El equipo A (2010)

Me encanta que los planes salgan como el culo.

Una vez más un producto destinado para la televisión termina dando el salto a la pantalla grande. En esta ocasión le ha tocado el turno a El equipo A. Así pues, nos volvemos a encontrar, después de más de veinte años, con los personajes de Hannibal (Liam Neeson), que sigue fumando puros y encantado de que los planes le salgan bien, Fénix (el guapo de Resacón en las Vegas), todo un picaflor y un vendemotos nato, Murdock (el prota de Distrito 9), tan chalado como siempre y piloto vocacional y M.A. Barracus, peinado con su cresta y conduciendo su mítica furgoneta. Cierto es que algunas cosas se las han saltado a la torera: Hannibal ya no se disfraza para engañar a los malos, M.A. ya no luce toda su chatarrería colgada del cuello, la guerra de Vietnam ha sido sustituida por la de Irak y, lo más destacable sin lugar a dudas, a diferencia de la serie de televisión, ¡en la película sí muere gente! (en la serie cada vez que volaba un coche por los aires el director se encargaba de colocarnos el plano de rigor donde el espectador podía comprobar que a sus ocupantes no les había pasado nada y que el accidente no había perjudicado sus dotes para el claqué).

La película empieza en México, donde un soldado ranger americano, Hannibal, se encuentra en medio del desierto y por pura casualidad con otro ranger como él, M.A., que decidirá ayudarlo a rescatar a otro ranger amigo del primero, Fénix, y los tres finalmente lograrán escapar de los malos de turno gracias a un paciente de psiquiatría de un hospital del lugar, Murdock, que se mostrará especialmente habilidoso a los mandos de un helicóptero, y que resultará ser, lo habrán adivinado ya, un ranger también. No se yo. O son demasiadas casualidades para los primeros quince minutos de una película o es que en México hay más rangers americanos que mejicanos de a pie.

Total, que ya tenemos a toda la panda unida y en el siguiente plano ya están los cuatro formando batallón y sirviendo al gobierno americano en la guerra de Irak (al parecer el hecho de que uno de los cuatro sea un loco de remate no parece importarle demasiado al ejercito de los Estados Unidos). Los tios resultan ser unos máquinas de cuidado pero acabarán cayendo en una emboscada y siendo juzgados por un delito que no cometieron, aunque no tardarán en fugarse de la prisión en la que se encontraban. Coño, esto me suena a mi de algo. En fin, que una vez ya en libertad los cuatro unirán esfuerzos para intentar limpiar su buen nombre y detener al responsable de que acabaran en prisión. De por medio resultará que también hay una tía que trabaja para el gobierno americano y que resultará ser un antiguo rollete de Fénix (como medio país, vaya que novedad), que, al igual que ellos, resultará afectada por todo el embrollo y decidirá ayudarlos en su misión. La chica está interpretada por Jessica Biel, que, como tia buena de la peli, da el (ejem) perfil.

El día en que la ciencia ficción empezó a usar la acción, las películas de acción empezaron a usar la ciencia ficción. La escalada que ha imperado en los últimos tiempos en el cine de acción, de tener que hacer una película más grande, espectacular, pirotécnica y demoledora que cualquier anterior, ha acabado convirtiendo el género en una especie de barra libre en la que todo vale. Tipos corriendo boca abajo en vertical por grandes rascacielos disparando a troche y moche, peligrosas persecuciones por tierra/aire adornadas con giros imposibles, grandes explosiones que lo arrasan todo a su paso, saltos estratosféricos y demás parafernalia pueblan la película. Particularmente suelo mostrarme bastante paciente con este tipo de cosas. A veces incluso me río de las barbaridades que se llegan a inventar. El equipo A resulta ser una barbaridad tras otra pero, la saturación, provoca que pierda la gracia. La más gorda de la película es la del tanque que planea los cielos con tres paracaídas (un hombre usa un paracaídas; un tanque usa tres paracaídas; en conclusión, un tanque del ejercito pesa igual a tres hombres. Yo sigo sin verlo claro). Y esa no es la barbaridad más gorda, ¡que después pierde los paracaídas y el cacharro tiene que aterrizar!

El equipo A es, probablemente, de dentro del grupo de las películas más simples de la historia, una de las peor explicadas. El argumento está tan gastado y se ha visto tantas veces (con los mismos giros de guión), que a uno sólo le queda el consuelo de ver lo mal narrada que está para que pueda resultar mínimamente interesante. No acabo de entender porque la película empieza con la escena donde se conocen los protagonistas en México, en lugar de empezar directamente con los cuatro en la guerra de Irak. Ah, sí, se trata de meter una gran escena de acción de veinte minutos.

Bueno, pues lo que viene después no deja de ser más de lo mismo. Acción hiperbólica a patadas. De hecho, la serie original de El equipo A, no es más que el vehículo para poder ejecutar grandes escenas de acción, sin respetar la esencia de la serie más allá de algún que otro guiño como los que les comentaba al inicio de la reseña. Nada que nos deba extrañar, de hecho es lo que llevan haciendo con la gran mayoría de las recientes adaptaciones de series de televisión a la gran pantalla. Apenas sin tiempo de reacción posible en el espectador la película avanza a trompicones aunque sin dejar demasiado rato de respiro, hasta una escena final igual de estúpida y espectacular que todo el resto, que transcurre, en un nuevo alarde de originalidad por parte de sus guionistas, de noche en un puerto de mercancías.

Resumiendo: Acción exagerada y sin demasiado sentido para recuperar un título de los años '80 que difícilmente reconocerán en la película. Que alguien contrate al verdadero equipo A para que se encarguen de los guionistas.



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Marty (1955)


Hombre blanco soltero busca...

La vida de cada individuo parece estar marcada por un desarrollo lógico de la cultura familiar. Cuando uno es pequeño y sigue el proceso de educación, tanto en su casa como en la escuela, se va dando cuenta del camino que para muchos debería seguir: estudio, trabajo, matrimonio e hijos. Este pensamiento le da por pensar si, en su día, alguien decidió que toda persona debía formar una familia como obvio crecimiento de una vida normal y corriente. Por eso, aunque la cosa ha cambiado bastante, aún hay parte de la sociedad que ve con malos ojos a las parejas que no se han casado y encima tienen hijos, y a aquellos hombres y mujeres que ya tienen una edad avanzada y todavía no se han unido en matrimonio, viviendo encima en casa de sus padres.


Todo esto lo explica bastante bien la ópera prima del director norteamericano Delbert Mann, Marty (1955), uno de los debuts cinematográficos más premiados de la historia del cine, con 4 Oscars (Mejor Película, director, actor y guión) y la Palma de Oro en Cannes. En esta bienintencionada y simpática película, el protagonista es un tal Marty Piletti (Ernest Borgnine), un carnicero soltero de 34 años que aún vive con su madre y que aguanta cada día la típica frase de sus clientas: "Marty, debería darte vergüenza". Marty es el mayor de cinco hermanos y el único que todavía no se ha casado ni tiene hijos. Su madre, Theresa Piletti (Esther Minciotti), no deja de insistirle que encuentre de una vez a una mujer y hasta si es necesario se la buscará ella. Él siempre hace lo mismo: las noches en las que sale a dar una vuelta lo hace con su inseparable amigo Angie (Joe Mantell), un tímido tipo de 33 años que también está soltero. Ambos son tal para cual, sin saber qué hacer ni adónde ir, siempre recibiendo calabazas de las mujeres a las que deciden conquistar. Una noche, por insistencia de su madre, Marty, acompañado cómo no de Angie, decide ir a Stardust, una gran sala de baile a la que ya ha ido unas cuantas veces. Pero esa noche será distinta ya que, por cosas del azar, conocerá a una tal Clara (Betsy Blair), una mujer soltera de 29 años con la que entablará una buena amistad y quizás algo más.


El mayor acierto de Delbert Mann es apostar por una historia sencilla de principio a fin, con la impagable presencia de Ernest Borgnine. Sin embargo, la historia aún podría haber sido más simple y directa si no se hubiera contado otro suceso paralelo al posible amor entre Marty y Clara. La hermana de la madre de Marty, Catherine (Augusta Ciolli), vive con su hijo Tommy (Jerry Paris), la mujer de este, Virginia (Karen Steele), y el bebé de ambos, pero la verdad es que la convivencia juntos no pasa por muy buenos momentos, debido sobre todo a la mala relación entre Catherine y su nuera. Entonces, la pareja le pide un favor a Marty: que Catherine se vaya a vivir con él y su madre ya que su casa es más grande. Con esta excusa, Mann vuelve a introducir otro de los tópicos más oídos en el entorno familiar: el fastidio de tener la suegra en casa. Pero lo único que consigue Mann es más drama y más escenas que hacen perder ritmo y naturalidad a la historia.


Aparte de esto, algunos actores que acompañan a Ernest Borgnine no ayudan mucho a que la historia sea totalmente creíble. La actriz Augusta Ciolli no hace bien su papel y Betsy Blair crea un personaje demasiado bobo y soso como para que el espectador se simpatice con ella, utilizando además los mismos gestos en algunas escenas. Los únicos actores secundarios que se salvan y con creces son Esther Minciotti, cuyas escenas con su hijo Marty son de lo mejor de la película; y Joe Mantell, que aunque no sea un papel soberbio, consigue que nos creamos su condición de amigo del alma de Marty, logrando una secuencia brillante cuando busca a su amigo mientras este anda por la ciudad con Clara.

Y los claros puntos a favor de la película son: primero, la acertada dirección de Delbert Mann, sobre todo en cuanto al uso de los planos fijos junto con zooms lentos cuando quiere remarcar algo de las escenas; y segundo, la actuación inolvidable del maravilloso actor Ernest Borgnine, que hace que el espectador se encandile con su personaje humilde y bonachón.


"Una simpática y sencilla película en la que destaca una buena dirección y brilla un tremendo Ernest Borgnine como soltero de buen corazón, pero en la que también sobra un suceso paralelo y fallan las interpretaciones de algunos actores"



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Cypher (2002)


La naranja cibernética.

Con los elementos propios de un ciberthriller corporativo, Cypher da vueltas alrededor de las tribulaciones de un hombre corriente sumido en un universo alucinatorio. El protagonista de la historia es Morgan Sullivan (Jeremy Northam), un contable en paro que quiere dejar atrás su anodina existencia para ejercer de espía industrial en Digicorp, una desalmada multinacional. Bajo una nueva identidad es enviado a distintas convenciones alrededor de Norteamérica, con la misión de grabar en secreto las conferencias. Morgan en un principio queda algo decepcionado por la banalidad de su cometido y por lo insustancial de las reuniones a las que acude, pero enseguida empieza a sentirse cómodo con su falsa identidad, a pesar de los constantes dolores de cabeza y de las extrañas pesadillas que cada vez son más recurrentes. Esta situación cambia drásticamente cuando conoce a Rita Foster (Lucy Liu), una bella y enigmática mujer que le pondrá al día del sórdido mundo en el que se ha metido. 


El héroe de Cypher está atrapado en las intrigas corporativas de dos empresas rivales, ambas igualmente amorales y despiadadas, ambas con la intención de utilizarle y luego matarle. Cuando él pasa por un desquiciado lavado de cerebro y es bombardeado por un torbellino de imágenes que intentan quebrantar su voluntad, compartimos sus esfuerzos por mantenerse cuerdo. Esta es la escena más lograda del filme y la que cala más hondo en el espectador, además de ser el instante que marca un punto de inflexión en la historia, ya que señala cuando la película se desprende de su realidad y se convierte en toda una pesadilla kafkiana. A partir de aquí el protagonista deberá probar su entereza, tanto física como mental, en diversas situaciones extrañas, pero este aterrador método de condicionamiento, que guarda cierto parecido con la mítica técnica Ludovico de La naranja mecánica (1972), es el más fascinante.


El buen hacer de Vincenzo Natali en la ciencia ficción ya había quedado patente en Cube (1997), su clásico sobre el terror de los espacios reducidos, y en su segundo largometraje el director canadiense se sirvió de la ficción científica para retratar la crisis de identidad del hombre moderno. En Morgan Sullivan podemos encontrar la esencia de otros héroes alienados de la literatura y el cine, como por ejemplo el Joseph K de El proceso (1925) o el Winston Smith de 1984 (1949). La esquizofrénica puesta en escena y la estética fría y distante, casi minimalista, nos transmiten la desesperación y la paranoia que requiere el relato. La acción se enmarca en una desdibujada urbe futurista que solo se intuye vagamente y el clima de misterio se mantiene a lo largo de todo el metraje, amparado por los constantes giros argumentales de una trama que juega intencionadamente a las cajas chinas.


Cypher es un thriller abstracto que, sin grandes alardes, combina un ambiente enfermizo e intenso con elementos directamente vinculados al género de espías, una suerte de miscelánea ciberpunk donde se integra a la perfección el lenguaje de la ciencia. Vincenzo Natali se muestra más interesado en contar historias estimulantes que en la elaboración de personajes y su cine pone en relieve la fragilidad de las fronteras entre realidad y fantasía, lo que le da cierta libertad narrativa. La película tiene una primera parte fascinante y claramente kafkiana, pero en su último tercio se mantiene fiel a los códigos del cine de evasión, en un cambio de registro que resulta difícilmente comprensible. Tras más de una hora de pura pesadilla cibernética, el filme de Natali deriva hacia una típica fantasía bondiana, recreada con derroche de adrenalina y pirotecnia, en lo que viene a ser un complaciente final que no casa con el resto del metraje, pero que  refuerza el sentido onírico del relato.


La frase: «Escúcheme con atención; pase lo que pase en esa sala, no demuestre extrañeza ni emoción ni sorpresa. Vea lo que vea, usted no se mueva.»

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Jacuzzi al pasado (2010)

Colega, ¿Dónde está el futuro?


El screwball es un subgénero cinematográfico de la comedia que apareció a finales de la década de los años '30 y principios de los '40 (el crack del 27 y la crisis económica posterior tuvieron bastante que ver con su aparición). En las screwball comedy, los personajes suelen ser de clase acomodada (o estafadores que se hacen pasar por gente adinerada), que se dejan arrastrar por las circunstancias (incluso los que en un principio puedan aparecer como los más centrados), con un ritmo y diálogos ágiles y rápidos y, además, suelen ser películas optimistas, a pesar de los contratiempos, y con una historia de amor de por medio. Algunos ejemplos de este tipo de género son: La fiera de mi niña, La costilla de Adán, Luna nueva o Arsénico por compasión. Recientemente, quien sabe si debido a la nueva crisis económica, el género parece haber reaparecido con cierta fuerza con títulos como Resacón en las vegas (uno de los títulos sorpresa del año pasado), Noche loca (Date night) o, la que hoy nos ocupa, Jacuzzi al pasado. Si, amigos, ciertamente las comparaciones son odiosas.

En la película, tres amigos que hace tiempo que no se ven deciden ir a pasar tres días juntos en un hotel de montaña donde estuvieron veinte años antes, para intentar revivir la mejor época de sus vidas en plena adolescencia. En su viaje también les acompañará el sobrino de uno de ellos, alguien acostumbrado a ver el mundo a través de la pantalla de un ordenador. El problema está en que una vez llegan a su destino se dan cuenta de que el sitio está hecho un asco y medio abandonado. La cosa cambiará cuando descubran que el jacuzzi de su apartamento es una máquina del tiempo que los transporta directamente hacia 1986, donde deberán volver a repetir lo que hicieron veinte años atrás debido a que cualquier alteración, por pequeña que sea, puede llegar a cambiar el futuro de una forma insospechada. Ya saben, lo típico de las películas sobre viajes en el tiempo, que les voy a contar.

Viajar en el tiempo es algo que se puede hacer en un Delorean gracias a un condenzador de fluzo, o en un jacuzzi gracias a una extraña y energética bebida rusa. El resultado suele ser el mismo más allá de dejar una estela de fuego o agua, según el vehículo elegido. Los paralelismos existentes entre Regreso al futuro y Jacuzzi al pasado, son tan evidentes que la película ni siquiera se esfuerza en ocultarlos: uno de los personajes, en un momento dado de la película, se presenta como McFly frente a un grupo de desconocidos e, incluso, el botones del hotel de montaña, es el actor Crispin Glover, el encargado de interpretar a George McFly (el padre del personaje de Michael J. Fox, en Regreso al futuro). Lo que pasa es que a pesar de que la película tenga la loable habilidad de saber reirse de sí misma, lo cierto es que sablea la película de Robert Zemeckis sin ningún tipo de pudor, pandilla rival, momento musical del futuro y tipo que empieza a desaparecer ante los acontecimientos sucedidos, incluidos.

El hecho de que 1986 sea el año elegido para viajar en el tiempo no es algo casual y viene a significar un par de cosas: a) que los '80 siguen estando de moda; y b) que todavía parece pronto para que empiecen a sacarle jugo a la década de los '90. Además, la década le viene bien a la película debido a que su protagonista John Cusack ya era toda una estrella teen por entonces, con películas como Dieciséis velas, Juegos de amor en la universidad, Cuenta conmigo o Persecución muy, muy caliente. La película también se permite el lujo de recuperar a uno de esos actores desaparecidos en combate: Chevy Chase, que gozaba de gran popularidad con films como Locas vacaciones de una familia americana, Espías como nosotros o Tres amigos. A la hora de la verdad, lo cierto es que su intervención en la película es completamente residual e incluso hay una chica que enseña las tetas en una piscina con mayor línea de diálogo que él. Además, el hecho de que la película transcurra en los '80, en un hotel de alta montaña, en temporada de esquí y con un buscado tono gamberro, enlaza la película directamente con Hot dog, cinta de adolescentes aparecida a la sombra de la trilogía Porky's y demás.

Y es que el mayor fallo de Jacuzzi al pasado es que uno no sabe en ningún momento en que liga está jugando la película. Por momentos parece, como les comentaba al principio de la reseña, una screwball al uso, sobre un grupo de cuarentones en busca de una segunda oportunidad; y al rato la peli se convierte en una ofensiva comedia gamberra de adolescentes especializada en chistes de mal gusto. La película va dando bandadas sin encontrar su punto en ninguno de los dos ámbitos y, encima, el hecho de que se vayan alternando le resta todavía mayor encanto al producto final. En definitiva resulta una película fallida que no se atreve a ser ni una cosa ni la otra, provocando que se quede constantemente muy a medio gas, con un humor muy raspado que tira de clichés ya vistos hasta la saciedad y unos gags bastante flojos que no ayudan a que la película logre remontar el vuelo. Por cierto, la recta final es mala a matar.

Resumiendo: Olvidable subproducto que se mueve entre la comedia alocada y la comedia gamberra y soez, sin terminar de ir hasta el fondo de ninguno de ambos géneros.



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Grandes monólogos cine (X)



Parte de una de las escenas míticas de Pulp Fiction (1994) en la que destaca el gran monólogo de Christopher Walken.

"Tu padre llevaba este reloj en su muñeca cuando le derribaron sobre Hanoi. Le capturaron y le metieron en un campo de prisioneros vietnamitas. Sabía que si los amarillos veían el reloj, lo confiscarían... se lo quitarían. Tu padre decía que este reloj te pertenecía por nacimiento; le cabreaba que cualquier amarillo pusiera sus grasientas manos sobre la herencia de su hijo, así que lo escondió, empleando el único lugar en que podía, su culo. Cinco largos años llevó este reloj metido en el culo. Luego, antes de morir de disentería, me dio el reloj. Oculté este incómodo trozo de metal en mi culo durante dos años. Entonces... después de siete años, volví a casa con mi familia. Y ahora... jovencito... te entrego a ti el reloj"

Mientras tanto, en Twitter...

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