Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar el virus.
No deja de resultar curioso lo mucho que pueden llegar a cambiar diferentes historias con una temática y/o premisa inicial similar, y los distintos caminos que la trama puede recorrer, en función de quien sea el encargado de llevar el proyecto a buen puerto. De esta manera si cogemos, por ejemplo, el caso de las películas de pandemias, virus y demás enfermedades masivas varias, resulta que la cosa puede derivar hacia una película de terror (La noche de los muertos vivientes, Infectados, 28 días después); la ciencia ficción (La amenaza de Andrómeda, 12 monos, Hijos de los hombres), la acción (Estallido), el drama (Blindness), el absurdo (The happening) o el morbo por el morbo que podrán degustar en algún que otro producto en formato telefilm emitido por televisión en las sobremesas de los fines de semana. Ahora nos llega una nueva visión, la del director Steven Soderbergh con el objetivo claro de desmarcarse por completo de todas las anteriores para ofrecernos un trabajo más cercano al... como decirlo... publi-reportaje.