillos cada vez que se avecina una buena bronca. Ambos hermanos van de coleguillas paseándose por los últimos conflictos bélicos conocidos hasta que a Logan le da el punto y decide (después de vaya usted a saber cuantos años) que su vida es un asco y opta por cambiar de aires. ¿Y a donde va un hombre cuando no quiere que le encuentren y alejarse del mundanal ruido? Pues a Canadá, donde vivirá tranquilo trabajando como leñador y yaciendo con una bella morena a la que, curiosamente, se la sopla que su maromo saque a pasear las garras cada vez que tiene una pesadilla. Evidentemente tal despliegue de calma y tranquilidad no puede durar, por el bien de la película, así que el bueno de Logan no tardará en recibir visitas de su pasado.

El director del chute de adrenalina que pretende ser la peli es un tal Gavin Hood, también conocido como Gavin de los bosques, que seguramente goza de gran popularidad entre la parroquia habitual del bar de debajo de su caso donde se toma las cañas y arregla el mundo junto con un grupo de ebrios contertulianos. En lo que a cine se refiere, parece ser que ganó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en el 2005 con Tsotsi (a mi ni me pregunten) y en el 2007 dirigió Expediente Anwar (que me suena un poco más, pero que tampoco se les ocurra preguntarme). Lo que si que parece claro es que ninguno de sus dos trabajos anteriores se recuerda precisamente por su elevada carga de acción, a pesar de que, sorprendentemente, los productores vieron en él al director ideal para tirar hacia delante el proyecto.

Entre el elenco de actores que se dedican a hacer el paripé durante algo más de hora y media encontramos, como no, a Hugh Jackman, que ya había encarnado al personaje en las tres entregas anteriores y que parece que le ha cogido cariño (también en facetas de producción junto con Richard Donner) y Liev Schreiber (eterno secundario, como por ejemplo en la saga Scream, y que ya trabajó con Hugh Jackman en Kate & Leopold), que interpreta a su hermano. A estos dos súmenles alguna que otra cara conocida, como el Charlie de Perdidos, para acabar de adornar el pastel.

Debo confesarles que tampoco es que me esperara gran cosa de la película, pero es que, aún y así, la película todavía me ofreció mucho menos. Y es que lo mínimo que uno desea ver cuando asiste a una película que lleva por título X Men orígenes: Lobezno, es a Lobezno, pero lo cierto es que el personaje no se deja ver en ningún momento por pantalla. ¿Donde demonios está el personaje de los cómics que el bueno de Bryan Singer consiguió llevar con éxito a la gran pantalla? ¿Donde está el animal? ¿Ni siquiera han logrado respetar la esencia del personaje? ¿Tan difícil era eso? Y es que como reza el dicho: Si parece un pato, camina como un pato y grazna como un pato, ¿que es? Efectivamente: Lobezno.

La película no tiene guión, o por lo menos no uno de más de tres páginas, ni dudo mucho de que su intención fuera de que lo tuviera. Además todo el rollo que nos sueltan para que la trama que nos están vendiendo termine enlazando con el principio de la saga inicial es, como poco, bochornosa y absurda y un sonoro insulto para los seguidores de los cómics. Lo que hicieron fue tirar de un personaje conocido para que la gente acudiera a los cines y una vez allí saturarlos a base de escenas dotadas de gran espectacularidad. Pero las escenas caen en saco roto porque resultan estúpidas en su mayoría y tampoco es que los efectos especiales sean como para mear y no echar gota y al final todo queda en un batiburrillo de luchas y persecuciones que lograron arrancarme un buen número de bostezos (lo lamento, no los conté).

Resumiendo: Esta película es un claro ejemplo de lo que sucede cuando los guionistas usan su trabajo para limpiarse el trasero: que el guión se llena de mierda.



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The Spirit (2008)

Buenos días, soy el jefe Dreyfus. Verán, el hombre es un ser complicado. Y es que resulta que cuando tuve las primeras noticias sobre esta película e iban apareciendo los primeros nombres, reconozco que me sentí interesado por el proyecto, pero que, a medida que iban llegando imágenes y los primeros trailers, mi emoción del principio se fue desinflando poco a poco como un globo. Ya cuando la película se estrenó, por allá finales del año pasado, las críticas no fueron demasiado buenas y una voz dentro de mi gritaba con todas sus fuerzas que perder el tiempo en esto no era una muy buena idea. Pero, como les decía, el hombre es un ser complicado, y desobedeciendo todas las señales de alerta que parpadeaban a mi alrededor, el otro día me puse a ver, inocente de mi: THE SPIRIT... ¡Empezamos!

Un agente de policía que cae en acto de servicio regresa de la muerte para convertirse en el protector de Capital City, una ciudad viciada y corrupta, y defender a sus ciudadanos de las amenazas que rondan sus oscuros callejones. Y como todo héroe tiene que tener su alter ego (ya lo decían en El Protector), The Spirit deberá luchar una y otra vez con el villano de turno, Octopus (no confundir con el malo de Spiderman) y sus secuaces, alguien que, quizás, tenga más en común con nuestro protagonista de lo que en un principio él mismo imagina. Para que el resultado final tenga un empaque visual más atractivo, los responsables de la película se han encargado de llenar el metraje de un buen puñado de femmes fatales que harán las delicias, o no, de nuestro protagonista.

La película esta basada en el popular cómic de Will Eisner, que, por suerte, ya no vive para poder ver en que han convertido su personaje, del que me había leído algún número ya hace mucho tiempo aunque del que, reconozco, jamás fui un fiel seguidor, a pesar de sus innumerables virtudes. Y el encargado de llevarlo a la gran pantalla es, nada más ni nada menos, que Frank Miller, personaje de gran popularidad en el mundo de los cómics a raíz de sus excelentes trabajos en Daredevil, Born Again; Elektra, Lives Again; Batman, The Dark Knight Returns; o Sin City, entre muchos muchos otros (incluyendo, el posteriormente adaptado a la gran pantalla, 300). En cuanto a su incursión en el séptimo arte, la cosa es bastante más escueta, contando en su haber, tan solo, con los guiones de Robocop 2 y 3 y con la co-dirección de la adaptación de su propio cómic, Sin City, de la que ya se prepara una segunda entrega.

¿Ustedes recuerdan a Michael Jordan? Michael Jordan era, con total seguridad, uno de los mejores jugadores de baloncesto de todos los tiempos (por no decir el mejor) y, de echo, era tan bueno, que se aburrió y decidió probar suerte en otras modalidades. Así pues, el hombre, decidió pasarse al béisbol, donde fichó por los Chicago White Sox, un equipo de la American League, con resultados más bien discretos. Como se dio cuenta de sus limitaciones, apenas año y medio después, Jordan, decidió volver a la NBA y a lo que mejor sabía hacer. Sin duda alguna, Frank Miller tiene mucho que aprender de Michael Jordan.

Lo que si que consiguió Frank Miller, para su estreno en solitario como director, es un elenco importante de actores, que ya querrían muchos. Así pues, en la película encontramos nombres como los de Gabriel Macht, un panoli que consigue su primer protagonista después de muchas películas actuando como secundario de los secundarios; Samuel L. Jackson (¿pero cuantas películas ha hecho ya este hombre?); Scarlett Johansson, también conocida por ser la futura madre de mis hijos y que con lo deseada que está en Hollywood no debería perder el tiempo haciendo estas mierdas; Eva Mendes, una de los pocos que realmente se toma en serio su personaje y la película, quizás por ser, junto al protagonista, quién más tenga que demostrar; Paz Vega, que sigue intentando meter un pie en la meca del cine, aunque sea con un papel de mierda donde lo único que brilla de su breve actuación sea su traje; y, como curiosidad, también decir que aparece el padre de la serie Aquellos maravillosos años, como jefe de policía gruñón.

Llegados a estas alturas, quizás sobre decir que la película es una soberana mierda de dimensiones épicas, ofensiva a tantos niveles, ya sea tanto para el cómic original como, para todo el séptimo arte en general, que no encuentro adjetivos suficientes para calificarla. Es imposible encontrar en ella algún atisbo de originalidad ya sea en el tratamiento de la historia (de lo más sobada y lamentable que pueden encontrar en los últimos tiempos) como en su formato visual (visto ya en la anterior Sin City, aunque sin su magia). La mayor parte del tiempo estás contemplando a unos actores fuera de sí, absolutamente descolocados, haciendo payasadas sobre un fondo prácticamente neutro, sin vida ni nada que se le parezca y compitiendo entre sí por ver quien suelta el monólogo más absurdo. Todos ganan.

En la película hay un problema básico, es absolutamente imposible que el protagonista te caiga bien. Y no solo eso, además vas aumentando el odio hacia él a medida que avanza la trama. Normalmente cuando esto me pasa tiendo a solidarizarme con los malos, pero es que en esta película es imposible solidarizarse con nadie. El personaje de Octopus consigue alterarme y aburrirme a partes iguales según el minuto de película y sus secuaces tampoco ayudan en nada, más bien todo lo contrario, solo consiguen que aumente mi ira. Para colmo, en los momentos dramáticos me entra la risa y en los momentos de risa me entra la vergüenza ajena. Nada funciona como debería. Es cierto que en el cómic original abundaban los contrapuntos cómicos, pero en la película lo único que se logra rozar es el ridículo.

Resumiendo: En cierta ocasión se me cagó encima una paloma. La sensación fue poco más desagradable que la de ver esta película.



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Watchmen (2009)

Watchmen es, en primer lugar, una MINISERIE de cómics creada por Alan Moore y Dave Gibbons, y una obra maestra absoluta (pongo miniserie en mayúsculas porque existe una conspiración para hacernos creer que es una novela gráfica). Un comic que el propio Moore definió como: «una Moby Dick de superhéroes», un trabajo complejo, profundo e innovador, y con un fuerte carácter revisionista y desmitificador. El éxito de adaptaciones tan fieles como la trilogía de El señor de los anillos (2001-2003), el Sin City (2005) de Robert Rodríguez y Frank Miller, o el 300 (2007) del mismísimo Zack Snyder, han allanado el camino para llevar este proyecto a la gran pantalla, más incluso que el auge que ha vivido el género en los últimos tiempos. No se puede negar que Snyder sabía lo que tenía entre manos y ha intentado ser lo más detallista y cuidadoso posible, tratando el libreto original con cierta devoción religiosa y tomándose las mínimas licencias artísticas, pero cayendo en la mayoría de vicios de la cinematografía moderna (hay que ver cuánto daño ha hecho Matrix).


La intención de ser lo más fieles posibles al cómic se pone de manifiesto en el mismo hecho de situar la acción en unos años 80 alternativos, una decisión completamente acertada, pero que sorprende por lo arriesgada y poco habitual. Ahora los aficionados podemos fantasear en cómo sería una adaptación fílmica de Superman o Batman situada a finales de los años 30, la década en que empezaron sus andanzas.


Comenta el director que «en esta película, a Superman no le importa la humanidad, a Batman no se le levanta y el villano ansía la paz mundial», lo que nos indica que no estamos ante una película de superhéroes al uso, ya que la misma no hace hincapié en la fortaleza de sus protagonistas, sino en sus debilidades, creando personajes tridimensionales con palpables tendencias políticas, sociales, filosóficas e incluso sexuales, o como mínimo esa es la intención. Rorschach (Jackie Earle Haley) es un justiciero con una moralidad extrema, Búho Nocturno (Patrick Wilson) es un aventurero romántico y reprimido, el Comediante (Jeffrey Dean Morgan) es un mercenario facha al servicio del gobierno, Ozymandias (Matthew Goode) es el megalómano más inteligente del mundo, Espectro de Seda (Malin Akerman) es una vigilante de segunda generación que nunca quiso heredar el negocio familiar, y el Dr. Manhattan (Billy Cudrup) es la endiosada personificación de la mecánica cuántica.


La investigación del asesinato de uno de los protagonistas tan solo es la punta del iceberg de una trama mucho más profunda y enrevesada con la que la película no sabe lidiar, lo que provoca que el espectador se debata entre la confusión, la sensación de extrañeza y el aburrimiento. 300 ya parecía una fotonovela, pero allí el guión era tan superficial y hueco que quedaba tristemente justificado. Aquí toda la épica está mal llevada, aunque confieso que no soy muy fan de la cámara lenta (a no ser que salga Pamela Anderson correteando por la playa), los personajes están caricaturizados y la trama resulta banal. Lo único que ha logrado Snyder es convertir el buen vino en calimocho.


Elementos como la estética kitsch, el gore, la violencia, el sexo, el humor negro y la aparición de un culturista azul con la picha colgando, hacen de esta película una marcianada difícil de digerir, Watchmen es un dibujo animado atroz y violento en que los excesos visuales interfieren en explicar bien la historia. Una película fallida, en definitiva, en que todo es pura pose y nadie se cree lo que está haciendo.



La frase: «Quis custodiet ipsos custodes.»

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