Pagafantas (2009)

Amigos para siempre.


Buenos días, soy el jefe Dreyfus, regresando con una comedia española que trata uno de los temas más importantes que afectan al país. No estoy hablando del paro, del precio de las viviendas o del coste de la vida... mamarrachadas, estoy hablando de algo más serio que todo esto y que nos afecta a todos por igual. Estoy hablando: ¡del arte de ligar!. Porque, como si de un experimento sociológico se tratara, pudiéramos analizarnos a nosotros mismos, vistos desde fuera, quizás más de uno se sorprendería viéndose como un auténtico: Pagafantas... ¡Empezamos!

La película está protagonizada por Chema, un muchacho que se encuentra en esa difícil edad en la que uno debe abandonar la adolescencia para convertirse en un hombre y empezar a tomar decisiones que puedan acabar afectando al resto de su vida. El problema es que el tio se encuentra en plena fase de negación y después de cortar con su novia de toda la vida se traslada, nuevamente, a casa de su madre para empezar de cero. Una noche conocerá a Claudia, una guapa argentina con la que entablará una bonita amistad, excepto por un pequeño detalle: él quiere tema, pero ella sólo lo ve como un amigo, sin darse cuenta de que él busca algo más. A esto, hoy en día, se le llama ser un pagafantas. Ay, amigos, que complicadas son las relaciones entre hombres y mujeres...

La película está dirigida por Borja Cobeaga, que da el salto al largo después de haberse dado a conocer en televisión con el programa de sketches de humor de la ETB, Vaya semanita y, especialmente, en el mundo del cortometraje donde, entre muchos otros, dirigió el corto titulado Éramos pocos, con el que consiguió una nominación a los Oscar en el 2007. Pagafantas es su opera prima, estrenada en el Festival de Málaga de este mismo año, donde consiguió el premio especial de la crítica. Además, como protagonista encontramos a Gorka Otxoa, actor que coincidió con el director en el programa Vaya semanita y, posteriormente, a participado en la serie Cuestión de Sexo, donde también intervenía la protagonista femenina, Sabrina Garciarena, y en la adaptación española del programa Saturday Night Live.

La película es una comedia que huye como alma que lleva el diablo de esta nueva forma de hacer comedias que, recientemente, colapsa las pantallas de cine (aunque un cierto regusto al cine Apatow se le tiene que reconocer). Y digo lo de que se aleja de las comedias de última generación porque, la película, no utiliza ninguno de los “sobados” recursos a los que, lamentablemente, en los últimos años nos tienen acostumbrados este tipo de películas y de los que, un servidor, ya empieza a estar hasta el gorro. Así pues: a) en ningún momento, ninguno de los personajes de la película suelta sonoras ventosidades; b) en ningún momento, ninguno de los personajes de la película orina/eyacula por error encima de ninguno de los demás personajes; y porque c) en ningún momento, ninguno de los personajes de la película provoca “divertidos” daños físicos a ningún tipo de animal.

La película es divertida y confieso que, a pesar de las pocas expectativas depositadas en un principio, me hizo pasar un buen rato y reirme a gusto debido a la suma de dos factores clave: 1) La proximidad de los acontecimientos. Todos hemos llevado dentro un pagafantas en alguna ocasión, y quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, consiguiendo que el protagonista disponga del cariño del público, y las situaciones que se plantean en la película nos puedan resultar cercanas, ya sean en primera o en tercera persona. Y 2) La extravagancia de los acontecimientos. Además de las situaciones más afines, la película dispone de otras más distantes y alocadas para potenciar el humor (como una pintoresca persecución por las calles de Bilbao) y la participación de personajes únicamente pensados para provocar la risa en el espectador (me declaro públicamente fan de la señora Begoña).

Así pues, el objetivo está más que cumplido, ya que la película resulta simpática, de corta duración, sin alargar la agonía de su protagonista más de la cuenta (que es todo un perdedor y que tan bien encarna el actor Gorka Otxoa, aunque con el consabido peligro de encasillarse, y que caerá una y otra vez en los cantos de sirena de la protagonista), tremendamente eficaz, divertida y de rápida digestión. Aunque, y ya puestos a buscar pegas al asunto, su máxima carencia radica en su apartado visual, dando la sensación de estar, en muchos momentos, más cerca del telefilm que de un largometraje destinado a pantalla grande.

Resumiendo: Recomendable comedia con la que reir y pasar un buen rato, muy entretenida, aunque con alguna que otra carencia en su apartado visual.



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Capturing the Friedmans (2003)


Crónica de una familia

Elprimerhombre se ha visto sorprendido por los hechos que se muestran en el contundente documental Capturing the Friedmans, dirigido por Andrew Jarecki, describiendo con bastante detalle todo el caso que perturbó a buena parte de la sociedad americana a finales de los años 80, en el que un padre de familia, Arnold Friedman, y uno de sus tres hijos, Jesse, fueron acusados de sodomía y abusos sexuales a niños menores.

Todo empezó en 1984, cuando la Aduana de Estados Unidos confiscó una revista de pornografía infantil enviada de Holanda para el señor Friedman. Entonces fue cuando se acabó registrando la casa de los Friedman, en la que se descubrió algún vídeo y bastantes revistas de pornografía infantil. El señor Friedman era un respetado maestro de escuela de Long Island, y según palabras textuales de su hijo David, daba clases de piano y de informática a niños de unos ocho y once años para no estar con su mujer, algo que deja constancia de la clase de familia que eran. Algunos detectives comenzaron una investigación e hicieron preguntas a los alumnos de esas clases y encontraron lo que deseaban encontrar. Muchos de ellos confesaron que fueron sodomizados y que abusaron de ellos sexualmente. El problema para la familia fue aún peor cuando Jesse también fue involucrado en esos hechos tan repugnantes ya que él también ayudaba a su padre en las clases de informática. Finalmente, el día anterior al de Acción de Gracias, el señor Friedman, de 56 años, y su hijo Jesse, de 18 años, fueron arrestados.

Hay que decir que el documental tendría mucho menos interés y estaría inconcluso si no se mostraran las grabaciones de la propia familia, muy habituales entre ellos. A través de las imágenes grabadas por los hijos, podemos hacernos una idea de lo extraña que sería la convivencia en la casa de aquella familia. Excepto quizás la madre y uno de los hijos llamado Seth, al que casi ni conoceremos porque es el que menos aparece y el único que no quiso conceder ninguna entrevista, los demás miembros de la familia, Arnold y sus hijos David y Jesse, aparentan una forma de ser y de comportarse tan extravagante que es casi inevitable no verlos como unos "frikis". Y el gran acierto a la hora de abordar el tema es al escoger el proceso paralelo en que se encauza la historia, con una parte verídica de lo que sucedió con el arresto y una parte hipotética de lo que infundó ese arresto. Es decir, el documental tiene la peculiaridad de mostrar hechos que parecen evidentes de que el señor Friedman y su hijo fueron culpables, y a la vez mostrar otros que hechan abajo cualquier fundamento que vaya en contra de ellos.

En una carta escrita por el mismo padre en 1988 a Debbie Nathan, la primera periodista que criticó la manera de afrontar lo ocurrido creyendo que habían lavado el cerebro a los chicos, afirmaba que le gustaban los jóvenes y que hasta tuvo relaciones con alguno, pero no con los de la clase que él impartía. Pero uno de los momentos más relevantes es la aparición del abogado de Jesse, Peter Panero, que pone en entredicho los hechos brutales que la policía afirma que ocurrían en casa de los Friedman, ya que ningún padre se percató de ello cuando los iban a buscar, con todo el tiempo que fueron yendo a las clases sin que nadie les forzara a hacerlo. Sin embargo, también comenta que en una visita a la prisión donde estaba Arnold Friedman, en Wisconsin, mientras estaba entrevistándole tenían al lado a un hombre con un niño de unos cuatro años o cinco años dando brincos sobre sus piernas, y que él le pidió que si se podían cambiar de mesa porque aquel niño le estaba excitando.

Para acabar, tengo que decir que me impacta la frialdad con que parecen tomarse los hijos y el padre el hecho de que los condenen a prisión. En ambos casos, en su última noche en libertad, siguen grabándose casi como si no ocurriera nada nuevo. Y la madre es la que está totalmente apartada de ese grupo ya que los hijos idolatran al padre, aunque más bien sea David el más reticente hacia ella, porque Jesse admite que por culpa de las revistas de su padre él se encuentra en la cárcel.

En definitiva, un documental muy bien narrado que nos muestra la investigación de los abusos sexuales de los que fueron acusados Arnold Friedman y su hijo Jesse, con imágenes de archivo e imágenes de la propia familia.

Un saludo!



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El misterioso castillo en los Cárpatos (Tajemství hradu v Karpatech, 1981)

Transilvania Twist

Siguiendo los pasos de su paisano Karel Zeman, Oldrich Lipský toma prestado el poderoso imaginario de Julio Verne para realizar esta película, aunque en esta ocasión el guionista Jirí Brdecka fija su mirada en una de las obras menos conocidas del escritor francés, Le Château des Carpathes (1892), una novela donde Verne había aparcado su habitual temática científica para adentrarse de lleno en la fantasía romántica. Una fantasía, eso sí, no exenta de ciertos prodigios mecánicos.


La historia empieza cuando el Conde Teleke de Tölökö y su sirviente llegan a Werewolfville, un pequeño poblado de los Cárpatos donde los aldeanos viven atemorizados por un misterioso castillo. En una cantina, un anciano ciego y borrachín les explica la leyenda negra del lugar, pero como no parece la persona más fiable del mundo (por aquello de estar beodo perdido y no ver tres en un burro), deciden investigar por su cuenta. No tardarán en descubrir que el castillo es la sede de un maniático melómano, el Barón de Gortz, que utiliza las invenciones de un científico loco para llevar a cabo sus maléficos planes, y que para colmo de males, tiene aprisionada a la prometida del Conde, una cantante de ópera aquejada por una extraña enfermedad.


El mismo equipo que perpetró Nick Carter, aquel loco, loco detective (1977) repite fórmula, y si en aquella ocasión parodiaban las novelas de detectives, ahora es el turno de las historias de vampiros y fantasmas. El misterioso castillo de los Cárpatos sigue la línea de aquella comedia modernista, elaborando un delicioso cóctel de slapstick abstracto, humor absurdo y Art Nouveau, en un contexto que allana el camino a topo tipo de personajes ridículos, como esa cargante estrella de la ópera con dinamita en la garganta, el Barón obsesionado con las barbas (algo que nos remite a Maté a Einstein, caballeros) o el mad doctor de brazo multiusos.


De entrada, la película, se encuentra con dos factores en su contra; el primero es que Lipský y su troupe ya hace tiempo que no están en su mejor momento (por decirlo de algún modo), y el segundo es que el género terrorífico ha sido el blanco de bromas desde que Abott y Costello se vieron las caras con las viejas glorias de la Universal, allá por los años cuarenta. Esto podría ser un problema, sin duda, si no fuera porque la historia se gana a pulso los adjetivos de caprichosa y estrafalaria, y en ningún momento se conforma con realizar un suave paseo por rutas familiares, como sí hacen otras comedias de medio pelo (¿alguien ha dicho Drácula, un muerto muy contento y feliz?), demostrando una amplitud de miras muy difícil de encontrar en otras cinematografías.


Una de las principales bazas del filme es la idiosincrasia de la novela en que se basa, un cuento de hadas tecnológico que sirve como anticipo al cine, ese invento del demonio. Aunque la historia beba del tradicional relato de vampiros, el elemento vampírico se reduce a un primitivo cinematógrafo, aparato que aquí adquiere las funciones de dispositivo diabólico con el que perturbar el descanso de los muertos. Una curiosa coartada literaria que al ser trasladada al cine alcanza importantes matices autorreferenciales, entrando a englosar las filas de las fábulas metafílmicas, tendencia que da cabida a obras tan dispares como La naranja mecánica (1971), La rosa púrpura de El Cairo (1985), Pleasantville (1998) o El show de Truman (1998).


Puede que la película no tenga ese tono vanguardista de los primeros trabajos de Lipský, pero el director checo, desde una perspectiva irónica y surrealista, logra una divertida y bizarra desmitificación de un género clásico. Jirí Brdecka, el guionista, falleció un año después de su estreno, dejando tras de sí una treintena de filmes que nos hablan de su amor al cine y su fe en la imaginación.



La frase: “Ya mis ancestros amaron la música, aplaudiendo a un condenado a muerte cuando lanzó un Do de pecho al ser torturado.”

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Señales del futuro (2009)


Apocalipse Now

Buenos días, soy el jefe Dreyfus, volviendo a las andadas con una película que, si algo deja claro, es que lo tenemos crudo y que la cosa se acaba. Pero, por suerte, la raza humana cuenta con Nicolas Cage entre sus filas, para encontrar una solución al problema (si amigos, estamos perdidos). No obstante, démosle un voto de confianza para que logre predecir a tiempo las: Señales del futuro (Knowing)... ¡Empezamos!

La peli empieza en el año 1959, cuando los alumnos de una escuela entierran una cápsula del tiempo con dibujos de como imaginan ellos el futuro dentro de cincuenta años. Entre dichos alumnos encontramos a Lucinda, una niña con cara de haberse comido una paella en un chiringuito playero, a quien unas voces le susurran una serie numérica que también enterraran dentro de la cápsula del tiempo. Ya en el año 2009, el dibujo “conceptual” de Lucinda irá a parar a manos de Calep, el hijo de un profe de astronomía que, rápidamente, empezará a sentir curiosidad por los números de la hoja desenterrada, llegando a la sorprendente conclusión (entre whisky y whisky, todo sea dicho) de que en los números se esconden predicciones sobre grandes catástrofes de la humanidad transcurridas durante los pasados cincuenta años. Además el profe de astronomía (un hombre de ciencia y, en principio, escéptico ante tal despliegue de sucesos paranormales), empezará a comprobar que un grupo de tipos extraños, vestidos como si acabaran de salir de la peli “Jovenes Ocultos”, empezarán a seguirles, dejando tras de si una marca personal en forma de extrañas piedras negras (aunque en principio nada hace suponer que sean de esas que se fuman). A medida que la trama avance descubriremos que lo peor todavía está por llegar.

El director de la cosa esta es el señor Alex Proyas, un tipo que lleva colgando el cartelito de joven promesa desde que se dio a conocer hace ya quince años (!) con El cuervo, película que dio bastante de que hablar por su estética oscura y siniestra y, especialmente, por la sonada muerte de su protagonista, Brandon Lee, en pleno rodaje. Más tarde vinieron títulos como Dark City (con la que logró el reconocimiento de buena parte de la crítica), Días de garaje (n.p.i.) y Yo Robot (el torpe intento de llevar a la gran pantalla el famoso relato de Isaac Asimov con Will Smith luciendo pistola). En esta película el muchacho hace lo que puede a costa de perder gran parte de su sello distintivo, exceptuando la utilización de un filtro de color que hace resaltar los tonos de forma descarada. Después de Señales del futuro parece que el hombre todavía no acaba de estar lo suficientemente maduro. Yo casi que le otorgaría otros quince años más de gracia.

Entre los actores un nombre destaca por encima de todos los demás (bueno, lo cierto es que los demás no se ni quien coño son): Nicolas Cage (the man). Lo cierto es que es un tipo, cuanto menos, desconcertante. Reconozco que hubo un tiempo en que me caía bien, quizás debido a mi simpatía hacia un título tan imprescindible como es Arizona Baby, película donde el bueno de Cage me ganó. Pero al hombre, poco a poco, se le fue yendo la olla, hasta que ganó el Oscar a mejor actor por Leaving las Vegas y a partir de entonces la cosa ya se desmadró. Y fue a partir del Oscar cuando el tipo decidió que a él lo que le molaba era ser un héroe de acción y/o héroe romántico (y si podía ser llevando el pelo largo pues mejor que mejor), con lo que empezó a encadenar títulos malos a porrillo, intercalándolos con algún trabajo más arriesgado que, no obstante, ya no le logró devolver mi simpatía, en parte, porque parece ser que últimamente no le sale bien ni cuando arriesga.

Y así llegamos a Señales del futuro, una película que sigue una trayectoria sorprendentemente similar a la carrera de su protagonista: empieza prometedora, consigue interesarme durante su primera media hora, se va desinflando a medida que avanza la trama, se precipita a gran velocidad pasada la mitad de la película, y, al final, llegamos a un muy bochornoso desenlace y a una última escena que casi me hace potar (y es que me imagino al señor Proyas en la sala de montaje decidiendo si poner o no la escena final a la que me refiero, y pensando: de perdidos al río, si vamos a hacerlo mal, hagámoslo todo lo mal que podamos, vayamos más allá del patetismo. Yes, we can).

Y es que la peli empieza despistando al espectador, resultando más cercana a una película de terror de última hornada, con niña siniestra, pálida y con mirada chunga incluida, que a lo que realmente resulta ser: cine de catástrofes. Pasada la introducción la peli avanza medianamente bien a pesar de intentar tratar al espectador como estúpidos a los que se les tiene que dar todo masticado para que lo entiendan bien (ejemplo: el prota es viudo y hacia el principio tiene una conversación con su hijo sobre que su madre está en el cielo y no se cuantas cosas más, que no viene demasiado a cuento más que para informarnos de que solo se tienen el uno al otro). Hacia la mitad, la peli pierde fuelle a marchas forzadas, y uno tiene la sensación que había dos caminos hacia donde avanzar y se termina eligiendo el menos apropiado, lo que provocó que poco a poco fuera perdiendo el interés, hasta llegar a la última media hora (o como a mi me gusta llamarlo: el momento en que los guionistas se pasaron a las drogas duras) que nos hace pensar en épocas pasadas (el final resulta muy '80, pero en el peor sentido de la expresión) cayendo en el ridículo y consiguiendo que la hora y media anterior no tenga sentido ni sirva para nada más que para rellenar tiempo y hacer lucimiento de efectos especiales y catástrofes a mansalva.

Resumiendo: Todo parece apuntar a que tenían un buen arranque pero no un buen desenlace, con lo que, hacia la mitad de la película, la cosa se empieza a precipitar hacia un sonado batacazo, rematado con su final.




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Lost in la Mancha (2002)


Terry Gilliam contra los Molinos de Vient
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Elprimerhombre ha visto Lost in la Mancha, el documental sobre el fallido rodaje de la adaptación cinematográfica de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, llamada The man who killed don Quixote, que desde hace un tiempo ha querido hacer y por ahora no ha podido acabar su autor Terry Gilliam. Este documental está realizado por Keith Fulton y Louis Pepe, y en él descubrimos lo absorto que está el señor Gilliam, desde 1991, con el gran personaje de don Quijote, convirtiéndose en una obsesión que, por ahora, no ha obtenido sus frutos, sino todo lo contrario. Al final, veremos al mismo Gilliam como otro don Quijote, luchando contra la realidad de los hechos, intentando hacer posible lo imposible.

Conociendo el universo de Gilliam, es normal que un personaje como el de don Quijote llame tanto su atención, como él mismo comenta. Un personaje que lucha contra la realidad que le rodea, con una mezcla de fantasía y magia en las palabras del maestro Cervantes. Pero es un hecho que después de unos diez años en los que no consiguió realizar su sueño en Hollywood, Gilliam decida, en el año 2000, intentar hacerlo realidad llevando la gran producción de la película a Europa y, concretamente, a España. Curiosamente, como ya pasó con la adaptación de El corazón de las tinieblas para Apocalypse Now, Orson Welles también tuvo la idea de adaptar las aventuras del hidalgo caballero en 1957, cuando comenzó la producción de la película que le rondó por la cabeza durante veinte años, filmando escenas durante esos años y consiguiendo financiarla actuando y dirigiendo en otros trabajos. Pero con la muerte del actor que hacía de don Quijote, Francisco Reiguera, y con la muerte de Welles en 1985, la película quedó inacabada. La adaptación de Gilliam tiene aún una aportación más en la fantasía de la historia. Crea un nuevo personaje llamado Toby Grosini, interpretado por Johnny Depp, siendo un publicista que viaja en el tiempo hasta el siglo XVII y que don Quijote, interpretado por Jean Rochefort, confunde con Sancho Panza. Vanessa Paradis será Altisidora.

Es de antemano conocida la faceta de Gilliam para plasmar situaciones graciosas y surrealistas en la pantalla en forma de collage, con dibujos o imágenes gráficas animadas, como lo hizo con los Monty Python, pero aquí podemos verle dibujando el storyboard de la película, siendo parte de él utilizado en el documental para recrear algunas escenas con la misma voz de Terry Gilliam como don Quijote. También veremos la animación de grabados resumiendo la novela. Lástima que los autores del documental se crean también capaces, con la misma técnica que Gilliam utiliza, para contarnos un poco por encima su trayectoria, con el gran fracaso de El barón Münchausen como centro de atención. Viendo esta animación uno se da cuenta de que la podrían haber evitado totalmente, sobre todo por utilizar la cara de Gilliam con ojos saltones conduciendo un coche, como si estuviera completamente ido y loco.

Pero aún así, el documental es correcto y sirve para ver lo complicado que es rodar una película, sobre todo cuando las cosas no salen como deberían ir. Y es que casi desde el mismo inicio te percatas de que todo va a ser un caos, una desorganización que difícilmente se podrá corregir. Además, el presupuesto de la película tuvo que ser reducido, algo que los actores debieron entender y aceptaron, en cierta manera, cobrar menos. Aunque siete semanas antes del rodaje, nadie sabía dónde se encontraban cada uno de ellos para poder comenzar los ensayos. Aparte de que gran parte del material que se utiliza en la historia estaba desperdigado por varios lugares de Europa: los decorados se hacían en Madrid, los trajes se confeccionaban en Roma y las máscaras se creaban en Inglaterra. Algo que a Gilliam parecía no ponerle muy nervioso, en un principio, afirmando que el riesgo es parte de su vida y de su forma de trabajar. Pero por momentos recuerda su fracaso con El barón Münchausen, aunque no cree que vuelva a ocurrir.

Sin embargo, parece ser que a Gilliam le persigue la mala suerte. Aunque los actores llegaron para probarse el vestuario y el maquillaje y Jean Rochefort estaba fantástico con sus atuendos y en su manera de leer el texto, varias cosas se juntaron para que nada fuera a funcionar. En la primera semana antes del rodaje, el mismo Rochefort sintió unos dolores y canceló el vuelo para ir a ver a su médico, algo que a Gilliam lo trastocó por completo. Parece ser que tenía una infección de próstata pero Gilliam creyó que a Rochefort le entró el pánico. Cuando ya se encontraba entre ellos, el rodaje se empezó en Las Bárdenas de Navarra, un paisaje árido en el que hay una zona militar, una zona de pruebas para la OTAN, y en el primer día, en un momento de una escena, unos F-16 sobrevolaron el terreno, siendo imposible seguir con lo planeado. A mi entender, esto parece ser que fue una mala planificación. En el segundo día de rodaje, una fuerte tormenta obligó a parar durante dos días para limpiar y secar el material dañado, igual que parte del decorado. Y a raíz de este infortunio, el paisaje ya no volvió a ser el mismo en los siguientes días, totalmente parecido a un lodazal y con un color diferente, sin casi luz para conseguir ese efecto de calor y desasosiego conveniente para algunas escenas. Pero lo peor de todo fue que, definitivamente, Jean Rochefort enfermó, hasta el punto que durante bastante tiempo nadie sabía a ciencia cierta cuándo volvería. Al final le diagnosticaron una hernia discal doble que le impediría volver en menos de un mes y que seguramente no volvería a montar a caballo. Con la suma de todo esto más otras desaveniencias con los productores franceses, el ayudante de dirección de Gilliam, Phil Patterson, decidió no seguir con el proyecto. Eso sí, en Cannes de este año, con la presentación de su último proyecto El imaginario del doctor Parnassus, anunció que volvía a tomar las riendas de las aventuras de don Quijote y que estaría este verano en Madrid para la preproducción y en la próxima primavera empezaría el rodaje. Quién sabe, quizás al final lo logre, pero entonces espero que la gente le corresponda acudiendo a las salas de cine. Se lo merece.

Los molinos de la realidad contraatacan!

En definitiva, un documental aceptable que nos muestra las dificultades y la mala suerte que tuvo Terry Gilliam durante el rodaje de The man who killed don Quixote, un proyecto que por ahora no ha logrado plasmarlo en el celuloide.

Un saludo!



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