The amazing Spider-man (2012)


Spider-boy.

Nos encontramos frente a un reebot de nuestro trepamuros favorito. El personaje de Spiderman es uno de los más populares superheroes de acción y, de hecho, fue de los primeros del universo Marvel en dar el salto a la gran pantalla. La trilogía original, dirigida por Sam Raimi, obtuvo gran popularidad y recaudó montañas de dinero. Así pues, uno tiene la sensación de que cuando se confirmó que no habría cuarta entrega, el estudio rápidamente se puso a trabajar en buscar una solución para no tener que prescindir de su habitual fuente de ingresos procedentes del bueno de Spidey. Finalmente optaron por el típico borrón y cuenta nueva, en plan: aquí no ha pasado nada, hagámonos todos los locos, finjamos que un Men in Black nos ha flasheado el cerebro y somos incapaces de recordar nada referente a la saga original de la que, su última entrega, apenas hace cinco años, todavía teníamos en pantalla.


Que si. Que vale. Que nuevo principio, que olvidemos lo visto hasta el momento y que estamos frente a una nueva película que nada tiene que ver con sus antecesoras. Pero por mucho que se esfuercen en vendernos la moto, lo cierto es que tenemos al típico muchacho patoso y antisocial, enamorado hasta las trancas de una de las chicas populares de su clase (por mucho que la chica no sea la misma que en la saga de Raimi), al que le gusta lo suyo hacer fotos y que, no se lo van a creer cuando se lo diga, resulta que en una accidentada visita a unos laboratorios científicos lo terminará mordiendo una araña radioactiva que le otorgará asombrosos poderes. De hecho nos sabemos la historia tan de memoria que nada más aparecer su tio Ben en pantalla media sala de cine se empezó a agitar incómoda, viendo la que se le venía encima.

Las pocas novedades de la cinta vienen de parte de los padres del joven Peter Parker, que al parecer estaban metidos en el ajo de los experimentos científicos con arañas y demás bichejos varios. Y es que el secreto que guardaban sus padres acaba resultando ser el desencadenante que provoca que nuestro protagonista termine transformado en The amazing Spider-man. Visto en perspectiva tampoco es que parezcan unos cambios muy radicales y, de hecho, tampoco acaban de contarnos toda la verdad, o sea que... La otra novedad es el malo de turno: El lagarto (de animales va la cosa), un mad-doctor a la vieja usanza de esos que se termina ofreciendo como conejillo de indias para sus propios experimentos. La cosa no va a acabar bien. Lagarto, lagarto.

Pero en el fondo el cambio realmente radical lo encontramos en la dirección, sustituyendo al brillante y alocado Sam Raimi por el más comedido (y medio novato) Marc Webb (500 días juntos). Todo parecía apuntar que, con el cambio de director, la cosa perdería cierta espectacularidad en beneficio de profundizar en los sentimientos y las relaciones de los personajes protagonistas. Al final, ni tanto ni tan calvo. La cinta resulta suficientemente espectacular cuando la ocasión lo requiere y en cuanto a la profundidad de los personajes... bueno, es que la historia no da para mucho más, la verdad y lo de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad ya nos lo sabemos de sobra. Como pareja protagonista encontramos al soso de Andrew Garfield (visto en La red social donde también hacía de medio empanado porque era el amigo que no se enteraba de los puñales que llevaba clavados en la espalda) y a la dicharachera Emma Stone, todo un primor a la que auguramos, si no la tiene ya, una fructífera carrera.

Esta nueva entrega del hombre araña no es superior a ninguna de las entregas anteriores dirigidas por Sam Raimi y, créanme, yo no era un gran fan de la saga original. Si planeas hacer un reebot de alguna saga popular tienes dos opciones claras: 1. Esperar el tiempo suficiente para que el público no tenga tan fresca en la memoria las películas anteriores. 2. Ofreces algo absolutamente nuevo, distinto y alejado de lo visto hasta el momento. The amazing Spider-man no cumple ninguna de las dos normas. Además, no acabo de comprender estos metrajes desbordados (también visto en los films de Raimi): dos horas y media de película para contarnos una historia que, no nos engañemos, tampoco es Hamlet. Pero es que, para colmo, resulta que con todos esos minutos ni siquiera consiguen contarnos bien la trama y en ocasiones se tiene la sensación que la historia avanza a bandazos y que ciertos aspectos importantes o se los reservan para una futura secuela o se los olvidan por el camino por pura desidia.

Este nuevo Spiderman es suficientes molón y fardón para chicos con una edad comprendida entre los ocho y los quince años. Lo cierto es que su arranque en el instituto (preocupántemente parecido al del Son Goku de Dragon Ball Evolution) es entretenido, pero rápidamente la película se me empezó a hacer algo plomiza, acentuado entre lo previsible y lo ya sabido de la historia. Para cuando el malo entra en acción (un malo feo feo, que si me lo encuentro yo por la calle más que miedo me daba risa) la cosa termina de caer y ya solo puedes esperar que el final llegue rápido. Pero en el fondo, lo que terminó molestándome de verdad, mientras estaba sentado en mi butaca de la sala de cine, era la sensación de que esta película resulta, ahora mismo, absolutamente innecesaria.

Resumiendo: Spiderman vuelve al insti para contarnos una historia que ya nos sabemos y luchar contra un malo con menos carisma que un inspector de hacienda.

1 piquitos de oro:

Bea Cepeda dijo...

Paso total de Spiderman en la gran pantalla, no me gusta nada, así que dudo mucho que vea esta película.

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