Arrástrame al infierno (2009)

Viva el mal (viva el capital).


En la mayoría de los casos, el hecho de que Sam Raimi nos presente una nueva película acostumbra a ser motivo de júbilo y algarabía. Si, además, regresa con una película del género que lo dio conocer, hace ya varios lustros, lo dicho se pude ir multiplicando por dos o por tres, como mínimo. Y si, para colmo, lo hace en un momento dulce de su carrera a nivel de taquilla, lo cual viene a decir que lo hace para divertirse y porque le da la real gana y no como una vuelta a sus orígenes para intentar remontar una carrera venida a menos, la cosa ya es como para tirar cohetes. Así que, a pesar de no ser ésta la cuarta entrega de su famosa trilogía (la de Evil Dead, no la otra), nos podemos ir dando con un canto en los dientes con: Arrástrame al infierno... ¡Empezamos!

La protagonista de la peli es una joven que va de víctima por la vida o, como se suele decir, de tan buena es tonta. Resulta que la chica trabaja en una entidad bancaria concediendo préstamos y esas cosas que se hacen se hacían en los bancos, compitiendo con otro empleado por el puesto de sub-director, o algo por el estilo. A pesar de ser una empleada capacitada y eficaz todo el mundo siempre acaba aprovechándose de ella por ser demasiado blanda. Así pues, cuando su jefe le llama la atención al respecto, la chica decidirá ponerse dura por una vez en su vida. Pero el problema es que lo hará con la persona equivocada: una vieja gitana con un ojo a la virulé a la que le denegará una renovación de su préstamo. ¡Ya la tenemos liada! La vieja gitana con un ojo de cada color (muy al estilo David Bowie) se vengará de la muchacha lanzándole una maldición. La chica buscará apoyo en su pareja (alguien escéptico sobre brujería y maldiciones) y una especie de vidente, que se va a cagar patas arriba cuando le lea la mano a la joven.

A partir de esta premisa, de lo más básica y chorra, la película da rienda suelta a un montón de situaciones delirantes, con una protagonista interpretada por una sufrida Alison Lohman (el amor bucólico de Ewan McGregor en Big Fish) que las va a pasar canutas para intentar librarse de la maldición que le ha echado la vieja, con una justa medida entre cine de terror, comedia y asquito. Además, la película tampoco pierde la ocasión para criticar el capitalismo agresivo y la actual crisis económica y bancaria tan de moda en los tiempos que corren.

¿Pero quien es Sam Raimi? Pues es un director que se dio a conocer a principios de los ochenta con una película de terror (de presupuesto irrisorio) llamada Posesión infernal y que con el tiempo se ha convertido en película de culto (y yo que me alegro). Más tarde vinieron Ola de crímenes, ola de risas (escrita a seis manos con los hermanos Coen); la segunda entrega de Posesión infernal: Terroríficamente muertos (donde aumentaban las dosis de humor); la infravalorada Darkman (los oscuros vengadores estaban de moda por allá el año 1990); la tercera entrega de Posesión infernal: El ejercito de las tinieblas (donde seguía subiendo el grado de hilaridad hasta cuotas insospechadas); el director al servicio de la estrella en Rápida y mortal (que a pesar de ser un cagarro tenía algún buen plano al más puro estilo Raimi); Un plan sencillo (una pequeña joya que, lamentablemente, pasó sin pena ni gloria); la falta de identidad de Entre el amor y el juego (la próxima vez que vea a Kevin Costner con un bate en una pantalla espero que sea porque alguien le está atizando con él); Premonición (tan interesante como fallida); y luego, ya, las tres entregas de Spiderman (que a pesar de no ser precisamente santo de mi devoción le ha valido al bueno de Raimi para convertirse en un revienta taquillas y poderse forrar con oro las muelas que le faltaban).

Además de haber dirigido este montón de películas, Sam Raimi también fue el guionista de todas ellas (normalmente en compañía de su hermano Ivan Raimi entre otros) hasta El ejercito de las tinieblas (1992). Como se puede observar, ha llovido abundantemente desde entonces, así pues Arrástrame al infierno, además del regreso de Raimi al género del terror, también resulta ser motivo de celebración por ser, también, su regreso a los guiones. Brindo por ello.

La película resulta ser un simple divertimento la mar de entretenido que, no obstante, termina convenciendo por la rotundidad del producto. Raimi se mueve como pez en el agua (o como Spiderman entre rascacielos) en una película fabricada a su justa medida (como que la ha escrito él), plagada de puntos de tensión bien sostenida, de algún que otro susto, (controlando como pocos el recurso del sonido en ambos casos), de momentos divertidos y de casquería fina y variada (realmente ocurren cosas en esta película que solo las puede salvar Raimi y pocos más). Para colmo la película tiene un ritmo genial que te la ves en un pis pas y como quien no quiere la cosa. Además, para los más curiosos, decir que sí, que el coche de Raimi (que siempre saca en todas sus películas) también vuelve a aparecer en ésta. ¿O que os pensabais?

Resumiendo: Terror al estilo Raimi, con grandes dosis de sustos, humor y asquerosidades variadas.



Leer critica Arrástrame al Infierno (Drag me to Hell) en Muchocine.net

5 piquitos de oro:

Fred McMurray dijo...

Grandes dosis de sustos? Por favor... si dan risa

JuliMonster dijo...

...Mmm... que se yo.
Es una película del montón.

Cintia dijo...

Sí, todo al que oi comentarla opinó lo mismo que vos, así que es muy probable que la vea. Mi intención era verla en el cine, pero bueh...

Besotesss

CARLOS SERRANO dijo...

Peli maisntream con menos gore que una comedia de Resines!

cruasan raimi dijo...

la escena del ataque en el parking es buenérrima!!! hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien con el tito sam

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