viernes 3 de julio de 2009

Señales del futuro (2009)


Apocalipse Now

Buenos días, soy el jefe Dreyfus, volviendo a las andadas con una película que, si algo deja claro, es que lo tenemos crudo y que la cosa se acaba. Pero, por suerte, la raza humana cuenta con Nicolas Cage entre sus filas, para encontrar una solución al problema (si amigos, estamos perdidos). No obstante, démosle un voto de confianza para que logre predecir a tiempo las: Señales del futuro (Knowing)... ¡Empezamos!

La peli empieza en el año 1959, cuando los alumnos de una escuela entierran una cápsula del tiempo con dibujos de como imaginan ellos el futuro dentro de cincuenta años. Entre dichos alumnos encontramos a Lucinda, una niña con cara de haberse comido una paella en un chiringuito playero, a quien unas voces le susurran una serie numérica que también enterraran dentro de la cápsula del tiempo. Ya en el año 2009, el dibujo “conceptual” de Lucinda irá a parar a manos de Calep, el hijo de un profe de astronomía que, rápidamente, empezará a sentir curiosidad por los números de la hoja desenterrada, llegando a la sorprendente conclusión (entre whisky y whisky, todo sea dicho) de que en los números se esconden predicciones sobre grandes catástrofes de la humanidad transcurridas durante los pasados cincuenta años. Además el profe de astronomía (un hombre de ciencia y, en principio, escéptico ante tal despliegue de sucesos paranormales), empezará a comprobar que un grupo de tipos extraños, vestidos como si acabaran de salir de la peli “Jovenes Ocultos”, empezarán a seguirles, dejando tras de si una marca personal en forma de extrañas piedras negras (aunque en principio nada hace suponer que sean de esas que se fuman). A medida que la trama avance descubriremos que lo peor todavía está por llegar.

El director de la cosa esta es el señor Alex Proyas, un tipo que lleva colgando el cartelito de joven promesa desde que se dio a conocer hace ya quince años (!) con El cuervo, película que dio bastante de que hablar por su estética oscura y siniestra y, especialmente, por la sonada muerte de su protagonista, Brandon Lee, en pleno rodaje. Más tarde vinieron títulos como Dark City (con la que logró el reconocimiento de buena parte de la crítica), Días de garaje (n.p.i.) y Yo Robot (el torpe intento de llevar a la gran pantalla el famoso relato de Isaac Asimov con Will Smith luciendo pistola). En esta película el muchacho hace lo que puede a costa de perder gran parte de su sello distintivo, exceptuando la utilización de un filtro de color que hace resaltar los tonos de forma descarada. Después de Señales del futuro parece que el hombre todavía no acaba de estar lo suficientemente maduro. Yo casi que le otorgaría otros quince años más de gracia.

Entre los actores un nombre destaca por encima de todos los demás (bueno, lo cierto es que los demás no se ni quien coño son): Nicolas Cage (the man). Lo cierto es que es un tipo, cuanto menos, desconcertante. Reconozco que hubo un tiempo en que me caía bien, quizás debido a mi simpatía hacia un título tan imprescindible como es Arizona Baby, película donde el bueno de Cage me ganó. Pero al hombre, poco a poco, se le fue yendo la olla, hasta que ganó el Oscar a mejor actor por Leaving las Vegas y a partir de entonces la cosa ya se desmadró. Y fue a partir del Oscar cuando el tipo decidió que a él lo que le molaba era ser un héroe de acción y/o héroe romántico (y si podía ser llevando el pelo largo pues mejor que mejor), con lo que empezó a encadenar títulos malos a porrillo, intercalándolos con algún trabajo más arriesgado que, no obstante, ya no le logró devolver mi simpatía, en parte, porque parece ser que últimamente no le sale bien ni cuando arriesga.

Y así llegamos a Señales del futuro, una película que sigue una trayectoria sorprendentemente similar a la carrera de su protagonista: empieza prometedora, consigue interesarme durante su primera media hora, se va desinflando a medida que avanza la trama, se precipita a gran velocidad pasada la mitad de la película, y, al final, llegamos a un muy bochornoso desenlace y a una última escena que casi me hace potar (y es que me imagino al señor Proyas en la sala de montaje decidiendo si poner o no la escena final a la que me refiero, y pensando: de perdidos al río, si vamos a hacerlo mal, hagámoslo todo lo mal que podamos, vayamos más allá del patetismo. Yes, we can).

Y es que la peli empieza despistando al espectador, resultando más cercana a una película de terror de última hornada, con niña siniestra, pálida y con mirada chunga incluida, que a lo que realmente resulta ser: cine de catástrofes. Pasada la introducción la peli avanza medianamente bien a pesar de intentar tratar al espectador como estúpidos a los que se les tiene que dar todo masticado para que lo entiendan bien (ejemplo: el prota es viudo y hacia el principio tiene una conversación con su hijo sobre que su madre está en el cielo y no se cuantas cosas más, que no viene demasiado a cuento más que para informarnos de que solo se tienen el uno al otro). Hacia la mitad, la peli pierde fuelle a marchas forzadas, y uno tiene la sensación que había dos caminos hacia donde avanzar y se termina eligiendo el menos apropiado, lo que provocó que poco a poco fuera perdiendo el interés, hasta llegar a la última media hora (o como a mi me gusta llamarlo: el momento en que los guionistas se pasaron a las drogas duras) que nos hace pensar en épocas pasadas (el final resulta muy '80, pero en el peor sentido de la expresión) cayendo en el ridículo y consiguiendo que la hora y media anterior no tenga sentido ni sirva para nada más que para rellenar tiempo y hacer lucimiento de efectos especiales y catástrofes a mansalva.

Resumiendo: Todo parece apuntar a que tenían un buen arranque pero no un buen desenlace, con lo que, hacia la mitad de la película, la cosa se empieza a precipitar hacia un sonado batacazo, rematado con su final.




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miércoles 1 de julio de 2009

Lost in la Mancha (2002)


Terry Gilliam contra los Molinos de Vient
o

Elprimerhombre ha visto Lost in la Mancha, el documental sobre el fallido rodaje de la adaptación cinematográfica de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, llamada The man who killed don Quixote, que desde hace un tiempo ha querido hacer y por ahora no ha podido acabar su autor Terry Gilliam. Este documental está realizado por Keith Fulton y Louis Pepe, y en él descubrimos lo absorto que está el señor Gilliam, desde 1991, con el gran personaje de don Quijote, convirtiéndose en una obsesión que, por ahora, no ha obtenido sus frutos, sino todo lo contrario. Al final, veremos al mismo Gilliam como otro don Quijote, luchando contra la realidad de los hechos, intentando hacer posible lo imposible.

Conociendo el universo de Gilliam, es normal que un personaje como el de don Quijote llame tanto su atención, como él mismo comenta. Un personaje que lucha contra la realidad que le rodea, con una mezcla de fantasía y magia en las palabras del maestro Cervantes. Pero es un hecho que después de unos diez años en los que no consiguió realizar su sueño en Hollywood, Gilliam decida, en el año 2000, intentar hacerlo realidad llevando la gran producción de la película a Europa y, concretamente, a España. Curiosamente, como ya pasó con la adaptación de El corazón de las tinieblas para Apocalypse Now, Orson Welles también tuvo la idea de adaptar las aventuras del hidalgo caballero en 1957, cuando comenzó la producción de la película que le rondó por la cabeza durante veinte años, filmando escenas durante esos años y consiguiendo financiarla actuando y dirigiendo en otros trabajos. Pero con la muerte del actor que hacía de don Quijote, Francisco Reiguera, y con la muerte de Welles en 1985, la película quedó inacabada. La adaptación de Gilliam tiene aún una aportación más en la fantasía de la historia. Crea un nuevo personaje llamado Toby Grosini, interpretado por Johnny Depp, siendo un publicista que viaja en el tiempo hasta el siglo XVII y que don Quijote, interpretado por Jean Rochefort, confunde con Sancho Panza. Vanessa Paradis será Altisidora.

Es de antemano conocida la faceta de Gilliam para plasmar situaciones graciosas y surrealistas en la pantalla en forma de collage, con dibujos o imágenes gráficas animadas, como lo hizo con los Monty Python, pero aquí podemos verle dibujando el storyboard de la película, siendo parte de él utilizado en el documental para recrear algunas escenas con la misma voz de Terry Gilliam como don Quijote. También veremos la animación de grabados resumiendo la novela. Lástima que los autores del documental se crean también capaces, con la misma técnica que Gilliam utiliza, para contarnos un poco por encima su trayectoria, con el gran fracaso de El barón Münchausen como centro de atención. Viendo esta animación uno se da cuenta de que la podrían haber evitado totalmente, sobre todo por utilizar la cara de Gilliam con ojos saltones conduciendo un coche, como si estuviera completamente ido y loco.

Pero aún así, el documental es correcto y sirve para ver lo complicado que es rodar una película, sobre todo cuando las cosas no salen como deberían ir. Y es que casi desde el mismo inicio te percatas de que todo va a ser un caos, una desorganización que difícilmente se podrá corregir. Además, el presupuesto de la película tuvo que ser reducido, algo que los actores debieron entender y aceptaron, en cierta manera, cobrar menos. Aunque siete semanas antes del rodaje, nadie sabía dónde se encontraban cada uno de ellos para poder comenzar los ensayos. Aparte de que gran parte del material que se utiliza en la historia estaba desperdigado por varios lugares de Europa: los decorados se hacían en Madrid, los trajes se confeccionaban en Roma y las máscaras se creaban en Inglaterra. Algo que a Gilliam parecía no ponerle muy nervioso, en un principio, afirmando que el riesgo es parte de su vida y de su forma de trabajar. Pero por momentos recuerda su fracaso con El barón Münchausen, aunque no cree que vuelva a ocurrir.

Sin embargo, parece ser que a Gilliam le persigue la mala suerte. Aunque los actores llegaron para probarse el vestuario y el maquillaje y Jean Rochefort estaba fantástico con sus atuendos y en su manera de leer el texto, varias cosas se juntaron para que nada fuera a funcionar. En la primera semana antes del rodaje, el mismo Rochefort sintió unos dolores y canceló el vuelo para ir a ver a su médico, algo que a Gilliam lo trastocó por completo. Parece ser que tenía una infección de próstata pero Gilliam creyó que a Rochefort le entró el pánico. Cuando ya se encontraba entre ellos, el rodaje se empezó en Las Bárdenas de Navarra, un paisaje árido en el que hay una zona militar, una zona de pruebas para la OTAN, y en el primer día, en un momento de una escena, unos F-16 sobrevolaron el terreno, siendo imposible seguir con lo planeado. A mi entender, esto parece ser que fue una mala planificación. En el segundo día de rodaje, una fuerte tormenta obligó a parar durante dos días para limpiar y secar el material dañado, igual que parte del decorado. Y a raíz de este infortunio, el paisaje ya no volvió a ser el mismo en los siguientes días, totalmente parecido a un lodazal y con un color diferente, sin casi luz para conseguir ese efecto de calor y desasosiego conveniente para algunas escenas. Pero lo peor de todo fue que, definitivamente, Jean Rochefort enfermó, hasta el punto que durante bastante tiempo nadie sabía a ciencia cierta cuándo volvería. Al final le diagnosticaron una hernia discal doble que le impediría volver en menos de un mes y que seguramente no volvería a montar a caballo. Con la suma de todo esto más otras desaveniencias con los productores franceses, el ayudante de dirección de Gilliam, Phil Patterson, decidió no seguir con el proyecto. Eso sí, en Cannes de este año, con la presentación de su último proyecto El imaginario del doctor Parnassus, anunció que volvía a tomar las riendas de las aventuras de don Quijote y que estaría este verano en Madrid para la preproducción y en la próxima primavera empezaría el rodaje. Quién sabe, quizás al final lo logre, pero entonces espero que la gente le corresponda acudiendo a las salas de cine. Se lo merece.

Los molinos de la realidad contraatacan!

En definitiva, un documental aceptable que nos muestra las dificultades y la mala suerte que tuvo Terry Gilliam durante el rodaje de The man who killed don Quixote, un proyecto que por ahora no ha logrado plasmarlo en el celuloide.

Un saludo!



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lunes 29 de junio de 2009

Las malas lenguas (III)


« Antes iba a todo gas. Corría riesgos inútiles en la carretera. Pero ahora soy muy, pero que muy prudente. ¡Recuérdelo, conduzca despacio, la vida que usted salve puede que sea la mía! »

Spot televisivo sobre la seguridad vial, rodado por James Dean trece días antes del fatal accidente de automóvil que acabó con su vida.

viernes 26 de junio de 2009

El luchador (2008)

Mas dura será la caída.

Buenos días, soy el jefe Dreyfus, siguiendo con mi ardua tarea de recuperar pelis que se me habían quedado en el tintero. Una de ellas, la que hoy nos toca, dirigida por un tipo peculiar, protagonizada por un tipo todavía más peculiar y que aborda un tema y unos personajes... bueno, si, supongo que ya lo han adivinado. Ajústense bien las mallas, porque hoy nos subimos al cuadrilátero con: El luchador... ¡Empezamos!

La peli está protagonizada por un tipo que se ha zampado enterito a Mickey Rourke e interpreta a The “Ram” Robinson, un luchador profesional de wrestling medio retirado que en algún momento llegó a ser toda una estrella de lo suyo, pero que, a día de hoy, ya en el crepúsculo de su carrera, sobrevive trajinando cajas en un supermercado y haciendo algún que otro bolo los fines de semana con otras viejas glorias como él. Esto del wrestling es la lucha libre esa amañada que un servidor consumía, en su tierna infancia, las mañanas de los fines de semana en telecinco, por donde pululaban personajes del calibre de Hulk Hogan, El último guerrero (mítico el combate entre estos dos pájaros), los sacamantecas, Jimmy Estaca Duggan o el inefable Macho Man, todos ellos auténticos aspirantes al premio Nobel de física. Pero centrémonos en la película, que ya me estoy empezando a liar y me despisto.

Total, que el hombre ya va teniendo una edad y teniendo en cuenta las hostias que ha ido recibiendo a lo largo de su vida (en sentido figurado o no, como ustedes prefieran) el cuerpo le empezará a pasar factura, lo que provocará que empiece a reflexionar sobre como ha llegado al punto en el que se encuentra, solo y durmiendo en una carabana, con la única amistad de una streaper (la novia del primo de Vinny) y teniendo que luchar contra el rechazo frontal de su hija (la que fuera novia de Marilyn Manson). Es evidente que los años no pasan en balde para nadie, pero, ¿que puede hacer un luchador que no puede seguir luchando?.

La peli está dirigida por el señor Darren Aronofsky, director peculiar donde los haya, que se dio a conocer con Pi; me estremeció (y ralló a partes iguales) con Réquiem por un sueño; se le fue la pelota con La fuente de la vida; y que tiene en preparación una nueva peli con la Portman de protagonista y el remake de Robocop (algo que, probablemente, le hará tanto bien a su carrera como a mi un puño en la cara). En el apartado interpretativo encontramos la (enésima) resurrección de un difícilmente reconocible Mickey Rourke, un tipo que ha trabajado con gente como: Michael Cimino (La puerta del cielo, Manhattan Sur), Barry Levinson (Diner), Francis Ford Coppola (La ley de la calle), Adrian Lyne (9 semanas y media), Alan Parker (El corazón del Ángel) o Robert Rodríguez (El Mexicano, Sin City). Todo un icono de lo que significa auge y caída en Hollywood y a quien le han llovido las buenas críticas por su interpretación en ésta película, a pesar de que no lograra llevarse el Oscar. A su lado encontramos a Marisa Tomei, popular por ganar uno de los Oscars más surrealistas de la historia y que ha intervenido en películas como The Papper, Sólo tú, Cuando salí de Cuba, Four Rooms, En que piensan las mujeres, En la habitación, Alfie, Factotum o Antes que el diablo sepa que has muerto; y Evan Rachel Wood, quien se dio a conocer en Thirteen y tiene pendiente de estreno la nueva del maestro Woody Allen.

La película cuenta con un punto a favor de valor incalculable: un personaje de los que hacen época, que se convierte en el eje central sobre el cual se va construyendo la película. De echo es tan importante, que la cámara se dedica a seguirlo, sin más, y provoca que, en buena parte de las escenas, simplemente veamos su ancha espalda. Y es que los personajes en horas bajas son de lo más atrayentes en el mundo del cine (y si son de buen corazón y amigos de los niños más todavía) aunque, personalmente, siempre he preferido los que optan más hacia la autodestrucción que hacia la autocompasión, como es el caso. Pero para lograr que el personaje funcionara también se debía encontrar a un actor adecuado que encarnara al protagonista y la elección de Michey Rourke termina siendo de lo más acertada, logrando clavar los dos registros, básicos, de los que hace gala el prota: jodido y muy jodido. Además a este tipo de personajes, si les acompaña una streaper y/o prostituta, pues mejor que mejor y, nuevamente, Marisa Tomey resulta ser un nuevo acierto, logrando ser un contrapunto fantástico.

Por lo demás, la película, que hace gala de una austeridad, buscada, para ofrecernos la máxima proximidad posible con nuestro protagonista, se dedica a hacer un retrato (más que contarnos una historia en concreto) de alguien que se ha convertido en un juguete roto (toma metáfora sobada) y que intenta salir adelante pese a las adversidades (las adversidades, como casi siempre, vienen provocadas por el paso del tiempo). La historia no es nueva, la ambientación (el wrestling) quizás si, pero la película logra convencer por lo bien tratada que está en todo momento, por parte de su director y sus intérpretes.

Resumiendo: Nueva vuelta de tuerca sobre un héroe caído en desgracia, de gran dirección e interpretación.





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miércoles 24 de junio de 2009

Roman Polanski: Se busca (2008)

Elprimerhombre se ha entretenido y emocionado con el documental Roman Polanski: Se busca, dirigido con muy buen hacer por Marina Zenovich, en el que hallaremos mucha información sobre la vida de Polanski, destacando por completo los fastidiosos hechos que lo marcaron para siempre.

Roman Polanski es sin duda alguna uno de los directores más aclamados de la historia del cine, por lo menos durante el inicio de su carrera, como se constata en este documental. Pero su trayectoria ha estado manchada de terribles sucesos que le han seguido inevitablemente, utilizados para mal por la prensa americana, que, por cierto, no queda muy bien parada en este documental. Nada más comenzar el film, vemos a Polanski en una entrevista que se le hizo hace bastantes años en televisión y en la que se le comentaba lo que todo el mundo estaría esperando en aquel momento, si era cierto que le relacionaran con niñas jóvenes y él contestó que sí que es verdad que le gustaban las mujeres jóvenes, pero como a la mayoría de hombres. Es entonces cuando se nos abre el caso que acabó con parte de su reputación por los suelos. El 11 de marzo de 1977, Roman Polanski fue arrestado en Los Angeles por la denuncia de la madre de una niña de trece años que acusó a Polanski de violación. De ahí que en una segunda entrevista que vemos se le diga que por eso escapó y Polanski lo admite. Se fue de Estados Unidos por haber perdido un año de su vida por culpa de un juez incompetente, que estuvo jugando con él todo lo que quiso.

Pero lo cierto es que, sean ciertos o no los hechos que se produjeron entre Polanski y aquella niña, me parece absolutamente incoherente el hecho real de que su madre dejara a su hija hacer lo que hizo. La revista Vogue Hommes pidió a Polanski que hiciera fotos a jovencitas y, con el permiso de la madre, se citó con la chica en la casa de su amigo Jack Nicholson en Mulholland Drive. Se encontraban ellos dos solos ya que Nicholson estaba fuera de la ciudad y lo que realmente ocurrió después sólo lo saben ellos dos. Como es obvio, en el informe criminal sus testimonios eran totalmente distintos. Pero Polanski fue arrestado y a partir de entonces era sorprendente la diferencia entre la prensa europea y la americana, siendo la primera la que defendía a ese ser trágico y brillante, y la segunda la que le tildaba casi de monstruo.

Lo acertado del documental es hacer crecer el interés del espectador por todo el asedio de la prensa hacia Polanski por este caso y, sobre todo, por contarnos también partes importantes de su vida. No olvidemos su dulce historia de amor con Sharon Tate, una bellísima actriz que conoció durante el rodaje de El baile de los vampiros, cuando él tenía treinta y dos años. Se casaron y parecían realmente felices, como vemos en todas las imágenes en las que aparecen los dos juntos, produciendo realmente en el espectador un sentimiento emotivo y trágico a la vez, ya que, como se sabe, ella fue asesinada en la casa de Polanski, junto con otros invitados, por una secta satánica, que aunque no se comente en el documental, fue la llamada "La Familia", organizada por Charles Manson. Este hecho destrozó a Polanski y partió en dos su esperanzador futuro con la mujer que amaba. Lo terrible y patético es que la prensa de Estados Unidos parecía involucrarle en los hechos ya que él era el autor de La semilla del diablo y sabía bastante de satanismo. De esta forma, sólo cabe resaltar que la infancia de Polanski también fue horrible para él, ya que muy pronto se quedó huérfano por la muerte de sus padres a manos de los alemanes.

La parte del caso de violación es lo que se hace menos llevadero para el espectador porque, aunque se divida en dos partes, todo lo relacionado con el juicio se hace demasiado largo. Aún así, es interesante ver al abogado defensor de Polanski, Douglas Dalton, hablar sobre cómo se llevó el caso, y también al fiscal, Roger Gunson, un mormón de treinta y siete años. Pero al que se da más importancia, casi como se la da él mismo, es al juez Rittenband, que ya se había encargado de otros casos de famosos de Hollywood y al que le encantaba la prensa y la publicidad, algo que hizo que el juicio se convirtiera casi como un show para él. Al final, se acusó a Polanski no por violación, sino por "relación de sexo ilegal", un crimen menor. Pero no acabó ahí la cosa. El juez no sabía qué hacer con Polanski, si detenerlo o dejarlo en libertad condicional, y decidió que lo viera un psiquiatra por si era un agresor sexual con trastornos mentales, algo que se desmintió por completo. Pero decidido a no darse por convencido, el juez lo envió a una prisión durante noventa días llamada "Chino", donde se le haría un diagnóstico. Al final, Polanski, después de estar solamente cuarenta y dos días en aquella prisión, dejó el país antes de oír la sentencia oficial definitiva. Poco después, el juez fue apartado del caso. Polanski fue bien recibido en Francia, su lugar de nacimiento, y ahora es miembro de la Academia de Bellas Artes.

En definitiva, un documental realizado con mucho sentimiento en el que vemos a un Roman Polanski feliz por momentos y destrozado en otros.

Un saludo!



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lunes 22 de junio de 2009

Nick Carter, aquel loco, loco, detective (Adéla ještě nevečeřela, 1977)

Flower Power


Nick Carter es un popular personaje de ficción, bastante desconocido por estos lares, que empezó sus andanzas allá por el año 1886 en una Dime Novel (novela de diez centavos), publicación barata y sensacionalista pariente próxima de las revistas pulp. Aunque su vida ha dado muchos tumbos en diversas novelas, radioteatro, comics, revistas y una trilogía cinematográfica con dos de sus películas a cargo de Jacques Tourneur, el personaje, en lo básico, está considerado una especie de Sherlock Holmes a la americana. Oldrich Lipský se basó en esta concepción del héroe para crear su personal sátira, y montó una disparatada trama a partir de la idea principal de La pequeña tienda de los horrores (1960).


La historia es la siguiente: Nick Carter, el mejor detective de América, viaja a Praga para desentrañar un misterioso caso: la desaparición del perro de una viuda adinerada. Lo primero que hace al llegar es familiarizarse con las costumbres del lugar, así que coge una buena curda de cerveza Pilsen. Al día siguiente empieza sus pesquisas y descubre que la culpable de todo es Adela, una planta carnívora que se ha zampado a la mascota. El consecuente paso lógico en su investigación es esposarla y llevarla al laboratorio, pero el Barón Von Kratzmar, la mente criminal que está detrás del perrocidio, se interpondrá en su camino.


Aunque el acabado visual se resiente por la economía de recursos y por una puesta en escena bastante televisiva, Nick Carter, aquel loco, loco, detective está perfectamente vinculada a la filosofía como cineasta de Lipský. Esta película pone en la picota los clichés del género detectivesco, logrando una caricatura repleta de humor físico y momentos absurdos, y fundiendo con acierto elementos característicos de las revistas pulp, la aventura decimonónica, el melodrama silente y los dibujos animados.


El disparatado desarrollo de esta gamberrada multirreferencial, más propio de una fantasía animada de Hannah Barbera que de una película, lleva a nuestro protagonista a enfrentarse contra un malvado de tebeo, a sobrevolar la noche de Praga cual héroe enmascarado o a perseguir un globo montado en una bici voladora, mientras sale ileso de todo tipo de peligros gracias a diferentes artefactos steampunks, entre los que destacan un gorrocóptero y un rifle solar. Dichos gadgets fueron diseñados por Jan Švankmajer, un peculiar artista checo aclamado por cineastas como Tim Burton o Terry Gilliam.


Aunque menos aparatosa en recursos narrativos que otras películas de Lipský, la cinta cuenta con algunos momentos brillantes, como el corto animado con el origen del villano, la acrobática persecución, un último tercio a lo Scooby Doo o el doble final feliz. Adela, la planta carnívora a la que se le abre el apetito escuchando a Mozart, le debe mucho a Audrey II, la golosa planta parlanchina de La pequeña tienda de los horrores (1960), el clásico de culto de Roger Corman. Es muy significativo que ambas producciones acabaran siendo adaptadas al teatro como comedia musical, la una en Praga y la otra en Broadway.


Como apunte final, señalar que pese a una puesta en escena algo rudimentaria, Oldrich Lipský logra una desmadrada parodia de las novelas de detectives sirviéndose del tono ingenuo y vivaz que caracteriza a la Nueva Ola Checoslovaca, movimiento que ya empezaba a agotar su fórmula a finales de los 70's.



La frase: “Excúseme, me esperan en una ejecución. ¡No la mía, por supuesto!”

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viernes 19 de junio de 2009

Estrenos TV

Buenos días, soy el jefe Dreyfus. Nos gusta tanto hablar de cine en esta página que, en ocasiones, nos olvidamos que aquí también estamos para hablar de televisión, así que, de vez en cuando, tenemos que recurrir a estos maratones con los últimos programas estrenados en la pequeña pantalla. Hoy toca: Estrenos tv... ¡Empezamos!

DE BUENA LEY: Esto se un programa, diario, que hacen en telecinco a las dos y media, después del Arguiñano, que viene a sustituir lo de El juego del Euromillón que volvió no hace demasiado para volver a marcharse por dónde había venido. El programa está presentado por Sandra Barneda (la que presentaba la séptima silla y que tan sólo duró un programa en antena) junto con otro, y viene a ser un nuevo Veredicto (programa que se emitió desde 1993 hasta 1996, con Ana Rosa Quintana manejando el cotarro). La cosa va de que un juez tiene que dar un veredicto en un caso de disputa y dónde la gente del público también puede dar su opinión y meter zizaña.

El programa que vi, sólo uno, se lo puedo asegurar, iba de que un matrimonio separado que discutía porque la madre llevó a su hija de seis años a una fiesta de aniversario de una amiga de su hija en un barrio gitano del extrarradio y el padre no estaba conforme y quería que su hija cambiara de amistades y de colegio (¡toma ya!). Tras exponer el caso, el juez se las piraba a deliberar y el resto del público tenía carta blanca para opinar, de forma bastante exaltada en algunos casos, sobre la pareja que había acudido a la tele a sacar sus trapos sucios. Era cómo si el programa hubiera dicho quien tenía que defender qué y a quien y todo el mundo, en plató, hacía de abogado del diablo ante la presencia de los padres separados. Al final volvió el juez y le dio la razón a la madre y sus seguidores salieron a la calle a celebrar la victoria destrozando mobiliario urbano.

La audiencia media se está moviendo entre el 12% y el 13% de share que no es que sea gran cosa pero va tirando.

SENSACIÓN DE VIVIR. LA NUEVA GENERACIÓN (90210): Después de que telecinco volviera a emitir Sensación de vivir, la serie original, en las mañanas de los fines de semana, hace uno domingos se decidió a estrenar la nueva Sensación de vivir.

La serie empieza de manera muy parecida a la serie original: Una familia formada por el matrimonio (ella la que salía en Padres Forzosos) y sus dos hijos, un chico (adoptado) y una chica, llegan a Beberly Hills, porque él ha entrado a trabajar como director del mítico instituto West Beberly Hills. Ya les aviso que el contraste entre su forma de vida antigua y la de Beberly Hills será brutal. A pesar de los parecidos, lo cierto es que los tiempos han cambiado y esta nueva generación empieza más fuerte. Así pues, ya en el primer episodio encontramos: una abuela alcohólica, una estudiante que se mete pastillas, uno que engaña a su pareja vía sexo oral en el asiento de un coche en el aparcamiento del instituto a la hora de la entrada de todos los putos alumnos (y, vaya por Dios, resulta que le pillan), un personaje que descubrirá una paternidad que no conocía, un posible caso de racismo., etc. Pero lo realmente grave de este primer episodio, borren todo lo demás, y en el que centran gran parte del tiempo, es que una de las alumnas copia un trabajo y, amigos míos, por aquí la sociedad americana si que no pasa.

Entre las caras conocidas de la serie original, que recupera esta nueva generación, encontramos a Kelly, que ahora es profesora del instituto (todos recordamos que esta chica, en su época de estudiante era una lumbrera), dónde también estudia su hermana pequeña (aunque a primera vista pudiera parecer su hija), y también aparece Brenda (Shannon Doherty), a partir del segundo episodio. Además, también apareció, un momento de nada, el jefe de la cafetería donde trabajaba Brandon, pero no se si era un cameo o su personaje tendrá más papel.

La serie es muy mala, terrible, mal narrada, mal montada, cutre dentro de la ostentación que pretende mostrar y absolutamente absurda. Además copia el tema del blog que aparecía en Gossip Girl, una serie igual de absurda, pero que comparada con esta nueva generación parece un Shakespeare. La audiencia ha sido tan mala que de momento, telecinco, sigue pensando donde la recoloca.

MALAS COMPAÑÍAS: La nueva apuesta de La Sexta, para la noche de los domingos (aunque a este ritmo a ver cuanto dura) es el nuevo programa de Manel Fuentes. El programa es el típico espacio donde todo cabe, o sea, y para que nos entendamos, el típico programa de Manel Fuentes, personaje que no sería precisamente santo de mi devoción. El programa tiene dos vertientes: la vertiente plató, donde el Fuentes está acompañado de tres o cuatro colaboradores, con un humor muy fácil, muy guionizado, muy preparado y dónde parece que nadie acaba de estar del todo cómodo; y la vertiente videos, y aquí si que todo cabe, puesto que encontramos: bromas de cámara oculta, reportajes de investigación (uno de los colaboradores pasa tres días con los monjes Shaolin y disfrutamos viendo como lo muelen a palos), entrevistas simpáticas (Manel Fuentes se pasa por un entrenamiento del Barça y habla con algunos de los jugadores) y humor político (en una conferencia de Esperanza Aguirre hacen un numero rollo musical), entre otros muchos.

Además de Manel Fuentes también encontramos el actor Raul Peña (Compañeros, Un paso adelante), Estíbaliz Gabilondo (cqc) y Susanna Bergés (Boqueria 357 en Tv3). Lo más difícil de saber es, realmente, de qué va el programa, porque va de muchas cosas, pero no acaba de ser nada en concreto. Supongo que de esto dicen programa de entretenimiento, pero el cierto es que no entretiene demasiado. Era bastante flojo y aburrido, especialmente cuando están en plató y los videos tampoco es que fueran nada del otro jueves. Pero, como los decía, no se puede decir que sea muy fan del señor Fuentes.

De audiencia ha pinchado en sus dos primeras entregas y, me temo mucho que o dan un giro radical o seguirá pinchando hasta que lo cancelen.

MERLÍN: El pasado viernes 22 de mayo, se estrenó esta nueva serie en Antena Neox, con intención de estrenarla, más tarde, en Antena 3. La serie nos pretende contar la adolescencia del popular personaje, el mago Merlín, y empieza como empiezan la gran mayoría de series, cuando uno de los personajes llega a algún lugar para empezar una nueva vida.

En la serie, Merlin llega A Camelot, enviado por su madre, para ser el ayudante de un médico, amigo de la familia. En Camelot está prohibida la magia y extinguidos los dragones, con la excepción del último de ellos, que vive encarcelado bajo el castillo. Pero el joven Merlín tiene unos poderes desde que nació, que deberá ocultar al resto de la gente o, por el contrario, sería ejecutado. Tan solo el médico conoce su secreto. Además, al poco de poner un pie en Camelot ya se meterá en problemas al enfrentarse al hijo del rey, el príncipe Arturo. Los dos jóvenes se caen mal, pero su destino está escrito y ellos dos están condenados a entenderse por el bien del reino.

La serie no es que sea mala, es que es muy mala, terrible diría yo. Está pensada para un público juvenil, casi infantil, llena de aventuras y magia. Pero incluso para este público es una serie bastante floja, con poca gracia y unos efectos especiales que rozan el ridículo en varios momentos. Lo cierto es que lo que parece es que la serie quiera aprovechar el tirón Harry Potter, haciendo una especia de subproducto que se aproveche del público de este, aun cuando no pasa de ser una mala copia con una diferente ambientación. A destacar también las orejas del protagonista, que al principio me pensaba que estaban hechas expresamente para el personaje, algo de magia y tal, pero que resultan que son las reales del actor.

EL SECRETO: Este programa tenía que ser la nueva apuesta de Antena 3 para la noche de los jueves, pero al final se ha quedado en, tan solo, dos entregas. Vale, pues esto va de que el programa coge a un tio que está podrido de pasta y se lo llevan fuera de su entorno y le dan una lección adelantada de realidad, haciéndolo trabajar de voluntario social con las clases más desfavorecidas durante cinco días y teniendo que sobrevivir con cuarenta y cinco euros. En principio, toda la gente con la que está no sabe quién es, ni que es un millonario, pero claro, no deja de sorprender que haya un voluntario social a quien lo siga un par de cámaras, un micro y un regidor. Al final, el tio podrido de pasta, en principio, deberá hacer una serie de aportaciones económicas a la gente que lo ha acogido y ayudar a la gente que ha conocido.

Este programa consigue ser tres programas en uno: de forma que de entrada las cámaras enseñan las clases más desfavorecidas en lo que podría ser una especie de Callejeros, sacando a la luz las miserias humanas, con yonkis, gente que no se puede valer por si misma y demás... La segunda vertiente es la de ver como un millonario debe hacer el trabajo de un voluntario social y sobrevivir con una paga reducida, con el qué se consigue el choque de clases sociales y sacar de su ambiente a alguien que está acostumbrado a los lujos y que se lo hagan todo. Y la tercera vertiente, la más criticable a mi modo de ver, es cuando el tio empieza a regalar pasta a la gente que ha conocido, por mejorar sus vidas, lo cual nos podría recordar algo programas del estilo de Esta casa es una ruina, que también emite Antena 3 y que, desde ayer visto, ha tomado su relevo en la parrilla.

En el primer programa, cogían a un arquitecto de éxito, empresario y forrado, que lo llevaban a Galicia, a una casa de acogida donde daban de comer a mendigos y a ayudar a varias asociaciones: una que ayudaba a los enfermos del V.I.H., una que ayudaba a ancianos con movilidad reducida, etc. Lo que se intentaba era que el protagonista se hundiera en algún momento, y se consiguió al tercer día, cuando el arquitecto confiesa a la cámara que él tuvo un hermano que murió por problemas con las drogas. Creo que el programa forzó bastante la situación para asegurarse los resultados. Al final, el empresario regaló, en total, 300,000 euros a las diferentes organizaciones en las que había colaborado durante los últimos cinco días, y un piso (diseñado por él mismo). El final era terriblemente sensiblero, buscando la empatía con el espectador y remover conciencies, pero, sobre todo, lo qué buscaba era audiencia, no nos engañemos (espero que esto ahora no entre en una pugna/competición por ver cual es el millonario que regala más pasta). Siendo algo malpensados, se debe decir que, aparte de la pasta regalada por el arquitecto, todo y ser una donación muy generosa, el programa era un gran escaparate para él y su empresa y el hecho de regalar pasta a los más necesidades funcionaba muy bien como una gran campaña de marketing.

En cuanto a la audiencia, en el primer programa consiguió un flojo, aunque medio aceptable 14,1% de share, pero en su segunda semana ya bajó a un 12,6%. No acaba de funcionar, pero lo más preocupante, son los problemas de la productora para encontrar millonarios dispuestos a entrar en el juego.

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