Séraphine (2008)

Elprimerhombre no ha visto ninguna película de las tantas que hay de Star Trek y aunque la versión de J.J. Abrams ha recibido muy buenas críticas, ayer mismamente se decidió por ir a ver otro estreno de la semana que también ha causado buenas impresiones, Séraphine, de Martin Provost, una película biográfica que recibió hasta 7 Césares en su tierra, incluyendo el de Mejor película y mejor actriz. Sin embargo, la decisión óptima que creía haber tomado fue totalmente un fracaso, convirtiéndose en un craso error sin remedio. En esta ocasión debería haber elegido quedarse en casa o haberle dado una oportunidad a la película de Abrams porque hacía tiempo que no veía un film tan vacío de contenido, cuyas dos horas y cinco minutos de duración fueron totalmente interminables.

La historia de esta película se sitúa en el año 1914 en Senlis, mostrándonos a un personaje un tanto fuera de lo común llamado Séraphine (Yolande Moreau), una mujer creyente de mediana edad y sin familia, que había trabajado en un convento y ahora hace todo lo que puede limpiando casas, lavando sábanas y hasta alguna vez ayudando en una carnicería para conseguir el suficiente dinero para sobrevivir y poder pagar el barniz que utiliza para conseguir su secreto mejor guardado: sus pinturas. Ese afán que tiene por pintar cuadros (en los que también utiliza barro y sangre) retratando manzanas, flores, árboles o cualquier cosa relacionada con la naturaleza, le hará trasnochar casi todos los días. Y por cosas que sólo sabe el destino, una de esas obras será descubierta por un tal Wilhelm Uhde (Ulrich Tukur), un marchante alemán propietario de una galería en París que se ha ido a vivir por un tiempo a Senlis para preparar un estudio sobre Picasso. Vive de alquiler en un piso de la señora Duphot para la que trabaja Séraphine y en una cena en la que es el invitado de honor de la señora descubre una pintura menospreciada en el suelo del comedor. Atraído por la fuerza de esa obra se la comprará a la señora Duphot y le pedirá el nombre de su autor. Cuando le dice que es Séraphine, Uhde esperará al día siguiente para elogiar a Séraphine por su gran talento y querrá que le enseñe todos los cuadros que haya hecho, insistiendo en que deje de limpiar y se ponga a pintar.

De esta manera se podría resumir el comienzo de la historia, aunque para llegar hasta aquí la película tarda bastante en arrancar, opinión que, la verdad, tuve durante toda la película. Por eso, realmente no sé cuáles han sido las intenciones del director para el retrato de este personaje porque su planteamiento me ha parecido muy aburrido y hasta por momentos poco coherente. Si su manera de dirigir es bastante correcta, con buenos primerísimos planos de ella pintando, su manera de contarnos el desarrollo de la historia contrasta de forma apabullante. Algunas escenas son demasiado largas, otras se podían haber evitado y algunas están mal resueltas. Repitiéndose a sí mismo a la hora de mostrar algún punto de la vida de Séraphine, Provost no logra que me emocione nada de lo que cuenta. Lo poco que me parece llamativo es la lograda fotografía y la música, aunque esta última se utilice hasta la saciedad. Y cómo no, también el enfoque que hace la actriz Yolande Moreau a la hora de plasmar los desvaríos de su personaje, que a veces la ayudan para crear sus pinturas. Siendo también especiales sus cualidades humanas y su atención por los sentimientos que le produce la vida al aire libre, como la pasión que tiene por los árboles, los ríos o los pájaros que la ayudan a relajarse y olvidar todo lo malo que le pueda estar pasando, algo que recomienda al señor Uhde en un momento que tiene él de tristeza.

Y es que la relación Séraphine-Uhde, crucial para la historia, en algunos puntos está bastante conseguida por el buen trato que le da él a ella, pero se le podría haber sacado mucho más jugo. Tiempo después de empezar la Primera Guerra Mundial, cuando los alemanes están llegando a Senlis, él tiene que marcharse de allí, dejando en el piso todas las obras de Séraphine. Es entonces cuando pasarán los años pero no parecerá que pasen los minutos. En varios momentos tuve la sensación de que la película no se acabaría nunca o que el director no sabía en qué momento tenía que decir basta. Cuando llegó el deseado final quise salir de la sala para respirar aire puro, abrazarme a los árboles, mirar el cielo y hasta de pintar, pero sabía que no quería volver a ver la dichosa película.

En definitiva, una película larga y fallida que nos cuenta, sin la suficiente emoción, la parte más importante de la vida de Séraphine de Senlis, una mujer extraña y solitaria, gran amante de la naturaleza, con un talento innato para la pintura.

Un saludo!



Leer critica Séraphine en Muchocine.net

3 piquitos de oro:

Nacho dijo...

Estoy de acuerdo en que el final deja que desear. Es lo más común de la película, pero la historia es interesante, el descubrimiento de este personaje. Y con la mánía que tengo en general al cine francés contemporáneo, debo decir que no estoy de acuerdo con la crítica y que me pareció que la película era interesante. Y que el ritmo lento me pareció más bien tomarse tiempo para contar la historia (en la parte interesante de la película, estoy de acuerdo, ya que como he dicho no me convenció el final).

Xavier Vidal dijo...

Ostras... tengo muchas ganas de verla y no me esperaba una crítica así. Bueno, de todas formas la veré. No comentas mucho la interpretación de Morreau... seguro que está espléndida.

Saludos!

http://cachecine.blogspot.com

Möbius el Crononauta dijo...

Anda, Carmen Machi. Ah, no.

Yo de ti vería Star Trek IV, una de las grandes comedias de los 80.

Saludos

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