Grandes momentos tv (XXII)

"Pensaba que Europa era un país.
O sea, lo que quiero decir es: ¿Es Francia un país?"

Kellie Pickler (concursante American Idol).

¿Sabes más que un niño de primaria? (versión E.E.U.U.)

Pandorum (2009)


Esta nave está muy viva.

Cuando uno asiste a un festival como el de Sitges, a menudo tiene la sensación, debido a problemas de horario o a que uno no sabe muy bien que es lo que va a ver por mucho que se haya intentado informar, de que se está tragando todos los cagarros que ofrece el festival y se está perdiendo las pelis buenas de verdad. Después de ver Pandorum he podido comprobar, lamentablemente, que todavía me quedaba algún que otra mierda por ver.


La peli empieza con un par de tripulantes de una nave espacial que se despiertan de su larga hibernación. Lo chungo será que la hibernación les ha dejado secuelas en forma de amnesia, de modo que no son capaces de recordar ni quienes eran, ni donde está el resto de la tripulación ni siquiera cual era su misión a bordo de la nave espacial. Rápidamente intentarán ponerse al día pero comprobarán, horrorizados, que la cosa pinta xunga debido a que en la nave han entrado una serie de bichejos, feos y con una mala folla de lo más alarmante, que intentarán darles caza con el fino objetivo de papeárselos. Los dos tripulantes deberán afinar al máximo su espíritu de supervivencia para lograr evitarlos y, con la ayuda de algún que otro extraño personaje que también pulula por los sombríos pasillos, poner nuevamente la nave en marcha, rumbo a una misión que, poco a poco, irán recordando y que, como suele suceder en este tipo de productos, es la última esperanza de la raza humana. Así, a lo grande.


La peli viene abalada por la frase “de los productores de Resident Evil”, lo cual uno no sabe si se usa para alentar a los espectadores a que acudan en masa a las salas de cine o a que huyan de ellas cual alma que lleva el diablo (en mi caso más bien lo segundo, por mucho que haya acabado viendo la peli). Lo cierto es que con la saga Resident Evil podría guardar ciertas semejanzas, siempre y cuando sustituyamos a los infectados por bichos espaciales, a la sede de la corporación Umbrela por una nave espacial y a Milla Jovovich por Dennis Quaid. Ciertamente esta última comparación es la que más se resiente por motivos que escapan a lo puramente cinematográfico. Por lo demás, más o menos ya nos lo sabemos: estética videoclipera a porrillo, hembras de armas tomar, estrechos pasillos que guardan más de una sorpresa, bichos que cruzan a todo correr por delante de la cámara sin que los protas se hayan percatado (bueno, esto también lo hace mucho Shyamalan y nadie le dice nada)...


El director de este subproducto es un tal Christian Alvart quien antes de ésta había dirigido Expediente 39 y entre los protas cuenta con, el ya dicho, Dennis Quaid, quien se hizo muy popular en la década de los '80 con pelis como Enemigo mio, El chip prodigioso, Muerto al llegar o Gran bola de fuego, y que al que recientemente Hollywood a vuelto a reclamar con películas como El vuelo del Fénix, El día de mañana, En el punto de mira o GIJoe, entre otras; y Ben Foster, que ha participado en cosas como X-Men 3, 30 días de oscuridad o El tren de las 3:10. Personalmente a mi estos dos ni fu ni fa, especialmente Dennis Quaid, que con los años que lleva en el negocio quizás alguien debería haberle pedido algo más que la cara de susto/desconcierto que luce durante gran parte del metraje.


Pandorum es una película fallida. Así, a las claras. Y lo es debido a que a pesar de un arranque que podría haber colado como prometedor, con dos tipos que despiertan en una nave espacial y un misterio como la copa de un pino por resolver, la cosa hace aguas, de forma alarmante, antes incluso de llegar a la media hora. Me niego a creer que el objetivo del director/guionista, Christian Alvart, fuera el de contarnos una historia y, en el caso de que lo fuera, lo cierto es que lo hace como el puto culo. Más bien creo que su objetivo secreto era el de marear la perdiz/espectador de manera que, ya sea con su dirección (videoclipera, mareante y cutre) o con su guión (una historia tan simple como horrorosamente narrada) a uno se le quede cara de tonto y con la sensación de no haber acabado de pillar del todo de que iba la cosa, mezclando la ciencia ficción y el terror (aunque no se lo crea ni él), con notable torpeza y cayendo en clichés incapaces de sorprender ni un ápice y que suenan a ya vistos con anterioridad.


Resumiendo: Arranque prometedor, que se va diluyendo a marchas forzadas a medida que avanza la trama y se van resolviendo los misterios.



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La tumba de las luciérnagas (1988)

La historia más triste jamás contada

La gran diferencia entre Hayao Miyazaki y Isao Takahata, los dos fundadores del Estudio Ghibli (1985), es que el primero, a partir del año de creación del estudio, ha sido más prolífico y más coherente en su carrera cinematográfica. Takahata ha hecho menos películas y bastante diferentes entre ellas, en las que la animación también cumple un papel importante, como en Recuerdos del ayer (1989), mostrando costumbres y recuerdos de su protagonista, pero resaltando en otras un humor bastante absurdo y sorprendente, como se puede observar en su película con mapaches, Pompoko (1994), o en Mis vecinos los Yamada (1999), otra película costumbrista que juega con una animación totalmente diferente, desmarcándose completamente de la habitual minuciosidad de las películas de Miyazaki y optando por crear a sus personajes con un curioso y original dibujo abocetado, con escenas muy bien resueltas, pero siendo una animación más cercana al estilo del animador norteamericano Bill Plympton.

Fue en 1988 cuando Isao Takahata creó la que es su obra más conocida y de la que seguramente será recordado, La tumba de las luciérnagas, en la que apostó por la misma línea dramática que tanto éxito le habían dado las series Heidi (1974) y sobre todo Marco (1976), contando esta vez una historia verdaderamente trágica ubicada en el Japón del final de la Segunda Guerra Mundial, centrándose en un adolescente llamado Seita y su hermana pequeña Setsuko. El relato del intento de supervivencia de estos dos personajes es absolutamente desolador, dado que desde los primeros fotogramas sabemos que ambos están muertos ("El día 21 de septiembre de 1945, yo morí"), contando la historia como un flashback en el que él observa algunas escenas de su pasado reciente.

La película recibió muy buenas críticas y debió de sorprender en el momento de su estreno no sólo por su obvia gran calidad de la animación, sino también por sus contundentes imágenes, siendo un drama tan duro que el espectador no puede evitar emocionarse y hasta seguramente soltar alguna lágrima. Sin embargo, uno tampoco puede quitarse de la cabeza la sensación de que a Isao Takahata le gusta adentrarse en este tipo de historias, profundizando demasiado en la miseria de sus protagonistas, buscando claramente la compasión del espectador. Aunque esto no resta valor a la historia ya que el recuerdo de algunas escenas de la niña Setsuko son imborrables y el objetivo de impactar se cumple totalmente, resultando ser una de las películas más tristes de la historia del cine, aunque algunos aspectos del drama sean utilizados casi al límite.

"La tumba de las luciérnagas contiene una gran calidad en la animación pero también una tragedia demasiado respaldada en las penurias de una pareja de hermanos que sobreviven como pueden en el final de la Segunda Guerra Mundial"



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Grandes monólogos cine (III)



Escena de El tercer hombre (1949), de Carol Reed.

“Recuerda lo que dijo no sé quién: en Italia, en 30 años de dominación de los Borgia no hubo más que terror, guerras, matanzas, pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento; en Suiza, por el contrario, tuvieron 500 años de amor, democracia y paz, y ¿cuál fue el resultado? El reloj de cuco”

(500) días juntos (2009)


Existen ciertos fenómenos en la cinematografía estadounidense que a base de dar buenos resultados en taquilla se han ido instaurando como costumbres. De este modo es costumbre que los blokbusters se estrenen en verano o que las películas infantiles hagan lo propio en las fiestas de navidad. En los últimos años ha aparecido un nuevo fenómeno: las comedias indies que, además de funcionar de perlas en taquilla y lograr pingües beneficios, en ocasiones, también se han llevado un buen botín de premios (Oscars incluidos). Hace dos años le tocó el turno a Pequeña miss Sunshine y el año pasado a Juno. Todo parece apuntar a que la comedia indie de este año es: (500) días juntos... ¡Empezamos!


La película empieza como toda buena comedia romántica que se precie, con un “chico conoce chica” a lo que sigue aquello de enamorarse hasta las trancas y entablar una relación sentimental. El problema, en este caso, es que el amor que siente el chico hacia la chica no será correspondido, debido a que ella ni cree en el amor ni pretende nada serio con el protagonista. ¡Vaya chascazo!


Pero conozcamos mejor a nuestra pareja protagonista: Él, Tom, es un chico tímido, amigo de sus amigos, enamoradizo crónico y enfrascado constantemente en encontrar a su mujer ideal. En cierto modo se podrían establecer ciertos paralelismos con Ted, el protagonista de la sitcom “Como conocí a vuestra madre” e, incluso, nuestro joven protagonista ha estudiado arquitectura, pero lo cierto es que Ted era bastante más dinámico y enrollado, siendo Tom mucho más reservado debido a que, recordemos, estamos frente a una comedia indie, con todo lo que ello conlleva. Ella, Summer (y aquí es donde el título original “(500) days of Summer” cobra todo el sentido que la traducción no ha logrado preservar) resulta ser una chica mucho más independiente, descreída en lo que a materia de relaciones amorosas se refiere, aunque, como se verá en el film, no le hace ascos a entablar esporádicas relaciones con gente con la que se sienta a gusto, aunque sin esperar nada serio ni, mucho menos, duradero.


La pareja protagonista está interpretada por jóvenes actores al alza que, no obstante, poca cosa habían demostrado hasta el momento: Joseph Gordon-Levitt, el niño de la serie “Cosas de marcianos” que este año también ha aparecido en Gi-Joe y que, al parecer, estará en la nueva de Christopher Nolan; y Zooey Deschanel, eterna secundaria hasta la fecha, que ha intervenido en productos tales como Elf, Guía del autoestopista galáctico, Novia por contrato, Un puente hacia Therabithia, Di que sí (con Jim Carrey) o El incidente, en su mayoría auténticos truñacos de órdago. Debo decir que ellos no están mal (y menos viendo en las pelis en las que han intervenido) y que si la película falla en ciertos aspectos no es debido a sus interpretaciones que resultan más que convincentes, aunque en ciertos momentos con un exceso de endulcoramiento para mi gusto. Para dirigirlos, la película cuenta con Marc Webb, un señor que debe ser muy conocido para los fervientes seguidores de los vídeos musicales, sus únicos trabajos hasta la fecha, pero absolutamente desconocido para el gran público.


La película logró arrancarme una sonrisa a los cinco segundos, antes, incluso, que hubiera empezado propiamente. Pero la hora y media que vino después me dejó una sensación ambigua, debido a que algunas cosas me gustaron y otras no me gustaron nada, algo que suele pasar en la mayoría de pelis, pero, en esta ocasión, de una forma mucho más marcada. Por ejemplo: 1. Me gusta que él sea un baboso enamoradizo y que, como tal, lleve a su chica a su rincón favorito de la ciudad (aunque resulte algo sobado), pero francamente no entiendo la necesidad de dibujarle media ciudad en el antebrazo de la chica por mucho que el hombre haya estudiado arquitectura. Yo creo que no es que Summer no creyera en el amor, es que lo quemó todo, junto con la paciencia, aguantándole la tontería al niño en esa cita. 2. Mola que cuando el prota corta con una de sus novias entre en una dura depresión. La autodestrucción debida a amores rotos visten muy bien en pantalla, pero es extraño que quien le tenga que sacar de la depre y abrirle los ojos sea su hermana pequeña pre-adolescente, un personaje poco menos que insoportable y que actúa como uno de esos niños-ancianos sabiondos a los que, confieso, les tengo auténtico pavor. 3. Me gustó la relación que existe entre los dos protagonistas, y algunos de sus diálogos los encontré francamente entrañables, pero había ciertas actitudes que no lograba entender. Como cuando, con una chica en su cama perfectamente dispuesta a empezar con los preliminares pre-coito, el prota le pide que le espere un momento y se va al baño a hablar consigo mismo frente al espejo para contarse (a sí mismo, recordemos) que esta noche bacalao. Como perteneciente al género masculino, debo decirles que si algo no haría con una tia buena en mi cama, sería moverme ni un puto milímetro de la misma, no vaya a ser que se le pase la torradera.


Resumiendo: Historia de una (no) relación, notablemente irregular aunque con un aprobado (justito) en su global.




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