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Los mercenarios 2

Esta vez es personal.

La intención, a la hora de llevar a cabo un producto como fue la primera entrega de los mercenarios, era la de reunir en una sola cinta a un importante elenco de lo más granado de los actores de películas de acción de la década de los años '80 y principios de los '90 y, a la vez, intentar recuperar el espíritu de aquel tipo de producciones, con la clara intención de entretener y, ya de paso, intentar tocar la fibra nostálgica de un cierto sector del público. Resulta evidente, pues, que si lo que se pretendía era ser fiel a un espíritu, era obligado que “los mercenarios” se terminara convirtiendo en una longeva franquicia (ahora nos llega la segunda parte y ya se está preparando una tercera que, como todo el mundo sabe, suelen resultar ser las más petardas y alocadas). El otro requerimiento de obligado cumplimiento, que quedaba por llevar a cabo, es que esta vez: fuera personal.

El Guerrero Americano (American Ninja, 1985)

Ensalada de ninjas.

Hoy dedicamos la sección spoilers en acción a El Guerrero Americano, la primera parte de la mítica saga que la Cannon produjo a mayor gloria de Michael Dudikoff, el actor ninja por excelencia. Que conste que si se ha ganado ese apodo no es por su técnica en artes marciales, sino por su capacidad para lograr una interpretación escurridiza e invisible. ¡Qué empiece la sesión!

En Filipinas brilla el sol y los militares juegan a pelota. Joe, nuestro taciturno protagonista, ignora a sus compañeros mientras se hace el afectado con una navaja, es un tipo duro y no está para tonterías. Llega el Coronel acompañado por su hija, un bomboncito en edad casadera y con más hombreras que un jugador de Rugby (¡benditos 80’s!). Se despiden y un destacamento de cinco camiones la acompaña al aeropuerto. Lo que sea por la seguridad de la hija del jefe. El pelotón se detiene en medio de la jungla, al parecer unos obreros están excavando la carretera, pero lo cierto es que se trata de una astuta emboscada ninja. Uno de ellos lleva tatuada una estrella negra en la mejilla para que sepamos que es el más malo, hay patadas giratorias, persecuciones y explosiones, y alguien muere atravesado por un destornillador.

La hija del General sube a un coche y se da a la fuga, pero se trata de una de esas americanas histéricas que no saben conducir y enseguida se sale de la carretera. Joe la salva atrapando una flecha al vuelo y luego la atomiza ahí mismo, en un acto de lo más amenazador.


Salen huyendo a través de la jungla, él le rompe los tacones y la falda para que pueda seguir el ritmo, en lo que puede ser el principio de una buena tensión sexual. Se lanzan a un rio y dan esquinazo a sus perseguidores, la chica lloriquea un poco y pide un peine. Cuelgan la ropa en unos matorrales y Joe aprovecha para lucir su palmito de modelo publicitario de Adidas. El chico está como un queso, todo hay que decirlo.

Mientras tanto, en la base, empiezan a llegar bolsas llenas de cadáveres y la opinión es unánime; todo es culpa de nuestro héroe por ser tan atrevido y viril y por haber provocado la contienda. En otro lugar, los ninjas también le pasan el parte a su jefe y dan la voz de alarma de que hay un… ¡AMERICAN NINJA! El jefe se queda estupefacto, esto es tan insólito como descubrir a un chino torero, y además, enseñar los secretos del ninjitsu a los occidentales es una osadía que se paga con la muerte.

Los malos están preparando una entrega de vete tú a saber qué, y mientras tanto hacemos uno de esos descubrimientos que quitan el hipo; ¡su jardinero fue el sensei del protagonista!


Echamos un vistazo a la loca academia de ninjas y asistimos a un entrenamiento de los malos, y como son muchos y no hay uniformes para todos, el de la estrella en la mejilla se carga a media docena en una demostración. Es como ver a Montgomery Burns quemando un billete de un dólar.

Joe deja la chica en la puerta de su casa y se despiden con un beso. Su padre, en agradecimiento, le declara un consejo de guerra. De vuelta a la base todo el mundo lo mira mal, es la soledad del héroe. Según parece, si hay algo que detesten los militares es que uno de los suyos salve a una chica en peligro. Maldito perro engreído, ¿quién se habrá creído que es? Un negro enorme con bigote le busca las cosquillas más de la cuenta y se organiza pelea, el prota gana utilizando el viejo truco ninja de ponerse un cubo como sombrero. El negro queda tan impresionado que se hacen colegas y no tardan en pasear por la base sin camiseta y con los cuerpos engrasados. Cuando parece que uno le va a preguntar al otro si le gustan las pelis de gladiadores, el prota decide largarse en moto, con la hija del Coronel, a ventilarse unos daiquiris a una playa tropical. Allí hay música de saxo, roces y restregamientos, es de suponer que el negro ha despertado a la bestia y que luego la chica ha rematado la faena.


Los malos y uno de sus superiores, un sargento que también está en el ajo, le preparan otra encerrona, pero ni Katanas ni dardos envenenados pueden con el American Ninja, que después de liarla parda huye con ayuda del Jardinero Sensei, aunque al llegar a la base lo arrestan. Es el clásico conflicto mestizo, a Joe no lo aceptan ni ninjas ni americanos y es probable que su maestro esté pasando por algo parecido, vilipendiado por los senseis y odiado por el gremio botánico.

Por la noche Estrella Negra va a la cárcel, pero como no son horas de visita se lía a mamporros. A mitad del festival de mandobles y aspavientos, irrumpe el ejército. Hay una persecución por carretera donde el sargento maloso choca contra un árbol lleno de nitroglicerina y su jeep explota. Los malos secuestran a la hija del Coronel, sí, tenía que pasar. Joe entra de incógnito en villa ninja, inexplicablemente retarda la ola de muerte y destrucción para tomar el té con su sensei y recordar los viejos tiempos, debe de ser un té muy bueno. Luego se viste para la guerra, de repente es como si regalasen katanas y aparecen guerreros hasta de debajo las piedras, pero American Ninja y Jardinero Sensei luchan como jabatos y se los meriendan en un pispás. Estrella Negra lanza un puñal contra Joe y el pecho de Jardinero Sensei lo intercepta, el tipo ya no saldrá en las secuelas.


Llegan los buenos comandados por el negro del bigote, que como ya se está acabando la película y aun no ha mojado, está cabreadísimo y se lía a disparar a diestro y siniestro. ¡Suenan los tambores de guerra, lluvia de balas y fiambres por doquier! Estrella Negra y American Ninja se enfrentan en épica batalla, el malo va armado hasta las trancas, su traje lleva incorporado proyectiles, rayos recalcitrantes y lanzallamas, pero Joe es más fuerte y guapo y lo rebana como a una sandía. Los malos escapan en helicóptero, pero Joe salta sobre él y rescata a la chica, ¡qué tío! El negro del bigote vuela el artefacto por los aires de un disparo y... ¡misión cumplida! Joe se quita el pasamontañas y mira ensimismado al horizonte, parece estar considerando la posibilidad de salir del armario cuando aparecen los títulos de crédito. FIN.



Leer critica El guerrero americano (american ninja) en Muchocine.net

BONUS TRACK:

Black Dynamite (2009)


Race Movie.

Si alguien se ha propuesto poner de moda la década de los 70’s ese es Quentin Tarantino, un cineasta que con cada nuevo proyecto que hace parece rendir tributo a este o aquel subgénero de dicha época. Si en Death Proof (2007) podemos ver un homenaje a las películas de persecución a alta velocidad y en Kill Bill (2003) una carta de amor a las cintas de artes marciales, también en Jackie Brown (1997) se aprecia una reivindicación del cine Blaxploitation, una empresa con la que se muestra afín la película que hoy nos ocupa, Black Dynamite, una disparatada comedia de acción que logra triunfar donde otros ejercicios de estilo parecidos, tales como Bitch Slap (2009) o Alien Trespass (2009), han fracasado, porque divierte, tiene la actitud adecuada y no se queda corta. Definitivamente los fans del revival Grindhouse están de enhorabuena.


La acción se sitúa en los violentos años 70’s, una buena época para los actores negros con bigote. Allí conocemos a Black Dynamite (Michael Jai White), un tipo con cuerpo de armario y peinado afro, que es más chulo que un ocho y tan duro como una roca. Ex agente de la CIA, ex comando de élite en la guerra del Vietnam y auténtico azote de las calles, este justiciero urbano usa métodos expeditivos al estilo Charles Bronson, es experto en Kung Fu como Bruce Lee, posee una Magnum del calibre 44 como Harry el sucio y tiene los cojones cuadrados de Chuck Norris. Tras el asesinato de Jimmy, su hermano pequeño, no dudará en poner el barrio patas arriba y teñir las calles de rojo clamando venganza.


Con la mirada puesta en el cine Blaxploitation en general y en la película Willie Dynamite (1974) en particular, la cinta elabora una disparatada sátira que comprende los habituales ingredientes de estas producciones, utilizados todos ellos sin freno ni medida. Hay mafiosos, chulos, panteras negras, orfanatos, camellos, megavixens negras, trabajadoras sociales de físico rotundo y hombres blancos sin escrúpulos, que campan a sus anchas en una trama que destapa un montaje del gobierno para empequeñecer el pene de los negros y cuyo colofón es el mismísimo presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, ejerciendo de villano en funciones. El clímax desemboca en una increíble lucha de Nunchakus entre Nixon y Black Dynamite, una ridícula contienda donde Rey Blanco y Rey Negro miden sus fuerzas y elevan al absurdo el trasfondo social del género.


El director Scott Sanders adopta una estética setentera y hortera, mezclando sin pudor cochazos, patillas y camisas de estampados imposibles, con una omnipresente banda sonora funky-soul y una puesta en escena repleta de gazapos premeditados, micros que se cuelan en el plano y un montaje abrupto que incluye alguna toma falsa. Michael Jai White está completamente entregado a su papel de supernegro vengador y en ningún momento dudamos de que el actor sepa pelear de verdad. White es un artista marcial profesional que se ha enfrentado en la pantalla a gente como Van Damme (Soldado Universal: El Retorno, 1999) o Steven Seagal (Herida abierta, 2001), y que ha participado en otras populares cintas de acción como The Dark Knight (2008), Kill Bill vol. 2 (2004) o Spawn (1997), aunque lo cierto es que sus escenas en Kill Bill fueron suprimidas del montaje final. Sally Richardson, por su parte, intenta emular en la medida de lo posible a Pam Grier, aquel icono sexual y racial de los 70’s, y el parecido es tan asombroso que cuesta notar el cambio.


Cuando parecía que películas como Scary Movie (2000) y demás sucedáneos habían dejado el género agotado y muerto, aparece este necesario soplo de aire fresco marcado por el machismo, la violencia exagerada, el lenguaje obsceno, la testosterona, los desnudos gratuitos y ciertas pinceladas gore. Black Dynamite es un divertido desgranamiento del cine de acción de la vieja escuela, una gamberrada cinéfaga que consigue devolver cierta chispa a la decaída parodia americana y que la aleja de los estridentes maniqueísmos adolescentes que había adquirido en la última década, contando para ello con un humor cafre pero casi siempre festejable. Y como apunte final para los más curiosos; señalar que el fenómeno Blaxploitation ya contaba con una alocada y semi desconocida revisión en clave cómica titulada I’m going git you Sucka (1988).



La frase: «Juro por el fantasma de Abraham Lincoln que voy a independizar y a proclamar… ¡sobre tu trasero!»

La frase 2: «Debería haber sabido que usted estaba detrás de esto, maléfico Dr. Wu. ¡Su conocimiento sobre transmogrificación biológica es sólo superado por su Kung Fu!»

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Cobra, el brazo fuerte de la ley (1986)


Stallone
ha vuelto, pero antes de que este bastardo actor se pusiera bótox hasta en las ensaladas y se tomara unos merecidos años sabáticos, nos regaló varias joyitas del séptimo arte y unos cuantos personajes para no olvidar. Cobra puede que no sea el mejor, ni tampoco el más duro, pero seguro que sí es el más macarra. Los chicos de Quesito Rosa nos montamos un tentempié a base de palomitas rancias y barritas energéticas, nos pusimos cómodos en el sofá, dejamos nuestras neuronas en animación suspendida, y vimos la terrible, terrible película…

Otra de la Cannon Group. Empieza con el nombre de Sylvester Stallone en rojo sangre mientras oímos unos tambores de guerra que parecen salidos del mismísimo infierno. Lo primero que aparece en pantalla es el pistolón de Cobra que apunta y dispara al espectador. La pantalla se enrojece con la sangre del público y aparece el título: ¡COBRA!


La ciudad parece tranquila, los pájaros cantan y los niños juegan. Llega un motorista, aparca en el puesto de minusválidos (se confirma, ¡es el malo!). Entra en un súper, no le gusta la oferta del día y se lía a disparos. La poli acordona la zona mientras las aves emigran, pero como ciento cincuenta policías no pueden controlar a un maníaco, llaman a Cobra, que debía estar por la zona porque llega en un santiamén. El horizonte y un cámara se reflejan en sus gafas de sol, que crearon escuela. Mordisquea una cerilla, lleva guantes de cuero negro (que ya avisamos que no se quitará ni para ir al lavabo) y pantalones ajustados por debajo de las axilas.

Cobra se cuela en el súper sin más problemas, rodeado de propaganda de Pepsi. El malo le dispara mientras Cobra decide tomarse un respiro y beberse una cerveza. Cobra hace justicia, lo apuñala (¡toma!) y luego lo dispara seis veces: “el crimen es una plaga y él es el remedio”. Más chulo que un ocho sale y se enfrenta a la prensa. Es parco en palabras. Coge a un periodista por la solapa y le restriega una de las víctimas por la cara.

Cambiamos de tercio, playa y música ligera. Cobra se enfrenta a unos hispanos por una plaza de aparcamiento: “Es malo para tu salud”, “¿El qué?”, “Yo”. Acto seguido le rompe la camisa y le dice: “Vístete bien”. Otro anuncio de Pepsi. Cobra llega a su casa, enciende la tele y se quita las gafas de sol por primera vez.


En otro punto de la ciudad, aparece en escena Brigitte Nielsen, que pilla a los malos in fraganti liándose a hachazos con una chica. Consigue huir pero los malos se quedan con su matrícula. La Nielsen resulta ser una modelo a la que encontramos en el siguiente plano en una sesión fotográfica haciendo monerías a la cámara rodeada de Robots (la moda de los ochenta era francamente cruel). ¡Se apagan las luces! ¡Música de tensión! Los malos la acechan, empuñando hachas. Antes de intentar cargársela le mojan la camiseta (casualidades de la vida), pero logra esconderse y salva el pellejo.

Deciden ponerla en protección de testigos y le asignan a Cobra para su seguridad. Su vida corre más riesgo que nunca. El malo afila un cuchillo y lo prueba en su brazo. ¡Qué malvado! Se tiñe el pelo con Grecian 2000 y va al hospital a por la Nielsen. Sus compinches también van a por Cobra. Mala idea. Mueren todos. Cobra se huele el pastel y corre hacia el hospital, donde la Nielsen está en el baño escondida del malo, que atraviesa la puerta con su cuchillo (homenaje/plagio, llámenlo como quieran, de “El Resplandor”). La prota se salva, llega Cobra y se abrazan.

En comisaría Cobra se lleva otra bronca, pero él sospecha que hay alguien de la poli metido en el ajo. Él es el más listo, los demás polis son todos tontos. Cobra se lleva a la Nielsen en su coche y nada más girar una esquina ya empieza una persecución por toda la ciudad, disparos, trombos, conducción marcha atrás y demás piruetas. Cobra mira mal la furgoneta que los persigue y explota. Cambian las tornas y ahora es Cobra el que empieza a perseguir a los malos, que al final consiguen huir.


Cobra tiene un plan. Sube la música. Se lleva a la Nielsen de viaje y paran en un restaurante, donde Cobra se suelta un poco e incluso hace una broma. Con gran expresividad, Cobra se sorprende de la cantidad de ketchup que ella se pone en la comida. Se están haciendo amigos, es la calma antes de la tormenta.

Ya en un motel, Cobra hace inventario: granadas, metralletas y lo que haga falta. Mientras tanto la Nielsen no puede dormir, tiene picores uterinos, le pide a Cobra que se acerque y suena una melodía lenta. Aquí hay tema. Al siguiente plano ya se están comiendo la boca, el veneno de Cobra hace su efecto. Stallone saca la cobra. La chica no podía dormir, pero ahora lo hace plácidamente. Cobra, por el contrario, no descansa jamás.


Los malos llegan motorizados al motel. Empiezan los disparos, cada bala de Cobra se “cobra” una vida. Cristales rotos, puertas atravesadas, choques de motos, explosiones, compañero muerto, persecuciones… Cobra se refugia con la Nielsen en una fundición cercana. ¡Esto promete! Uno a uno los malos la van palmando: disparados, quemados, volatilizados… Parece como si Cobra conociera la fundición como la palma de su mano. Al final solo quedan en pie Cobra y el malo de mandíbula prominente, sudorosos y con ganas de bronca. Duelo final a cuchillo y cadenas, músculo contra músculo, hombre contra hombre, en una fundición donde no hay ni un alma, pero donde todo está en funcionamiento. El malo termina colgado en un gancho a lo Matanza de Texas y Cobra lo asa como a un pavo.

Cuando Cobra ha acabado con todos, el resto de los polis deciden dejarse caer por allí. Todavía le queda leña para repartir a uno de sus superiores que cuestiona sus métodos de trabajo (si es que se lo estaba buscando). Cobra le pega un puñetazo, se agencia la amoto de uno de los malos, pilla a la chica y se aleja entre las letras de crédito. Cobra está por encima de la Ley.


THE END.


Perseguido (1987)


La otra noche me encontraba tomando unas cervezas en compañía de los chicos de Quesito Rosa cuando me retaron a ver quien nombraba más películas basadas en novelas de Stephen King. Si uno decía La Niebla, enseguida otro nombraba Cadena Perpetua y La Milla Verde. Si uno decía Christine, enseguida alguien pensaba en Carrie. Salieron muchas, recuerdo Cuenta conmigo, Los chicos del maíz y Cementerio viviente entre otras. Pero nadie cayó en Perseguido, una película fácilmente olvidable.


Arnold Schwarzenegger ha puesto sus músculos al servicio de grandes títulos de la ciencia ficción. Terminator, Depredador y Desafío Total son tres incontestables hitos del género. Pero Paul Michael Glaser, el director de Perseguido, no es ni James Cameron, ni Paul Verhoeven. Él ni siquiera es John McTiernan, Glaser solo es el tipo que interpretaba al moreno de Starsky y Hutch en la popular serie de televisión. Alguien al que se le da mejor conducir un Ford Torino que hacer cualquier otra cosa, incluido dirigir.


La película nos cuenta como en el año 2017 la economía mundial se ha colapsado y un estado policial impone su ley con mano de hierro. Escasean la comida, los recursos naturales y el petróleo, pero sobran televisores. La programación está controlada por el Estado y un sádico concurso llamado “Perseguido” se ha convertido en el más popular de la Historia. En él, un grupo de Gladiadores High-Tech persiguen a presos y criminales por un decorado post industrial que haría las delicias de Freddy Krueger. El objetivo del juego es atraparlos y matarlos de la forma más cruel posible, así que llamar deporte de contacto a esto es algo más que un eufemismo. El nuevo participante del show es Ben Richards, una criatura semihumana con cuerpo de armario que ha decidido ponerles las cosas muy difíciles.


Premisa con varios puntos en común con La carrera de la muerte del año 2000 y Rollerball, dos filmes que han sido remakeados recientemente, lo que sería un dato curioso si no fuera porque TODO está siendo remakeado últimamente. Perseguido sigue la larga tradición de películas basadas en distopías futuristas, como Fahrenheit 451 o 1984, donde un circo mediático, cuanto más degradante mejor, mantiene contenta y distraída a la plebe. En esta ocasión el discurso político de la cinta carece de profundidad y solo es una sucesión de tópicos entrelazados sin la más mínima destreza. Una mera artimaña para que el bueno de Arnie pueda lucir músculo y salvar a toda la civilización. Aun así, no deja de tener su miga escuchar al actual gobernador de California soltar frases como “Lo mío no es la política, es la supervivencia.”


La cinta insiste más a la hora de criticar la manipulación en los medios, pero lo hace de una forma bastante simplona y poco mordaz, apostando siempre por el efectismo. Donde la película resulta más ácida es en los asesinatos, que no están carentes de cierto humor negro. Recordemos que en los 80 se había puesto de moda que el héroe de turno soltara chascarrillos humorísticos antes de despachar al villano y esta película es un claro exponente de esta tendencia. Des del “Sonríe hijo de puta” de Tiburón, el cine de evasión no volvió a ser el mismo.


Antes que Arnold Schwarzenegger se hiciera con el proyecto, se barajaron los nombres de Dolph Lundgren y Christopher Reeve (¡¿?!) para interpretar a Richards, aunque cuesta imaginar al buenazo de Reeve rebanándole la entrepierna a alguien con una sierra mecánica. Sobretodo porque la película se convierte rápidamente en un body count en el que Arnie extermina a todo tipo de variopintos gladiadores, des de un jugador de jockey grandote, hasta un cantante de ópera que dispara rayos. En este sentido la trama funciona mejor como videojuego que como película, ya que parece que Arnie vaya enfrentándose a cada uno de estos llamativos villanos para poder pasar de pantalla y así llegar al último nivel, donde el guión solo posibilita un contrincante: el desalmado presentador.


La película tiene un fuerte carácter de serie B, por lo que se le pueden perdonar muchas cosas. Como que el cuartel de la resistencia, el set del programa y toda la civilización, parezcan tener cabida en un par de decorados. También se le puede perdonar cierta soez y limitación de miras, y hasta la recta final, uno podía apreciar la cinta como un mero divertimento ocasional lleno de testosterona y encanto videoclubero, pero no después de ver como acaba. En la última etapa el filme busca desesperadamente encandilar al público y no deja que el sentido común o el arte cinematográfico se interpongan en su camino, se incrementan los fallos de lógica, la acción se vuelve estúpida y la historia no atiende a razones. Eso sí, Arnie aguanta bien el tipo, inmune al fuego, las balas, un guión incompetente y una pésima dirección.



La frase: “Es un deporte de muerte y honor, ¡el código de los gladiadores!”

La frase 2: “Tengo que ir a comprar esteroides.”


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Desaparecido en combate (1984)

Los chicos de Quesito Rosa se reunieron un domingo por la mañana (ole nuestros huevos) para ver uno de esos clásicos de videoclub de los 80, de cuando las estanterías se llenaban de Stallones, Bronsons y Schwarzeneggers. A continuación, el informe del evento a seis manos…

La peli es de Cannon Group, como todas las buenas, con unos títulos de crédito que parecen hechos con un Amstrad de la época, donde el nombre de Chuck sale antes que el del director, un tal Joseph Zito (Josezito para los amigos) o de los productores.

La cosa empieza con unos exteriores del Vietnam que parecen una maceta a gran escala. Sube la música y aparece Chuck, las balas silban a su alrededor, la maleza explota y a su lado cae un herido. Chuck lo recoge, llevándolo a cuestas (en Vietnam solo hay un medio de locomoción lo suficientemente eficaz: Chuck Norris), ¿A dónde lo lleva? Nadie lo sabe, porque en la siguiente escena el herido desaparece, cuando de repente: ¡¡Oh, no!! ¡Han disparado a Chuck! Chuck se lanza contra ellos con una granada en cada mano, ¡qué tío! Gran explosión, ¿es este el final de Chuck? ¡Tranquilos, Chuck vive! Se despierta descamisado en su habitación, que gran principio: ¡¡Todo era un sueño!!

Sudoroso y masculino, se incorpora llevando el peso del mundo sobre sus hombros, se sirve una cerveza y se salpica la barba. Contrapicado en la ventana mirando al infinito, Chuck siempre está por encima de todo. Por la tele hablan mal de Chuck. Chuck mata a la tele de una patada, coge el teléfono, y dice: “soy Braddock, voy a ir” (el teléfono se acojona).

Más tarde en Saigón, hay una reunión en las altas esferas y Chuck se presenta con unas gafas de sol chuloputas muy de la época, hay que ver lo bien que lleva sus 38 años. Se le acusa de crímenes de guerra, Chuck se quita las gafas y les perdona la vida. De noche, Chuck sale a ligar, pide una cerveza (música de tensión), no quiere vaso. Habla con una chica, apuestas, ¿se la tira? Ya se la está tirando, lo único que ella aún no lo sabe. Ella se queda con ganas de más, pero Chuck decide salir sólo a invadir Saigón, y entra en la casa de un general vietnamita en busca de información: “Si te mueves te mataré”. Chuck lo mata (no lo duden); pero antes le saca el paradero donde están prisioneros sus compañeros ¡DESAPARECIDOS EN COMBATE!

Que bien le quedan los tejanos a Chuck, mientras decide no acabar con toda la ciudad y coger un vuelo a Bangkok. Chuck sale a ligar, de nuevo, moviéndose entre los orientales como un depredador. La noche promete y Chuck coge un taxi. Antes de bajar el taxista ha muerto por sobredosis de Chuck, él se lo ha buscado. Chuck negocia el precio de alquiler de un barco a su estilo (pegando patadas), mientras una tailandesa canta una conocida canción de Rod Stewart. Intentan acabar de nuevo con Chuck lanzándole una bomba. Muere mucha gente. Chuck no. Llegados a éste punto, para el malo de la peli, por fin, se ha convertido en algo personal. A los dos minutos Chuck ya lo ha matado.

Chuck nació mayor. Se viste para la guerra, no hay vuelta atrás, la cinta en el pelo así lo indica, habrá guerra. Todo en él es en si mismo un ejercito. Uno a uno van cayendo los malos. Llegada la noche, Chuck ataca el campamento donde se encuentran los desaparecidos. ¡Explosiones! Chuck empieza a disparar en la oscuridad. Muere gente, pero Chuck no deja cadáveres. Se han llevado a sus compañeros antes de que llegara, pero por suerte un espontáneo sobrevive a Chuck y le cuenta en que dirección se han ido. Entonces Chuck cree que ha llegado la hora de correr. En la siguiente escena ya los ha atrapado y él sólo los ataca por tierra, mar y aire. Pero… ¡¡Oh, no!! (de nuevo) ¡Chuck ha muerto! ¡¡Falsa alarma!! Chuck emerge del agua hecho un basilisco, tocando suelo en el profundo río. Ahora está más enfadado que nunca. Encuentra a los desaparecidos y les dice: “vais a volver a casa”. Palabra de Chuck.

Consiguen huir con un helicóptero a Saigón donde todavía no ha acabado la reunión de la primera escena, que interrumpe como a él más le gusta: por la fuerza. Esta vez no va solo, le acompañan los DESAPARECIDOS EN COMBATE. Chuck ocupa todo el plano y se congela la imagen. ¡Gran final!



Leer critica Desaparecido en combate en Bastard Movies

El templo del oro (Firewalker, 1986)


La saga de Indiana Jones se convirtió rápidamente en un revienta taquillas a principio de los 80’s, así que a nuestro arqueólogo favorito le salieron todo tipo de hijos bastardos e imitadores y empezaron a abundar en los videoclubes películas que transcurrían en selvas exóticas o rutas inhóspitas, y donde el héroe de turno, acompañado por la habitual chica florero de armas tomar, se metía de lleno en berenjenales mitológicos o bíblicos. Entre estas claras explotaciones de dicha franquicia se encuentran películas como Tras el corazón verde de Robert Zemeckis o Las Minas del Rey Salomón de J. Lee Thompson. Director este último que merece una mención especial al tener en su currículo obras tan dispares como Los cañones de Navarone (mítica cinta bélica), El cabo del terror (clásico en mayúsculas del que Scorsese hizo un remake), La conquista del planeta de los simios y La batalla por el planeta de los simios (dos de las absurdas secuelas de la apocalíptica saga), Cumpleaños mortal (el clásico slasher ochentero), un sin fin de cintas con Charles Bronson haciendo de justiciero vengador y El templo del oro, la peli que hoy nos ocupa y que también viene a ser uno de esos remedos de Indiana Jones de los que antes hablábamos, pero con un aliciente añadido: aquí se sustituye a la permanente barba de dos días de Harrison Ford por la mucho más tupida y nada despreciable barba de Chuck Norris.

Chuck Norris descifrando un jeroglífico.

La cinta nos cuenta la historia de Max Donigan y Leo Porter, dos tipos que se toman la muerte a guasa, mean colonia y cagan melones. Un par de bravucones con los huevos cuadrados y más chulos que Ray Liotta bailando un chotis, que se dedican a esto de la caza de tesoros y el saqueo de tumbas, pero que tras una serie de percances están pensando en dejarlo, claro que todo cambia cuando una rubia buenorra y el mapa de un tesoro azteca caen en sus manos. Durante el camino hacia el preciado botín situado en alguna parte de la jungla centroamericana, se las tendrán que ver con una arcana y vengativa entidad espiritual que ha decido ponerles las cosas muy difíciles.

Chuck Norris exterminando una arcana y vengativa entidad espiritual.


Otro producto de la Cannon encabezado por el incombustible Chuck Norris, que aquí demuestra tener una gran química con Louis Gosset Jr., ya que juntos, siguiendo la extensa tradición de las buddy movies americanas, añaden mucho humor y comedia a las escenas de acción y aventura. Ambos se mueven con desparpajo y arrojo entre cementerios aztecas y antros de mala muerte, acompañados por la bella Melody Anderson, actriz jamona que se ha hecho con un pequeño hueco en mi corazón por haber interpretado a Dale Arden en la mítica adaptación cinematográfica de Flash Gordon.

Chuck Norris cogiendo por los huevos a Louis Gosset Jr.


Esta es una cinta entretenida y simpática, que tiene buen ritmo, alguna que otra pelea para que Chuck se luzca y mucho humor. Un divertimento menor y bastante inofensivo, pero altamente disfrutable para cinéfagos sin prejuicios ni monomanías. Una película de aventuras para toda la familia, con tintes casi paródicos y la inocencia que la época conlleva.

Chuck Norris was here.


La frase: “El hombre que quiere el mapa no parece un hombre. Es más como un cíclope, un cíclope rojo de largas melenas.”


Leer critica El templo del oro en Muchocine.net

300 (2007)


Buenos días, soy elputocriticón, con otro estreno más de dvd (la verdad es que últimamente me estoy dejando poco dinero en los cines, cuyos dueños se deben estar cagando en mi puta calavera). Hoy una de esas de batallas, espadas, escudos y ¡cuadriceps!: 300 … ¡Empezamos!


Bueno, pues la peli es una adaptación de una novela gráfica de Frank Miller, que últimamente se está poniendo las botas porque a todo el mundo le da por adaptar cosas suyas (quien se lo iba a decir después de que hiciera los guiones de Robocop 2 y 3). Y la cosa va de que los Espartanos (que en la peli, más que una civilización de guerreros, eso parece un gimnasio) no tienen ni putas ganas de pagar un tributo (o no se que de agua y tierra) a los Persas (cuyo cabecilla es un tio muy alto, negro, con voz de carajillo y una cara que parece un joyero) y a pesar de que estos últimos les ganan en número cosa mala, los Espartanos (que son de la teoría de que “pa chulo, chulo, mi pirulo”) se van a la batalla, sin pensárselo demasiado, con apenas 300 soldados.



¡Vaya puto rollo! Y es que, a mi no me molesta el hecho de que la peli sea un festival del croma, siempre y cuando la cosa vaya cogida de la mano de una buena historia, para ayudar a potenciarla, pero el caso es que en esta peli, simplemente, no hay historia, solo nos están contando ¡una puta batalla! Y es que incluso la batalla que nos están vendiendo, es muy sosa, no hay chicha (y la poca que hay está ya muy vista, ¡hostias!); y como mucho, lo poco que hay es épica. Pero es que para el director Zack Snyder (tiemblo solo de pensar que éste tipo se encargará de dirigir Watchmen) la épica consiste, puramente, en que los personajes griten como locos durante toda la peli (incluso cuando estén charlando amigablemente) y abusar de forma constante de la cámara lenta, que estoy seguro que si quitamos todas las cámaras lentas que tiene la cinta y las pones a velocidad normal, la peli no pasa de los 30 minutos, ¡coño! Y que no digo yo que el hombre no se esfuerce en sacar bonitos planos en ocasiones, pero es que todo lo demás está vacio, ¡que deje el cine y se ponga a hacer postales!



Resumiendo: Una puta batalla de hora y tres cuartos, plagada de robustos muchachos en calzones, paisajes y colorines imposibles y cantidad de cámara lenta para que el espectador se pueda recrear en los planos que se curra el señor director.


Leer critica de 300 en Muchocine.net

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