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El Guerrero Americano (American Ninja, 1985)

Ensalada de ninjas.

Hoy dedicamos la sección spoilers en acción a El Guerrero Americano, la primera parte de la mítica saga que la Cannon produjo a mayor gloria de Michael Dudikoff, el actor ninja por excelencia. Que conste que si se ha ganado ese apodo no es por su técnica en artes marciales, sino por su capacidad para lograr una interpretación escurridiza e invisible. ¡Qué empiece la sesión!

En Filipinas brilla el sol y los militares juegan a pelota. Joe, nuestro taciturno protagonista, ignora a sus compañeros mientras se hace el afectado con una navaja, es un tipo duro y no está para tonterías. Llega el Coronel acompañado por su hija, un bomboncito en edad casadera y con más hombreras que un jugador de Rugby (¡benditos 80’s!). Se despiden y un destacamento de cinco camiones la acompaña al aeropuerto. Lo que sea por la seguridad de la hija del jefe. El pelotón se detiene en medio de la jungla, al parecer unos obreros están excavando la carretera, pero lo cierto es que se trata de una astuta emboscada ninja. Uno de ellos lleva tatuada una estrella negra en la mejilla para que sepamos que es el más malo, hay patadas giratorias, persecuciones y explosiones, y alguien muere atravesado por un destornillador.

La hija del General sube a un coche y se da a la fuga, pero se trata de una de esas americanas histéricas que no saben conducir y enseguida se sale de la carretera. Joe la salva atrapando una flecha al vuelo y luego la atomiza ahí mismo, en un acto de lo más amenazador.


Salen huyendo a través de la jungla, él le rompe los tacones y la falda para que pueda seguir el ritmo, en lo que puede ser el principio de una buena tensión sexual. Se lanzan a un rio y dan esquinazo a sus perseguidores, la chica lloriquea un poco y pide un peine. Cuelgan la ropa en unos matorrales y Joe aprovecha para lucir su palmito de modelo publicitario de Adidas. El chico está como un queso, todo hay que decirlo.

Mientras tanto, en la base, empiezan a llegar bolsas llenas de cadáveres y la opinión es unánime; todo es culpa de nuestro héroe por ser tan atrevido y viril y por haber provocado la contienda. En otro lugar, los ninjas también le pasan el parte a su jefe y dan la voz de alarma de que hay un… ¡AMERICAN NINJA! El jefe se queda estupefacto, esto es tan insólito como descubrir a un chino torero, y además, enseñar los secretos del ninjitsu a los occidentales es una osadía que se paga con la muerte.

Los malos están preparando una entrega de vete tú a saber qué, y mientras tanto hacemos uno de esos descubrimientos que quitan el hipo; ¡su jardinero fue el sensei del protagonista!


Echamos un vistazo a la loca academia de ninjas y asistimos a un entrenamiento de los malos, y como son muchos y no hay uniformes para todos, el de la estrella en la mejilla se carga a media docena en una demostración. Es como ver a Montgomery Burns quemando un billete de un dólar.

Joe deja la chica en la puerta de su casa y se despiden con un beso. Su padre, en agradecimiento, le declara un consejo de guerra. De vuelta a la base todo el mundo lo mira mal, es la soledad del héroe. Según parece, si hay algo que detesten los militares es que uno de los suyos salve a una chica en peligro. Maldito perro engreído, ¿quién se habrá creído que es? Un negro enorme con bigote le busca las cosquillas más de la cuenta y se organiza pelea, el prota gana utilizando el viejo truco ninja de ponerse un cubo como sombrero. El negro queda tan impresionado que se hacen colegas y no tardan en pasear por la base sin camiseta y con los cuerpos engrasados. Cuando parece que uno le va a preguntar al otro si le gustan las pelis de gladiadores, el prota decide largarse en moto, con la hija del Coronel, a ventilarse unos daiquiris a una playa tropical. Allí hay música de saxo, roces y restregamientos, es de suponer que el negro ha despertado a la bestia y que luego la chica ha rematado la faena.


Los malos y uno de sus superiores, un sargento que también está en el ajo, le preparan otra encerrona, pero ni Katanas ni dardos envenenados pueden con el American Ninja, que después de liarla parda huye con ayuda del Jardinero Sensei, aunque al llegar a la base lo arrestan. Es el clásico conflicto mestizo, a Joe no lo aceptan ni ninjas ni americanos y es probable que su maestro esté pasando por algo parecido, vilipendiado por los senseis y odiado por el gremio botánico.

Por la noche Estrella Negra va a la cárcel, pero como no son horas de visita se lía a mamporros. A mitad del festival de mandobles y aspavientos, irrumpe el ejército. Hay una persecución por carretera donde el sargento maloso choca contra un árbol lleno de nitroglicerina y su jeep explota. Los malos secuestran a la hija del Coronel, sí, tenía que pasar. Joe entra de incógnito en villa ninja, inexplicablemente retarda la ola de muerte y destrucción para tomar el té con su sensei y recordar los viejos tiempos, debe de ser un té muy bueno. Luego se viste para la guerra, de repente es como si regalasen katanas y aparecen guerreros hasta de debajo las piedras, pero American Ninja y Jardinero Sensei luchan como jabatos y se los meriendan en un pispás. Estrella Negra lanza un puñal contra Joe y el pecho de Jardinero Sensei lo intercepta, el tipo ya no saldrá en las secuelas.


Llegan los buenos comandados por el negro del bigote, que como ya se está acabando la película y aun no ha mojado, está cabreadísimo y se lía a disparar a diestro y siniestro. ¡Suenan los tambores de guerra, lluvia de balas y fiambres por doquier! Estrella Negra y American Ninja se enfrentan en épica batalla, el malo va armado hasta las trancas, su traje lleva incorporado proyectiles, rayos recalcitrantes y lanzallamas, pero Joe es más fuerte y guapo y lo rebana como a una sandía. Los malos escapan en helicóptero, pero Joe salta sobre él y rescata a la chica, ¡qué tío! El negro del bigote vuela el artefacto por los aires de un disparo y... ¡misión cumplida! Joe se quita el pasamontañas y mira ensimismado al horizonte, parece estar considerando la posibilidad de salir del armario cuando aparecen los títulos de crédito. FIN.



Leer critica El guerrero americano (american ninja) en Muchocine.net

BONUS TRACK:

Cobra, el brazo fuerte de la ley (1986)


Stallone
ha vuelto, pero antes de que este bastardo actor se pusiera bótox hasta en las ensaladas y se tomara unos merecidos años sabáticos, nos regaló varias joyitas del séptimo arte y unos cuantos personajes para no olvidar. Cobra puede que no sea el mejor, ni tampoco el más duro, pero seguro que sí es el más macarra. Los chicos de Quesito Rosa nos montamos un tentempié a base de palomitas rancias y barritas energéticas, nos pusimos cómodos en el sofá, dejamos nuestras neuronas en animación suspendida, y vimos la terrible, terrible película…

Otra de la Cannon Group. Empieza con el nombre de Sylvester Stallone en rojo sangre mientras oímos unos tambores de guerra que parecen salidos del mismísimo infierno. Lo primero que aparece en pantalla es el pistolón de Cobra que apunta y dispara al espectador. La pantalla se enrojece con la sangre del público y aparece el título: ¡COBRA!


La ciudad parece tranquila, los pájaros cantan y los niños juegan. Llega un motorista, aparca en el puesto de minusválidos (se confirma, ¡es el malo!). Entra en un súper, no le gusta la oferta del día y se lía a disparos. La poli acordona la zona mientras las aves emigran, pero como ciento cincuenta policías no pueden controlar a un maníaco, llaman a Cobra, que debía estar por la zona porque llega en un santiamén. El horizonte y un cámara se reflejan en sus gafas de sol, que crearon escuela. Mordisquea una cerilla, lleva guantes de cuero negro (que ya avisamos que no se quitará ni para ir al lavabo) y pantalones ajustados por debajo de las axilas.

Cobra se cuela en el súper sin más problemas, rodeado de propaganda de Pepsi. El malo le dispara mientras Cobra decide tomarse un respiro y beberse una cerveza. Cobra hace justicia, lo apuñala (¡toma!) y luego lo dispara seis veces: “el crimen es una plaga y él es el remedio”. Más chulo que un ocho sale y se enfrenta a la prensa. Es parco en palabras. Coge a un periodista por la solapa y le restriega una de las víctimas por la cara.

Cambiamos de tercio, playa y música ligera. Cobra se enfrenta a unos hispanos por una plaza de aparcamiento: “Es malo para tu salud”, “¿El qué?”, “Yo”. Acto seguido le rompe la camisa y le dice: “Vístete bien”. Otro anuncio de Pepsi. Cobra llega a su casa, enciende la tele y se quita las gafas de sol por primera vez.


En otro punto de la ciudad, aparece en escena Brigitte Nielsen, que pilla a los malos in fraganti liándose a hachazos con una chica. Consigue huir pero los malos se quedan con su matrícula. La Nielsen resulta ser una modelo a la que encontramos en el siguiente plano en una sesión fotográfica haciendo monerías a la cámara rodeada de Robots (la moda de los ochenta era francamente cruel). ¡Se apagan las luces! ¡Música de tensión! Los malos la acechan, empuñando hachas. Antes de intentar cargársela le mojan la camiseta (casualidades de la vida), pero logra esconderse y salva el pellejo.

Deciden ponerla en protección de testigos y le asignan a Cobra para su seguridad. Su vida corre más riesgo que nunca. El malo afila un cuchillo y lo prueba en su brazo. ¡Qué malvado! Se tiñe el pelo con Grecian 2000 y va al hospital a por la Nielsen. Sus compinches también van a por Cobra. Mala idea. Mueren todos. Cobra se huele el pastel y corre hacia el hospital, donde la Nielsen está en el baño escondida del malo, que atraviesa la puerta con su cuchillo (homenaje/plagio, llámenlo como quieran, de “El Resplandor”). La prota se salva, llega Cobra y se abrazan.

En comisaría Cobra se lleva otra bronca, pero él sospecha que hay alguien de la poli metido en el ajo. Él es el más listo, los demás polis son todos tontos. Cobra se lleva a la Nielsen en su coche y nada más girar una esquina ya empieza una persecución por toda la ciudad, disparos, trombos, conducción marcha atrás y demás piruetas. Cobra mira mal la furgoneta que los persigue y explota. Cambian las tornas y ahora es Cobra el que empieza a perseguir a los malos, que al final consiguen huir.


Cobra tiene un plan. Sube la música. Se lleva a la Nielsen de viaje y paran en un restaurante, donde Cobra se suelta un poco e incluso hace una broma. Con gran expresividad, Cobra se sorprende de la cantidad de ketchup que ella se pone en la comida. Se están haciendo amigos, es la calma antes de la tormenta.

Ya en un motel, Cobra hace inventario: granadas, metralletas y lo que haga falta. Mientras tanto la Nielsen no puede dormir, tiene picores uterinos, le pide a Cobra que se acerque y suena una melodía lenta. Aquí hay tema. Al siguiente plano ya se están comiendo la boca, el veneno de Cobra hace su efecto. Stallone saca la cobra. La chica no podía dormir, pero ahora lo hace plácidamente. Cobra, por el contrario, no descansa jamás.


Los malos llegan motorizados al motel. Empiezan los disparos, cada bala de Cobra se “cobra” una vida. Cristales rotos, puertas atravesadas, choques de motos, explosiones, compañero muerto, persecuciones… Cobra se refugia con la Nielsen en una fundición cercana. ¡Esto promete! Uno a uno los malos la van palmando: disparados, quemados, volatilizados… Parece como si Cobra conociera la fundición como la palma de su mano. Al final solo quedan en pie Cobra y el malo de mandíbula prominente, sudorosos y con ganas de bronca. Duelo final a cuchillo y cadenas, músculo contra músculo, hombre contra hombre, en una fundición donde no hay ni un alma, pero donde todo está en funcionamiento. El malo termina colgado en un gancho a lo Matanza de Texas y Cobra lo asa como a un pavo.

Cuando Cobra ha acabado con todos, el resto de los polis deciden dejarse caer por allí. Todavía le queda leña para repartir a uno de sus superiores que cuestiona sus métodos de trabajo (si es que se lo estaba buscando). Cobra le pega un puñetazo, se agencia la amoto de uno de los malos, pilla a la chica y se aleja entre las letras de crédito. Cobra está por encima de la Ley.


THE END.


Desaparecido en combate (1984)

Los chicos de Quesito Rosa se reunieron un domingo por la mañana (ole nuestros huevos) para ver uno de esos clásicos de videoclub de los 80, de cuando las estanterías se llenaban de Stallones, Bronsons y Schwarzeneggers. A continuación, el informe del evento a seis manos…

La peli es de Cannon Group, como todas las buenas, con unos títulos de crédito que parecen hechos con un Amstrad de la época, donde el nombre de Chuck sale antes que el del director, un tal Joseph Zito (Josezito para los amigos) o de los productores.

La cosa empieza con unos exteriores del Vietnam que parecen una maceta a gran escala. Sube la música y aparece Chuck, las balas silban a su alrededor, la maleza explota y a su lado cae un herido. Chuck lo recoge, llevándolo a cuestas (en Vietnam solo hay un medio de locomoción lo suficientemente eficaz: Chuck Norris), ¿A dónde lo lleva? Nadie lo sabe, porque en la siguiente escena el herido desaparece, cuando de repente: ¡¡Oh, no!! ¡Han disparado a Chuck! Chuck se lanza contra ellos con una granada en cada mano, ¡qué tío! Gran explosión, ¿es este el final de Chuck? ¡Tranquilos, Chuck vive! Se despierta descamisado en su habitación, que gran principio: ¡¡Todo era un sueño!!

Sudoroso y masculino, se incorpora llevando el peso del mundo sobre sus hombros, se sirve una cerveza y se salpica la barba. Contrapicado en la ventana mirando al infinito, Chuck siempre está por encima de todo. Por la tele hablan mal de Chuck. Chuck mata a la tele de una patada, coge el teléfono, y dice: “soy Braddock, voy a ir” (el teléfono se acojona).

Más tarde en Saigón, hay una reunión en las altas esferas y Chuck se presenta con unas gafas de sol chuloputas muy de la época, hay que ver lo bien que lleva sus 38 años. Se le acusa de crímenes de guerra, Chuck se quita las gafas y les perdona la vida. De noche, Chuck sale a ligar, pide una cerveza (música de tensión), no quiere vaso. Habla con una chica, apuestas, ¿se la tira? Ya se la está tirando, lo único que ella aún no lo sabe. Ella se queda con ganas de más, pero Chuck decide salir sólo a invadir Saigón, y entra en la casa de un general vietnamita en busca de información: “Si te mueves te mataré”. Chuck lo mata (no lo duden); pero antes le saca el paradero donde están prisioneros sus compañeros ¡DESAPARECIDOS EN COMBATE!

Que bien le quedan los tejanos a Chuck, mientras decide no acabar con toda la ciudad y coger un vuelo a Bangkok. Chuck sale a ligar, de nuevo, moviéndose entre los orientales como un depredador. La noche promete y Chuck coge un taxi. Antes de bajar el taxista ha muerto por sobredosis de Chuck, él se lo ha buscado. Chuck negocia el precio de alquiler de un barco a su estilo (pegando patadas), mientras una tailandesa canta una conocida canción de Rod Stewart. Intentan acabar de nuevo con Chuck lanzándole una bomba. Muere mucha gente. Chuck no. Llegados a éste punto, para el malo de la peli, por fin, se ha convertido en algo personal. A los dos minutos Chuck ya lo ha matado.

Chuck nació mayor. Se viste para la guerra, no hay vuelta atrás, la cinta en el pelo así lo indica, habrá guerra. Todo en él es en si mismo un ejercito. Uno a uno van cayendo los malos. Llegada la noche, Chuck ataca el campamento donde se encuentran los desaparecidos. ¡Explosiones! Chuck empieza a disparar en la oscuridad. Muere gente, pero Chuck no deja cadáveres. Se han llevado a sus compañeros antes de que llegara, pero por suerte un espontáneo sobrevive a Chuck y le cuenta en que dirección se han ido. Entonces Chuck cree que ha llegado la hora de correr. En la siguiente escena ya los ha atrapado y él sólo los ataca por tierra, mar y aire. Pero… ¡¡Oh, no!! (de nuevo) ¡Chuck ha muerto! ¡¡Falsa alarma!! Chuck emerge del agua hecho un basilisco, tocando suelo en el profundo río. Ahora está más enfadado que nunca. Encuentra a los desaparecidos y les dice: “vais a volver a casa”. Palabra de Chuck.

Consiguen huir con un helicóptero a Saigón donde todavía no ha acabado la reunión de la primera escena, que interrumpe como a él más le gusta: por la fuerza. Esta vez no va solo, le acompañan los DESAPARECIDOS EN COMBATE. Chuck ocupa todo el plano y se congela la imagen. ¡Gran final!



Leer critica Desaparecido en combate en Bastard Movies

El grandioso hombre de Pekín (Xing xing wang, 1977)

Inaugurando la sección “Spoilers en acción”, apartado de este humilde blog donde nos dedicaremos al destripe total de pequeñas joyas del séptimo arte (quedan avisados), les traemos esta exploitation nipona de King Kong y Tarzán, donde los Shaw Brothers nos hacen pasar un buen rato con un ritmo trepidante y mucha simpatía. Señores, ¡apaguen sus teléfonos móviles que el espectáculo va a empezar!

Tras un terremoto en el Himalaya, un gorila gigante brota del interior de la tierra y arrasa una aldea. Un grupo de aventureros comandados por un pérfido hombre de negocios se lanzan a la búsqueda y captura del monstruo. Para ello contratan a Chen, un tipo al que encuentran borracho en el bar de turno y que parece conocer la zona.

Lo que debía ser un apacible picnic por la selva se convierte rápidamente en una pesadilla: estampidas de elefantes, arenas movedizas, tigres, caídas desde precipicios… La mayoría de las víctimas son porteadores negros interpretados por chinos pintados. Ya por la noche, vivimos un flash back cursi romántico en el que Chen cuenta a los demás exploradores que su hermano le robó la novia. A la luz de la luna y tras estas íntimas confidencias, parece que nace la amistad entre los miembros de la expedición, pero a la mañana siguiente los muy cabrones han abandonado a Chen a su suerte y se han largado a sus casitas.

Perdido por la selva y más solo que la una, Chen no se percata que está apunto de sufrir la dolorosa colleja de un gorila gigante cuando aparece Samantha, una rubia de toma pan y moja que ejerce de reina de la jungla y le salva la vida. La tal Samantha resulta ser colegui del monstruo y lleva a Chen a su guarida, donde le ofrecerá unos daiquiris, fruta tropical y puede que algo de sexo casual.

Dos balanceos de liana más tarde, Samantha explica a Chen que es la única superviviente de un accidente de aviación y que desde niña ha sido cuidada por el gorila. A Samantha le gusta revolcarse seductoramente con todo tipo de bestias y así nos lo demuestra, pero una serpiente la ataca y la pica en la entrepierna; es entonces cuando Chen debe hacerle algo parecido a un cunilingus para sacarle el veneno, de repente un elefante que pasaba por ahí se ofrece de ambulancia y los lleva rápidamente a la cueva. Ya en su lecho ella padece fiebre, ardores y unas convulsiones parecidas al orgasmo. Muy oportunamente aparece el monstruo con hierbas curativas y mediante un lenguaje corporal de parvulario, le indica a Chen que se las ponga. Cuando ella por fin se recupera, Chen aprovecha para enseñarle como puede agradecerle sus cuidados agarrándola y arrimándole la cebolleta, suena una música ligera y hay un fundido en negro.

Después de un buen polvo lo mejor es corretear como unos adolescentes por la jungla, retozar con las bestias salvajes, y bañarse desnudos bajo una cascada. A la puesta de sol, el monstruo va a ver como está Samantha que no ha aparecido en todo el día, y se los encuentra allí de nuevo, sacándole brillo al manubrio. La cosa no le sienta demasiado bien y la toma con media jungla. Samantha al oír el estropicio se pone su mini bikini atigrado y sale sudorosa a su encuentro, se restriega de forma obscena contra el monstruo y esto lo calma.

Más tarde, Chen y ella deciden visitar Hong Kong llevando al gorila consigo, Samantha se despide de sus seres queridos (elefantes, tigres y demás fauna) y pim pam, en un par de zancadas del monstruo ya están en la civilización, pillan un barco, le ponen unos grilletes a la fiera (al mono, no a la rubia) y zarpan hacia la gran ciudad. Ya en el barco ella empieza a arrepentirse de no haber dejado al mono en casita, pero Chen le regala un vestido sexy y ella se olvida del asunto. Por la noche hay un tifón y chocan contra una roca en medio del océano (¡?!!), pero la intervención del monstruo salva al barco de irse a pique.

A la mañana siguiente llegan al puerto de Hong Kong, dejan al monstruo tirado en el barco y se van a un estudio de televisión. Allí encuentran al hermano roba novias de Chen y su ex. Al ver la diosa de la jungla que se ha agenciado el mister, al primero se le ponen los dientes largos y a la otra cara de estreñida. Chen comete el error de verse de tapadillo con su ex, que quiere volver con él y le besa, entonces entra Samantha en plan culebrón y al ver la escenita pone pies en polvorosa.

Mientras tanto exhiben al monstruo en un estadio donde los cuidadores son mezquinos y crueles y lo tratan fatal, para que nos dé más pena. Samantha llega corriendo como una amazona y ve la dantesca escena, el mandamás y villano se lleva a la chica e intenta emborracharla y aprovecharse de ella, le tira licor por las tetas, le quita el bikini y la golpea. Para más inri, el gorila tiene una visión privilegiada de los hechos desde su jaula, y se cabrea tanto que se suelta. El maloso huye en su coche, y como parece que quiere morir, se lleva a la chica consigo. Al mono le da el baile de San Vito y empieza a cargarse maquetas y micromachines a cascoporro.

No sabemos como, pero el malo se basta para conducir con una sola mano y sujetar a la selvática Samantha con la otra. La ciudad es un pañuelo así que el mono no tarda en localizarlos con su vista de lince. Aunque media ciudad ya no existe, hay gente que aun no se ha quedado con el gorila gigante que está demoliendo Hong Kong, así que el monstruo aun puede asustar a una familia que está sentada tranquilamente en su mesa y a unos electricistas. Explosiones, llamas, caos… ¡Lo que estábamos esperando desde el principio! (Juraría que el gorila acaba de hacerle la butifarra a un transeúnte…) El maloso se esconde con la chica en unos apartamentos, entran en un dormitorio e interrumpen a una pareja que está en la cama en plena faena (¡esto se está volviendo rocambolesco!); el gorila mete la mano, atrapa al villano, lo balancea un poco y lo tira con fuerza al suelo, pero como milagrosamente aun sigue vivo e intacto, lo remata de un pisotón.

Por fin entran en juego los militares que extrañamente están dirigidos por un americano de paisano. El mono se carga a una pareja que aun seguían cocinando en su piso (¡esto es la leche!). Polis en pantaloncitos cortos corriendo de un lado para el otro (curioso que el jefe de la policía honkongesa también sea occidental), Chen ha corrido la voz de que la chica puede controlar a la bestia y una muchedumbre de ciudadanos empieza a perseguirla por las calles, ella se sube a una farola y escapa. Tanques de juguete disparan al señor del traje de mono, los helicópteros logran abatir al monstruo que parece que está cazando moscas, se hace de noche y la batalla continua.

Hong Kong es muy grande porque en otro lado de la ciudad la gente sigue a lo suyo como si nada pasase. Disparos, pirotecnia, el bicho vuelve a caer y sube la música (¿dónde está Greenpeace cuando se les necesita?). Sangrante y malherido, empieza a escalar un rascacielos (se ve venir, se ve venir…) Samantha llega al lugar con lagrimillas en los ojos, cesa el fuego y la chica sube. Por fin se encuentran y sueñan en volver a la selva y en tener un mañana mejor, ¿puede haber esperanza para ellos? No, el ejército se lía a tiros otra vez e incluso la chica recibe más de un disparo, un helicóptero cae en llamas, los militares minan todo el edificio, Chen intenta impedirlo pero ellos son más y están entrenados. Más muerte y destrucción, el monstruo tira un par de soldados a los pies de su general en tono provocador, aunque el pobre está ya hecho trizas y se nos parte el corazón.


Última batalla, gran explosión, todo el edificio estalla, gorila y chica mueren. Chen entre las ruinas lleva en brazos el cadáver de Samantha, se lamenta en silencio por la incomprensión de los hombres con las luces de la ciudad al fondo. Sube la música y resuenan los tambores, fin.



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