La tapadera (1976)


Todo lo que siempre quiso saber sobre la lista negra y no se atrevió a preguntar

En el comienzo de la Guerra Fría se produjo un hecho conocido como "caza de brujas" que consistió en una persecución organizada por el senador Joseph McCarthy dirigida a personas que consideraban afiliadas al Comunismo. Las investigaciones se llevaron a cabo por parte del Comité de Actividades Antiamericanas con la intención de que América fuera lo más pura posible, apuntando a los sospechosos en una lista negra. Este hecho hizo que en Hollywood muchos trabajadores de la industria del cine y de la televisión se quedaran sin trabajo si no colaboraban o, en el caso de los guionistas, que tuvieran que cambiar de nombre para conseguirlo. Esto se puede ver en el excelente documental que ya comenté, Trumbo y la lista negra (2007), o en la película que en este momento pertoca, la comprometida y muy bien resuelta La tapadera (1977), de Martin Ritt, un director norteamericano que también fue apuntado en la lista negra, igual que el mismo guionista Walter Bernstein, y algunos actores de la película como Zero Mostel, Herschel Bernardi, Lloyd Gough y Joshua Shelley.


El protagonista absoluto de la película es Woody Allen, cuyo nombre aparece en las letras de crédito antes que el título del film, producido por el mismo Martin Ritt y por los productores de casi todas las películas de Allen, Jack Rollins y Charles H. Joffe. Allen es Howard Prince, un cajero de un bar que un día recibe en el local una visita de un amigo suyo y guionista de televisión, Alfred Miller (Michael Murphy, que trabajó con Allen tres años después en Manhattan), que le comenta que no ya no le ofrecen ningún trabajo porque le han apuntado en la lista negra. Necesita otro nombre, o más bien, otra persona que se haga pasar por él como guionista, por eso le pide ese favor a Howard, que acepta ofreciéndole Alfred el diez por ciento de lo que gane en cada guión que realice. Howard se suele gastar lo que gana en su trabajo en apuestas, debiendo dinero a un frutero interpretado por Danny Aiello (más que un papel parece un cameo por lo poco que aparece), y pidiéndoselo a un hermano suyo. Pero poco después, Florence Barrett (Andrea Marcovicci), que es la asesora de guiones de una cadena de televisión, se fija en su talento y el productor (Herschel Bernardi) le contratará para el guión de un programa. Todos se sorprenden de no haber oído nada de él anteriormente dada la calidad de lo escrito, a lo que Howard responde que hace poco que se puso a escribir. Aún así, volverá a pedir dinero a su hermano.


Con estas intenciones está claro que el personaje de Allen es el punto humorístico de la historia, ya que el trasfondo es bastante dramático. En algunas escenas se potencia la comedia con la interpretación de Allen, metiéndose en algún lío que otro, como cuando debe cambiar rápidamente una escena del guión en el mismo estudio debido a la urgencia del tiempo, sin poder salir de allí como lo intenta por todos los medios; o con la relación que empieza con Florence, nacida de la atracción que siente ella por la manera de escribir de él, sobre todo por conocer tan bien a las mujeres según sus textos. Algo que hará que Howard vaya a una librería a pedir varios clásicos de la literatura para empezar a introducirse en un campo totalmente desconocido para él. Y para ganar más dinero, aunque él dice que es por hacer un favor, le comentará a Alfred si no hay más tipos que conozca que también estén apuntados en la lista negra, sumándose de esta manera dos guionistas más en su labor de tapadera. Aunque la cosa se le complicará, sin que él lo sepa, cuando Hecky Brown (Zero Mostel) sea despedido de la cadena por ser miembro del Partido Comunista y al que quizás le vuelvan a dar una oportunidad si investiga a Howard, que es un buen amigo suyo, con la tarea de averiguar si encuentra algo que les interese para llevarle a testificar si hace falta.


Después de las letras de crédito, ya se puede intuir que el guión de Walter Bernstein irá dirigido a hacer una crítica de forma sarcástica hacia ese período de tiempo, con unas primeras imágenes de historia de allá por los años 50, tanto de guerras como de modelos en bikini, o de Marilyn Monroe y del mismo Rocky Marciano, escuchando de fondo la bella canción Young Heart, de Frank Sinatra. Destaca la buena dirección durante toda la película de Martin Ritt que realiza muy correctamente todas las escenas, resaltando en general el buen ritmo de la historia, aunque en algún momento pueda parecer que se ralentice un poco, pero es debido por las exigencias del guión. Y todos los actores que aparecen hacen una buena interpretación, pero sobre todo Zero Mostel, que murió un año después del estreno de esta película.


"Una muy simpática y funcional película que pone un toque de humor, con la presencia de Woody Allen, a la hora de exponer los momentos duros que tuvieron que pasar los que sufrieron la lista negra perpetrada por Joseph McCarthy"



Leer critica La tapadera (the front) en Muchocine.net

#1: 'Los famosos quieren saber'

Grandes momentos tv (XXVI)

The Benny Hill Show.

Bonus Track:

Programa de ràdio nº 56:


-ESTRENES: Harry Potter comença a dir adéu, però nosaltres fa temps que ens vam acomiadar d'ell.
-CALAIX DE SASTRE: Dejad que las niñas se acerquen a Salvador Sostres (o no!).
-NOTICIES DE CINE: Pamela Anderson provoca un tsunami a Indonèsia.
-DICCIONARI: Kurt Russell, con parche y a lo loco.
-NOTICIES DE TV: Una illa, Hugo, paradoxes temporals, JJ Abrahams i no parlem de Lost.
-ACTUALITAT TV: L'anàlisi polític del Jefe Dreyfuss.

Tot això i molt més, al nostre programa Nº56:

El verdugo (1963)


La muerte tenía un precio

Hace poco más de una semana nos dejó, a la edad de 89 años, Luis García Berlanga, el mejor o uno de los mejores directores españoles y, seguramente, el más entrañable. Durante los días que se han sucedido desde su muerte se han podido ver por la televisión algunos documentales que alababan su figura y su gran talento. Y lo que más se destacaba del genial director era su marcado perfeccionismo que le provocaba una tremenda inseguridad a la hora de rodar; cada vez que acababa la toma de algún plano decía: "vaya cagada". De ahí que el director Jess Franco titulara la biografía que escribió sobre su viejo amigo, Bienvenido Mister Cagada (Memorias caóticas de Luis García Berlanga, ed. Aguilar, 2005).


Otras cosas que contaba Berlanga en alguna entrevista era que esa verborrea frecuente que soltaba lo más probable es que fuera producto de su timidez, o sea, que le sirviera como defensa para hablar más él antes que los demás le formularan preguntas. Pero dejando aparte su manera de ser, de la que también se ha dicho que era un perezoso trabajador, la verdad es que en el cine fue único a la hora de juntar, de manera tan tajante, comedia y drama, sobre todo gracias también al tándem que hizo con el gran Rafael Azcona, que sucumbió en 2008 por culpa de un cáncer. Juntos crearon historias llenas de humor negro rodadas con grandes planos secuencia, algunas con menos valor que otras pero con momentos memorables, como La escopeta nacional (1978) o La vaquilla (1985), y otras tan perfectas e imprescindibles como la simpática e inolvidable Plácido (1961), o la que quiero homenajear en esta ocasión, El verdugo (1963), un glorioso, contundente y rotundo alegato contra la pena de muerte, que contiene frases tan intencionadas y escenas completamente eficaces que componen uno de los films mejor logrados de la historia del cine universal. Sorprendentemente, por lo trágico del tema y por la dura puesta en escena de algunos momentos memorables, la película pasó la censura franquista quizás al recibir el premio en el Festival de Venecia (en Italia, Franco era conocido como "el verdugo") y tener el reconocimiento del cine europeo. Pero para Franco, después de ver la película, Berlanga era "un mal español".


La historia empieza cuando un verdugo llamado Amadeo (José Isbert) se deja en la cárcel su maletín con las herramientas. Entonces, un trabajador de una funeraria llamado José Luis Rodríguez (Nino Manfredi) se lo lleva a su casa donde conocerá a su hija Carmen (Emma Penella). Sin esperárselo, pronto empezará una relación con ella y para quedarse el piso que desean tener deberá seguir con el trabajo de su suegro, algo que a él le resulta inhumano y que intentará evitar por encima de todo.

Sin duda, el protagonista absoluto, con cuya presencia el espectador se siente totalmente entregado, es el inigualable José Isbert, que murió tres años después de rodar esta película a la edad de 80 años. Esta fue su última aparición en la gran pantalla pero con Berlanga ya había aparecido anteriormente en Bienvenido, Mister Marshall (1953), Calabuch (1956), y Los jueves, milagro (1958), aunque casi todo el mundo lo recuerda por este papel. Juntando una total naturalidad y un enorme talento con una voz bastante afónica y un físico tan característico, sus personajes ayudan a que las historias tengan más credibilidad y, sobre todo, consiguen dejar una huella imborrable en el espectador. De ahí que Azcona y Berlanga, junto con el otro guionista Ennio Flaiano, tuvieran ese ingenio y esa sabiduría de dejarle para él las mejores frases de la película, cuyo resultado es pura delicia llena de ironía mordaz viniendo de la boca de un verdugo: “¿fuma usted? yo debía dejarlo por los bronquios pero no tengo coraje”; “me hacen reír los que dicen que el garrote es inhumano, ¿qué es mejor, la guillotina? ¿Usted cree que hay derecho a enterrar a un hombre hecho pedazos?”.


Se han comentado ya muchas cosas sobre esta película pero es que cuando uno la vuelve a ver se da cuenta de lo perfecta que es. Aparte de lo bien que se utilizan las elipsis, la historia es un fiel reflejo de la sociedad de la época, destacando el continuo deseo que tiene el enterrador protagonista de querer ir a Alemania para trabajar. También Berlanga tiene tiempo de hacer un guiño hacia los clásicos con la escena en que una pareja se acerca a un quiosco en la feria de libros y preguntan si tienen algo de Bergman o Antonioni, y les responden: "¿Bergman?, ¿la actriz?".

En cada escena hay algo destacable y la cantidad de personajes que aparecen tienen siempre un momento cómico impagable, algunos de ellos interpretados por Alfredo Landa, Agustín González, José Sazatornil, Chus Lampreave, Lola Gaos, o José Luis López Vázquez, cuyo personaje tiene bastante más importancia ya que es el hermano del enterrador protagonista. Y qué se puede decir de la manera cómo está introducido el humor en casi todas las escenas de la película. Mismamente, el personaje de López Vázquez es sastre y utiliza como modelo a su hermano para los arreglos de sus clientes, como se puede ver cuando se prueba una sotana; y poco después vemos al mismo personaje de López Vázquez midiendo la cabeza de sus hijos, diciéndole bruscamente su mujer (María Luisa Ponte) que lo de su padre no es hereditario. Y cuando se casa la pareja protagonista lo hace después de otra boda, de ahí que les vayan quitando las alfombras, los cojines, las flores y apagando las velas mientras el sacerdote les casa. Esta escena está basada en un hecho real que le ocurrió al mismo Berlanga cuando se casó con su única esposa, María Jesús Manrique (juntos han estado 56 años), después de otra ceremonia con mayor presupuesto que la suya.


“Un clásico español realizado por uno de los grandes, Luis García Berlanga, cuyo relato es el mejor alegato contra la pena de muerte, lleno de humor negro y con la actuación del simpático e inolvidable José Isbert”



Leer critica El verdugo en Muchocine.net

Mientras tanto, en Twitter...

Free counter and web stats