La galleta asesina (The Gingerdead Man, 2005)


Desde que Hitchcock hiciera Los pájaros a principios de la década de los 60 no han sido pocas las películas que han basado su eficacia en incorporar el terror a lo cotidiano, trasformando a alegres y dicharacheras criaturas, o el más común de los objetos, en seres peligrosos y malignos. El subgénero de los objetos diabólicos ha dado cobijo a todo tipo de chirimbolos maléficos, desde coches (Christine), hasta juguetes (Muñeco diabólico), o cintas de video (Ringu), un surtido elenco de cachivaches que en muchas ocasiones ha rayado el ridículo, alejándose del terreno más terrorífico para adentrarse de lleno en la autoparodia y el humor chusco. Como paradigma de esta tendencia encontramos a la irreverente El ataque de los tomates asesinos, película muy afín con la que hoy nos ocupa.


La cinta nos cuenta como el testimonio de Sarah, una joven y atractiva pastelera, manda a la silla eléctrica a un psicópata de mucho cuidado, el cual momentos antes de la ejecución jura y perjura vengarse de la susodicha. Como la madre del criminal resulta ser una poderosa hechicera y cocinera, el villano regresa de la tumba en la forma de una hostil, peligrosa y sabrosa… ¡galleta! ¡La galleta asesina! ¡La pesadilla de cualquier intolerante a la lactosa!


Trama de juzgado de guardia al servicio de un producto alevoso donde los haya, donde el escaso presupuesto hace juego con las parcas pretensiones. La cinta empieza con unos títulos de crédito muy a lo Tim Burton, en los que vemos a las letras intercalarse con primeros planos de la cocina de un pastelero, como indicándonos que algo maligno se está cociendo allí. La puesta en escena, con ayuda de una correcta banda sonora, intenta captar ya desde un principio esa comicidad tan habitual en el cine de Burton, pero enseguida queda claro que nuestra cinta juega en otra liga. El 95 por ciento del metraje pasa exclusivamente en el interior de la pastelería, y se excluyen del filme escenas tan importantes como el momento en que el villano es estofado en la silla eléctrica, cuya ausencia en la narración solo puede deberse a la ya nombrada escasez de fondos. El montaje, en un principio, resulta algo confuso, pero funciona mejor cuando avanza la acción y la narración se vuelve más lineal y por lo tanto, más fácil de manejar para manos no demasiado diestras. Abundan los primeros planos algo toscos, sobretodo en lo que concierne a la presentación de la criatura, pero no hay duda de que la galleta no habría sido capaz de soportar un plano entero. A través de una larga letanía de monólogos absurdos e innecesarios, los personajes acostumbran a contar en voz alta todo lo que hacen en pantalla, convirtiéndose en un tic tan molesto y redundante como sus registros faciales.


El encargado de amargarnos los dulces es Charles Band, un director, productor y guionista americano muy vinculado al fantastique más bizarro y a los monstruos de reducido tamaño, lo que se deduce de títulos tan llamativos como La venganza de los muñecos, La rebelión de los monstruos, Dollman, El amo de las marionetas o Ghoulies II. Como en sus anteriores trabajos, Band se rodea aquí de su equipo habitual, entre los que se encuentra Domonic Muir, autor también del guión de Critters (se ve que esto de las pelis de monstruos a pequeña escala es todo un submundo). Del apartado artístico solo destaca la presencia del veterano actor Gary Busey (el malo de Arma Letal, para que nos entendamos) que encarna a la galleta psychokiller, porque el resto son un seguido de adolescentes de medio pelo, caras semi conocidas de la pequeña pantalla y secundarios reciclados de series como CSI, que no merecen mención alguna.


La galleta asesina tiene unas claras referencias que evocan obras anteriores (Muñeco diabólico y compañía), y arrastra los condicionamientos y códigos genéricos comunes en este tipo de productos de baja estofa y consumo rápido (guión absurdo, gore zafio, chistes fáciles…). La cinta es un cuento terrorífico adaptado a la repostería y un producto tan previsible como indigno, en el que se echa en falta algo más de mala baba. El resultado final es una ejemplar nadería de lo más inocua, que solo tiene algún sentido como juguete privado para el aficionado sin reservas, y que uno puede olvidar en cuanto ha finalizado.



La frase: “¿Qué miedo podemos tenerle a una galleta?”


Leer critica The Gingerdead Man (La galleta asesina) en Muchocine.net

15 piquitos de oro:

Machete dijo...

¡Hostias! esta no me la puedo perder.

Kal Zakath dijo...

Queda apuntada a la lista de películas para ver, de esta no había oido hablar nunca...

Boca dijo...

Madre mía, jajajajaja, menuda película, tengo que poner a la mula a trabajar pero ya!!!

Möbius el Crononauta dijo...

Gary Busey, increible tipo, verdadero héroe para miles de fans, carrera espectacular.

ElRinconDelTaradete dijo...

¿Que va de serio?

Igor Von Slaughterstein dijo...

Sin embargo, que haya una película dedicada a una galleta asesina es realmente un buen motivo para verla XDD Una que encajaría 100% en bastard movies.

Saludos!!

Angus dijo...

¿Se puede decir "encarna" una galleta? ¿No habría que decir "enmiga"?

estanli cuvric dijo...

No profiráis el nombre de Charles Band en vano! Este hombre es un súcubo del entertaiment.

Tobor dijo...

Completamente desconocida para mi esta película, y así seguirá por algún tiempo.

Fantomas dijo...

Anotada en la lista de las películas bizarras que tengo que ver. No me extraña que su director sea el mismo de "Dollman vs Demonic Toys".

Saludos.

dragon negro dijo...

Madre Mía, pero de donde sacáis semejantes perlas!!! Y con Gary Busey nada menos!!!! Esto no me lo puedo perder!!!!!

Sesión Golfa dijo...

Nuevamente te has superado...

thevoicewithin dijo...

"escenas tan importantes como el momento en que el villano es estofado en la silla eléctrica"

tiene pinta de peliculón impresionante xDDD, tengo que verla.

aunque seguro que no supera los momentos musicales del ataque de los tomates asesinos xDD.

besos

Goblin dijo...

o_O que delirio de película!! Desde luego tiene toda la pinta de 'revival' del fantástico ochentero mas bizarro y encima con Charles Band de por medio.. esta hay que verla aunque después uno se arrepienta de sus propios actos jajaja

Felicidades por el blog!!

Anónimo dijo...

se ven chidas yo tengo muchas de terror de las pasadas

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