El Baile de los Vampiros (1967)

Elprimerhombre ha vuelto a entretenerse con El baile de los vampiros, de Roman Polanski, una película que se basa plenamente en su carismática pareja protagonista, consiguiendo inteligentes gags con sus buenas interpretaciones.

La historia se desarrolla en las tierras de Transilvania, donde el profesor Abronsius (Jack Mac Gowran) y su ayudante Alfred (Roman Polanski), pasarán una aventura que nunca olvidarán. El tal Abronsius, a quien sus colegas de la universidad lo llamaban "el chiflado", basándose en sus investigaciones y estudios de maestros, cree que va por buen camino en la búsqueda de vampiros, unos seres que no se reflejan en los espejos, como bien dice la teoría de un tal Alivori. Entonces, a partir de su llegada a una taberna, nuestros protagonistas se verán inmersos en un camino sin retorno, consiguiendo entrar en el castillo del Conde Von Krolock (Ferdy Mayne), el día después de que este hincara los colmillos a la bella e inocente Sarah (Sharon Tate), la hija del propietario de la taberna, Shagal (Alfie Bass).

Ya desde el inicio nos damos cuenta de que Polanski tiene claras sus intenciones, cambiando el león de la Metro por un dibujo de un vampiro (un poco cutre a decir verdad), seguido de unas letras de crédito escritas a mano, estilizadas con un cierto tenebrismo (las podría firmar el mismo Tim Burton), mientras una gota de sangre va cayendo entre los diferentes nombres que completan la película. Todo esto con una música de coros de lamento, idea del compositor polaco Krzysztof Komeda, que logra durante el desarrollo del film varios ambientes con composiciones originales, tanto para los momentos cómicos como para los "terroríficos". Komeda ya había trabajado con Polanski en varios cortos y en el Cuchillo en el agua (1962), Cul-de-Sac (aquí Callejón sin salida, 1966), y posteriormente repitió en La semilla del diablo (1968). El vestuario es otro gran punto a favor, consiguiendo grandes contrastes como el de la ropa del profesor y su discípulo, y la decoración que aparece en la película da un valor considerable a la historia. No es de menospreciar que se ha llegado a decir que el ambiente realizado en este film supera a varios facturados por la Hammer.

Y llegado a este punto, queda por resaltar la pareja protagonista, con ese Jack Mac Gowran, clavado a Einstein, que parece ser un portento de la comedia, siendo poco aprovechable su talento en esta película, junto con un Polanski que no se queda para nada corto (y quién diría que en aquel tiempo tenía 34 años), cuya creación del personaje es realmente portentosa, con gags tan memorables como el que se produce en la escena en la que huye del hijo del Conde.

Pero mi decepción al volver a ver este film se ha producido a causa de un ritmo demasiado pausado, con silencios bastante largos por momentos, añadiéndole el no saber rematar la jugada en las escenas vampíricas del castillo, convirtiéndose realmente en lo más pobre de la película. El personaje del Conde está bastante logrado pero casi no parece tener importancia en la última parte del film, con un baile de vampiros que obtiene su mayor interés en el gag donde aparecen Ambrosius y Alfred vestidos de época. Y aunque el hacer esta película es un hecho admirable, ya que en esos momentos era una época gloriosa para la Hammer, es una lástima que el objetivo para mí no resulte del todo convincente.

En definitiva, una película que consigue ser una comedia seria sobre vampiros sin caer en el absurdo, con muy buenas intenciones, pero que se queda a medio camino, faltándole algo más de miga en su contenido.

Un saludo!




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El Club de los Vampiros (1996)

¡Santo Peter Vincent! Preparen sus dientes de ajo y afilen sus estacas, que aquí en el blog viene una semanita repleta de esos seres a los que se les ponen los dientes largos con cuellos como el de un servidor, estoy hablando de los moradores de la noche, los no-muertos, los nosferatus, los chupasangres, los… ¡vampiros! ¡Semana vampírica en el Quesito Rosa! Y tarareando alegremente la melodía de Transilvania 65000 nos metemos de lleno en faena con… ¡El Club de los Vampiros!


Entre los años 40 y 50 la editorial estadounidense EC Comics hacía las delicias de grandes y pequeños con historietas repletas de monstruos, asesinos, soldados, naves espaciales y sugerentes mujeres, ¡qué época más gloriosa! Las estanterías de los quioscos se llenaban con títulos tan pintorescos como La Bóveda de los Horrores, Combate en el frente o Ciencia Rara, publicaciones donde trabajaban grandes artistas del medio, tipos como Harvey Kurtzman, Jack Davis, Frank Frazetta o Basil Wolverton, que gracias a la gran libertad creativa que les otorgaba trabajar con William Gaines, dejaron una gran impronta en el imaginario colectivo. El gobierno no tardó mucho en ver con malos ojos todo ese exceso de libertinaje artístico, así que se creó un comité y se impuso la censura, había nacido el Comics Code Authority. En breve, Gaines cerraría todas sus editoriales con la excepción de la revista MAD.


Una de las muchas publicaciones que perecieron por aquel entonces fue Historias de la Cripta, el popular comic de terror que tenía como narrador de excepción al Guardián de la Cripta, un bastardo cadavérico de negrísimo sentido del humor y que relataba historias sin dejar títere con cabeza (hasta el lector se llevaba lo suyo). Tras el cese de la revista, este cuenta cuentos tan particular quedó en el olvido hasta finales de los 80, cuando fue rescatado por la HBO para presentar la exitosa serie de televisión de mismo nombre. Metidos en el ajo estaban Richard Donner, David Giler, Walter Hill, Joel Silver y Robert Zemeckis, casi nada. La serie permaneció siete temporadas en antena y dio origen a dos películas, El Club de los Vampiros es la segunda de ellas.


La historia cuenta que durante una expedición por Tierra de Fuego, un cazatesoros de baja estatura devuelve a la vida a la poderosa vampiresa Lilith, reina de la lujuria. Ya en los USA regenta un burdel clandestino con un mortuorio como tapadera, todas las chicas del local son vampiresas semidesnudas de toma pan y moja, por lo que el negocio va viento en popa a toda vela. Tras la desaparición de su putero hermano, Katherine, una chica muy beata que trabaja para un telepredicador rockero, no tendrá más remedio que contratar a un detective privado. Éste descubrirá todo el tinglado y no parará hasta acabar con todas esas sexis chupasangres.


Aunque Gilbert Adler es más dado a las tareas de guión y producción, aquí se pone tras la cámara, como ya hiciera en El Caballero del Diablo, la anterior película basada en los comics de Historias de la Cripta. El libreto lo escriben Robert Zemeckis y Bob Gale, dúo que ya habían trabajado juntos en la trilogía de Regreso al futuro. En el apartado artístico y haciendo de niño malo tenemos a Corey Feldman, trasnochado ídolo ochenteno cuya carrera acabó de forma fulminante durante su adolescencia, y que tras protagonizar indiscutibles clásicos de videoclub como son Los Goonies, Jóvenes Ocultos o Cuenta conmigo, ha acabado buceando en las cloacas de la serie B más casposa y participando en dudosas producciones de la Troma o la Full Moon. En el papel femenino y haciendo de niña requetebuena tenemos a Erika Eleniak, neumática actriz que achicharró la juventud de la mayor parte de la población masculina de este planeta con sus posados como Shauni, la vigilanta de la playa más cañón de California (con perdón de Pamela Anderson, claro). Complementan el reparto Dennis Miller (un cómico salido de la cantera del Saturday Night Live que aquí hace de detective privado y macho alfa), Chris Sarandon (el malo de La princesa prometida y Noche de miedo) y Angie Everhart (playmate buenorra y ex de Sylvester Stallone).


El Club de los Vampiros es una comedia de terror gamberra, repleta de desnudos y con un lenguaje muy subido de tono, una cinta sin pretensiones y que sorprende por la facilidad con la que va al grano, a lo entretenido, sin andarse con chiquitas ni tonterías. Los tópicos se hacen evidentes (el detective impertinente, la chica mojigata, el hombre de fe que oculta algo…), pero se nos presentan con tanta garra y en un tono tan desenfadado, que a uno se le hacen entrañables desde el primer instante. Humor, acción, gore, colmillos y grandes tetas, son las bases que constituyen un filme que apuesta siempre por la diversión y por que el aficionado no quepa de contento en su butaca, una cinta que se pasa en un abrir y cerrar de ojos y que no comete los mismos errores que otras tantas producciones de la misma calaña: no aburre, no es ñoña, no es romántica, no acaba bien y no le falta sexo, sangre, ni casi de nada. Un simple divertimento que, en definitiva, no se queda a medias. Hínquenle el diente.



La frase: “El camino más rápido hacia el corazón de un hombre, es a través de su caja torácica.”

La frase 2: “Se acabó la charla, cosita linda, primero voy a arrancarte la polla y luego voy a convertir tus huevos en cocacola.”

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Hancock (2008)

Buenos días, soy el jefe Dreyfus, hoy es viernes, y vuelvo a esto del blog, todavía con el síndrome post-vacacional mordisqueándome los zapatos. ¿Que tal las vacaciones?, ¿Que tal la playa?, ¿Que tal las suecas? Espero que todo haya ido genial, yo, por mi parte, vuelvo con una nueva película, quizás no tan de novedad como mis compañeros, pero es que es una de las que se me quedó colgada por aquello de las vacaciones, pero es que no quería perder la oportunidad de cargarme como es debido: Hancock... ¡Empezamos!


Pues la historia va de que el principe de Bel Air es un superhéroe (que puede volar, con superfuerza y esas cositas) al que se la suda gota gorda la gente y que va a lo suyo, soplándole a una botella y tocando el culo a las niñas guapas. Además, cada vez que intenta intervenir "para hacer el bien" monta un pollo de la hostia causando daños por valor incalculable. Total, que la población de a pie está hasta las narices del tipejo y le abuchea por la calle y no pierden ocasión de insultarle en sus mismas narices cada vez que se lo cruzan (¿no les recuerda la reacción del tipo éste cada vez que le llaman "idiota" a la que tenía Michael J. en Regreso al futuro cada vez que le llamaban "gallina"?) Pues en estas estamos, cuando un buen día le salva la vida a Teen Wolf 2, que resulta ser un relaciones públicas que se empeñará en limpiar la imagen de Hanckok frente a la opinión pública, lo que acabará alterando su vida familiar, pues a su mujer (la rubia buenorra que se hacía amiga del gorila feo ese en Mi gran amigo Joe) no le hará ni pizca de gracia las nuevas amistades de su marido.

Dos cosas han quedado bastante claras este verano: Los superhéroes siguen estando de moda (y si no que se lo digan a los productores de El caballero oscuro) y que hay vida para los superhéroes fuera de la Marvel (y si no que se lo digan a los productores de El caballero oscuro).


El director de este despropósito es un tal Peter Berg (que por el nombre lo más seguro es que lo conozca su madre y poca gente más), que se dió a conocer hace ya unos años con Very Bad Things (esa con Cameron Diaz en que se cargaban una puta) y después también dirigió (porque aparte de director el hombre también es actor) la peli Tesoro del Amazonas (con The Rock) y el año pasado La sombra del Reino (con Jamie Foxx). Y hasta aquí puedo leer porque no hay más. Entre los protas encontramos a Will Smith (que está recaudando pasta hasta aburrir pero que me decepciona película tras película), Jason Bateman (que parece empeñado en resurgir de sus cenizas y que desde que participara en la serie Arrested Development no para de encadenar pelis) y Charlize Theron (que tampoco es que tenga una filmografía como para mear y no echar gota pero es que a ella se le perdona todo, bueno, menos en la peli esa donde salía fea).


No dudo yo que al principio del proyecto la cosa pudiera pintar interesante, pero está claro que algo falló porque lo cierto es que a la hora de la verdad la peli no cumple con las expectativas creadas. La peli está dividida en dos partes facilmente diferenciables (entre medias hay un giro argumental bastante radical), dejando una primera mitad que es un "quiero y no puedo" que se queda a medio camino entre lo que podría haber sido y lo que realmente es (como si de un cruce entre "la sirenita" y un cómic de "Lobo" se tratara) quedándose en tierra de nadie sin acabar de decantarse hacia ninguno de los dos lados. A pesar de todo esta primera parte es facilmente digerible y no se hace pesada. Es entonces donde entra en escena la segunda mitad de la película, donde la cosa termina, definitivamente, por desmoronarse de mala manera, intentando bucear en la propia existencia del personaje y sacándose de la manga explicaciones tan estúpidas como innecesarias, conduciendo la película hacia una resolución de risa (de risa no provocada, se entiende). Además, los efectos especiales tampoco es que sean nada del otro mundo (¿vuela como un poco chungo éste héroe o me lo parece a mi?) especialmente comparándolos con otras producciones del género. Se podrían haber estirado un poquito más, ¿no?. Aunque por lo menos en esta Will Smith no hace la banda sonora, que eso siempre es un punto a favor.


Resumiendo: Peli con dos partes, una primera medianamente pasable aunque le falte más riesgo y una segunda horrible y olvidable que se lo acaba de cargar todo.





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WALL·E (2008)


Elprimerhombre ha visto WALL·E, de Andrew Stanton, una película de animación que combina muy bien imaginación, talento y cine, mucho cine.

La historia nos introduce en un futuro muy lejano, con el planeta Tierra inundado de basura, cuyo único superviviente parece ser un robot que se hace llamar Wall·e (por el nombre de la empresa de limpieza que lo fabricó), programado para recoger toda la basura posible. Lo curioso es que su única misión parece ser apilonar todo lo que encuentra, comprimiéndolo en forma de cuadrados, llegando a edificar torres inmensas. También se apodera de muchas cosas que le llaman la atención, reliquias con las que disfruta y con las que nos hace pasar un buen rato. Pero algo sucederá que cambiará su rutina. Un día, una nave espacial aterriza en el lugar por donde él se encuentra y sale de ella un robot totalmente nuevo y de alta tecnología llamado Eva, que llega a la Tierra para inspeccionarla y descubrir si hay algún atisbo de vida. Este encuentro dejará boquiabierto a Wall·e, cuyo interés por Eva nos dejará escenas inolvidables y momentos bastante divertidos, y la aventura que emprenderán juntos nos llevará hasta otras galaxias.

WALL·E es una apuesta bastante arriesgada, no sólo por la creación de un personaje que recuerda demasiado a Cortocircuito (con algún rasgo característico de E.T.), sinó también por apostar por un inicio casi sin diálogos, de unos 40 minutos de duración, basándose plenamente en la presentación y definición de su personaje estrella, resultando ser lo más interesante de la película, siendo un comienzo de puro cine, con un ritmo visual y narrativo brillante, gracias seguramente a un meticuloso storyboard.

Este es el gran acierto de Pixar Animation Studios y más concretamente de Andrew Stanton, cuya primera película como único director y guionista parece darle sus frutos. En 1998 había hecho el guión, junto con otros dos guionistas, de Bichos, dirigiéndola con John Lasseter, el creador de la primera película de Pixar, Toy Story (1995); en 2001 colaboró en el guión de Monstruos, S.A, y en 2003, también junto con otros dos guionistas y con otro director, realizó Buscando a Nemo. Pero ha sido en WALL·E donde ha demostrado con creces las facultades que tiene para el cine y la animación en concreto. Los movimientos de Wall·e son rotundamente graciosos y muy bien ejecutados. Todos los sobresaltos que tiene y todas sus reacciones están tan bien animadas que daría gusto verlas varias veces. Nos recuerda, como bien dice mi compañero Cecil B. Demente, al personaje de Charlotte, por sus gestos y a veces meteduras de pata, añadiéndole el comienzo de cine mudo.

Aunque muy a nuestro pesar, por causas del argumento de la historia, a partir de que aparecen los humanos el film decae bastante, nuestra atención no aminora gracias a Wall·e y a personajes tan curiosos como los robots rebeldes, que le acompañarán en parte de la aventura. Aún así, desde este punto hasta el final, la película va cayendo en un tópico que otro (casi toda la segunda parte lo es), pero se le perdona por obsequiarnos con una primera parte tan estupenda.

En definitiva, una película de animación para todos los públicos que, a diferencia de varias de sus antecesoras, divierte por la creación de un personaje simpático y entrañable y emociona por un comienzo merecedor de más de un aplauso.

Un saludo!




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El Caballero Oscuro (2008)


Batman, uno de los estandartes de la editorial DC, ha sufrido todo tipo de reinterpretaciones y relecturas, tanto dentro como fuera de la viñeta, pero si nos centramos en el terreno puramente fílmico, hay que destacar tres famosas exploraciones sobre el cruzado de la capa: la mítica serie tontipop de los años 60, la valiosísima visión del personaje en clave gótica que Tim Burton hizo en los 80, y la indescriptible felonía cinematográfica gayofestiva que perpetró Joel Schumacher en los 90 (que vaya si destaca, aunque no para bien).

Christopher Nolan fue el encargado en 2005 de empezar de cero la saga, obviando por completo lo sucedido en las anteriores entregas cinematográficas y esforzándose por explicar TODO lo relacionado con el origen de Batman, algo que aburrió a unos y deslumbró a otros. Su personal vuelta de tuerca al personaje parecía tener tan solo una premisa: REALISMO, y realismo es lo que volvemos a encontrar en El Caballero Oscuro, la cinta que hoy nos ocupa y que difícilmente tendrá una continuidad, porque Nolan parece haber llevado su Batverso hasta el límite.


La historia cuenta como Batman y el Teniente Gordon pretenden incluir al nuevo fiscal del distrito Harvey Dent en su cruzada contra la mafia de Gotham, ya que Batman ve en Dent al héroe público que él nunca podrá llegar a ser y a su posible sucesor. El trío empieza teniendo éxito y Gordon es ascendido a Comisario, por lo que nuestro héroe piensa seriamente en colgar las mallas y vivir la vida loca, es entonces cuando entra en juego la segunda ley de la termodinámica en forma de payaso sociópata y la gente empieza a morir. Batman deberá cancelar sus vacaciones e intentar comprender como funciona la mente criminal del Joker, un villano que no busca riquezas ni lucro personal, si no ver como el mundo arde.



Casi todo el equipo al completo de la primera entrega repite en esta segunda (Nolan, Bale, Oldman, Cain…), la única que ha faltado a su cita es Katie Holmes, que aquí la sustituye Maggie Gyllenhaal, no sabemos muy bien si porque Victoria Beckham le tiene toda la agenda ocupada o porque su marido es un cienciólogo nazi, todo es posible (es curioso que tanto Kidman como Holmes hayan sido esposas de Cruise y Batchicas). Ríos de tinta ha hecho correr la interpretación que Heath Ledger hace del Joker, y no me sorprende nada, su papel es de cajón el más agradecido de la cinta y una auténtica perita en dulce. Ledger puede soltarse la melena y dejarse llevar por un personaje aterrador e inquietante, no apto para menores y que reclama altas dosis de caña interpretativa (como contraposición a ese Batman tan contenido de Bale), amén que se lleva las mejores frases del filme.



En lo referido al peso dramático, el Joker, en cambio, no eclipsa a Batman, ya que ambos se presentan ante el espectador como un absoluto, quitar de la balanza a uno de ellos significa dejar cojo al otro, y esto me parece el mayor logro del filme. Nunca antes en una película de superhéroes se había mostrado la dualidad entre el bien y el mal, entre el orden y el caos, de forma tan acertada y tan cargada de significado, es aquí donde Nolan logra trascender el género. La lucha entre ambos es tanto física como moral, así que la mayor victoria del Joker no sería acabar con su oponente, si no lograr que Batman lo matase, un truco tan viejo en los comics pero que resulta novedoso en el cine (son de mención obligatoria La Broma Asesina de Alan Moore y Brian Bolland, y Arkham Asylum de Grant Morrison y Dave McKean, dos comics que seguro habrán estado durante largos meses en la mesita de noche de Nolan).



El Caballero Oscuro es, en definitiva, una película existencialista sobre superhéroes, con mucha acción, un sólido guión, un empaque visual de lo más contundente y segundas lecturas por doquier. La cinta resulta una auténtica gozada para el fan fatal que soy, aunque el cinéfilo que llevo dentro se resiente a veces de ciertos excesos y de las zonas más espesas del filme. La historia contiene tintes de tragedia griega y los personajes no solo representan personas de carne y hueso, si no también ideas y conceptos. Gotham se levanta aquí como la auténtica protagonista del drama, una Gotham muy alejada de los vaivenes artísticos de Tim Burton y constituida de forma realista y sin maniqueísmos góticos, una apuesta arriesgada que en manos de cualquier otro se hubiera ido a pique. Pero claro, Nolan es mucho Nolan y el tipo tenía guardado un buen comodín en la manga.




La frase: "O mueres como un héroe o vives lo suficiente como para convertirte en un villano."

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