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En construcción (2001)


Barrio

En 1998, dentro del proyecto urbanístico que se llevaba a cabo en el barrio de El Raval de Barcelona (conocido antiguamente como el barrio Chino), José Luis Guerín rodó En construcción (2001), un documental sobre la evolución de la construcción de un inmueble de 96 viviendas desde la demolición de otros edificios más antiguos hasta la visita de gente interesada por los nuevos pisos (mirando algunos despectivamente a los edificios antiguos de enfrente). El proceso de transformación parcial de este popular lugar de Barcelona fue bien trasladado a la película, sobre todo por la manera que tuvo Guerín de fijarse en detalles y anécdotas que en ocasiones parecen espontáneas, mostrando también la cruda realidad de la parte marginal del barrio con testimonios de gente que más bien malvive o sobrevive con lo que puede, como la joven pareja formada por Juani e Iván, y el “caprichoso” e inolvidable ex-marino que nos regala, en mi opinión, la mejor escena de la película (ver vídeo).

La noche que no acaba (2011)


Dos caras de una misma moneda

A partir de un encargo del canal de televisión TCM, el director Isaki Lacuesta acaba de estrenar La noche que no acaba (2011), un documental sobre Ava Gardner, todo un icono cinematográfico y una de las actrices más guapas de Hollywood de todos los tiempos (se decía de ella que era el "animal más bello del mundo"). El film, que representa el cuarto largometraje y el tercer documental de Lacuesta, se basa en el libro Beberse la vida. Ava Gardner en España (2004), de Marcos Ordóñez, pero tanto Lacuesta como la guionista Isa Campo tuvieron claro que querían coger únicamente alguna idea del libro, como se puede ver en el inicio del film con el siguiente subtítulo: "Notas a pie de página a partir de Beberse la vida". Y su resultado final es bastante correcto ya que se nota el interés que tienen por construir un retrato muy digno de una figura como Ava Gardner, una gran estrella a la que no le gustaba nada ver sus propias películas, que sucumbió a la bebida y al tabaco y que siempre creyó que su belleza fue la culpable de parte de su desdicha y de su lenta desaparición en la gran pantalla.

Guest (2010)


La vuelta al mundo en 365 días

Con cámara en mano y con la intuición y el azar como acompañantes, uno puede encontrar lugares y momentos idóneos para rodar una pequeña película, y si además en ellos hay personajes carismáticos cuya magnitud es irresistible, pues aún mejor. Y esto bien lo sabe el director español José Luis Guerín, autor de el fabuloso documental En construcción (2001), del que recientemente se ha estrenado Guest (2010), otro documental, esta vez en blanco y negro, creado durante el largo período de un año en el que estuvo presentando en diferentes festivales de cine de todo el mundo su película En la ciudad de Sylvia (2007), en el que no perdió la oportunidad de ir por las calles de infinidad de ciudades en las que estuvo (sobre todo de Sudamérica) y en las que quiso retratar a ciudadanos marginados de la sociedad, como borrachos, mendigos, o vendedores ambulantes que se intentan ganar la vida vendiendo lo que sea, y hasta personajes estrambóticos como predicadores que se dejan la voz para recriminar a la gente su desobediencia a Dios.

Crónica de un verano (1961)


¿Qué es la vida? Un frenesí

Si en estos tiempos se hiciera un documental que se basara en un estudio sobre la manera de vivir de los habitantes de ciudades españolas como Madrid o Barcelona, su resultado recordaría, aunque con otros matices y otros tipos de vida, al que consiguieron medio siglo atrás los franceses Jean Rouch, director de cine y antropólogo, y Edgar Morin, filósofo y político, con el documental Crónica de un verano (1961), que se realizó en París en el verano de 1960. Al principio, ambos autores explican más o menos lo que quieren realizar y se lo explican a una mujer llamada Marceline, que será una de las personas que más aparecerá en el film y a la que encargan que vaya con un micrófono por las calles parisinas a preguntar a la gente si es feliz o cómo hacen para defenderse en la vida (ver vídeo).

I'm still here (2010)

Joaquin Phoenix contra el mundo.


El día que nos enteramos de que Joaquin Phoenix dejaba la interpretación, en el quesito rosa, abrimos varias botellas de cava para celebrarlo. No, no somos sus mayores fans. En plena fiesta leímos entera la noticia y nos sorprendimos al comprobar que al parecer decidía pasarse al mundo de la música, lo que provocó que se nos congelara la sonrisa en el rostro y diéramos la fiesta por terminada viendo la que se nos venía encima. Más tarde se empezó a rumorear de que se podría tratar de una noticia falsa y de que en el fondo no era más que una estratagema para preparar un nuevo proyecto sobre un falso documental con él mismo cómo protagonista. La palabra que refleja más claramente mi estado de ánimo en ese momento es: indignación. Las fuentes, no obstante, confirmaban que Phoenix estaba lo suficientemente chalado como para llevar a cabo cualquiera de las dos cosas. Al final, días después de su estreno en el festival de Venecia, al que la cinta llegó inmersa entre rumores, se destapó el pastel y los responsables del proyecto terminaron reconociendo que se trataba de un falso documental y que el Phoenix que podemos ver en la película no es más que otro papel de el Phoenix actor.

Joaquin Phoenix es una reputada estrella de Hollywood que cuenta en su haber con dos nominaciones a los Oscar (mejor actor por En la cuerda floja y mejor actor de reparto por Gladiator) y otras muchas interpretaciones en películas como Todo por un sueño, El secreto de los Abott, Señales, Brigada 49, El bosque o La noche es nuestra. Después de rodar su último trabajo en Two Lovers, el actor confesó a un periodista que abandonaba el cine y que desde aquel momento dedicaría todos sus esfuerzos en labrarse una sólida carrera en el mundo de la música para lograr cumplir su sueño de convertirse en toda una estrella del hip-hop. Si, visto ahora la cosa cuesta bastante de creer, pero lo cierto es que en su momento coló, y de qué manera. Durante todo ese tiempo en que Phoenix, supuestamente, intentaba labrarse su futuro musical, la imagen del actor se fue deteriorando de cara al gran público (física y socialmente) y en sus escasas, y estudiadas, apariciones, siempre solía ir acompañado de su cuñado y amigo Casey Affleck (actor en películas como El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford o Adiós, pequeña adiós), quien iba grabando todo lo que sucedía a su alrededor con la intención de realizar un documental sobre el cambio de rumbo en la vida de Phoenix.

I'm still here es una suerte de cámara oculta a gran escala en la que Joaquin Phoenix juega a ser el John Belushi de nuestros tiempos. Las comparaciones con Belushi no son pocas. Phoenix se deja llevar por la fama, descuida su imagen, su físico y su higiene, consume todo tipo de sustancias ilegales e, incluso, pretende convertirse en el gran músico que el ex Blues Brother también aspiró a ser (aunque en campos totalmente opuestos). Los paralelismos aumentan a medida que la película avanza y el actor sustituye los harapos con los que aparece en sus primeras apariciones musicales por un elegante traje negro, con camisa blanca y corbata negra, coronado todo el disfraz con unas oscuras gafas de sol, que contrasta tristemente con su físico descuidado, con lo cual, definitivamente, el personaje gana en intensidad y patetismo.

Alguien dijo en cierta ocasión (o quizás me lo estoy inventando, que para tratar la película que hoy nos ocupa también estaría justificado) que una buena historia debe tener un buen auge para, luego, dirigirlo todo hacia una gran caída. En I'm still here no hay auge. El auge queda fuera del metraje y durante el documental simplemente asistimos a una larga y continuada caída de un artista que en otra época probó las mieles de un éxito que no fue capaz de digerir, por lo que se vio obligado a cortar con toda su vida anterior. Nada de ello es real, y a pesar de todo, el simple hecho de haberse enfrascado en un proyecto de estas características no deja de ser un claro síntoma de que Phoenix no está bien de la azotea. Y yo que me alegro, pues por fin he logrado interesarme por su carrera como actor.

Durante la primera mitad de la película no podía evitar pensar una y otra vez que, de no haber sabido que se trataba de un falso documental y que todo lo que estaba sucediendo en pantalla estaba previamente guionizado, realmente hubiera disfrutado mucho más su visionado y su efecto en el espectador hubiera sido mucho más espectacular. Por el contrario, en la segunda mitad, la película consigue paliar la ventaja con la que cuenta el espectador, logrando que no me importara lo más mínimo el hecho de que lo que ocurría no fuera veraz, atrapado por la vorágine, en caída libre, de su personaje protagonista, plagada de algunos momentos brillantes y contando con tres o cuatro escenas que se quedan grabadas en la retina del espectador. Personalmente, me quedo con el plano contrapicado sostenido a un Joaquin Phoenix rígido, caracterizado como aparece en el cartel de la película, momentos antes de su actuación en una sala de fiestas de Miami, donde confirma o lo buen actor que es (y que hasta el momento no había sabido apreciar) o que está como una bendita regadera.

Resumiendo: Extraño y apasionante experimento a modo de falso documental donde asistimos al descenso de los infiernos de un popular actor de Hollywood. Llámenle Joaquin Phoenix.



Leer critica I'm still here (i'm still here: the lost year of joaquin phoenix) en Muchocine.net

Pax Americana y la conquista militar del espacio (2009)


La Guerra de las Galaxias

El ser humano se ha enfrentado en infinidad de ocasiones tanto por tierra, mar y aire, pero en el muy interesante documental, de producción canadiense y francesa, llamado Pax Americana y la conquista militar del espacio (2009), del director Denis Delestrac, se habla de una posible militarización del espacio que podría desembocar, en el peor de los casos, en una guerra espacial. Por supuesto, que esto ocurra es algo que depende del hombre, pero sobre todo de los Estados Unidos de América, cuyo potencial armamentístico es muy amplio y es el país que tiene mayor cantidad de satélites en órbita. Además, desde la Fuerza Aérea de EUA se garantiza el acceso al espacio y también se limita; y en los anuncios publicitarios de la Academia de la Fuerza Aérea de Colorado Springs se incita a los jóvenes a que ingresen dejando clara su prepotencia: "Nadie está a nuestra altura". Al fin y al cabo, en EUA de cada dólar de impuestos cincuenta centavos van para el Pentágono.


Y si nos fijamos en el título, Pax Americana ya viene a englobar el objetivo de EUA, basándose en su influencia en los demás países y en su categoría de gran superpotencia que debe asegurar la paz en el mundo, algo que algunos países como Irán, Corea del Norte, China, o Rusia (como ya hizo la URSS) no van a permitir, ya que no quieren que haya un único alto mando allá arriba. Y aquí se deben introducir otros hechos, como la pertenencia de armas antisatélites, misiles balísticos y escudos antimisiles. De ahí que también entre el debate de si las intenciones de EUA de verdad sean pacíficas o más bien hostiles. Hay que recordar que en 1983, Ronald Reagan ya propuso un sistema de defensa contra misiles balísticos llamado Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), que fue comúnmente conocido como Stars Wars; y George Bush, cuando llegó a la presidencia, dejó claro sus dos objetivos primordiales: acabar con el régimen de Saddam Hussein y crear escudos antimisiles.

El mayor problema del poder militar espacial es que es muy importante para cualquier país y si se produce cualquier enfrentamiento podría provocar, como se dice en el documental, algo parecido a "un Pearl Harbor electrónico". Esto se debe a que hay unos 1.000 satélites en órbita propiedad de 45 naciones y que tenemos una gran dependencia de ellos, sin cuya actuación el caos sería ipso facto en cualquier ciudad del mundo. Otro problema obvio es la cantidad de basura espacial que produciría cualquier destrucción y que se sumaría a las toneladas de restos de cohetes y satélites que ya se encuentran en órbita.


El documental también nos recuerda hechos fundamentales en la historia, como que desde mediados del siglo XX el hombre ya tuvo constancia de la importancia de liderar en el espacio, cuando los rusos lanzaron en 1957 el primer satélite artificial, llamado Sputnik 1. Anteriormente, en 1944, ya se había creado el primer cohete, el V2, por orden de Adolf Hitler. Su creador fue Wernher von Braun que después de la Segunda Guerra Mundial emigró a EUA a través de la Operación Paperclip, que consistió en una operación realizada por el Servicio de Inteligencia y Militar de los Estados Unidos para extraer de Alemania a importantes científicos que habían trabajado para los nazis. El propio Braun fue nacionalizado estadounidense en 1955 para que se integrara en la NASA, llegando a ser su dirigente (fue una inspiración para el personaje del Dr.Strangelove de Kubrick).


Todos estos datos son inteligentemente enfocados hacia un mismo destino por Denis Delestrac, de manera que el espectador está enganchado a la pantalla desde el mismo inicio hasta el último segundo. Las opiniones de expertos, el material de archivo, la cantidad de gráficos y de animaciones, están muy bien utilizados, diviendo el documental en tres apartados generales: 1. La amenaza. 2. El engaño. 3. El camino. La lástima es que este documental se ha podido ver únicamente en algunas ciudades españolas y en Santiago de Chile, ya que ha estado programado en El Documental del Mes, una iniciativa de la productora Parallel 40, que en palabras de la misma web (http://www.eldocumentaldelmes.com/) "tiene como objetivo acercar el género documental al mayor número de espectadores posible e incrementar la presencia del documental europeo en las pantallas cinematográficas".


"Un buen documental que nos advierte de que La Guerra de las Galaxias podría dejar de ser una ficción"



Leer critica Pax americana y la conquista militar del espacio (pax americana and the weaponization of space) en Muchocine.net

Bicicleta, cullera, poma (Bicicleta, cuchara, manzana, 2010)


¿Y tú quién eres?

El Alzhéimer es una enfermedad neuro-degenerativa en la que el paciente va perdiendo la memoria progresivamente, aparte de otras capacidades mentales. Suele afectar a personas de más de 65 años y la causa exacta de su aparición aún se desconoce. Hoy en día siguen faltando recursos para conseguir un tratamiento capaz de curarla o prevenirla, por eso se intenta concienciar a la gente de la importancia de esta enfermedad senil. Últimamente, en el cine se ha querido dar una información muy útil para que los espectadores vean de la magnitud que representa y de la invalidez y dependencia que produce. En 2008, la ópera prima del director Freddy Mas Franqueza fue la película Amanecer de un sueño, coproducida por la Fundación Alzheimer España, en la que el protagonista principal es un abuelo que presenta síntomas de la enfermedad. En el mismo año también se estrenó un aclamado documental, Bucarest. La memoria perdida, galardonado con el Goya, en el que su director, Albert Solé, intenta salvar la memoria de su familia ya que el protagonista es su propio padre, el político español Jordi Solé Tura, figura clave de la Transición Española, que lucha contra el Alzheimer.

Ahora le toca el turno al documental Bicicleta, cullera, poma (Bicicleta, cuchara, manzana, 2010), de Carles Bosch, recientemente presentado en el Festival de Cine de San Sebastián en el que tuvo una buena acogida, centrándose en la figura de Pasqual Maragall, ex-alcalde de Barcelona y ex-Presidente de la Generalitat de Catalunya, que en octubre de 2007 comunicó públicamente que sufre esta enfermedad. Durante los dos años posteriores desde que Maragall dio a conocer la noticia, el espectador seguirá el proceso de su enfermedad y sus terribles ganas de luchar, con la consecuente creación de la Fundación Internacional Pasqual Maragall, y con varios comentarios de la esposa e hijos de Maragall y de compañeros de oficina, o de la doctora que le trata en el Hospital de Sant Pau de Barcelona.


Pero, para ser sincero, tengo que decir que lo mejor de este documental son sus buenas intenciones, porque la verdad es que no he entendido el planteamiento que se ha propuesto el director. El desarrollo de la película es tan irregular y tan rotundamente excesivo (una hora y cuarenta y cinco minutos) que toda esa emoción que se podría haber conseguido no ha sido posible, salvo por situaciones concretas. Carles Bosch ha caído en el error de centrarse demasiado sobre lo poco que se sabe del Alzheimer y las investigaciones que se llevan a cabo para descifrar su origen, que aunque sea totalmente necesario, se echa en falta mucho más acercamiento al mismo Pasqual Maragall, que en algunas escenas se consigue, y es, sin duda alguna, lo más acertado del documental. Es una pena que no se haya sabido unir esos buenos momentos más íntimos, en los que el espectador sonríe porque ve a un Maragall natural, mostrándose cómo es y cómo se siente, con las secuencias larguísimas sobre nuevos descubrimientos y hallazgos importantes referentes a la enfermedad.


Con todo esto, también hay que comentar que el documental tiene aciertos, como el inicio en el que en una genial secuencia se resume la universalidad de esta enfermedad. Se muestra a diferentes pacientes de EUA, India, Holanda, y España (con el mismo Maragall), a los que se les hace las mismas pruebas para reconocer su estado de gravedad, y una de ellas consiste en memorizar tres palabras que se les repite para que un poco más tarde vuelvan a nombrarlas. A Maragall le hacen decir "bicicleta, cuchara, manzana", como bien se ve en el cartel de la película en el que no todas las letras están totalmente definidas, refiriéndose inteligentemente a esa pérdida progresiva de la memoria. Lo único que ocurre es que se vuelve a recurrir varias veces a la India y a otros países, y a reputados neurólogos de EUA y de Europa, para comentar sobre reacciones consabidas de los pacientes y para remarcar demasiado en el hecho de lo mucho que falta aún por conocer del Alzheimer. Eso sí, el espectador aprenderá que los recuerdos más profundos del enfermo se retienen mucho más en su mente, igual que la memoria musical, algo que el propio Maragall aprovecha por completo porque es un enamorado de la música, y es en esos momentos en los que Maragall escucha canciones que le hacen sacar todos sus sentimientos en los que también el espectador disfruta y se llega a emocionar.


"Un documental necesario sobre el Alzheimer, centrado en la figura de Pasqual Maragall, pero que resulta bastante fallido por su excesivo metraje, por demasiada investigación y por la poca cercanía hacia el paciente elegido"



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Màscares (Máscaras, 2009)


Detrás del telón

Los amantes, tanto del teatro como del cine, se habrán preguntado muchas veces cómo se preparan los actores para personificar, de la manera más verosímil, los papeles que les toca interpretar; y la diferencia más grande entre los dos campos artísticos es que, en el primero, los actores tienen que meterse en la piel de su personaje durante no se sabe cúanto tiempo (días, semanas, meses o hasta años); en cambio, en el segundo, los actores quizás repetirán varias veces una escena, pero no volverán a ella nunca más cuando el resultado de la toma se haya dado por buena.


En el eficaz y necesario documental Màscares (2009), de Elisabet Cabeza y Esteve Riambau, el magnífico actor catalán Josep Maria Pou nos regala, con entusiasmo y mucha profesionalidad, todo su proceso de creación de uno de los personajes más universales de la historia del cine y de la cultura en general, el señor Orson Welles, en la obra que tiene por título Su seguro servidor, Orson Welles (2008, estrenada en el festival Grec de Barcelona y finalista a los premios Max de teatro), dirigida por el mismo Esteve Riambau, que significa su primera incursión en el teatro. Adaptada de la obra original del norteamericano Richard France (que también aparece en la película), la historia nos cuenta los últimos días del genial cineasta, que con setenta años graba anuncios publicitarios en la radio, recordando tiempos mejores y demostrando sus dotes también como presdigitador (realmente, Welles hacía shows como prestidigitador). En un momento de la obra, Josep Maria Pou recita una frase del mismo Welles que define perfectamente la diferencia entre teatro y cine: "En el teatro, cuando el mago hace desaparecer la paloma nos preguntamos: ¿cómo lo ha hecho?; en el cine, la pregunta es: ¿cómo lo hicieron? Esta diferencia de tiempo es la que distingue el cine del teatro, el truco de la magia".


Gracias a la incursión en esta obra sobre Welles, el espectador goza durante una hora y media de los recursos y dolores de cabeza de uno de los actores más respetados y venerados del mundo del teatro. Y hasta nos percatamos de que, aunque un actor tenga muchísima experiencia, es innegable que debe pasar por un período de prueba en el que él mismo va indagando poco a poco la manera de encontrar el punto idóneo para encarnar al personaje que interpreta. Por eso, lo mejor de toda la película son las reflexiones de Josep Maria Pou ante la cámara, donde revela todos sus trucos, miedos y dudas. A Pou le encanta memorizar y recita el texto de la obra infinidad de veces, tanto en la calle como en su casa, y hasta en la cama (cualquier sitio vale para aprenderse cada día unos cuantos folios). De ahí que el valor de este documental sea mucho más didáctico que cinematográfico, y que sea de vital importancia para todos los actores que estén estudiando artes dramáticas.


Los responsables de esta gran idea, que ya habían dirigido juntos en 2005 el documental La doble vida del faquir (ambos documentales fueron estrenados en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián), son los nombrados Elisabet Cabeza, periodista y profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona, y Esteve Riambau, también profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona, nombrado este año director de la Filmoteca de Catalunya, crítico de cine, autor de unos treinta libros sobre Historia del Cine y gran conocedor de la obra de Orson Welles, que han sabido impregnar a la película de buenos e interesantes momentos, en los que vemos cambios tanto en el vestuario del personaje de Welles como en algunos puntos en concreto de los diálogos, con el acompañamiento de la elegante música de Eduardo Arbide, y contando, por supuesto, con la necesaria presencia de Josep María Pou, que descifra, poco a poco y detalle a detalle, todo los entresijos que tiene que ir amoldando el actor para superar el miedo escénico al que se enfrenta. Él mismo nos cuenta un secreto: a todo gran actor siempre le asustan los primeros ensayos, ya que no se atreve a enseñar lo que tiene aprendido del personaje por si no es realmente lo que busca el director, o por si los demás compañeros no lo ven de la misma forma que él. En definitiva, es como desnudarse ante ellos.


"Un documental instructivo que retrata minuciosamente los recursos y los miedos de una de las grandes figuras del teatro, Josep Maria Pou"



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María y yo (2010)


Soy única, como todos los demás

Los padres que tienen hijos autistas (o, en general, con alguna patología congénita) les debió resultar muy duro hacerse a la idea de que su bebé no era como el que ellos hubieran deseado. La prueba inicial que se debe pasar es adaptarse a las limitaciones de la discapacidad de la criatura, sin dejar de lado el empeño de conseguir que su hijo sea tan feliz como otro cualquiera, intentando que su entorno sea positivo y apropiado para su evolución. Sin embargo, dada la especial atención a la que debe ser atendido el niño y, a veces, debido a algunas de sus reacciones inevitables de conducta, las miradas de las demás personas, situadas fuera de su vínculo familiar y emocional, pueden resultar bastante molestas o incómodas para los propios padres afectados.


Esto es lo mismo que siente el dibujante de cómics Miguel Gallardo, que en su estimable historia María y yo (ed. Astiberri, 2009), deja ilustrados sus sentimientos más sinceros nacidos de su relación con su querida hija María, de 14 años y autista de nacimiento (salvo excepciones, el autismo se tiene de nacimiento), con la que comparte sus dibujos y sus vacaciones. Ella vive con su madre, May, en Canarias, y él vive en Barcelona, y cuando disfrutan juntos de esas vacaciones suelen pasar el tiempo entre la ciudad condal y un hotel del sur de Gran Canaria repleto de guiris, la mayoría de ellos alemanes. En esos días suele haber la misma rutina y los mismos paseos, donde no suele faltar el baño en la piscina (a los dos les gusta mucho el agua). Pero lo que a María le encanta es cojer un puñado de granos de arena de la playa y soltarlos poco a poco cerca de su cara, como encerrándose aún más en su mundo interior.


El director Félix Fernández de Castro se ha basado en este cómic y ha hecho su primera película con el mismo nombre, María y yo (2010), consiguiendo realmente tanta ternura como la historia de Gallardo. El resultado deja claro que los dos puntos de vista parecen formar parte de un conjunto único, como si la película fuera un extra del cómic, con entrevistas tanto a Gallardo como a May, dando aún más información sobre la extraña enfermedad del autismo, que aún hoy en día se desconocen las causas exactas que producen su aparición.

Aunque la gran diferencia entre el cómic y la película es que el primero es más directo, corto y ameno, dejando mucha libertad a la imaginación del lector. En cambio, en la película hay que rellenar una hora y veinte minutos de metraje, por lo que se da más importancia a otros personajes que en la historia original no tenían tanto, como May, la madre de María que vive en Canarias. Las escenas en el hogar de Canarias, con el abuelo Pepe y parte de la familia, cortan el ritmo de la historia, porque simplemente son momentos en los que María cena o hace otras cosas, como intentar depilarse las piernas o vestirse, hechos que para el espectador no tienen el mínimo interés, sobre todo, comparándolos con todas las escenas de la relación entre ella y su padre. Es cierto que la madre es vital para la vida de María pero se podría haber enfocado de otra forma para que no afectara tanto a la narrativa de la historia.


El acierto más grande de la película es haber sabido jugar con el montaje y haber apostado por utilizar diferentes técnicas de animación, con el mismo trazo de Gallardo para algunos dibujos. Y es que para un servidor, los mejores momentos son los que el espectador puede ver a Gallardo en acción. Este artista lleva más de 30 años haciendo cómics e ilustraciones, y cuando empezó a dibujar para su hija María cambió su estilo de dibujo más meticuloso por uno más simple y abocetado. Esa soltura que fue ganando a la hora de dibujar en su libreta a los familiares y amigos que María le iba nombrando (ella tiene una memoria increíble) se puede percibir tanto en el cómic como en la película y, además, ayuda a que la historia llegue al espectador plenamente, simpatizando con el mundo propio en el que vive María.


"Un documental tan sincero y tierno como el cómic de Miguel Gallardo en el que se basa, con una acertada utilización de la animación, pero al que le falta ritmo en algunas escenas que no aparecían en la historia original"



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Anvil - El sueño de una banda de rock (2008)


This is not Spinal Tap

En esta primera década del 2000, el documental musical ha tenido un auge bastante espectacular y con una alta calidad. El director inglés Julien Temple ha realizado tres: Glastonbury (2000), sobre un Festival de Música Pop-Rock, La mugre y la furia, (2001), sobre los Sex Pistols, y Joe Strummer: Vida y muerte de un cantante (2007), sobre el fallecido líder de The Clash. Pero ha habido otros documentales destacados, como: Dig! (2004), de Ondi Timoner, sobre los grupos The Brian Jonestown Massacre y The Dandy Warhols, consiguiendo el Premio Especial del Jurado del Festival de Sundance; Metallica: Some Kind of Monster (2004), de Joe Berlinger y Bruce Sinofsky; The Devil & Daniel Johnston (2005), de Jeff Feuerzeig; Los Estados Unidos contra John Lennon (2006), de David Leaf y John Scheinfeld; y Shine a Light (2008), de Martin Scorsese, sobre The Rolling Stones.


Ahora le toca al aclamado documental Anvil - El sueño de una banda de rock (2008), de Sacha Gervasi, para narrar la inexplicable desaparación de una banda canadiense de heavy metal que influyó a otros grupos tan conocidos como Metallica, Slayer, Megadeth o Anthrax. Y es que, a diferencia de estos, la banda de Anvil no pudo mantenerse a flote debido a la mala suerte de no tener detrás a un buen mánager ni a una buena compañía discográfica.

En los primeros minutos del film se presenta a la banda con unas cuantas opiniones de componentes de grupos ya mencionados como Metallica, Anthrax, Slayer, o hasta Slash de los Guns 'N' Roses, coincidiendo todos ellos en que Anvil les dejó maravillados. Querían parecerse a ellos y a todos les sorprendió su rápida desaparición del mapa. El documental es un seguimiento de la vida actual de los dos únicos componentes de la banda original, el cantante Steve "Lips" Kudlow y el batería Robb Reiner, que después de más de 30 años estando juntos siguen ensayando con las mismas ganas, sin dejar de soñar en que algún día serán estrellas del rock. Pero en la película hay momentos muy duros en los que los dos amigos se echan en cara bastantes cosas, debido al estrés acumulado durante tanto tiempo por conseguir el sueño de sus vidas.


Sacha Gervasi es el autor de la película, un amigo de la banda cuyo primer contacto mutuo fue cuando Gervasi tenía sólo 16 años, ya que Anvil le ofreció, por ser un fan acérrimo, ocuparse del stand de merchandising de toda una gira. Para la realización del documental, Gervasi se dedicó a filmar algunos shows de la banda durante el 2005 y el 2006, entrevistando también a familiares de Lips y Robb, utilizando además algunas imágenes de ellos durante su adolescencia. En varias escenas se ve la relación fraternal que tienen, aunque frecuentemente tienen serias discusiones que les hacen pensar si están haciendo lo correcto o de verdad es una pérdida de tiempo. Y Gervasi acierta al montar coherentemente la película mezclando entrevistas, ensayos y conciertos, logrando que te interese la vitalidad de estos dos tipos aunque guste o no el tipo de música que toquen. Por eso, la película ha logrado varios premios, recibiendo muy buenas críticas desde que se estrenó en el festival de Sundance. Y es inevitable que su historia recuerde a la película de culto de 1984, This is Spinal Tap, de Rob Reiner, aunque esta era un falso documental sobre una banda de rock.


Anvil - El sueño de una banda de rock es un verdadero estudio de la lucha por una ilusión, algo que se intenta alcanzar por todos los medios, aunque parezca imposible. Desde que conoces el tipo de vida que llevan tanto Lips como Robb, trabajando en cosas que no tienen nada que ver con su música, te das cuenta de la necesidad que tienen de seguir creando temas para intentar ser felices. Su tenacidad hace que quieran sacar su álbum número 13, que lleva por título "Este es el 13". Pero para entender mejor la mala suerte que tiene la banda son impagables todas las secuencias del tour que hacen por Europa con una especie de mánager, bastante poco experta, llamada Tiziana Arrigoni, novia del otro guitarrista de la banda. A la vuelta de varios conciertos pierden los trenes o los encuentran llenos, siendo el único medio que tenían para que les llevara al hotel. En algunos sitios donde tocan ni les pagan, como en un bar de Praga, donde Lips se cabrea muy seriamente con el dueño; en otros acuden menos de diez personas. Pero el caso más bochornoso ocurre al final del tour, en un festival llamado Monsters of Transylvania, donde según Tiziana van a acudir entre 5.000 o 10.000 personas. Al final asisten a su concierto 174 fans.


"Un buen documental que no sólo va dirigido a amantes del heavy metal; la historia de Anvil es una lucha constante por algo que uno cree posible, aunque sea después de 30 años"



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Son & Moon (Diario de un astronauta) (2009)


Una odisea en el espacio

Hay personas, la mayoría hombres, que debido a sus correspondientes trabajos pasan fuera de su casa demasiado tiempo perjudicando la educación de sus hijos. Esa larga ausencia provoca una falta de relación vital en la que la criatura que está creciendo no tiene el mismo afecto tanto de la madre como del padre. Ejemplos claros los tenemos con los soldados, los hombres de negocios, los pescadores, o, como el que nos viene al caso, los astronautas. En el documental Son & Moon (Diario de un astronauta) (2009), de Manuel Huerga, el astronauta Michael E. López-Alegría, nacido en Madrid y de padres extremeños pero nacionalizado estadounidense, debe afrontar otra misión espacial en la que se aislará durante siete meses de su mujer y su hijo Nico. Pero como dice él en el documental, "hay que pagar un alto precio por tus sueños". Aunque, ¿qué tiene de apasionante el ser astronauta para que uno deje a su familia? Pues López-Alegría tiene muy clara la respuesta, ya que es algo muy importante para el futuro de la humanidad, aparte de vivir uno mismo la experiencia tan especial de montarse en un cohete en dirección hacia las estrellas. Sin embargo, le duele que su sueño tengan que pagarlo los que están a su alrededor, siendo siempre presente la tragedia del transbordador espacial Columbia que se destruyó en 2003, llevándose consigo a sus siete tripulantes.


Gran parte de la trama de este interesante documental se basa en las videoconferencias del astronauta con su hijo, tanto para leerle cuentos (como La princesa prometida) como para felicitarle su séptimo cumpleaños. Y la relación que mantienen ambos es buena, pero en algunas ocasiones el crío no está por la labor de hablar con su padre, manteniéndose un tanto disperso, seguramente por la rutina de tener que hacerlo siempre delante de una cámara. Algunos críticos han acusado un poco a la película de utilizar demasiado esas imágenes, algo que a un servidor no le ha molestado en absoluto, aunque sean de una calidad ínfima por la mala conexión. Además, hay bastantes escenas interesantes en la historia como para que se caiga tanto en la repetición. Y para conseguir eso, el director Manuel Huerga, responsable de Antártida (1995) y la emocionante Salvador (Puig Antich) (2006), ha sabido recrear el mundo apasionante del espacio con la ayuda del astronauta López-Alegría, siendo su operador de cámara durante todo el tiempo que estuvo en órbita. Y aunque, la verdad, cinematográficamente la película no parece tener nada que destacar, el montaje del propio Huerga ha unido el interesante material obtenido por el astronauta (juntando después su voz en off, leyendo su diario) con escenas emotivas, informativas y familiares. Las mismas horas antes del despegue del cohete Soyuz hacia la Estación Espacial Internacional (ISS) llegan al corazón del espectador por imaginar casi lo que siente el mismo astronauta, nervioso tanto por el viaje tan importante que va a realizar como por la familia que va a dejar. Todo esto sumándole la magnífica música de Micka Luna, autor también de la banda sonora de la reciente Ingrid (2009).


En cuanto a la información que nos aporta el documental, aprenderemos varias cosas sobre el entrenamiento al que son sometidos los astronautas, trabajando con simuladores en enormes laboratorios antes de empezar su misión. Conoceremos el primer estado de microgravedad después de empezar el vuelo; veremos cómo pasan los días en la nave, estando nueve o diez horas trabajando, unas dos entrenando, llegando la deseada hora de cenar en la que después descansarán leyendo o viendo alguna película. Veremos las ceremonias de relevo de mando en las expediciones y sabremos que los astronautas cogen muestras de sangre y orina para luego ser estudiadas en la Tierra. Y en otras videoconferencias, nos hará gracia oír hablar español a López-Alegría con sus familiares (hay que ver la película en versión original), donde también les hará disfrutar flotando por la nave haciendo piruetas y volando como Supermán. Pero como bien comenta el astronauta, "cuando estás en un sitio parece que el otro es un sueño".


"Muy buen documental sobre la vida del astronauta en órbita, en el que destaca la elección de la banda sonora y la mezcla de información y de emoción a partes iguales"

 



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Nadie sabe nada de gatos persas (2009)


En busca de la música prohibida

Basada en hechos, lugares y personas reales, la última película del director kurdo-iraní Bahman Ghobadi, Nadie sabe nada de gatos persas, profundiza en el tema de la prohibición total en Irán de la música procedente de occidente, con una carga reivindicativa del derecho a la libertad de poder hacer la música que uno quiera. Para ello, Ghobadi quería explicar una historia de dos cantantes lesbianas pero conoció a una pareja de jóvenes músicos, Ashkan Koshanejad y Negar Shaghaghi, a los que pidió que antes de que se marcharan a Londres protagonizaran su película (parte de su caso es el mismo que se explica en la película). La historia fue escrita por Ghobadi en dos días y el rodaje duró unos dieciocho, poco antes de que estos tuvieran que partir. La historia es la de un chico y una chica que acaban de salir de la cárcel y quieren formar un grupo de rock indie, pero conseguir los permisos para hacer un concierto en Teherán es casi una utopía. Él desea salir de Irán porque quiere hacer música de verdad, pero tendrán que buscar unos pasaportes y visados para poder marcharse. Con la ayuda de un tal Nader (Hamed Behdad), un tipo que les hace tanto de mánager como de productor, intentarán escaparse de su propio país.


Dirigida como un documental mezclando el formato de videoclip musical, Ghobadi ha querido mostrar su opinión crítica sobre la prohibición de algo que tanto le apasiona, la música. Algo que ya quedó claro en su anterior trabajo, Media luna (2006), donde el protagonista, un músico llamado Mamo, consigue por fin el permiso para dar un concierto en el Kurdistan iraquí. En la historia también aparece una aldea de mil trescientas mujeres exiliadas a las que se les prohíbe en Irán cantar en público, sobre todo delante de los hombres. Y es que desde hace unos treinta años, la música occidental ha sido prácticamente prohibida por las autoridades iraníes, habiendo miles de bandas que intentan hacer su propia música a escondidas. Hasta el mismo Ghobadi ha tenido problemas en muchas ocasiones para obtener permisos para realizar sus películas, de ahí que aparezca al inicio de esta película cantando en un estudio como claro mensaje reivindicativo. También fue encarcelado por haber criticado al presidente del país, Mahmud Ahmadineyad, y sus películas se pueden ver en su país únicamente de forma clandestina. Ahora vive entre Irak, Alemania y EEUU.


Sin embargo, aunque sus intenciones para esta película sean bastante acertadas y muy necesarias, Ghobadi falla a la hora de darle un hilo argumental a la historia. Lo mejor de la película son las buenas canciones de la banda sonora, aunque no están muy bien unidas con la historia, sirviéndole únicamente a Ghobadi para hacer vídeos musicales mostrando imágenes de Teherán. Eso sí, el espectador puede disfrutar tanto de música indie, como heavy metal o rap persa. Lástima que el resultado no haya sido tan interesante como la propuesta. Quizás Ghobadi tenga que volver a sus películas dramáticas, o más bien trágicas como Las tortugas también vuelan (2004) o Un tiempo para los caballos borrachos (2000), con sus frecuentes toques de humor. En esta película encontramos un leve atisbo del humor de sus anteriores películas, pero poco o nada del acierto cinematográfico.

"Floja historia narrada en modo documental, en la que destacan las intenciones de Bahman Ghobadi y la buena banda sonora"




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Garbo, el espía (2009)


El espía que surgió para salvar el mundo

Los grandes héroes de la Segunda Guerra Mundial fueron los que decidieron poner su grano de arena para ayudar a salvar miles de vidas inocentes, como fueron entre otros el caso del español Ángel Sanz-Briz, el alemán Oskar Schindler, el sueco Raoul Gustav Wallenberg o el sacerdote irlandés Hugh O'Flaherty. Por eso, cuando se nos presenta la oportunidad de conocer a otros personajes casi desconocidos que con su actuación cambiaron el rumbo de la Historia, es preciso destacar la circunstancia que ha hecho posible tal suceso. El documental Garbo, el espía (2009) del productor Edmon Roch (El perfume, Siete años en el Tibet), ahora en su debut como director, nos presenta a Juan Pujol García, un personaje clave que se convirtió en espía para contribuir a acabar con la Alemania Nazi. La figura casi anónima de Pujol es reconstruida en la película como si se tratara de un thriller, utilizando entrevistas, material de archivo, noticiarios, películas de ficción y de propaganda, animaciones, elementos y reconstrucciones propias, todo enlazado de forma original y sin utilizar la voz en off, dando como resultado un documental muy interesante que logra que el espectador quiera saber más sobre este misterioso personaje.

Juan Pujol García nació en Barcelona en 1912 y después de desertar en la Guerra Civil, alrededor de 1940, por su profundo odio al Régimen Nazi y con la ayuda de su mujer Araceli González, decidió presentarse en la embajada británica de Madrid para ofrecer sus servicios como espía. Al ser rechazado, probó suerte con el Tercer Reich con la intención de servir como espía doble para los aliados. Los nazis le dieron un cursillo de espionaje durante una semana y después de un intervalo de tiempo, el servicio de inteligencia británico para la seguridad interna del país, el MI5, optó por tenerle en su bando después de haber vigilado sus pasos sin que él lo supiera. A partir de entonces, con una increíble capacidad de inventiva, Pujol se convirtió en uno de los mejores actores de la historia, por lo que los británicos lo bautizaron como Garbo, en clara referencia al papel de la actriz como Mata Hari. Su gran imaginación le ayudó a inventarse a unos veinte subagentes esparcidos por diferentes ciudades, logrando su credibilidad con su buen hacer. Pero siempre será recordado por su actuación en la Operación Overlord con el desembarco de Normandía, el día D. El punto fuerte de su historia es el engaño a Adolf Hitler y a todos sus colaboradores de que la invasión aliada iba a producirse por el Estrecho de Calais y que el desembarco era sólo una estrategia para distraer a las tropas alemanas. Hitler le creyó y siempre pensó que la invasión no iba en serio, pero cuando el Führer se dio cuenta de que la invasión sí era cierta ya fue demasiado tarde. Los alemanes quisieron respuestas concretas de Garbo sobre el motivo de que los aliados no hubieran atacado por Calais y él les respondió que la Batalla de Normandía había tenido tanto éxito que no les había hecho falta otro ataque y misteriosamente le volvieron a creer. Curiosamente, Garbo recibió una condecoración de cada bando: la Cruz de Hierro alemana y la Orden del Imperio Británico.

Edmon Roch ha escrito el guión de la película junto con María Hervera y el director Isaki Lacuesta (recientemente ha estrenado Los condenados), convenciendo en la búsqueda de información que le ha llevado unos cinco años, utilizando muy bien como método de narración las entrevistas que vemos en la película, como el escritor inglés de novelas de espías, Nigel West, que en 1984 decidió buscar a Pujol al no creerse que se le diera por muerto en Angola en 1949, encontrándolo en Venezuela, siendo la parte más emotiva de la historia; a un experto en Garbo como Mark Seaman, Oficial de Inteligencia del MI5; al periodista Xavier Vinader, o hasta una espía como Aline Griffith, conocida en España como la condesa viuda de Romanones. La música que acompaña muy bien a las imágenes es obra de Fernando Velázquez, compositor de la banda sonora de El Orfanato, con la que obtuvo una nominación a los Goya. Y hay que destacar el buen uso del director de imágenes de películas con la intención de situar y entretener al espectador, aunque en la primera parte del film sea un recurso demasiado repetido. Películas como Operación Cicerón (1952), de Joseph L. Mankiewicz, Patton (1970), de Franklin J. Schaffner o Nuestro hombre en La Habana (1959), de Carol Reed, esta última basada en la novela homónima de Graham Greene, de quien se dice que se basó en la figura de Garbo para su historia.

"Un documental bien realizado, con una gran labor de investigación, que provoca en el espectador un sentimiento de misterio y a la vez de emoción ante la historia del personaje de Garbo, el espía que salvó el mundo"



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The devil and Daniel Johnston (2005)

Un fenómeno en toda regla

Para la gente que no conozca a Daniel Johnston es muy recomendable que vea el magnífico documental The devil and Daniel Johnston, en el que uno se sorprende del universo tan atrayente de este peculiar personaje, un artista norteamericano totalmente autodidacta que desde hace casi tres décadas divulga sus más íntimos sentimientos a través de la música y de la creación de cientos de dibujos. Debido a una enfermedad mental que desde la adolescencia le provoca crisis nerviosas su vida ha estado llena de miserias, aunque también se ha convertido en un icono para muchos músicos, como lo fue para Kurt Cobain, que llevó puesta durante bastante tiempo una camiseta con el dibujo de la portada de uno de sus primeros trabajos, Hi, How are you? (1983). Ha sido versionado por más de ciento cincuenta artistas, entre ellos Tom Waits, Pearl Jam, Beck, Wilco o Yo la tengo; hasta tuvo alguna pequeña colaboración con los Sonic Youth, como se ve en el documental.

Quizás todos ellos se vieran eclipsados por su forma tan sincera y emotiva de expresarse. En el documental le vemos tocar en conciertos donde realmente la gente le vitorea y es que sus canciones, aunque muchas de ellas no estén bien tocadas ni cantadas, tienen algo de especial en sus melodías, a causa seguramente de su manera de echar afuera los sentimientos guardados, con toda la naturalidad del mundo, aporreando la guitarra o el piano si hace falta. La última canción del documental con las letras de crédito, Some things last a long time, es un ejemplo de la emoción que puebla en su interior, escrita por él y Jad Fair, de Half Japanese.

Gran trabajo del director, Jeff Feuerzeig, que con una buena realización y un buen montaje ha sabido mostrar toda esa admiración y ese gran respeto de la gente, con las virtudes y los problemas de una de las personas más increíbles que se hayan podido ver en la gran pantalla. Fue en 1990 cuando decidió hacer una película sobre la vida de Daniel, después de escucharle en la radio a la que llamó desde un hospital mental, donde promocionó uno de sus discos entrevistándose a sí mismo cambiando las voces. Jeff estuvo cuatro años recopilando las cintas de vídeo y cassettes que el mismo Daniel grabó desde que era un crío, llegando a escenificar y a grabar las riñas de su madre, disfrazándose de ella. Cualquier momento le valía para coger la cámara y ponerse a filmar lo que ocurría a su alrededor, algo que recuerda inevitablemente al documental Capturing the Friedmans.

La historia de Daniel es capaz de enganchar a cualquier tipo de público, tanto a los que ya lo conocían como a los que lo ven por primera vez y eso es uno de las grandes aciertos del director. El relato de su vida es emocionante y triste, lleno de fuerza, en el que su experiencia personal con el amor le servirá para componer canciones dirigidas a una chica llamada Laurie Allen, a la que filmó en muchas ocasiones debido a su obsesión por ella, aunque acabó casándose con un trabajador de una funeraria. Aparecen entrevistas de las personas que le han acompañado en su vida explicando los momentos vividos con él, como sus padres, visiblemente emocionados, o sus hermanos; también el manáger que fue despedido por Daniel en un momento importante de su carrera, aunque después volvieron a juntarse. Precisamente, hace más de veinte años que este manager fundó Stress Records para que la gente conociera a Daniel; graba las cintas él mismo y las distribuye, poniéndolas en internet y cogiendo pedidos. Daniel sigue viviendo con sus padres a causa de su enfermedad y sigue componiendo, haciendo conciertos en varios países, y hasta expone sus dibujos en galerías.

"Un documental excepcional que emociona con destellos de la vida de Daniel Johnston, un maníaco-depresivo con delirios de grandeza"



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El sol del membrillo (1992)


Un retrato del pintor Antonio López

La trayectoria del director español Víctor Erice representa un caso muy especial dentro de la cinematografía nacional e internacional. Con sólo cuatro cortos, tres largometrajes, dos historias, una para Los desafíos (1969) y otra para Ten minutes older: The Trumpet (2002), y un mediometraje, La morte rouge (2006), es considerado como uno de los grandes creadores dentro de lo que se llama "cine de autor". Desde que acaparara todas las miradas con el estreno de El espíritu de la colmena (1973), ganando la Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián (la primera vez que la conseguía una producción española), y diez años más tarde consiguiera con El sur la nominación en el Festival de Cannes, culminó, en 1992, su hasta ahora corta carrera en largometrajes con El sol del membrillo, galardonado con el Hugo de Oro del Festival de Chicago (premio que consiguieron también los dos anteriores trabajos) y el Premio Especial del Jurado en Cannes, uniendo el documental con la ficción para adentrar al espectador en el laborioso proceso de trabajo del pintor hiperrealista Antonio López García, basándose en una idea original del mismo pintor y del propio Erice.


Desde el otoño de 1990 hasta la primavera del año siguiente, debido al deseo del pintor de retratar un membrillero que plantó tiempo atrás en una casa que le servía de estudio, el espectador será un privilegiado observador viendo la técnica tan precisa del gran pintor manchego. El desarrollo del retrato de ese árbol será el tema central de la historia, con la paciencia de su autor para plasmar la exactitud de la simetría en su lienzo, utilizando unos hilos, unos clavos en la tierra para colocar sus pies y unas marcas de pintura en las hojas y los frutos. Pero los problemas empezarán cuando el tiempo vaya empeorando y el sol sólo ilumine durante unas horas, algo que complicará mucho el trabajo tan meditado del pintor. De ahí que a causa de varios días de lluvia opte por dejar inacabada la obra pictórica pasando al dibujo, hasta que finalmente los frutos se caigan ya maduros.


Esta manera de representar la realidad de Antonio López con una paciencia casi interminable es similar a la manera de expresarse en el cine de Víctor Erice, ya que este utiliza el tiempo que haga falta para conseguir una buena fotografía y un sonido natural de las cosas, dando una magia especial a lo que quiere mostrar. Gracias a su cámara, en esta película somos partícipes de los preparativos de los lienzos y del enfoque crucial que decide dar el pintor al membrillero entre los varios puntos de vista que tiene a los que acogerse. Con los primeros planos del cuadro, del mismo rostro de Antonio y del árbol protagonista, uno parece encontrarse en aquel lugar, a veces sin una música que acompañe a la escena salvo las leves canciones que el pintor tararea. Pero aparte de Antonio López, también vemos a otros personajes que desfilan por aquel lugar, como a su mujer María Moreno, también pintora; a Enrique Gran, amigo y compañero de Antonio en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que dará su opinión de la obra y habla con él de cosas del pasado; las dos hijas de Antonio, una curiosa pareja asiática, algunos amigos y hasta los tres paletas polacos que están haciendo obras en la casa. Y como un complemento más, Erice filma bellas imágenes de la ciudad de Madrid.


Y aunque todo tenga su razón de ser, la mirada poética de Erice no es agrado de todos. Su estilo pausado es alabado por unos cuantos y aborrecido por otros, con un frecuente recurso de aislar a sus personajes resaltando casi siempre el silencio. En el caso de El sol del membrillo, considerada como una película inclasificable más cercana al documental experimental, se alarga demasiado su duración jugando al final a dar un punto de ficción a la historia. Y lo más logrado es el interés que tiene el espectador en cuanto el pintor se encuentra solo, ya que la película pierde ritmo cuando se alargan las escenas con algunos personajes, como la pareja de asiáticos que no para de preguntar cosas al pintor, o alguna escena con su amigo Enrique que no tiene tanto interés como parece aparentar. Aún así, un servidor se siente muy atraído por esta manera tan contemplativa de representar la realidad que nos rodea.


"Un buen documental sobre la manera de trabajar del pintor Antonio López, logrando hipnotizar en los momentos en que el artista se encuentra solo en su tarea de representar un membrillero pero alargándose demasiado hacia el final"


elprimerhombre




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