Stallone ha vuelto, pero antes de que este bastardo actor se pusiera bótox hasta en las ensaladas y se tomara unos merecidos años sabáticos, nos regaló varias joyitas del séptimo arte y unos cuantos personajes para no olvidar.
Cobra puede que no sea el mejor, ni tampoco el más duro, pero seguro que sí es el más macarra. Los chicos de
Quesito Rosa nos montamos un tentempié a base de palomitas rancias y barritas energéticas, nos pusimos cómodos en el sofá, dejamos nuestras neuronas en animación suspendida, y vimos la terrible, terrible película…
Otra de la
Cannon Group. Empieza con el nombre de
Sylvester Stallone en rojo sangre mientras oímos unos tambores de guerra que parecen salidos del mismísimo infierno. Lo primero que aparece en pantalla es el pistolón de
Cobra que apunta y dispara al espectador. La pantalla se enrojece con la sangre del público y aparece el título:
¡COBRA!
La ciudad parece tranquila, los pájaros cantan y los niños juegan. Llega un motorista, aparca en el puesto de minusválidos (se confirma, ¡es el malo!). Entra en un súper, no le gusta la oferta del día y se lía a disparos. La poli acordona la zona mientras las aves emigran, pero como ciento cincuenta policías no pueden controlar a un maníaco, llaman a
Cobra, que debía estar por la zona porque llega en un santiamén. El horizonte y un cámara se reflejan en sus gafas de sol, que crearon escuela. Mordisquea una cerilla, lleva guantes de cuero negro (que ya avisamos que no se quitará ni para ir al lavabo) y pantalones ajustados por debajo de las axilas.
Cobra se cuela en el súper sin más problemas, rodeado de propaganda de
Pepsi. El malo le dispara mientras
Cobra decide tomarse un respiro y beberse una cerveza.
Cobra hace justicia, lo apuñala (¡toma!) y luego lo dispara seis veces:
“el crimen es una plaga y él es el remedio”. Más chulo que un ocho sale y se enfrenta a la prensa. Es parco en palabras. Coge a un periodista por la solapa y le restriega una de las víctimas por la cara.
Cambiamos de tercio, playa y música ligera.
Cobra se enfrenta a unos hispanos por una plaza de aparcamiento:
“Es malo para tu salud”, “¿El qué?”, “Yo”. Acto seguido le rompe la camisa y le dice:
“Vístete bien”. Otro anuncio de
Pepsi. Cobra llega a su casa, enciende la tele y se quita las gafas de sol por primera vez.

En otro punto de la ciudad, aparece en escena
Brigitte Nielsen, que pilla a los malos in fraganti liándose a hachazos con una chica. Consigue huir pero los malos se quedan con su matrícula. La
Nielsen resulta ser una modelo a la que encontramos en el siguiente plano en una sesión fotográfica haciendo monerías a la cámara rodeada de Robots (la moda de los ochenta era francamente cruel). ¡Se apagan las luces! ¡Música de tensión! Los malos la acechan, empuñando hachas. Antes de intentar cargársela le mojan la camiseta (casualidades de la vida), pero logra esconderse y salva el pellejo.
Deciden ponerla en protección de testigos y le asignan a
Cobra para su seguridad. Su vida corre más riesgo que nunca. El malo afila un cuchillo y lo prueba en su brazo. ¡Qué malvado! Se tiñe el pelo con
Grecian 2000 y va al hospital a por la
Nielsen. Sus compinches también van a por
Cobra. Mala idea. Mueren todos.
Cobra se huele el pastel y corre hacia el hospital, donde la
Nielsen está en el baño escondida del malo, que atraviesa la puerta con su cuchillo (homenaje/plagio, llámenlo como quieran, de
“El Resplandor”). La prota se salva, llega
Cobra y se abrazan.
En comisaría
Cobra se lleva otra bronca, pero él sospecha que hay alguien de la poli metido en el ajo. Él es el más listo, los demás polis son todos tontos.
Cobra se lleva a la
Nielsen en su coche y nada más girar una esquina ya empieza una persecución por toda la ciudad, disparos, trombos, conducción marcha atrás y demás piruetas.
Cobra mira mal la furgoneta que los persigue y explota. Cambian las tornas y ahora es
Cobra el que empieza a perseguir a los malos, que al final consiguen huir.
Cobra tiene un plan. Sube la música. Se lleva a la
Nielsen de viaje y paran en un restaurante, donde
Cobra se suelta un poco e incluso hace una broma. Con gran expresividad,
Cobra se sorprende de la cantidad de ketchup que ella se pone en la comida. Se están haciendo amigos, es la calma antes de la tormenta.
Ya en un motel,
Cobra hace inventario: granadas, metralletas y lo que haga falta. Mientras tanto la
Nielsen no puede dormir, tiene picores uterinos, le pide a
Cobra que se acerque y suena una melodía lenta. Aquí hay tema. Al siguiente plano ya se están comiendo la boca, el veneno de
Cobra hace su efecto.
Stallone saca la cobra. La chica no podía dormir, pero ahora lo hace plácidamente.
Cobra, por el contrario, no descansa jamás.

Los malos llegan motorizados al motel. Empiezan los disparos, cada bala de
Cobra se “cobra” una vida. Cristales rotos, puertas atravesadas, choques de motos, explosiones, compañero muerto, persecuciones…
Cobra se refugia con la
Nielsen en una fundición cercana. ¡Esto promete! Uno a uno los malos la van palmando: disparados, quemados, volatilizados… Parece como si
Cobra conociera la fundición como la palma de su mano. Al final solo quedan en pie
Cobra y el malo de mandíbula prominente, sudorosos y con ganas de bronca. Duelo final a cuchillo y cadenas, músculo contra músculo, hombre contra hombre, en una fundición donde no hay ni un alma, pero donde todo está en funcionamiento. El malo termina colgado en un gancho a lo
Matanza de Texas y
Cobra lo asa como a un pavo.
Cuando
Cobra ha acabado con todos, el resto de los polis deciden dejarse caer por allí. Todavía le queda leña para repartir a uno de sus superiores que cuestiona sus métodos de trabajo (si es que se lo estaba buscando).
Cobra le pega un puñetazo, se agencia la amoto de uno de los malos, pilla a la chica y se aleja entre las letras de crédito.
Cobra está por encima de la Ley.
THE END.