Cinema Paradiso (1988)


Elprimerhombre ha visto el montaje del director de Cinema Paradiso, con 43 minutos de metraje adicional de la película de Giuseppe Tornatore, una nostálgica historia que nos muestra la magia del cine.


En un pequeño pueblo de Sicilia, el pequeño Salvatore, llamado “Totó”, sólo piensa en ir al cine y en meterse en la cabina donde se proyectan las películas ya que algo mágico ocurre ahí dentro que parece apasionarle. Intenta siempre estar con el operador, el bonachón Alfredo, al que no parece gustarle la idea pero con el que tendrá una relación casi paternal, aprendiendo su apasionante oficio.


Gracias a la fascinación que al inicio tiene el pequeño “Totó” por las películas y sobre todo por la manera en que se proyectan en la gran pantalla, el espectador descubre el apasionante mundo del celuloide. Los fotogramas censurados por el cura del pueblo son guardados como un tesoro por el encantador Totó, que de vez en cuando los saca para imaginarse la escena, siendo él uno de los héroes de la película. Su amistad con Alfredo (Philippe Noiret) representa lo más conmovedor de la película.



La historia está planteada en tres etapas de la vida de Salvatore: de niño, de adolescente y de mayor (mediana edad). La más interesante es, sin lugar a dudas, la de “Totó”, interpretado por Salvatore Cascio, cuyos gestos e interpretación ayudan a que el espectador se enamore más de su personaje y se encante con las escenas en las que aparece, siendo la primera hora del metraje lo mejor de la película. Con el actor Marco Leonardi en la siguiente etapa, la historia se mantiene bastante bien, adentrándose en ella un nuevo personaje, Elena, con la que Salvatore tendrá un primer amor apasionado que no olvidará durante toda la película. Y eso es lo que falla en la última etapa. El actor Jacques Perrin interpreta a Salvatore después de haber pasado 30 años de su marcha a Roma. A su vuelta al pueblo natal por la muerte de Alfredo, un montón de recuerdos florecen en su memoria, volviendo a su mente la desaparecida Elena. La secuencia que mantienen juntos en un coche en su reencuentro es lo que sobra o se hace pesado del metraje adicional, siendo demasiado larga y rompiendo el ritmo de la película.



Pero quitando esto y algunos minutos más de la misma etapa final, Giuseppe Tornatore logró plasmar no sólo una época marcada por la censura, sino toda la belleza de los momentos mágicos que contiene la historia, como en la escena en que mucha gente se queda sin poder entrar en la sala de cine y Alfredo le propone a “Totó” darles un regalo, que no es otra cosa que proyectarles a la vez la misma película en la fachada de un edificio del pueblo, como si fuera un milagro. Sin embargo, esta escena, que es la más conmovedora junto con el final, va seguida de la escena más triste, en la que se incendia el proyector y en consecuencia, toda la sala, quedando Alfredo bastante malherido y ciego para siempre.



Premiada con el Oscar, el Globo de Oro y el Bafta como mejor película extranjera, así como el Premio Especial del Jurado en Cannes, o el Bafta y el European Film Award para Philippe Noiret por su espléndido papel, esta película engloba todo el trabajo que conlleva emocionar al público, mostrándonos películas de Jean Renoir, John Wayne, Antonioni, Charles Chaplin, Stan Laurel y Oliver Hardy, o carteles como el de Lo que el viento se llevó.



En definitiva, un lindo homenaje al séptimo arte que conmueve por su sencillez, con unas buenas actuaciones de Philippe Noiret y del pequeño Salvatore Cascio como el entrañable “Totó”, acompañado por la hermosa banda sonora del portentoso Ennio Morricone.




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La máscara del demonio (1960)


A finales de los años 50 la Hammer se encontraba en pleno revival de los grandes monstruos de la Universal e Italia quería su parte del pastel, por lo que Riccardo Freda, con un poco de ayuda de su inestimable colega Mario Bava, rodó en 1956 Los vampiros, película que inauguró el denominado gótico italiano, género que desde el mismo instante en que nació estuvo caracterizado por el erotismo, el morbo, la exageración y el sentimiento trágico. Después de varios pinitos tras la cámara, siempre sin acreditar y en películas como Caltiki, el monstruo inmortal, a Bava le llegó por primera vez la oportunidad de dirigir un filme completo, adaptando un cuento de mucho miedo titulado El viyi, relato corto escrito en 1835 por un novelista hijo de cosacos cuyo nombre os sonará a ruso, Nikolái Gogol. Lo que resultaría de aquella experiencia sería una de las obras cumbres del cine de terror.


La historia empieza en la Edad Media, cuando la princesa Asa es ajusticiada por su hermano y la Santa Inquisición, acusada de brujería, vampirismo y tener un cuerpo de pecado. Atada en la hoguera, es cruelmente torturada y asada como un pollo, pero no sin antes soltar una sarta de improperios, injurias y maldiciones. Dos siglos después, un par de viajeros doctos en medicina y de escaso sentido común, hacen oídos sordos a las sabias advertencias de su supersticioso cochero y se adentran de noche en el bosque donde tuvieron lugar aquellos espantosos sucesos. Cuando la sangre de uno de ellos reviva accidentalmente el cuerpo de la princesa, dará comienzo la hora bruja.


La cinta toma gran parte de la mitología y de los códigos genéricos que la Universal hizo populares allá por los años 30, tanto que incluso se podría interpretar la película como una versión femenina del Drácula de toda la vida. Mario Bava siempre ha sido un bribón fetichista de la belleza de las mujeres, y aquí se guardó el protagónico para la turbadora Barbara Steele, actriz de físico peculiar y mito del cine fantástico, cuyos ojos parecen estar hechos de puro material fílmico. Barbara empezaría así una excelente carrera en la que pondría su belleza y su mirada al servicio de directores tan capaces como Jonathan Demme, David Cronenberg o Joe Dante, hasta llegar a ser considerada, hoy en día, como la reina del grito que es.



Con un ritmo narrativo sólido y pausado, Bava nos cuenta el fatal devenir de unos personajes poéticos y exagerados, y que se mueven y hablan de una forma críptica y artificiosa, como cargados de romanticismo. Sus almas hacen juego con la macabra ambientación y parecen atormentadas, más por motivos estilísticos que por otra cosa. La gótica y polvorienta puesta en escena viene con todos los clichés del género y muchos de los sets (criptas embrujadas, pantanos, antiguos castillos, pasadizos secretos…) podrían aparecer perfectamente en cualquier cinta del ciclo de terror clásico de la Universal que antes comentábamos. La atmósfera está realmente lograda, el sabio uso de la iluminación, la luz y las sombras, hace que la oscuridad se cierna sobre los personajes, que aparecen muchas veces en contrapicado o en un segundo plano, por detrás de telarañas, candelabros o gárgolas. La cinta está rodada en un espléndido blanco y negro que solo puede ser obra de un maestro, y uno tiene la sensación en casi todo momento de estar viendo algo verdaderamente mítico.



Si hay algo que empañe la película y que rompa sorprendentemente la calidad global del filme, son los abundantes fallos de raccord y esa sensación de déjà vu que se adueña del espectador en gran parte del metraje, ya que la trama puede parecernos hoy en día más trillada que la cama de Paris Hilton. El paso del tiempo en cambio, no ha logrado arrebatarle su fuerza visual y la cinta sigue manteniendo intacto su gran poder de sugestión.



La frase: “A veces todo parece oscuro, pero incluso aquí, en los rincones más sombríos de este jardín, llegará la luz del sol para disipar las tinieblas de esta noche.”

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Los cronocrímenes (2007)

Buenos días, soy el jefe Dreyfus, hoy es viernes y por segunda semana consecutiva a continuación procederé a abalanzarme (con nocturnidad y alevosía) sobre una película española (aunque en principio el hecho de que España haya ganado la Eurocopa no tendría nada que ver en esto). Más exactamente una película que se estrenó el viernes pasado en los cines, auque ya llevara mucho tiempo en la recamara esperando poder ser estrenada: Los cronocrímenes… ¡Empezamos!

La historia empieza (como tantas otras) con una pareja que se acaba de instalar en una casa en medio del campo rodeada de bosques donde el protagonista pasa el rato observando con sus prismáticos la naturaleza. En estas estamos cuando descubre en medio del bosque a una joven desnuda, cosa que, ¡solo faltaría!, llamará poderosamente la atención del prota, tanto, que se decide a entrar en el bosque para encontrarla. A partir de aquí empezará su propia pesadilla, cruzándose en su camino un psicópata con unas tijeras que lo perseguirá hasta darle caza, del cual intentará huir ocultándose en una casa cercana donde nada es lo que parece. Si, si, visto así la trama puede parecer muchas cosas menos original, aunque no se fíen demasiado porque esto tan solo es el punto de partida, que si no, me pongo a rajar y acabaría contando de más y entonces serían ustedes los que me perseguirían a mi para darme caza.

¿Quién es Nacho Vigalondo? Pues el máximo responsable de todo este sarao, director, guionista y actor en la película, siendo esta su opera prima y que viene, como tantos otros, del mundo del cortometraje. El hombre se dio a conocer (o por lo menos yo lo conocí) con el corto 7:35 de la mañana, que estuvo nominado al Oscar en el año 2004 (el año que Mar adentro ganó el Oscar como mejor película de habla no inglesa), aunque también ha dirigido otros cortos como Choque, la trilogía Código 7, Domingo o Una lección de cine. Además también ha hecho trabajos como guionista para televisión (¡fue guionista en la segunda edición de Gran Hermano!). La víctima es Karra Elejalde, un tótem del cine español, conocido entre otros mucho trabajos por Vacas, Acción mutante, La ardilla roja, Kika, Días contados, Tierra, Airbag, Los sin nombre, Año Mariano o Torapia (en las dos últimas también como director). Casi nada. Además en la película también destaca la participación de Barbara Goenaga (menos conocida aunque bastante más atractiva que Elejalde, las cosas como son).

¿Por qué todo el mundo debería ir a ver esta película? Por su guión tan sólido como atrevido, porque consigue atrapar desde el principio y ya no te suelta, porque siempre que parece que la trama pueda empezar a decaer va más allá, por demostrar que las ideas siempre están por encima de los presupuestos, por su facilidad para controlar el tiempo (jajaja) narrativo, por crear a un malvado que espero que se convierta en un icono, por sus ramalazos kitsch y de serie B, por Vigalondo y para demostrar a los futuros directores que hay vida después del corto, por Karra Elejalde, para dar una lección a todas las distribuidoras que no le hayan dado una oportunidad, para no tener que ir a ver el remake americano que poco o nada puede aportar, por hacer fácil lo difícil, por arriesgar en un país donde cuesta mucho que alguien arriesgue, por ser una deliciosa pesadilla, por conseguir que el puzzle encaje, porque menos es más, porque a la mañana siguiente todavía le estaba dando vueltas, por su mala leche, por hija de puta.

Y es que a pesar de que, tampoco tiremos las campanas al vuelo, la película no acaba de ser del todo redonda, lo cierto es que me apetece hablar bien de ella, aunque soy consciente de sus defectos (ya saben que mis criticas nunca han brillado por su objetividad). Cierto es que Vigalondo sigue siendo mucho mejor guionista que director (le pone empeño y le pone ganas, aunque en ocasiones se tiene la sensación de que se queda a medio gas) y, sobre todo, que actor (a pesar de que su papel no deja de ser secundario lo cierto es que frente a Karra Elejalde uno no puede evitar darse cuenta de sus “carencias” interpretativas), pero no dejan de ser cosas propias de una opera prima y que esperemos que el tiempo (el tiempo, siempre es el tiempo…) lo acabe de pulir. Además, y a pesar de lo dicho en el párrafo anterior, lo cierto es que un poco más de presupuesto no le hubiera ido nada mal a al película y, quizás, le hubiera permitido probar más cosas.

Resumiendo: Los cronocrímenes es una película rotundamente recomendable, un puzzle bien construido que atrapa y engancha y la confirmación de un director que, espero y deseo, siga creciendo.



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Al servicio de las damas (1936)


Elprimerhombre ha visto Al servicio de las damas, de Gregory La Cava, una comedia dramática que entretiene pero que es bastante más interesante al inicio, convirtiéndose más en un drama banal a su media hora final.


La historia empieza de forma un tanto vertiginosa, con un argumento que nos muestra una idea original y curiosa. Dos hermanas, Cornelia e Irene Bullock, llegan a un vertedero en busca de un vagabundo que deben conseguir para la gimcama en la que participan. Cornelia es la primera en ofrecer a un mendigo 5 dólares para que le acompañe al hotel donde se lleva a cabo el juego, pero éste no acepta y la empuja a la basura. Irene se echa a reír y consigue que el mendigo, llamado Godfrey, la acompañe ganando de esta manera la gimcama. Pero los demás asistentes, todos burgueses, quieren que hable el mendigo, cuyas palabras son de reproche total hacia ellos. Irene tiene remordimientos por haberle hecho pasar este mal trago y le quiere dar un trabajo en su casa como mayordomo, convirtiéndose en su protegido.



Con este inicio y con unos diálogos irónicos y divertidos que fluyen de manera natural, la película promete ser bastante interesante, pero acaba siendo más bien una mezcla entre drama y comedia floja con un final previsible y con una historia de amor poco creíble y sosa. La dirección de Gregory La Cava no aporta mucho a la historia, con algunos fallos de raccord y William Powell (Godfrey) tiene una actuación correcta pero que como le ocurre a Carole Lombard, que hace de Irene, su personaje no tiene el carisma que debería tener. Si Cornelia (Gail Patrick) hubiera tenido algo más de protagonismo al final de la historia la cosa hubiera ido a mejor, porque su ironía y un punto de maldad atribuyen a su personaje una cierta atracción fatal.



Angelica (Alice Brady) y Alexander Bullock (Eugene Pallette), junto con la doncella Molly (Jean Dixon) y el protegido de Angelica, el músico Carlo (Mischa Auer), son personajes secundarios mucho más interesantes que Godfrey y que Irene, cuya presencia es fundamental para que la película tenga algo de interés. Las mejores frases las tienen ellos, como la alocada Angelica, un personaje muy acertado que conecta muy bien con su esposo Alexander, que no sabe qué hacer con sus hijas, de las que siempre tiene que pagar multas por cosas que hacen que no tienen ningún sentido, como subir las escaleras de la casa con el caballo del cochero y dejar al animal en la biblioteca. Molly es una sirvienta que ya conoce bien a la familia y parece pasar de todo y Carlo es un frustado músico que no forma parte de la familia pero que fue acogido por Angelica y cuyo personaje es divertido y se le va a veces la pinza.



Esta película pertenece a la “screwball comedy” que apareció en Hollywood por los años 30, “un tipo de comedias románticas con grandes dosis de humor, enredo y elegancia, que pretendían evadir al espectador de sus rutinas y problemas diarios”.

En definitiva, una película simpática con diálogos divertidos, con unos personajes secundarios imprescindibles, pero con una media hora final nada interesante.

Un saludo!

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Resultado encuesta

¡Encuesta cerrada!

Stallone se está convirtiendo en otra de nuestras víctimas habituales aquí en el quesito rosa y, es que, viendo su trayectoria no hemos podido resistirnos a preguntarles: “¿Qué parte de la biografía de Sylvester Stallone te parece más oscura?” Sus respuestas, como siempre, nos han ayudado a aclarar un poco más nuestras ideas. ¡Pasemos a analizarlas!

Su participación en una película porno. 2 Votos. A principios de los años 1970, para pagarse las clases de arte dramático, el bueno de Sylvestre, tuvo que trabajar como actor en una película pornográfica llamada The Party at Kitty and Stud's. Lamentablemente optó por no seguir dentro de la industria del cine X y se dedicó a probar suerte con el cine convencional. Uno ya no sabe hasta que punto hemos perdido o ganado con el cambio. A ustedes esta opción no les ha llamado demasiado la atención, todo sea dicho.

Que dirigiera la secuela de Fiebre del sábado noche. 2 Votos. La fiebre continúa se llamaba esta joya del séptimo arte estrenada en el año 1983, protagonizada (no podía ser de otra forma) por un John Travolta que ya empezaba a ir de capa caída y dirigida por un Sylvester Stallone que todavía no había encontrado su rumbo (y que se permitía un cameo en la cinta). La cosa no cuajó, es innegable. La película no funcionó en taquilla y muchos culpan de ello a un guión demasiado flojo y una dirección tirando a malilla. ¿Ahora que Stallone está recuperando sus viejas glorias porque no intentar una tercera parte? ¿Lo soportaría el espectador? Parece ser que a ustedes tampoco les ha impresionado demasiado esta opción.

Que hiciera una peli con la madre de Las chicas de oro. 2 Votos. Que gran clásico de videoclub: Alto o mi madre dispara, del año 1992. A todo tipo duro le llega un momento en que cree que lo suyo es hacer comedias. A Schwarzenegger le había funcionado con los gemelos golpean dos veces o poli de guardería y el bueno de Sly no quiso perder la oportunidad de mostrar sus dotes cómicas en esta película al igual que ya hiciera el año anterior en Oscar, ¡quita las manos! (dirigida por John Landis). De los resultados mejor ni hablar, la cosa no fue demasiado bien.

Que hiciera Cop Land junto a Ray Liotta. 3 Votos. Corría el año 1997 y alguien tuvo la brillante idea de juntar en la pantalla a dos grandes monstruos de la interpretación como Sylvester Stallone y Ray Liotta (cierto que también estaban Robert de Niro o Harvey Keytel en la peli, ¿pero eso a quién le importa?). La película era una oportunidad de oro para conseguir que Sly dejara atrás sus anteriores trabajos de tipo duro, con el personaje de un sheriff de pueblo en horas bajas y algo fondón, metido en problemas. La peli, sorprendentemente tuvo buenas críticas, aunque yo, que la fui a ver al cine, me pareció un soberano tostón de grandes dimensiones. No obstante la cosa no fue a más y nuestros héroes todavía se hundieron un poquito más en la industria de Hollywood.

Que protagonizara una película country junto a Dolly Parton. 4 Votos. Rhinestone se llamaba la criatura y databa del año 1984. Sylvester acababa de protagonizar Rambo pero, no sabemos muy bien porque, su siguiente trabajo fue esta cosa donde una estrella de la canción country (Parton) contrataba a un taxista (Stallone) para demostrar que cualquiera puede tener talento en el mundo del espectáculo (¡¡como la vida misma, señores!!). Para acabar de rizar el rizo, el director era Bob Clark, conocido por haber dirigido Porky’s (un respeto ante una de las obras magnas del séptimo arte). El resultado, la verdad, tiene una pinta bastante oscura, todo sea dicho y por eso a quedado en una destacada segunda posición.

Que haya escrito dos libros. 11 Votos. Clara vencedora de la encuesta. Ustedes pueden tolerar que sea actor, que sea director, que sea productor… pero lo de que sea escritor está claro que les supera (recordemos que llegó a estar nominado a los Oscar por el guión de Rocky que el mismo escribió). Desconocemos a ciencia cierta cuantos libros ha escrito, pero lo que si podemos afirmar es que como mínimo dos si que existen y que uno de los miembros del quesito los ha tenido en sus manos (¡y los encontró en una biblioteca!). Además es público y sabido del interés de Stallone por la lectura y por Edgar Allan Poe, del cual se rumorea que quiere llevar su vida a la gran pantalla. Que Dios nos coja confesados.

Mil gracias por participar, por entrar, por responder y por seguirnos el juego. Si el tiempo lo permite y la autoridad no se opone… ¡mañana nueva encuesta! ¡¡¡Si es que estamos que no paramos!!!

Mientras tanto, en Twitter...

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