Un ladrón en la alcoba (1932)


Ladrones y amantes

Es muy agradable encontrar una película que cautive por su simpática historia y por estar llena de momentos ingeniosos que engrandecen aún más su brillante resultado, y eso es exáctamente lo que ocurre al ver Un ladrón en la alcoba (1932), una comedia romántica de la Paramount que podría ser la predecesora de las "screwball comedies" tan populares en los años 30 y 40 (se suele considerar como la primera de ellas a Sucedió una noche, de 1934).

Prometheus (2012)

 
¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos?

Ridley Scott, ese director cuya carrera disfrutó de un más que espectacular arranque y un no menos impresionante descalabro a partir de su cuarta película, ha considerado que ha llegado el momento de buscar respuestas a las grandes preguntas formuladas por la humanidad. Y, para ello, el cineasta mete mano a uno de los tótems de la ciencia ficción y el terror: Alien, el octavo pasajero, del año 1979, dirigida por el propio Scott. Muchos pensarán que lo mejor hubiera sido que se hubiera dejado al universo “Alien” tal y como estaba (y que Scott hubiera seguido dirigiendo películas protagonizadas por Russell Crowe, que es, básicamente, lo que venía haciendo últimamente), pero lo cierto es que el universo “Alien” ya estaba tan de capa caída que tampoco es que nos venga de aquí. Y no nos engañemos, por lo menos Prometheus es bastante mejor que Alien vs. Predator. Bueno, digamos que es mejor que la 2.

Short Cuts (Vidas cruzadas) (1993)


Vidas anónimas

Raymond Carver fue un escritor que debía de tener una visión bastante pesimista de la vida, o por lo menos eso es lo que transmitía a través de sus relatos, un género en el que destacó sobre todo dentro del movimiento literario estadounidense llamado "realismo sucio" (como el escritor Charles Bukowsky), que surgió en los 70, siendo reconocido como un verdadero maestro. Dos años después de su fallecimiento, ocurrido en 1988, el director estadounidense Robert Altman descubrió su obra y le interesó tanto que leyó todos sus cuentos. Su intención posterior fue adaptar al cine algunas de sus historias y para ello contó con la aprobación y la ayuda de Tess Gallagher, la viuda del escritor estadounidense. Ella estuvo muy de acuerdo con sus ideas y le comentó, como curiosidad, que a su marido le gustó mucho una de sus películas, Nashville (1975). Y, seguramente, a raíz de esa relación que mantuvieron durante la preparación del film, en la que hablaron y se enviaron mucha correspondencia, ella debío de ser una de las piezas clave en cuanto al buen resultado del film Short Cuts (Vidas cruzadas) (1993).

Los mercenarios 2

Esta vez es personal.

La intención, a la hora de llevar a cabo un producto como fue la primera entrega de los mercenarios, era la de reunir en una sola cinta a un importante elenco de lo más granado de los actores de películas de acción de la década de los años '80 y principios de los '90 y, a la vez, intentar recuperar el espíritu de aquel tipo de producciones, con la clara intención de entretener y, ya de paso, intentar tocar la fibra nostálgica de un cierto sector del público. Resulta evidente, pues, que si lo que se pretendía era ser fiel a un espíritu, era obligado que “los mercenarios” se terminara convirtiendo en una longeva franquicia (ahora nos llega la segunda parte y ya se está preparando una tercera que, como todo el mundo sabe, suelen resultar ser las más petardas y alocadas). El otro requerimiento de obligado cumplimiento, que quedaba por llevar a cabo, es que esta vez: fuera personal.

Los paraguas de Cherburgo (1964)


Canciones de amor y desesperanza

Dentro del movimiento cinematográfico francés llamado Nouvelle Vague hubo un director que quiso apostar por un proyecto musical que cuando se hizo realidad sorprendió tanto a crítica como a público. Ese hombre fue Jacques Demy y su película en concreto Los paraguas de Cherburgo (1964), cuya propuesta fue tan novedosa que resultó ser revolucionaria. La historia es un apasionante retrato del amor, plasmado con todo sentimiento a través de diálogos cantados, algo que era inusual en el género siendo el primer film en realizarlo enteramente (además sin ninguna coreografía). Su estreno resultó ser tan formidable que tuvo un gran éxito internacional y se ha convertido con creces en un clásico del cine europeo. Hay que decir que cuando Demy presentó su idea a su productor éste la rechazó y en Cannes de 1962 no hubo ningún comprador que le interesara el proyecto; pero, paradojas de la vida, en 1964 la película ganó la Palma de Oro en dicho festival de cine (también fue nominada en los Oscar como mejor película de habla no inglesa).

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