Una invención diabólica (1958)

El fantástico mundo de Julio Verne (1828-1905) cobra vida en Una invención diabólica, película que baraja conceptos e ideas aparecidos en diversas obras del escritor francés, pero que sigue la misma línea argumental que Ante la bandera, una novela suya datada de 1896. Estas publicaciones vieron la luz acompañadas por espectaculares grabados de diferentes artistas, como Edouard Riou, un pintor alumno de Gustave Doré, o Léon Benett, un diseñador y viajero íntimo amigo de Verne, que en muchas ocasiones creaba sus dibujos bajo la supervisión del mismo. Estas imágenes han sobrevivido al paso del tiempo y se han convertido en la máxima expresión de lo verniano, de tal manera que aun siguen acompañando las actuales reediciones de sus novelas.


Cuando Karel Zeman (1910-1989) se propuso trasladar a la pantalla el personal universo del escritor, venía influenciado por la fuerte tradición marionetista de Checoslovaquia y por su amor incondicional a la obra de George Méliès. Así que lo que creó no fue una adaptación al uso, sino que se propuso insuflar de vida aquellas mágicas ilustraciones decimonónicas. Mediante el trucaje, la sobreimpresión y el collage, y con un sentido plenamente lúdico y artesanal, Zeman otorgó movimiento a aquellos grabados, creando una sugestiva era del vapor repleta de imposibles prodigios mecánicos. Submarinos, Zeppelines y diversos globos aerostáticos son moneda común en la película, a lo que hay que sumar una puesta en escena basada en el esgrafiado y una maravillosa estética steampunk y retrofuturista. La cinta, sin duda alguna, es visualmente portentosa.


La historia gira en torno a Thomas Roch, un inventor francés que es secuestrado por los malvados piratas del Conde Artigas. Tras un largo viaje en barco y submarino, es llevado a una base secreta situada en una isla volcánica perdida en medio del océano. Allí será víctima de los subterfugios y engaños del conde, que le convencerá para crear una poderosa arma con la que ansía gobernar el mundo. Simon Hart, el ayudante del profesor, hará todo lo posible para desbaratar los maléficos planes del conde.


Al argumento no le falta de nada; hay aventura, piratas, experimentos científicos, localizaciones exóticas, un villano y un arma súper peligrosa, pero algo falla, porque a medida que avanza el metraje el espectador empieza a aburrirse. La película cae presa del ensimismamiento que provoca su propia pericia visual y la acción carece de todo dinamismo. El montaje se recrea demasiado en unas imágenes que aunque brillantes, tan solo son el medio para explicar una historia. Una historia a la que el director, muy ocupado en otros menesteres, no ha sabido prestarle toda la atención que se merece.


Como cualquier obra de ciencia ficción que se precie, esta epopeya victoriana no se salva de la alegoría social. La trama nos advierte de los peligros de la tecnología, y la invención diabólica que da título al filme, está considerada como un anticipo a la bomba atómica (recordemos que la novela es de 1896). Esta visión pesimista choca con la fascinación con que Zeman nos muestra el hecho científico, concediéndole la categoría de extraordinario. La película transmite cierto sentimiento de nostalgia por el progreso a la antigua usanza, mostrándolo de manera más próxima a la magia que a la ciencia.


Una invención diabólica se me antoja como un precedente poético a lo que años más tarde lograran Sin City (2005), 300 (2007) o Watchmen (2009), y a decir verdad, en esta película ya se encuentran muchas de las virtudes y defectos con las que se toparan Zack Snyder y compañía al hacer sus adaptaciones viñeta a viñeta. La propuesta resulta de gran eficacia plástica pero de poca resolución cinemática.



La frase: “Buenas tardes, amigos. Acérquense, les contaré una gran aventura.”

Leer critica Una invención diabólica en Muchocine.net

Los mundos de Coraline (2009)

Buenos días, soy el jefe Dreyfus y hoy miramos hacia la cartelera, con una película de estreno que es un bonito/terrible cuento que hará las delicias de los aficionados al stop-motion, de la mano de uno de los directores que se está consagrando con dicha técnica. Hoy: Los mundos de Coraline... ¡Empezamos!

La película empieza, como tantas y tantas otras, con la mudanza de la familia protagonista a su nuevo hogar en los apartamentos Palacio Rosa. Dicha familia está formada por un matrimonio, demasiado enfrascado en su trabajo como para hacer caso a su hija, llamada Coraline, una niña de gran imaginación, que se sentirá sola en su nuevo hogar, después de haber dejado atrás a sus antiguos amigos, debido a la poca atención dispensada por sus padres. Rápidamente, no obstante, empezará a hacer nuevas amistades, entre los que encontramos a un extraño niño, que vive en el pueblo, y sus vecinos: un viejo artista de circo, el asombroso Bobinsky, al que se le ha ido un poco la cabeza, y dos ancianas, antiguas bailarinas de vodevil, amantes de los perros, que siguen recordado los felices tiempos de éxitos pasados. Pero todo va a cambiar cuando Coraline descubra que, escondido en el salón de su nueva casa, debajo del papel pintado, existe una pequeña puerta capaz de llevarla a un mundo paralelo donde todas las cosas que le disgustan han desaparecido, todo es perfecto y la actitud de sus padres hacia ella ha cambiado, solo que, en ese nuevo mundo, las personas no tienen ojos, tienen botones.

El director del cuento es Henry Selick que, aunque su nombre a priori no nos diga demasiado, lo cierto es que era el director de Pesadilla antes de navidad (no, Tim Burton no la dirigió, suya era la historia y el trabajo de producción, pero la dirección corría, en solitario, a cargo del sr. Selick, aunque no tuviera el reconocimiento que, quizás, se merecía). Después vinieron James y el melocotón Gigante (también en stop-motion) y posteriormente probó suerte con Monkeybone (que resultó ser un fiasco donde Brendan Fraser se las tenía y se las deseaba con una especie de mono tocapelotas). Ocho años después de esta última, vuelve a probar suerte con lo que, hasta la fecha, mejor se le ha dado, llevar a la gran pantalla un cuento siniestro utilizando, una vez más, la técnica del stop-motion, que tan buenos resultados le ha dado.

Y para ello se ha basado en una novela de Neil Gaiman (quien la escribió pensando en su propia hija), reconocido autor de cómics (especialmente relevante su trabajo en la serie Sandman) y cuya novela Stardust, ya se llevó recientemente a la gran pantalla.

La película engancha, y lo hace por diferentes y variados motivos. Engancha por la oscuridad que desprende la historia que nos están contando, siniestra en muchos momentos, con un terror que se va apoderando del metraje a medida que avanza la peli, llegando a una cumbre media hora final; engancha por lo bien tratado que está el stop-motion y todo el jugo que es capaz de sacar el director y su equipo de la técnica; engancha por la magia que desprende por sus cuatro costados; engancha por su desbordante imaginación, donde los jardines cobran vida, las mantis son vehículos y los escarabajos cómodos asientos, engancha por sus personajes secundarios, tan bien escogidos, personajes solitarios y amargados, anclados en unas vidas que hace muchos años que dejaron atrás, pero entrañables al fin y al cabo; engancha por la historia, que aunque en algún momento pueda recordar a Alicia en el país de las maravillas, a la hora de la verdad, funciona por si sola y te acabas olvidando de las comparaciones; y engancha porque en ningún momento deja de ser un cuento, lleno de fantasía, protagonizado por una niña capaz de salir adelante pese a las adversidades, con una moraleja final (como todo buen cuento que se precie).

Resumiendo: La peli es un cuento siniestro y terrorífico, con una trama que engancha al espectador (sean niños o adultos), plagada de momentos brillantes, fantasía desbordante y personajes memorables.



Leer critica Los mundos de Coraline en Muchocine.net

Ser y tener (2002)

Elprimerhombre se ha vuelto a emocionar con el documental Ser y tener, de Nicolas Philibert, realizado con la sabiduría de saber mostrar, con absoluta atención, la dedicación de un profesor en una escuela rural impartiendo clase a sus alumnos de entre cuatro y once años.

Esto es lo que se llama "la clase única", dispuesta en zonas rurales alejadas, en la que se juntan críos de preescolar con críos de primaria. En este caso en concreto, la escuela está situada en una zona apartada de la región de Auvergne, en Francia. Y como podemos ver, nada más comenzar el documental, el invierno en estos lugares es muy duro, siendo el paisaje un detalle muy importante para la historia real que se nos cuenta. Cada mañana, varios de estos alumnos son recogidos por una furgoneta para ir a la escuela, donde recibirán los sabios consejos de su profesor Georges López, de origen español, cuya misma delicadeza para atender las dudas de sus pequeños alumnos será compartida por Philibert al dejar que ellos mismos sean los protagonistas, filmando con la cámara todo cuanto dicen y colocada a su misma altura. Conoceremos entre otros al simpático Jojo, el niño que tiene más protagonismo, y que se nota que es el que llama más la atención del director y del mismo profesor; a la riquísima Marie, una niña oriental con marcados mofletes; a la callada Alize, al tímido Johann, o a los más mayores, Olivier y Julian. En total serán trece niños que mantendrán una buena relación con su profesor y que nos llegarán a enternecer.

Lo más llamativo de esta película y lo que mejor se consigue es el contagio al espectador de la tranquilidad con que se nos plantea todo desde el comienzo. En el primer plano de la clase que se nos muestra, las sillas están aún encima de la mesa y entran en escena a su paso dos tortugas de tamaño bastante grande, como introduciéndonos lentamente en un paisaje rural afiliado al silencio, ayudando esta serenidad a que haya una sintonización mejor entre el profesor y sus alumnos. Algo casi absolutamente imposible en los colegios urbanos, como pasaba en la película de La clase, de Laurent Cantet, con unos alumnos bastante aturdidos y de tono disonante, siendo el intento para dialogar con ellos una pura utopía. Algo que en cambio consigue fácilmente el señor López, con muchos menos alumnos y hasta con una educación mejor de estos mismos. También es verdad de que la mayor diferencia de este tipo de clase con la que hay en las ciudades es por el vínculo mayor entre el profesor y sus alumnos, cuyo respeto mutuo está mucho más acentuado. Probablemente sea gracias a la cercanía y el ser pocos alumnos lo que ayude a conseguir una mejor coordinación y un mayor acercamiento, pero es que de esta manera el profesor puede hablar sin tener que gritar y puede hacerse entender mucho mejor. De ahí el emocionante final de curso, dado también por la cercana jubilación del profesor López, ocasionando de esta manera un brillante desenlace con besos de despedida entre él y sus alumnos.

Esta simpática y muy respetable relación conlleva a que sea lo más vistoso y agradable del documental, algo que te deja con la sonrisa en la boca en muchos momentos, destacando la forma en que el profesor se comunica con ellos, haciéndoles muchas preguntas para que se den cuenta en lo que están fallando o para poder averiguar en qué es exactamente lo que no entienden. Entre los alumnos hay compañerismo pero no hay ninguna duda de que también hay riñas, como es obvio a su edad, con el consecuente diálogo que pueda tener el profesor con ellos para calmar los ánimos. Pero no hay que olvidar en ningún momento la importante aportación que tiene la familia en estos lugares, ayudando en lo que pueden a sus hijos y algunos hasta hablando con el profesor para encontrar alguna solución a sus estudios, a que logren ser capaces de aprobar las materias, llegando a ser más competentes.

En definitiva, un buen documental realizado con una simplicidad envidiable, con una relación emotiva entre el profesor y sus alumnos.

Un saludo! Y recomiendo que la vean en V.O.S.E.



Leer critica Ser y tener en Muchocine.net

Las malas lenguas (II)


En los últimos meses se ha ido caldeando la (conveniente) polémica entre McG y Michael Bay, los realizadores de Terminator Salvation y Transformers: Revenge of the Fallen. La disputa empezó cuando Bay acusó a la cuarta entrega de Terminator de emular el tamaño de los robots de Transformers. McG se defendió comentando que los robots gigantes son un tema recurrente en el cine, e incluso más tarde llegó a vanagloriarse de tenerlos más grandes. Aunque en un principio parecía que hablaba de los robots, el director acabó por sugerir una posible competición de miembros viriles, pero finalmente quitó hierro al asunto de esta manera:

« Eso fue una tontería, y la gente hablando sobre dos directores engreídos que tienen grandes pollas. Nada más lejos de la verdad. Lo más gracioso es que tengo una maldición irlandesa, y creo que todos sabemos en qué me afecta eso. »

El intercambio (2008)


Buenos días, soy el jefe Dreyfus, de nuevo con una película del maestro Eastwood, en esta ocasión con un dramazo de esos tan solemnes que, incluso, en un principio me tiró un poco para atrás y lo fui dejando hasta que, por fin, me decidí a verla aprovechando su salida en dvd. Hoy: El intercambio... ¡Empezamos!

La peli está ambientada en Los Angeles, en el año 1928, donde encontramos a Lara Croft, convertida en una madre soltera que intenta compaginar la educación de su hijo con su trabajo (del padre no se sabe demasiado, al parecer un día dijo que se iba a comprar tabaco y todavía no ha encontrado estanco). Una día, al volver a su casa del curro, descubrirá que su hijo ha desaparecido sin dejar rastro y, como el niño todavía no esta en edad de fumar, la madre opta por pedir ayuda a la policía. Al cabo de pocos meses, la policía la informa de que ha encontrado a su hijo desaparecido, pero le entregan un niño que, la madre, asegura que no es su hijo. A pesar de las súplicas de la “madre coraje” para que la policía siga buscando a su hijo, la poli la intenta convencer de que el niño encontrado si es realmente su hijo, con lo que la madre tendrá que luchar, con todas sus fuerzas, para imponer su verdad, encontrando ayuda en el prota de las amistades peligrosas, que interpreta a un reverendo, que actúa de radio-predicador, muy crítico con el trabajo de la policía de la época, a la que tacha de corrupta siempre que tiene ocasión. Pues si, una historia dura (un dramón, vamos), que, encima, viene precedida por un “basado en hechos reales”, que no hace más que dar más dramatismo a la historia.

El responsable, detrás de las cámaras, es el veterano (aunque muy activo), Clint Eastwood, de quien ya hablé en mi anterior crítica sobre Gran Torino, y que, una vez más, ha optado por no aparecer en pantalla, dejando el trabajo en manos de Angelina Jolie, auténtica protagonista de la película. La Jolie es famosa por muchas cosas variadas y, además, sale en películas, en su mayoría, de gusto más o menos discutibles. Nunca la he considerado una gran actriz (a pesar de que ganara un Oscar a la mejor actriz secundaria por Inocencia interrumpida) y, a pesar de todo, me trago mis palabras (como casi siempre), porque lo cierto es que en esta película la chica está francamente bien, logrando justificar la confianza que el bueno de Clint ha depositado en ella. Sin duda alguna, el Sr. Eastwood ha conseguido sacar lo mejor de ella, logrando que la actriz construya un papel duro, dramático y, lo más importante, creíble. Junto a la Jolie, encontramos a John Malkovich, un actor de esos que se apunta a un bombardeo, y que, como casi siempre, consigue grandes resultados.

Además, el guionista de la película es un tal J. Michael Straczynski, un tipo de apellido rebuscado que se dio a conocer, hace ya un tiempo, por ser el creador de la Babylon 5, serie que cuenta con un buen número de seguidores, entre los cuales no me cuento, pues jamás he visto un capítulo entero. Y es que un servidor lo conoció cuando, el hombre, dio el salto a los cómics, encargándose de los guiones de The Amazing Spiderman (durante un huevo y medio de números), El escuadrón Supremo, Doctor Extraño, Los cuatro fantásticos y Thor (que ya de paso podría hacer él el guión de la peli que están preparando sobre el personaje y así todos podríamos dormir más tranquilos). Después de la buena acogida de El intercambio, no duden que al sr. Straczynski le van a llover las ofertas. Esperemos que siga con la buena racha.

Como ya he dicho anteriormente, la peli es un dramón, un dramón de los de aupa, donde una madre se ve obligada a luchar por recuperar a un hijo que le ha sido arrebatado. Ese es el tema central de la película, cierto, pero cabe decir que la película también habla de muchas otras cosas. Porque la película también nos está hablando de injusticia, de abuso de poder, de corrupción, de desigualdad de géneros, de crueldad, de lucha, de verdad, de arrieros somos y en el camino nos encontraremos, de derechos humanos, del poder de la prensa y de rabia, de mucha rabia, la de los personajes y la del espectador, que aumenta a medida que avanza la trama. Y es que el guión, y la historia que nos están contando es, din dudas, uno de los puntos fuertes de la película, logrando llegar hasta donde uno de pensaba que llegaría.

El otro punto fuerte de la película es su fantástica dirección. Cierto es que no vamos a descubrir a estas alturas al Clint Eastwood director, pero uno se sorprende, nuevamente, ante el despliegue de eficacia que demuestra al contar una historia que, en ningún momento, flaquea (no hay bajones destacados a lo largo de sus dos horas y cuarto de metraje), consiguiendo un tempo narrativo que avanza, de forma pausada pero eficaz. Además, consigue sacar unas buenas interpretaciones de sus actores protagonistas y es de destacar el trabajo de ambientación.

Resumiendo: Muy recomendable trabajo del Clint Eastwood director, que nos cuenta una historia que es mucho más de lo que, a simple vista, nos pudiera parecer.



Leer critica El intercambio en Muchocine.net

Mientras tanto, en Twitter...

Free counter and web stats