El otro día fui al cine a ver Resacón 2, ¡Ahora en Tailandia!, cuya primera entrega me había sorprendido gratamente y con la que me había reído bastante más de lo esperado en un principio. Resacón en las Vegas se estrenó en 2009, resultando ser uno de los títulos sorpresa de ese año y se acabó convirtiendo en la comedia más taquillera de la historia del cine de Estados Unidos. Estaba claro que la secuela era tan solo cuestión de tiempo. Fui al cine, pues, con la esperanza de que esta nueva entrega resultara igual de entretenida que su antecesora y con el valor añadido de que era el día después de la verbena de San Juan y me había levantado con la cabeza un poco más turbia de lo habitual, con lo que entré en la sala arrastrando, todavía, una resaca que ya empezaba a languidecer. ¿Cómo se le llamaría a esto? ¿Metacine?
Rebelión en las aulas
Ha habido varios movimientos que han ido surgiendo a lo largo de la historia del cine y uno que apareció alrededor de finales de los años 50 fue el británico Free Cinema, influenciado por uno de los más conocidos, el francés Nouvelle Vague. Los directores que se incluyeron en el grupo inglés basaban sus obras en una crítica dirigida a la burguesía y a la sociedad, y también, como sus compañeros franceses, se acercaron a un tipo de cine más independiente y contado de manera más realista. Entre esos autores, uno de los pioneros fue Lindsay Anderson que en 1968 rodó la que seguramente es su película más conocida o la que es considerada por algunos como de culto, me estoy a refiriendo a if...., que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes.
Lo que van a ver: Érase una mujer a un culo pegado y pegándole el culo el actor de Renegado. O lo que es lo mismo, un extracto del concurso Bailando por un sueño de la televisión Argentina, donde Lorenzo Lamas, el rey de las camas, hace cabriolas junto al culo más poderoso de la tierra.
Lo más perturbador: Lorenzo Lamas azotando el trasero de su compañera.
Lo más descojonante: El "arte" de Lorenzo y los continuos gritos de ánimo del presentador.
Hit-girl.
A Joe Wright, el director de la peli, lo descubrí en Orgullo y prejuicio, su primer trabajo, una película de la que no me esperaba prácticamente nada y me terminó ganando de calle. Más tarde llegó Expiación, película con una primera parte brutal y una segunda más floja, que estuvo nominada al Oscar como mejor película, pero que, incomprensiblemente, no estuvo nominada en el apartado de mejor director, y en la que encontrábamos un larguísimo plano secuencia que terminaría convirtiéndose en marca de la casa. Su tercer trabajo, El solista, fue un bonito mojón, tenía buen aspecto pero olía francamente mal, a pesar de lo cual incluía en su haber alguna plástica, aunque breve, filigrana que daba buena muestra del talento de su director. Y antes de volver de nuevo al cine de época con Ana Karenina, Wright nos presenta a Hanna, que viene a confirmar algo que ya me llevaba yo temiendo hace tiempo. Me gusta Joe Wrigth, pero existe un problema de base, siempre me termina gustando más él, como director, que sus películas.
A Joe Wright, el director de la peli, lo descubrí en Orgullo y prejuicio, su primer trabajo, una película de la que no me esperaba prácticamente nada y me terminó ganando de calle. Más tarde llegó Expiación, película con una primera parte brutal y una segunda más floja, que estuvo nominada al Oscar como mejor película, pero que, incomprensiblemente, no estuvo nominada en el apartado de mejor director, y en la que encontrábamos un larguísimo plano secuencia que terminaría convirtiéndose en marca de la casa. Su tercer trabajo, El solista, fue un bonito mojón, tenía buen aspecto pero olía francamente mal, a pesar de lo cual incluía en su haber alguna plástica, aunque breve, filigrana que daba buena muestra del talento de su director. Y antes de volver de nuevo al cine de época con Ana Karenina, Wright nos presenta a Hanna, que viene a confirmar algo que ya me llevaba yo temiendo hace tiempo. Me gusta Joe Wrigth, pero existe un problema de base, siempre me termina gustando más él, como director, que sus películas.
Buscando a Emily desesperadamente
Si en una película ponemos a unos cuantos jóvenes estudiantes, tanto los malos como los buenos, los chulos o los que ni van a la escuela, algunos metidos en el mundo de las drogas y las bandas y ambientado todo descaradamente dentro del cine negro, el resultado que conseguiremos será el mismo que en Brick (2005), un film escrito y dirigido por Rian Johnson, en el que todos los tópicos de dicho género son utilizados para que el espectador se mantenga enganchado a la pantalla. Precisamente, en la historia encontramos a la mítica femme fatale o al detective que se cree muy seguro de sí mismo y que consigue como sea las pistas necesarias para seguir al jefe de una banda. Lástima que la más o menos aceptable dirección, alternando casi siempre planos generales con primeros planos (aunque con algún fallo de raccord), no se adecúe con lo que vemos, sin ser tan atrayente como realmente debería de ser. Es decir, Johnson sí que consigue momentos de suspense o de tensión, sobre todo en una de las escenas del final, pero juega con el espectador haciéndole creer que la historia es muy interesante cuando en realidad en pocos momentos sabe acertar con el tono de la película, introduciendo algo de humor que para nada viene a cuento y obteniendo en su contra un supuesto juego en el que los jóvenes protagonistas parecen querer ser unos tipos duros como en las pelis de gánsters, con unos diálogos totalmente pretenciosos y que chirrían un tanto al salir de sus bocas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


