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El hombre de acero (2013)


Superman II Reloaded

Superman es mi personaje de ficción favorito, y no sólo eso, también es la imagen más repetida en mis calzoncillos, lo que hace de nuestra relación algo, cuanto menos, íntimo. El personaje ha cumplido los 75 recientemente, y durante su recorrido por cómics, cine, televisión, videojuegos, prensa, radio, teatro y mis calzoncillos, se las ha visto de todos los colores, superando crisis, matrimonios y muertes, y demostrando una gran flexibilidad para adaptarse a lo que venga. El personaje tiene una gran capacidad simbólica, y según el contexto se muestra capaz de representar a Estados Unidos, a los inmigrantes, al capitalismo o a toda la comunidad superheroica, por ejemplo, en lo que viene a ser una cuestión de niveles. Pero este hecho se da de manera bidireccional, ya que también existe un abanico de imágenes precisas (la capa, la “ese”, el rizo en el pelo, los calzoncillos de nuevo…) que evocan en nuestra mente al personaje. Asistir al estreno de la última de sus encarnaciones cinematográficas se convierte en todo un acontecimiento para alguien como yo, pero tras más de 140 minutos de proyección me encontré en la salida del cine comentando el pendiente en la oreja de Perry White o que la interpretación de Diane Lane parecía basada en la loca de los gatos de los Simpson, lo que no es muy buena señal.

The amazing Spider-man (2012)


Spider-boy.

Nos encontramos frente a un reebot de nuestro trepamuros favorito. El personaje de Spiderman es uno de los más populares superheroes de acción y, de hecho, fue de los primeros del universo Marvel en dar el salto a la gran pantalla. La trilogía original, dirigida por Sam Raimi, obtuvo gran popularidad y recaudó montañas de dinero. Así pues, uno tiene la sensación de que cuando se confirmó que no habría cuarta entrega, el estudio rápidamente se puso a trabajar en buscar una solución para no tener que prescindir de su habitual fuente de ingresos procedentes del bueno de Spidey. Finalmente optaron por el típico borrón y cuenta nueva, en plan: aquí no ha pasado nada, hagámonos todos los locos, finjamos que un Men in Black nos ha flasheado el cerebro y somos incapaces de recordar nada referente a la saga original de la que, su última entrega, apenas hace cinco años, todavía teníamos en pantalla.

Chronicle (2012)


Jóvenes aunque sobradamente superpoderosos.

La cosa está clara: las cintas rodadas con el llamado efecto “cámara en mano” están de moda. Lo que se pretende es dar mayor verisimilitud a lo que se está contando en pantalla y lograr que el espectador entre más dentro de la historia. Además, rebajan substancialmente los costes de producción, lo cual siempre ayuda. La mayoría de los géneros ya se han rendido al fenómeno: la ciencia ficción (Distrito 9), el cine de catástrofes (Monstruoso), la comedia gamberra (Project X); pero si existe un género que le ha sacado gran partido, este ha sido el terror (El proyecto de la Bruja de Blair, [Rec], Paranormal activity, entre muchas otras). Ahora le toca el turno a un nuevo género, habitualmente más asociado a las superproducciones y a los presupuestos desorbitados: el de los superhéroes.

Los Vengadores (2012)

El supergrupo.

Lo estábamos esperando. Después de que nos llegaran las películas, por separado, de la gran mayoría de los personajes que han acabado formando Los Vengadores, por fin ha llegado el momento de verlos luchando juntos. De las películas que preceden a la gran reunión actual encontrábamos alguna de interesante, alguna de correcta y, lamentablemente, alguna de soporífera. Lo que tenía claro es que ninguna de las cintas anteriores me había hecho vibrar como esperaba. Parecía claro, pues, que la última gran esperanza recaía en las sabias manos de Joss Whedon, quien parecía ser el único capaz de obrar el milagro. Y lo logró. ¿Cual es la diferencia principal entre esta película y todas las anteriores? Pues parafraseando al personajes de Will Smith en Men in Black: “¿Sabes cual es la diferencia entre tu y yo? Que yo hago que esto luzca”.

Misfits. 1ª y 2ª temporadas.

Los Super Ni-Nis.
 

¿Qué ocurre cuando un tal Peter Parker, de pronto, consigue unos increíbles super poderes y se convierte en Spiderman? Pues que, a pesar de que en un principio el muchacho opta por hacerse el chulito y utilizarlos para beneficio propio para conseguir importantes sumas de dinero, con la muerte de su tio Ben a manos de un delincuente común que podría haber detenido horas antes, el chico, comprenderá que sus asombrosas habilidades deberán ser utilizadas para hacer el bien y ayudar a los demás. Moraleja: Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Pero ¿qué sucede cuando un grupo de holgazanes ni-nis ingleses, inadaptados sociales, consiguen unos extraordinarios poderes? Pues nada, no ocurre nada. Ellos seguirán con sus vidas anodinas sin ningún tipo de ambición en convertirse en algo que no son. Bueno, como mucho puede ser que por el camino se carguen a su supervisor social, pero poco más. Moraleja: Ninguna. Aquí no hay moraleja. Esto es Misfits.

Green Lantern (2011)

Lo verde empieza en las estrellas.


Me imagino a un directivo de la Warner analizando la cartera de superhéroes de DC para decidir cual será el próximo personaje de la editorial en dar el salto a la pantalla grande, porque hay que aprovechar ahora que las adaptaciones de cómics vuelven a estar de moda y a dar dinero a mansalva. Se detiene en una hoja del carpesano (si, yo Hollywood me lo imagino así) y preguntando a su ayudante por cierto enigmático personaje de traje verde. Es Green Lantern, señor, su poder es el de crear cuanto imagina gracias a un poderoso anillo que recarga en una extraña lámpara verde alienígena. El directivo pone cara de no entender un ápice de lo que le está hablando y se limita a preguntar si la cosa dará dinero. El ayudante le responde que a pesar de no tratarse de un Superman o un Batman, sí que es un personaje popular de segunda línea, al estilo de Wonder Woman, Flash o Acuaman; además el protagonista de una de las series de más éxito del momento, The Big Bang theory, suele llevar una camiseta del personaje. Finalmente el directivo coge el teléfono y encarga el proyecto: quiero a un actor guapo y medianamente popular para el protagonista, a una jamona para hacer de la chica de la que se enamora el héroe, quiero un actor reputado, a poder ser con un Oscar en su haber, que esté en horas bajas, para interpretar al malo de la película, quiero a un director que haya tenido algún éxito importante pero que no esté pasando por su mejor momento debido a algún bache comercial para asegurarnos de que acepte el proyecto, y quiero una habitación pintada de verde para rodar la mayor parte de la peli mediante croma y así ahorrarnos algo de pasta. Ah, ¡y lo quiero para el verano!

X-Men. Primera Generación (2011)


Mutantes Ye-Ye.

¿Solo me lo parece a mi o los reboot, las precuelas y las nuevas revisiones de franquicias desgastadas en taquilla cada vez tardan menos en aparecer en relación con sus originales? Tan solo han pasado cinco años desde que se diera por finalizada la trilogía original de los X-Men con su llamada “La decisión final”, una trilogía que empezó de forma brillante con las dos primeras entregas dirigidas por Bryan Singer y que posteriormente se encargaron de tirar por la borda todo el trabajo bien hecho con la tercera entrega y posterior spin-off de Lobezno. Y todavía con el cadáver caliente, como se suele decir, han intentado reflotar una franquicia y unos personajes que parecían difícilmente recuperables con una arriesgada vuelta de tuerca, en forma de precuela de la trilogía original, recuperando algunos de los personajes más significativos de la saga. Pocas esperanzas había depositado, en su momento, en la primera entrega dirigida por Singer y me tuve que tragar mis palabras. Menos todavía me esperaba de esta “Primera Generación”, que me olía a intento a la desesperada por repartir dividendos y, una vez más, mis dotes adivinatorias vuelven a quedar en evidencia, resultando ser, finalmente, esta nueva entrega, incluso superior a la primera de las películas de la saga original.

Thor (2011)

Thortura vikinga.


Marvel sigue empeñada en allanar el terreno de su proyecto de llevar a Los Vengadores a la gran pantalla, avanzando las películas de parte de sus componentes (básicamente los más carismáticos) en sus aventuras en solitario que, a la vez, sirvan a modo de presentación de los mismos para el gran público que no es asiduo a los cómics. De este modo se podría entender que la estrategia a seguir es justamente la opuesta a la que ya se siguió con los X-Men, donde primero se realizó la película de todo el grupo para que, más tarde, apareciera el spin-off de lobezno (y finalmente se terminaran frustrando los de Magneto y Tormenta). El problema de esta nueva estrategia de la Marvel es que, viendo el mediocre nivel de los films que nos están ofreciendo hasta el momento, con una continua repetición de fórmulas, a uno cada vez se le están quitando más las ganas de seguir viendo sus productos y las expectativas creadas se van diluyendo en cada nueva entrega. En ese sentido Thor no termina resultando ser ninguna excepción.

The Green Hornet (2011)

Verde que te quiero verde.


En el Hollywood actual, ser original no siempre suele significar realizar algo novedosos sino, más bien, suele ir acompañado de la recuperación de algún tipo de personaje y/o historia a la que los demás estudios todavía no le hayan metido las zarpas encima. Será por eso que términos como “remake” o “reboot” están a la orden del día. En ese sentido, Seth Rogen, protagonista, guionista y productor del film, ha optado por rescatar a El avispón verde, un personaje creado en los años '30 para un serial radiofónico y que, en la década de los '60, dio el salto a la pequeña pantalla, con una serie que contaba con Bruce Lee como acompañante del protagonista. Lo curioso del caso es esta manía que les ha entrado ahora de intentar meter una gran carga cómica a este tipo de productos, como ya sucediera anteriormente con las adaptaciones cinematográficas de series como Los ángeles de Charlie o Starsky y Hutch.

No heroics. Temporada única. (2008)


Superhéroes venidos a menos.

Existe un pub en Inglaterra llamado La fortaleza, y en su puerta hay una inscripción en la que se puede leer «sin máscaras, sin poderes, sin heroicidades», este es el lugar donde van todos los superhéroes de la ciudad a relajarse después de una dura jornada de trabajo, combatiendo el crimen y bajando gatitos de los árboles. Uno de sus clientes más célebres es Excelsor (Patrick Baladi), un súper tipo que viste un reluciente traje blanco y dorado, y que posee multitud de poderes, como la capacidad de vuelo, la invulnerabilidad, la fuerza sobrehumana o la telepatía. Pero nuestra historia no se centra en este triunfante y engreído personaje, sino en los cuatro fracasados que se sientan en un rincón.


Allí conocemos a Alex (Nicolas Burns), el alter ego de The Hotness, un superhéroe algo fondón, que puede controlar la temperatura y que mataría a su abuela por conseguir un poco de fama, sino fuera porque su abuela le daría una soberana paliza. A su lado está Sarah (Claire Keelan), su ex novia, que recibe el apodo de Electroclash por poseer la habilidad de controlar aparatos electrónicos mediante la voz. Ella es la hija de dos famosos superhéroes de los 80’s y vive para deshonrar el apellido familiar, robando cigarrillos de las máquinas expendedoras y comportándose como una zorra. Luego tenemos a Jenny (Rebekah Staton), que bajo el sobrenombre de She-Force combina la fuerza del increíble Hulk con el físico de una solterona desesperada por conseguir una cita. Y finalmente está Don (James Lance), mi favorito. Un español de tendencias homosexuales que con el mote de Timebomb puede ver 60 segundos en el futuro. Antiguamente era un despiadado asesino muy temido por los súper villanos, pero hoy en día solo utiliza su poder para conseguir una buena mamada en el servicio de caballeros.


La televisión inglesa siente cierto apego por los perdedores, series como Extras (2005-2007) o The It Crowd (2006) así lo avalan, y No heroics es una ácida comedia de situación que narra los avatares de unos superhéroes de tercera, personajes que en circunstancias normales se olvidarían con facilidad y nunca colocarían su nombre en la cabecera de una revista. Más que seres extraordinarios con poderes extraordinarios, pueden considerarse como gente completamente ordinaria, vulgar y grosera. No son anatómicamente perfectos, no tienen habilidades atléticas, conocimientos en artes marciales o una gran inteligencia, pero eso sí, llevan trajes ajustados. Caricaturizando el concepto del superhéroe y recurriendo a la imaginería de la Edad de Oro de los comics, la serie nos traslada a una Inglaterra donde los superhéroes forman parte de la vida cotidiana y donde puedes encontrártelos en la cola de una panadería o paseando al perro, aunque la mayor parte de la acción se desarrolla en La fortaleza, un lugar que ofrece multitud de guiños a los aficionados y donde se toman bebidas tan llamativas como Gin City, V for Vodka o cerveza Shazamstel.


Porque en La fortaleza se fuma y se bebe mucho, pero sobretodo se habla de manera obscena. Los personajes sueltan tacos sin cesar y sus diálogos están cargados de mucha mala leche, algo que puede remitirnos al cine de Kevin Smith, pero lo cierto es que el señor Smith tiene más recursos que Drew Pearce, el creador de esta serie (solo un par más, no crean). En No heroics todas las charlas, y por extensión todos los chistes, giran alrededor del sexo, algo que resulta efectivo en un principio pero que luego acaba por convertirse en un lastre, porque la serie se hace repetitiva y algo cansina, y eso que solo consta de 6 capítulos de 20 minutos cada uno.

Superman empinando el codo en La fortaleza

Los personajes se nos presentan pretendidamente repelentes y al espectador le cuesta cogerles apego, algo que resulta difícilmente perdonable en una serie coral. Hay otras ficciones de la pequeña pantalla, como The Office (2001) por ejemplo, en que varios de sus protagonistas procuran caerte mal intencionadamente, pero no quedan exentos de carisma y encanto, porque reciben el soporte de guiones sólidos y repletos de intención, algo que aquí no ocurre. Tenemos palabrotas y tipos barrigudos con súper poderes, y desde el principio estamos deseando que la cosa coja su punto y levante el vuelo. Pero los personajes hablan y hablan, y los deberes quedan por hacer.



La frase: «Así es Alex, sigue robándome dinero y largándose cada tres días, pero siempre me trae algún regalo. Aunque solo sean herpes.»

La frase 2: «Ya no tomo éxtasis, es una larga historia. Me volví loco y le pegué fuego al vello púbico de alguien.»

La frase 3: «Me encanta mi trabajo. Hago daño a la gente, los ato y entonces los cuelgo de los brazos hasta que oyes desgarrase sus tendones. Luego me voy a casa, me sacudo una botella de vodka, y puede que fume un poco de caballo para sentirme bien. Así que supongo que estoy intentando averiguar si cortarle los dedos a un súper villano y hacérselos comer en una baguette con queso es algo realmente heroico.»

BONUS TRACK:

Kick-Ass (2010)


Adolescentes ultraviolentos en pijama.

Mi apretada agenda me ha obligado a ver Kick-Ass, lo último en adaptaciones cinematográficas sobre comics de superhéroes, en dos sesiones, lo curioso del caso es que no he podido tener percepciones más opuestas. Después del fiasco que supuso Wanted (2008), aquella vulgar película basada también en un cómic de Mark Millar, los primeros minutos de este filme me parecieron sobrecogedoramente amorales y gamberros. La cinta goza de un ritmo endiablado, de una buena puesta en escena, de una violencia grotesca que no había vuelto a ver desde Pulp Fiction (1994), porque produce ese tipo de efecto en el que asistes a una matanza, llena de apuñalamientos y desmembramientos, mientras se te dibuja en la cara una sonrisa de oreja a oreja. Y además parecía la adaptación perfecta, fiel al espíritu del cómic original y poseedora de una buena cinemática. Matthew Vaughn tenía entre manos un proyecto capaz de atestarle una sonora bofetada en la cara a Zack Snyder y su Watchmen (2009).


«Ya está aquí»- me dije, - «la película que hará que las demás cintas de acción de este año parezcan salidas del pleistoceno y que redefinirá el concepto de blockbuster para el nuevo milenio». Pero lamentablemente Kick-Ass, la película que no el cómic, se vuelve más asequible y menos transgresora a medida que avanza el metraje, domesticando su trama hasta desembocar en un clímax final demasiado en sintonía con los valores establecidos. De nuevo el pop de derribo se convierte en mainstream, como también sucediera con la ya mencionada Wanted (2008). Si hay alguna lección que aprender de todo esto es que cuanto más popular es un arte, más lentos son los mecanismos para su desarrollo, o lo que es lo mismo, que el cómic hoy en día es mucho más valiente y provocador que el cine.


Para no caer en equívocos aclararé que el filme en su conjunto resulta bastante equilibrado, y que mi percepción y mis expectativas se deben básicamente a dos motivos extra-cinematográficos. El primero y fundamental es haber leído el cómic, la obra de Mark Millar y John Romita Jr. puede no ser perfecta, ni mucho menos, y sin duda una adaptación cinematográfica de esta índole necesitaba cambios y simplificaciones, pero conociendo el material original a uno le es fácil adivinar qué modificación ayuda a la historia y qué es una mera concesión de cara a la galería, algo con lo que todo lector deberá lidiar al enfrentarse al filme. El segundo motivo es que soy bastante impresionable y la película es una fardada que empieza muy fuerte. Me comentaba mi compañero de blog, el jefe Dreyfus, que la ves con quince años y flipas, y sin duda un servidor tiene algo de quinceañero cuando se pone delante de una pantalla. Pero mi queja no es que la película no tenga momentos alucinantes a lo largo de todo el metraje, que haberlos haylos, sino que su potencial de perversidad y fascinación apuntaba a cotas más altas.


La trama nos narra las aventuras de un friki que decide emular a sus héroes de ficción adoptando una identidad secreta como justiciero enmascarado, y el filme básicamente puede tomarse como una revisión paródica y realista de los cómics de Spider-Man, donde la auto-referencia y el metalenguaje quedan siempre implícitos. Hay una escena en que el protagonista menciona que «sin poderes no hay responsabilidades», deformando así la popular sabiduría del tío Ben. En el primer párrafo señalábamos que el filme tiene algo de Tarantino en su manera radical de gestionar la violencia, pero además las escenas de acción adquieren tintes excesivos al estilo Matrix (1999), tal y como manda el signo de los tiempos. Y aunque esta fantasía adolescente tiene innegables pretensiones realistas, no es la exageración lo que juega en su contra, sino el hecho de que poco a poco se va asentando en los mecanismos del género y adentrándose en la ficción pura y dura, hasta producir cierto alivio ingenuo en el espectador, cuando lo que éste desea son más agallas.


A pesar de todo la cinta dispone de varios momentos de vértigo, una corrosiva combinación de ultra violencia y humor, múltiples referencias a la cultura pop, un lenguaje obsceno, adolescentes en pijama combatiendo el crimen y una pequeña psicópata de tan solo once años (Chloë Grace), elementos que harán las delicias de más de un aficionado, por lo que solo resta felicitar a Nicolas Cage. El actor, después de su absurda aventura con El motorista fantasma (2007) y de aquel intento fallido de interpretar a Superman a finales de los 90’s (demos gracias a Dios de que el proyecto no prosperara), por fin ha logrado participar en un filme de superhéroes entretenido y con carisma, pero que pudo ser mucho, mucho más.


La frase: «De todos los millones de personas a las que les gusta los Súper Héroes, uno pensaría que alguno lo intentaría.»

Leer critica Kick ass en Muchocine.net

BONUS TRACK:

Defendor (2009)


El desprotegido.

Películas como El protegido (2000) y Batman Begins (2005), comics como la línea Ultimate de Marvel o series televisivas como Héroes, pretenden dotar de cierto realismo y verosimilitud al género súper heroico, llegando en ocasiones a niveles absolutamente sorprendentes. Pero por muy buena que sea la labor de estas obras siempre hay un instante en que el espectador debe dejarse llevar por la suspensión de la incredulidad y aceptar las inconsistencias que plantea dicha ficción. Esto se debe a que la figura del superhéroe trae consigo unas convenciones dramáticas ineludibles y que, por mucho que les despojemos de sus coloridos trajes y les concedamos matices urbanos, profundidad psicológica, cuentas corrientes o diabetes, estos personajes se mueven en parámetros puramente fantásticos, como los unicornios y los elfos. Si alguien en la vida real intentara emular a uno de ellos parecería un mamarracho, como Defendor.


La historia gira alrededor de Arthur Poppington (Woody Harrelson), un hombre de mediana edad que no viene de Krypton ni ha sido picado por un insecto radiactivo, pero que se cree un superhéroe y ha desarrollado una identidad secreta como justiciero enmascarado, aunque nadie parece tomarle demasiado en serio. Se hace llamar Defendor y detesta cuando alguien pronuncia mal su nombre –“¡es Defendor no Defensor!” –. El tipo suelta constantemente latiguillos de superhéroe que chirriarían incluso en un mal tebeo –“Cuidado termitas, ¡es la hora del aplastamiento!” –. Cuando sale de vigilancia salta entre edificios y aterriza en un contenedor, pero está vacío y nada amortigua el golpe –“Nota mental, recordar el día de recogida de basuras” –. Aunque no tiene súper poderes es experto en el manejo del tirachinas y dispone de ciertas armas especiales, como canicas, zumo de lima o tarros llenos de abejas enfurecidas. Unas herramientas que resultarían efectivas en una ficción camp como el Batman de los años 60’s o en el patio de un colegio, pero que se demuestran completamente inútiles en un callejón oscuro contra unos narcotraficantes.


A medio camino entre la comedia, la tragedia y el diván del psicoanalista, entre la parodia y el lamento por la ingenuidad perdida, encontramos este psicodrama canadiense que contiene ciertos elementos cervantinos, como la imagen del heroísmo patético y la confrontación entre idealismo y realismo. Si Don Quijote de la Mancha (1605) había leído demasiados libros de caballerías, nuestro majadero protagonista ha hecho lo propio con los cómics. Un tema que el cine ya ha tratado con humor en diversas ocasiones, ya sea en forma de fábula moral (Finalmente héroe, 1980), de parodia freak (Mystery Men, 1999), de drama con tintes paranoicos (Special, 2006) o de cinta de acción (Kick Ass: listo para machacar, 2010).


A medida que avanza el metraje vamos conociendo las motivaciones y el sórdido pasado de Defendor, y la cinta pasa de hacer reír a conmover. Lo que había empezado como una desmitificadora sátira del mundo de los superhéroes acaba siendo un esperanzador melodrama urbano, y aunque el conjunto queda bastante equilibrado, lo cierto es que todo resulta demasiado convencional y que la película se limita a dar una visión simpática y pueril de una historia que podía haber dado mucho más de sí. Lo único que queda para el recuerdo, aparte de algún que otro gag afortunado, es un interesante diálogo entre el protagonista y la joven yonqui con la que intima (Kat Dennings). Cuando él le pregunta; “¿Por qué fumas eso?” ella replica; “¿Por qué te vistes como un superhéroe?”. A lo que él contesta que los superhéroes no son estúpidos ni tienen miedo, y que cuando es Defendor deja de ser Arthur, y es un millón de veces mejor que Arthur. Entonces ella le explica que fuma por los mismos motivos, así que podemos deducir que la esencia de los superhéroes es la misma que la de las drogas; el subidón. Algo a lo que ya había llegado Repronto en sus reflexiones.


La frase: «Yo no soy Lois Lane y tú no eres Superman, así que excítate con otra fantasía.»

La frase 2: «¿Qué superhéroe recibe palizas todo el tiempo?»

Leer critica Defendor en Muchocine.net

X Men Orígenes: Lobezno

Buenos días, soy el jefe Dreyfus. Verán, hará cosa de un mes se coló en internet una copia de la película que hoy nos toca, aunque era una copia sin terminar así que, como haría Ramoncín el grande, esperé paciente a que la estrenaran en las salas de cine. El pasado jueves, por fin, la vi, pero no pude evitar pensar: ¿¡Cuando diablos se van a decidir a acabar del todo esta película!? Porque no me acabo de creer que lo que estaba viendo era todo lo que nos podía ofrecer: X MEN ORÍGENES: LOBEZNO... ¡Empezamos!

Lobezno era uno de los personaje principales de las tres entregas de los X-Men (donde la segunda de ellas brillaba con fuerza por encima de las demás), y el más carismático, quizás, así que los jefazos de la Fox decidieron que se merecía, por méritos propios, ser el primero de la saga que consiguiera su propio spin-off (se rumoreaba que el personaje de Magneto también tendría su oportunidad). En ese sentido, la película, situada diecisiete años antes de la primera entrega de la trilogía, nos cuenta a modo de precuela las andanzas de Logan antes de unirse al grupo del profesor Xavier.

La película empieza con un Logan imberbe (cosa ya difícil, de entrada) acompañado de su hermano, conocido popularmente como Dientes de Sable. Que son hermanos lo sabemos porque a) ambos disponen de un factor de curación que les permite sanar a gran velocidad y apenas envejecer; y porque, b) ambos lucen amplias patillas, lo cual facilita mucho las cosas al espectador. Además, Logan dispone de unas bonitas garras que le atraviesan los nudillos cada vez que se avecina una buena bronca. Ambos hermanos van de coleguillas paseándose por los últimos conflictos bélicos conocidos hasta que a Logan le da el punto y decide (después de vaya usted a saber cuantos años) que su vida es un asco y opta por cambiar de aires. ¿Y a donde va un hombre cuando no quiere que le encuentren y alejarse del mundanal ruido? Pues a Canadá, donde vivirá tranquilo trabajando como leñador y yaciendo con una bella morena a la que, curiosamente, se la sopla que su maromo saque a pasear las garras cada vez que tiene una pesadilla. Evidentemente tal despliegue de calma y tranquilidad no puede durar, por el bien de la película, así que el bueno de Logan no tardará en recibir visitas de su pasado.

El director del chute de adrenalina que pretende ser la peli es un tal Gavin Hood, también conocido como Gavin de los bosques, que seguramente goza de gran popularidad entre la parroquia habitual del bar de debajo de su caso donde se toma las cañas y arregla el mundo junto con un grupo de ebrios contertulianos. En lo que a cine se refiere, parece ser que ganó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en el 2005 con Tsotsi (a mi ni me pregunten) y en el 2007 dirigió Expediente Anwar (que me suena un poco más, pero que tampoco se les ocurra preguntarme). Lo que si que parece claro es que ninguno de sus dos trabajos anteriores se recuerda precisamente por su elevada carga de acción, a pesar de que, sorprendentemente, los productores vieron en él al director ideal para tirar hacia delante el proyecto.

Entre el elenco de actores que se dedican a hacer el paripé durante algo más de hora y media encontramos, como no, a Hugh Jackman, que ya había encarnado al personaje en las tres entregas anteriores y que parece que le ha cogido cariño (también en facetas de producción junto con Richard Donner) y Liev Schreiber (eterno secundario, como por ejemplo en la saga Scream, y que ya trabajó con Hugh Jackman en Kate & Leopold), que interpreta a su hermano. A estos dos súmenles alguna que otra cara conocida, como el Charlie de Perdidos, para acabar de adornar el pastel.

Debo confesarles que tampoco es que me esperara gran cosa de la película, pero es que, aún y así, la película todavía me ofreció mucho menos. Y es que lo mínimo que uno desea ver cuando asiste a una película que lleva por título X Men orígenes: Lobezno, es a Lobezno, pero lo cierto es que el personaje no se deja ver en ningún momento por pantalla. ¿Donde demonios está el personaje de los cómics que el bueno de Bryan Singer consiguió llevar con éxito a la gran pantalla? ¿Donde está el animal? ¿Ni siquiera han logrado respetar la esencia del personaje? ¿Tan difícil era eso? Y es que como reza el dicho: Si parece un pato, camina como un pato y grazna como un pato, ¿que es? Efectivamente: Lobezno.

La película no tiene guión, o por lo menos no uno de más de tres páginas, ni dudo mucho de que su intención fuera de que lo tuviera. Además todo el rollo que nos sueltan para que la trama que nos están vendiendo termine enlazando con el principio de la saga inicial es, como poco, bochornosa y absurda y un sonoro insulto para los seguidores de los cómics. Lo que hicieron fue tirar de un personaje conocido para que la gente acudiera a los cines y una vez allí saturarlos a base de escenas dotadas de gran espectacularidad. Pero las escenas caen en saco roto porque resultan estúpidas en su mayoría y tampoco es que los efectos especiales sean como para mear y no echar gota y al final todo queda en un batiburrillo de luchas y persecuciones que lograron arrancarme un buen número de bostezos (lo lamento, no los conté).

Resumiendo: Esta película es un claro ejemplo de lo que sucede cuando los guionistas usan su trabajo para limpiarse el trasero: que el guión se llena de mierda.



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¿Quién quiere matar a Jessie? (Kdo chce zabít Jessii?, 1966)


Rose y Henry son un aburrido matrimonio checoslovaco, ella es una reputada científica al servicio del Estado y él un mindundi que trabaja como ingeniero jefe en una fábrica. Rose acaba de inventar un suero experimental que reemplaza las pesadillas por sueños reparadores, mientras que su marido se entretiene leyendo cómics sobre una bella heroína armada con guantes anti-gravitacionales. Una noche, Henry tiene una pesadilla en que la hermosa heroína es atada y azotada por un superhombre y un vaquero, por lo que Rose toma cartas en el asunto y le pone una inyección de su elixir. Lo que la doctora desconoce es que los elementos eliminados del campo de los sueños se materializan en el mundo real, de tal manera que Henry se despierta junto a la esbelta heroína de carne y hueso. El superhombre y el vaquero también han cobrado vida, así que la lucha por conseguir los guantes anti-gravitacionales comienza en el mundo real.


En muchas ocasiones se ha defino el cine como una máquina de fabricar sueños, un concepto que aquí coge una especial relevancia, tal y como lo hace en el cine de David Lynch o Michael Gondry, por ejemplo. Los sueños, la imaginación y la creatividad, son las bases que sustentan el filme, aunque solo hay una secuencia onírica con verdadero peso, me refiero a la fantasía bondage que tanto incomoda a la doctora Rose. Una escena de estilo caligarista, donde se utiliza la escenografía y la luz de forma expresionista, pero sin abandonar la estética pop que impera en el resto del metraje. El homenaje al noveno arte también queda implícito, tanto por la fascinación que siente Henry por los comics, que son su fuente de inspiración y su válvula de escape, como por las visiones que cobran vida de sus sueños. Desde la misma Jessie, esa curvilínea fémina que sigue la tradición de otras sensuales heroínas como Vampirella o Modesty Blaise, a los dos rufianes que la persiguen, iconos evidentes de dos de los géneros más populares del comic: los superhéroes y el western.


Realidad y ficción se confunden en una trama que dota a Henry de ciertos matices heroicos, mientras que Rose va pareciendo un villano de tebeo, una simplificación de roles que concuerda mucho con el tono alegre y disparatado del filme. Pero tras esta aparente ingenuidad, la cinta rompe una lanza a favor de la imaginación y plantea una irreverente crítica al régimen comunista checoslovaco. A la pregunta de ¿quién quiere matar a Jessie?, entendiendo a Jessie como la personificación de los sueños, anhelos y fantasías del protagonista, la película responde de forma contundente: el racionalismo y la estrechez de miras del sistema soviético. Resulta reveladora la escena del juicio, una pantomima de proceso en el que se debate si los sueños pueden ser una molestia pública, un mal social, y donde el acusado es amonestado por tener sueños peligrosos.


Alemania y Estados Unidos también salen retratados en esta sátira, ya que el vaquero, con su actitud de solucionar cualquier conflicto a tiros, puede parecer una caricatura de EE.UU. y su política exterior, mientras que la figura del malvado superhombre es un claro símbolo de la ideología nazi (Checoslovaquia fue ocupada por Hitler en 1938). No es casualidad que Henry comente en una escena que «los superhombres son simplemente espantosos».


¿Quién quiere matar a Jessie? es una alocada comedia pop de ciencia ficción y la respuesta checoslovaca a aquello que llamaríamos Nueva Ola o Nueva Cosa, un movimiento de los años 60’s y 70’s que pretendía desnudar el género de las opresivas reglas impuestas por la serie B más acartonada. Un tipo de ciencia ficción rara, contracultural, metafísica y paródica, donde incluiríamos películas como Fahrenheit 451 (1966), La naranja mecánica (1971) o Matadero Cinco (1972). Si tienen oportunidad, échenle el ojo y presten especial atención al cómico y lúcido final.



La frase: «Si no tenemos reparos en destruir insectos molestos, ¿por qué deberíamos tenerlos con quimeras?»

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Watchmen (2009)

Watchmen es, en primer lugar, una MINISERIE de cómics creada por Alan Moore y Dave Gibbons, y una obra maestra absoluta (pongo miniserie en mayúsculas porque existe una conspiración para hacernos creer que es una novela gráfica). Un comic que el propio Moore definió como: «una Moby Dick de superhéroes», un trabajo complejo, profundo e innovador, y con un fuerte carácter revisionista y desmitificador. El éxito de adaptaciones tan fieles como la trilogía de El señor de los anillos (2001-2003), el Sin City (2005) de Robert Rodríguez y Frank Miller, o el 300 (2007) del mismísimo Zack Snyder, han allanado el camino para llevar este proyecto a la gran pantalla, más incluso que el auge que ha vivido el género en los últimos tiempos. No se puede negar que Snyder sabía lo que tenía entre manos y ha intentado ser lo más detallista y cuidadoso posible, tratando el libreto original con cierta devoción religiosa y tomándose las mínimas licencias artísticas, pero cayendo en la mayoría de vicios de la cinematografía moderna (hay que ver cuánto daño ha hecho Matrix).


La intención de ser lo más fieles posibles al cómic se pone de manifiesto en el mismo hecho de situar la acción en unos años 80 alternativos, una decisión completamente acertada, pero que sorprende por lo arriesgada y poco habitual. Ahora los aficionados podemos fantasear en cómo sería una adaptación fílmica de Superman o Batman situada a finales de los años 30, la década en que empezaron sus andanzas.


Comenta el director que «en esta película, a Superman no le importa la humanidad, a Batman no se le levanta y el villano ansía la paz mundial», lo que nos indica que no estamos ante una película de superhéroes al uso, ya que la misma no hace hincapié en la fortaleza de sus protagonistas, sino en sus debilidades, creando personajes tridimensionales con palpables tendencias políticas, sociales, filosóficas e incluso sexuales, o como mínimo esa es la intención. Rorschach (Jackie Earle Haley) es un justiciero con una moralidad extrema, Búho Nocturno (Patrick Wilson) es un aventurero romántico y reprimido, el Comediante (Jeffrey Dean Morgan) es un mercenario facha al servicio del gobierno, Ozymandias (Matthew Goode) es el megalómano más inteligente del mundo, Espectro de Seda (Malin Akerman) es una vigilante de segunda generación que nunca quiso heredar el negocio familiar, y el Dr. Manhattan (Billy Cudrup) es la endiosada personificación de la mecánica cuántica.


La investigación del asesinato de uno de los protagonistas tan solo es la punta del iceberg de una trama mucho más profunda y enrevesada con la que la película no sabe lidiar, lo que provoca que el espectador se debata entre la confusión, la sensación de extrañeza y el aburrimiento. 300 ya parecía una fotonovela, pero allí el guión era tan superficial y hueco que quedaba tristemente justificado. Aquí toda la épica está mal llevada, aunque confieso que no soy muy fan de la cámara lenta (a no ser que salga Pamela Anderson correteando por la playa), los personajes están caricaturizados y la trama resulta banal. Lo único que ha logrado Snyder es convertir el buen vino en calimocho.


Elementos como la estética kitsch, el gore, la violencia, el sexo, el humor negro y la aparición de un culturista azul con la picha colgando, hacen de esta película una marcianada difícil de digerir, Watchmen es un dibujo animado atroz y violento en que los excesos visuales interfieren en explicar bien la historia. Una película fallida, en definitiva, en que todo es pura pose y nadie se cree lo que está haciendo.



La frase: «Quis custodiet ipsos custodes.»

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Diabolik (1967)


Italia, 1962. La pequeña editorial Astorina busca un nuevo personaje con el que atraer a los lectores cuando Angela Giussani, la esposa del editor, hace un largo trayecto en tren en el que casualmente cae en sus manos una vieja novela policíaca de Fantomas, el famoso criminal francés. Ya en casa no tarda en reunirse con su hermana Lucianna para crear al que sería el personaje estrella de la editorial, un carismático villano llamado Diabolik. Tras el éxito de Diabolik, le seguirían también Kriminal, Satanik, Gesebel, Goldface, Superargo y muchos más, es el nacimiento del Fumetti Nero, la línea italiana de comics para adultos.


Los comics de este período se caracterizan por tomar prestados muchos de los códigos genéricos de los superhéroes americanos, como son la identidad secreta, el disfraz y el nombre rimbombante, pero al mismo tiempo se alejan de ellos al contener altas dosis de violencia y sadismo. Diabolik y compañía no se dedican precisamente a salvar a damiselas en apuros o a bajar gatos de los árboles, ellos buscan el lucro personal y pillarse a la rubia (como todo buen hijo de vecino), y si alguien se interpone en su camino, no dudan en coserle a balazos o lo que se tercie.


Toda esta amoralidad provocó numerosos secuestros judiciales y demás mandingas (¡ah, la maldita censura otra vez!), que supusieron el fin de la línea editorial a mediados de los 70, con la excepción de la revista Diabolik, que logró salvar el culo al convertir a su personaje principal en una especie de Robin Hood moderno que solo azota a ricos y criminales. Por fortuna fue antes de la caída del género cuando Mario Bava tomó las riendas de una producción cinematográfica basada en el personaje.



La cinta cuenta como Diabolik y Eva Kant son un matrimonio de sofisticados ladrones que llevan de cabeza a la policía italiana, el pobre inspector Ginko se las ingenia todas para intentar capturarlos, pero sus trampas le salen rana, y es que a este par de ladronzuelos de guante blanco no hay quien los pare. En un intento desesperado, Ginko consigue que se reinstaure temporalmente la pena de muerte y recibe poderes extraordinarios, algo que disgusta en sobremanera a la mafia local, que ve peligrar sus negocios y trapicheos. El capo del lugar, un tal Valmont, hará un pacto con la poli para capturar a nuestros dos antihéroes favoritos, por lo que Diabolik y Eva deberán enfrentarse a una doble amenaza, ¿les ayudarán su ingenio e irresistible sex appeal a salirse con la suya?


No solo de terror y giallos vivió el maestro Bava, en el transcurso de su carrera tocó géneros tan dispares como el western, el peplum, la ciencia ficción o como es el caso, las pelis de acción a lo James Bond, porque no cabe duda de que si James Bond fuera malo sería Diabolik. En el papel protagonista e interpretando al villano más cool del planeta tenemos al recientemente fallecido John Phillip Law, actor de culto que ha puesto cara y ojos a varios héroes del fantástico como son Simbad, el Barón Rojo y Pygar, el ángel ciego con miedo a volar de la mítica Barbarella. Eva Kant, su partenaire femenina, corre a cargo de Marisa Mell, actriz de filmografía discreta cuya carrera tocó techo con este filme, y que aquí se dedica básicamente a salir lo más arrebatadora posible, cosa que consigue con creces. La verdad es que la chica está tremenda y ese viejo zorro de Mario Bava se ocupa personalmente de que nos demos cuenta, mostrándonos con detalle cada una de sus despampanantes curvas. Michel Piccoli, actor que ha trabajado con directores del calibre de Buñuel, Berlanga, Sautet y Hitchcock, hace del infatigable inspector Ginko, Ennio Morricone firma la psicodélica banda sonora y Dino de Laurentiis se ocupa de la producción.



Mario Bava despliega aquí todo el arsenal y la inventiva visual que le ha hecho famoso, consiguiendo con ello una película impactante, sensual, divertida y que se mueve fácilmente entre dos aguas; el pulp francés e italiano y el pop americano. Colores llamativos, zooms imposibles e imaginativos planos, se unen para crear una atmósfera de comic donde todo es posible, y donde tienen cabida un sin fin de cochazos, diamantes y minifaldas. Aunque carezca de superpoderes, las habilidades de Diabolik parecen de otro mundo, y ya sea enfundado en su ajustado traje de látex negro o a los mandos de su jaguar, él se nos muestra bajo una estela mitificadora, sin perder nunca el tono glamouroso y sexy que sirve como contrapunto al amplio desfile de chicas ligeras de ropa y con modelitos de infarto. La estética disco y sesentera del filme queda reflejada en ese vestuario y en los decorados, como sucede con la guarida subterránea del protagonista, una caverna secreta que podría muy bien ser la batcueva de Batman si bajo la máscara estuviera Tony Manero. El guión funciona como una sucesión de sketches y da la sensación de que han adaptado tres comics distintos del personaje, de los que sin duda el mejor es el capítulo inicial, uno de los más llamativos e interesantes principios del cine pop de todos los tiempos.




La frase:
“Con este traje podría andar incluso por el centro del sol.”

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El Gran Hombre de Japón (Dainipponjin, Big Man Japan, 2007)


Falso documental que narra las aventuras y desventuras de Daisato, un recién divorciado de cuarenta y pocos años que lleva una vida retraída y patética. Un pobre diablo que nunca ha salido de su país y que tiene poco que contarle al mundo, salvo el hecho, claro está, de que mediante una ancestral ceremonia de transformación (compuesta básicamente por fuertes descargas eléctricas en sus sensibles pezones), Daisato se convierte en un superhéroe del tamaño de un rascacielos, un gigantesco paladín que con la ayuda de un palo, un peinado estrafalario y unos calzones morados, lucha contra todo tipo de ridículos monstruos posnucleares con el propósito de defender la verdad, la justicia y los tallarines instantáneos con sabor a pollo.


El cómico japonés Hitoshi Matsumoto escribe, dirige y protagoniza esta original vuelta de tuerca al manido tema de los Kaiju eiga, una cinta en clave de comedia que nos cuenta el día a día de un superhéroe nipón a la antigua usanza. Las gigantescas sombras de Ultraman, Godzilla y Mazinger Z, sobrevuelan un filme más oscuro de lo que parece a simple vista, ya que la cinta funciona a dos niveles: como delirio pop y como ácida crítica sociopolítica al Japón actual, llevándose también lo suyo China, Estados Unidos y la sociedad de consumo en general.


Hitoshi Matsumoto ejerce de protagonista absoluto de un mockumentary que combina lo cotidiano con lo fantástico y que hace un nada amable ejercicio de desmitificación de la figura del héroe. El aburrido y obtuso Daisato, en su papel de hombre de a pié, se nos presenta como un personaje tan poético como patético, una mezcla de Quijote y molino de viento, dos en uno, con unos diálogos de lo más banales e intrascendentes, faltos de interés y llenos de fastidiosos silencios. Es un individuo que da lástima y no cae bien, pero con el que uno puede reírse de su desgracia. El Daisato superhéroe tampoco mejora, resulta caduco, una figura decadente que ha perdido la conexión con las actuales generaciones y que recuerda con nostalgia pasados mejores, cuando los superhéroes gigantes estaban en la cresta de la ola y eran lo más.



Big Man Japan es una obra de culto instantánea, cargada de imaginería visual y con unos efectos especiales de lo más resultones. Una cinta que puede presumir de tener la trouppe de monstruos con el diseño más delirante jamás visto, una obra extraña, gamberra, bizarra, patética, absurda, lenta y con un insólito sentido del humor, características estas dos últimas que pueden provocar en el espectador occidental un extraño complejo de vaca mirando pasar los trenes, ya que lo cafre de su protagonista, sumado a las características formales y el ritmo rematadamente pausado de la cinta, pueden dificultar que se establezca una complicidad con lo que se está viendo (a no ser que usted sea un otaku salido de madre, que entonces se lo va a pasar de aúpa). Mención a parte se merece el tramo final de la cinta, quince demenciales minutos con tintes de pesadilla gondriana que dejan completamente perplejo al espectador, una ida de olla de las que hacen época y que al asimilar rasgos característicos del Kaiju eiga más casposo y hortera, rompe completamente con el resto del metraje y otorga al filme de una extraña profundidad y tristeza.



La frase:
“Si se le ignora, acaba recuperando su tamaño.”

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