Cypher (2002)


La naranja cibernética.

Con los elementos propios de un ciberthriller corporativo, Cypher da vueltas alrededor de las tribulaciones de un hombre corriente sumido en un universo alucinatorio. El protagonista de la historia es Morgan Sullivan (Jeremy Northam), un contable en paro que quiere dejar atrás su anodina existencia para ejercer de espía industrial en Digicorp, una desalmada multinacional. Bajo una nueva identidad es enviado a distintas convenciones alrededor de Norteamérica, con la misión de grabar en secreto las conferencias. Morgan en un principio queda algo decepcionado por la banalidad de su cometido y por lo insustancial de las reuniones a las que acude, pero enseguida empieza a sentirse cómodo con su falsa identidad, a pesar de los constantes dolores de cabeza y de las extrañas pesadillas que cada vez son más recurrentes. Esta situación cambia drásticamente cuando conoce a Rita Foster (Lucy Liu), una bella y enigmática mujer que le pondrá al día del sórdido mundo en el que se ha metido. 


El héroe de Cypher está atrapado en las intrigas corporativas de dos empresas rivales, ambas igualmente amorales y despiadadas, ambas con la intención de utilizarle y luego matarle. Cuando él pasa por un desquiciado lavado de cerebro y es bombardeado por un torbellino de imágenes que intentan quebrantar su voluntad, compartimos sus esfuerzos por mantenerse cuerdo. Esta es la escena más lograda del filme y la que cala más hondo en el espectador, además de ser el instante que marca un punto de inflexión en la historia, ya que señala cuando la película se desprende de su realidad y se convierte en toda una pesadilla kafkiana. A partir de aquí el protagonista deberá probar su entereza, tanto física como mental, en diversas situaciones extrañas, pero este aterrador método de condicionamiento, que guarda cierto parecido con la mítica técnica Ludovico de La naranja mecánica (1972), es el más fascinante.


El buen hacer de Vincenzo Natali en la ciencia ficción ya había quedado patente en Cube (1997), su clásico sobre el terror de los espacios reducidos, y en su segundo largometraje el director canadiense se sirvió de la ficción científica para retratar la crisis de identidad del hombre moderno. En Morgan Sullivan podemos encontrar la esencia de otros héroes alienados de la literatura y el cine, como por ejemplo el Joseph K de El proceso (1925) o el Winston Smith de 1984 (1949). La esquizofrénica puesta en escena y la estética fría y distante, casi minimalista, nos transmiten la desesperación y la paranoia que requiere el relato. La acción se enmarca en una desdibujada urbe futurista que solo se intuye vagamente y el clima de misterio se mantiene a lo largo de todo el metraje, amparado por los constantes giros argumentales de una trama que juega intencionadamente a las cajas chinas.


Cypher es un thriller abstracto que, sin grandes alardes, combina un ambiente enfermizo e intenso con elementos directamente vinculados al género de espías, una suerte de miscelánea ciberpunk donde se integra a la perfección el lenguaje de la ciencia. Vincenzo Natali se muestra más interesado en contar historias estimulantes que en la elaboración de personajes y su cine pone en relieve la fragilidad de las fronteras entre realidad y fantasía, lo que le da cierta libertad narrativa. La película tiene una primera parte fascinante y claramente kafkiana, pero en su último tercio se mantiene fiel a los códigos del cine de evasión, en un cambio de registro que resulta difícilmente comprensible. Tras más de una hora de pura pesadilla cibernética, el filme de Natali deriva hacia una típica fantasía bondiana, recreada con derroche de adrenalina y pirotecnia, en lo que viene a ser un complaciente final que no casa con el resto del metraje, pero que  refuerza el sentido onírico del relato.


La frase: «Escúcheme con atención; pase lo que pase en esa sala, no demuestre extrañeza ni emoción ni sorpresa. Vea lo que vea, usted no se mueva.»

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Jacuzzi al pasado (2010)

Colega, ¿Dónde está el futuro?


El screwball es un subgénero cinematográfico de la comedia que apareció a finales de la década de los años '30 y principios de los '40 (el crack del 27 y la crisis económica posterior tuvieron bastante que ver con su aparición). En las screwball comedy, los personajes suelen ser de clase acomodada (o estafadores que se hacen pasar por gente adinerada), que se dejan arrastrar por las circunstancias (incluso los que en un principio puedan aparecer como los más centrados), con un ritmo y diálogos ágiles y rápidos y, además, suelen ser películas optimistas, a pesar de los contratiempos, y con una historia de amor de por medio. Algunos ejemplos de este tipo de género son: La fiera de mi niña, La costilla de Adán, Luna nueva o Arsénico por compasión. Recientemente, quien sabe si debido a la nueva crisis económica, el género parece haber reaparecido con cierta fuerza con títulos como Resacón en las vegas (uno de los títulos sorpresa del año pasado), Noche loca (Date night) o, la que hoy nos ocupa, Jacuzzi al pasado. Si, amigos, ciertamente las comparaciones son odiosas.

En la película, tres amigos que hace tiempo que no se ven deciden ir a pasar tres días juntos en un hotel de montaña donde estuvieron veinte años antes, para intentar revivir la mejor época de sus vidas en plena adolescencia. En su viaje también les acompañará el sobrino de uno de ellos, alguien acostumbrado a ver el mundo a través de la pantalla de un ordenador. El problema está en que una vez llegan a su destino se dan cuenta de que el sitio está hecho un asco y medio abandonado. La cosa cambiará cuando descubran que el jacuzzi de su apartamento es una máquina del tiempo que los transporta directamente hacia 1986, donde deberán volver a repetir lo que hicieron veinte años atrás debido a que cualquier alteración, por pequeña que sea, puede llegar a cambiar el futuro de una forma insospechada. Ya saben, lo típico de las películas sobre viajes en el tiempo, que les voy a contar.

Viajar en el tiempo es algo que se puede hacer en un Delorean gracias a un condenzador de fluzo, o en un jacuzzi gracias a una extraña y energética bebida rusa. El resultado suele ser el mismo más allá de dejar una estela de fuego o agua, según el vehículo elegido. Los paralelismos existentes entre Regreso al futuro y Jacuzzi al pasado, son tan evidentes que la película ni siquiera se esfuerza en ocultarlos: uno de los personajes, en un momento dado de la película, se presenta como McFly frente a un grupo de desconocidos e, incluso, el botones del hotel de montaña, es el actor Crispin Glover, el encargado de interpretar a George McFly (el padre del personaje de Michael J. Fox, en Regreso al futuro). Lo que pasa es que a pesar de que la película tenga la loable habilidad de saber reirse de sí misma, lo cierto es que sablea la película de Robert Zemeckis sin ningún tipo de pudor, pandilla rival, momento musical del futuro y tipo que empieza a desaparecer ante los acontecimientos sucedidos, incluidos.

El hecho de que 1986 sea el año elegido para viajar en el tiempo no es algo casual y viene a significar un par de cosas: a) que los '80 siguen estando de moda; y b) que todavía parece pronto para que empiecen a sacarle jugo a la década de los '90. Además, la década le viene bien a la película debido a que su protagonista John Cusack ya era toda una estrella teen por entonces, con películas como Dieciséis velas, Juegos de amor en la universidad, Cuenta conmigo o Persecución muy, muy caliente. La película también se permite el lujo de recuperar a uno de esos actores desaparecidos en combate: Chevy Chase, que gozaba de gran popularidad con films como Locas vacaciones de una familia americana, Espías como nosotros o Tres amigos. A la hora de la verdad, lo cierto es que su intervención en la película es completamente residual e incluso hay una chica que enseña las tetas en una piscina con mayor línea de diálogo que él. Además, el hecho de que la película transcurra en los '80, en un hotel de alta montaña, en temporada de esquí y con un buscado tono gamberro, enlaza la película directamente con Hot dog, cinta de adolescentes aparecida a la sombra de la trilogía Porky's y demás.

Y es que el mayor fallo de Jacuzzi al pasado es que uno no sabe en ningún momento en que liga está jugando la película. Por momentos parece, como les comentaba al principio de la reseña, una screwball al uso, sobre un grupo de cuarentones en busca de una segunda oportunidad; y al rato la peli se convierte en una ofensiva comedia gamberra de adolescentes especializada en chistes de mal gusto. La película va dando bandadas sin encontrar su punto en ninguno de los dos ámbitos y, encima, el hecho de que se vayan alternando le resta todavía mayor encanto al producto final. En definitiva resulta una película fallida que no se atreve a ser ni una cosa ni la otra, provocando que se quede constantemente muy a medio gas, con un humor muy raspado que tira de clichés ya vistos hasta la saciedad y unos gags bastante flojos que no ayudan a que la película logre remontar el vuelo. Por cierto, la recta final es mala a matar.

Resumiendo: Olvidable subproducto que se mueve entre la comedia alocada y la comedia gamberra y soez, sin terminar de ir hasta el fondo de ninguno de ambos géneros.



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Grandes monólogos cine (X)



Parte de una de las escenas míticas de Pulp Fiction (1994) en la que destaca el gran monólogo de Christopher Walken.

"Tu padre llevaba este reloj en su muñeca cuando le derribaron sobre Hanoi. Le capturaron y le metieron en un campo de prisioneros vietnamitas. Sabía que si los amarillos veían el reloj, lo confiscarían... se lo quitarían. Tu padre decía que este reloj te pertenecía por nacimiento; le cabreaba que cualquier amarillo pusiera sus grasientas manos sobre la herencia de su hijo, así que lo escondió, empleando el único lugar en que podía, su culo. Cinco largos años llevó este reloj metido en el culo. Luego, antes de morir de disentería, me dio el reloj. Oculté este incómodo trozo de metal en mi culo durante dos años. Entonces... después de siete años, volví a casa con mi familia. Y ahora... jovencito... te entrego a ti el reloj"

Las vidas posibles de Mr. Nobody (2009)


Memorias del porvenir.

En un corto plazo de tiempo se han estrenado tres películas que pretenden recuperar el savoir faire de la ciencia ficción de la década de los 70’s y que han utilizado el género como vehículo para retratar la condición humana, aunque con resultados desiguales y enfoques bien distintos. La primera en llegar a nuestras pantallas fue Moon (2009), la ópera prima de Duncan Jones, seguida muy de cerca por The box (2009), la última carambola cinematográfica de Richard Kelly (un cineasta con serios problemas de ego), y ahora le toca el turno a Las vidas posibles de Mr. Nobody, la peculiar propuesta narrativa de Jaco Van Dormael, un director belga que recurre, por primera vez y de forma natural, a la ciencia ficción, sin alejarse por ello de ciertos temas recurrentes en su filmografía. Estamos ante una sentida coproducción entre Bélgica, Francia y diversos países, que enlaza con otros títulos tan emblemáticos como Matadero Cinco (1972), ¡Olvídate de mí! (2004) o sobretodo Je t’aime, je t’aime (1968) de Alain Resnais, debido en parte a su habilidad para fundir la ciencia-ficción con la filmación de los laberintos de la mente humana.


Nuestro relato da comienzo en el año 2092, en una época donde los avances científicos han propiciado que la humanidad trascienda a un estado de inmortalidad. Allí conocemos a Nemo Nobody (Jared Leto), el último mortal vivo. Nemo, con más de cien años de edad, pasa sus últimas horas de vida en una cama del hospital, algo que crea bastante expectación en esta sociedad futura. Un periodista se cuela en su habitación con la idea de entrevistar al moribundo, pero una vez empezada la historia el reportero se da cuenta de que los detalles no cuadran, de que la narración se bifurca cada vez que se toma una decisión, dando pie a una infinidad de historias nuevas que se solapan en un bucle sin fin. Nemo no le está explicando su vida, sino todas sus vidas posibles. Quizás le falle la memoria al anciano y nada de esto sucediera realmente, o tal vez sea otra cosa distinta, ¿realidades alternativas? ¿Viajes en el tiempo? Quién sabe, nada es seguro en este juego narrativo de muñecas rusas.


Nemo Nobody es un nombre que suena intencionadamente a inventado, y más si tenemos en cuenta que ambos vocablos, el primero en latín y el segundo en inglés, significan «nadie». Él se niega a vivir en un tiempo presente y lineal, como también sucede con los protagonistas de las películas de Alain Resnais, un cine con el que siente gran afinidad. La película se sumerge en una sinfonía discontinúa de recuerdos y hechos fragmentados, explorando los caminos aleatorios de la existencia. Una carrera de obstáculos donde la meta es el amor (personificado por Diane Kruger), pero en la que se deben franquear todo tipo de caprichos del destino y mil y un callejones sin salida. La narración se deja llevar por el torrente de imágenes, exhorta en la flotante belleza de su poesía visual, el discurso es espiral y el espectador puede sentirse algo perdido ante tanto desorden narrativo. Algo que intenta subsanar un final excesivamente explícito, donde un personaje, a modo de epílogo hitchcockiano, nos revela todos los secretos de la trama.


El mecanismo se demuestra algo burdo para una obra tan críptica como esta, pero estoy seguro de que un sector del público lo agradecerá. Y lo cierto es que está rodado de forma bastante frívola, así que no estropea del todo el conjunto. Lo que sí le resta varios puntos es que en algunos de sus parajes se parezca tanto a Los amantes del círculo polar (1998). A pesar de que no tengo ningún problema con que la imagen del viejo Nemo en su cama del hospital nos remita a la del viejo Bowman en 2001: una odisea del espacio (1968), e incluso puedo ver con buenos ojos ciertos parelismos entre este personaje y el Billy Pilgrim de Matadero Cinco (1972), el hecho de que Las vidas posibles de Mr. Nobody se nos presente como una feliz unión entre la cinta de Julio Medem antes mencionada y el cine de Resnais, nos plantea serias dudas sobre su originalidad. Sea como fuere, Van Dormael es un excelente narrador y está copiando a referentes exquisitos, así que el resultado final es una filigrana narrativa de gran belleza formal, pero que provoca una inexcusable sensación de déjà vu en el espectador.



La frase 1: «Prométeme que si muero tirarás mis cenizas en Marte.»

La frase 2: «En el ajedrez se llama Sit Suan, cuando un solo movimiento no es movimiento.»

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BONUS TRACK:

Arrested development. Serie completa.

Los ricos también lloran.

Arrested development es una cómica serie de televisión que se mantuvo en antena durante tres temporadas (emitidas entre 2003 y 2006) a lo largo de cincuenta y tres episodios. Cada capítulo empieza siempre con la misma introducción: “A continuación la historia de una familia acaudalada que lo perdió todo y de un hijo que no tuvo más remedio que mantenerlos unidos a todos. Es arrested development”. De la misma forma, la serie siempre cierra cada episodio con un pequeño resumen donde se adelanta lo que sucederá en el siguiente capítulo. Lo realmente extraño del caso, es que lo que anuncian que sucederá en el siguiente episodio jamás terminaba sucediendo. Y es que, tal y como ya nos advierten en la introducción de la misma, esto no es una serie al uso, esto es arrested development.

Y es que la serie es una sitcom empeñada en no cumplir ninguna de las condiciones propias de este tipo de productos. Por ejemplo, aquí no hay vecinos que entren en casa de los demás sin llamar a la puerta; no hay una reiterada tensión sexual no resuelta entre una de las parejas protagonistas; y no hay un bar frecuentado por los personajes principales donde dar rienda suelta a los chistes. Por no haber ni siquiera hay risas enlatadas y, además, los responsables están empeñados en rodar un gran número de las escenas en exteriores. Por si fuera poco, la serie está rodada cámara en mano (al estilo de falso documental pero sin serlo realmente), con constantes y divertidos flashbacks y narrada por una omnipresente voz en off que se encarga de refrescar la memoria al espectador de lo sucedido hasta el momento.

Arrested development nos cuenta la historia de los Bluth, una familia adinerada que verá peligrar su estatus y posición social el día en que la policía detenga al patriarca y lo metan en prisión, acusado de desfalco e, incluso, de traición a la nación (así, a lo grande). Su hijo, Michael, deberá entonces hacerse cargo de la empresa familiar y mantener unidos a todos los miembros de una familia que, durante mucho tiempo, ha estado viviendo muy por encima de sus posibilidades reales. No obstante, la tarea no le resultará nada fácil. Por un lado, la empresa va francamente mal (tenían que construir una urbanización entera de casas de la que sólo se ha construido la casa modelo, en la que se acabarán instalando la mayor parte de los miembros de la familia) y, por otro lado, resulta que la familia Bluth forma el mayor grupo humano conocido de egoístas, caraduras y aprovechados que hayan visto en lustros.

Entre los miembros de esta disfuncional familia encontramos a: Michael (Jason Bateman), el hermano mediano. Es el más responsable y sensato de la familia. Siempre intenta hacer lo correcto, lo que provoca que siempre termine metiendo la pata (en la mayoría de ocasiones provocado por el resto de los miembros de su propia estirpe). Es viudo y debe compaginar su nuevo cargo en la empresa con la educación de su hijo, George Michael (Michael Cera), un adolescente empeñado en acontentar a su padre y perdidamente enamorado de su prima. Lindsay, es la hermana gemela de Michael. Es una niña mimada, a quien le encanta ser el centro de atención, especializada en enfrascarse en causas sociales perdidas de antemano. No ha trabajado en su vida ni tiene ninguna intención de hacerlo jamás. Gob, es el hermano mayor. Es mago profesional (el peor que hayan visto) y ni siquiera sus propios compañeros de profesión lo soportan (de hecho lo acabarán expulsando de la asociación de magos). Es arrogante, vago, falso y absolutamente estúpido. Me encanta. Buster, es el hijo menor, y el tipo con el mayor complejo de edipo jamás visto sobre la faz de la tierra. Es incapaz de alejarse más de diez metros de las faldas de su madre (hasta que encuentre una novia de la misma edad que ella). George, es el patriarca, a quien meterán en prisión. Es un manipulador profesional, cuyas artes acostumbra a utilizar con mayor maestría entre los miembros de su propia familia. Es calvo y tiene un hermano gemelo, Oscar, un hippie físicamente igual que él, pero con pelo. George, está casado con Lucille, una insoportable mujer de lengua viperina, excesivamente aficionada a las bebidas de alta graduación. Lindsay, además, está casada con Tobias, el personaje más extraño de la función, un psicólogo que perdió su licencia para ejercer (por intentar reanimar en una piscina a alguien que no había muerto) que intentará abrirse hueco en el mundo de la interpretación, a pesar de no disponer de ninguna habilidad para ello. Tobias, además, es un “nunca desnudo”, una persona que jamás se quita toda la ropa, ni siquiera delante de su esposa (suele ducharse con una especie de shorts tejanos). Su comportamiento y el doble sentido con el que suele estructurar sus frases tiende a sugerir que es gay. Y para terminar, Maeby, es la hija de Lindsay y Tobias, a diferencia de su primo está especialmente facultada para meterse en problemas y siente una especial atracción hacia todo aquello que detesta su madre.

Book fotográfico de Tobias.

El narrador de las peripecias de esta insólita familia es Ron Howard (director, entre otras, de 1, 2, 3 Splash, Cocoon, Willow o Una mente maravillosa) quien, además, ejerce las funciones de productor ejecutivo. Por si fuera poco, la serie también cuenta con un elevado número de colaboraciones de caras conocidas como: Liza Minelli, que interpreta a la novia del hijo menor de los Bluth y a la mayor rival de la madre de éste; Charlize Theron, que aparece en algunos capítulos como la novia británica del protagonista; Ben Stiller, como Tony Wonder, un mago absolutamente perturbado, rival de Gob; Martin Short, que interpreta al tio Jack (a ver como se lo cuento... El tio Jack es un culturista de noventa años, que no puede andar y que para parecer más varonil en lugar de desplazarse en silla de ruedas se hace transportar por una especie de forzudo llamado “dragón”, a pesar de lo cual, sigue conservando intacto un enorme apetito sexual) o Carl Weathers (Depredador, Acción Jackson), que se interpreta a sí mismo, dando clases de interpretación a Tobias y aprovechando para mendigar comida de casa de los Bluth.

Arrested development es una sátira demoledora, disfrazada de culebrón, capaz de atacar directamente a la yugular a todo lo que se mueva, ya sea al estamento familiar, al capitalismo, la nación americana, Gran Bretaña, la guerra de Irak, la fama, la inmigración, las adopciones ilegales, la eutanasia, la religión o las galas benéficas, permitiéndose el lujo de no dejar títere con cabeza. Además, resulta ser terriblemente divertida, hilarante y alocada, logrando arrancarme más de una sonora carcajada, especialmente con los personajes de Gob y Tobias, auténticas piedras angulares de la función. Y es que si la serie dispone de un auténtico punto fuerte éste es, sin duda, la construcción de sus personajes, tan extremos (no es que las circunstancias en las que se ven envueltos los lleven hasta el extremo, que va, es que son extremos por naturaleza), con una característica común entre todos ellos muy marcada: siempre desean de forma constante todo aquello que no pueden obtener, hasta el momento en que lo consiguen, momento en el cual deja de tener valor para ellos. Es cierto que en ocasiones la serie pueda llegar a ser un poco repetitiva en su planteamiento, pero a la larga siempre termina por superarse a sí misma y subir un nuevo peldaño, hasta llegar a una genial recta final.

La serie ganó seis Emmys, un globo de oro y se coló entre los 100 mejores shows de la historia de la televisión de la revista Time. A pesar de los premios y la aclamación de la crítica, la audiencia no la acompañó y fue cancelada en 2006 después de tres temporadas. En España, apenas llegó a estrenarse la primera temporada en el canal Fox y ni siquiera llegó a las cadenas generalistas. Mucho se habló en su momento de que la serie podría dar el salto a la gran pantalla pero no llegó a concretarse nada. Recientemente, se anunció que existía un proyecto para el cine de arrested development y que estaban en pre-producción con vistas a estrenar la película en el 2011. Esperemos que esta vez sí llegue a buen puerto y que sirva de digno colofón a esta gran serie.

Resumiendo: Imprescindible e hilarante comedia llena de mala lecha y humor negro, encargada de dejar el estamento familiar a la altura del betún.

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