Los juegos del hambre (2012)


Juegos de guerra.

Qué gran negocio este de las sagas literarias destinadas al público joven, amigos. Primero se forran vendiendo los libros (mínimo una trilogía para que la cosa cunda lo suyo); más tarde se forran haciendo las adaptaciones cinematográficas (y si la ocasión lo merece se podrá optar por dividir algunos de los libros en varias películas para lograr alargar la gallina de los huevos de oro); y por último se forran plasmando la cara de los atractivos protagonistas que interpretan a los personajes principales en todo tipo de productos variados, a cuál más sorprendente (empezando por estampar la cara del guapo de turno en las bragas que lucirán las adolescentes más entregadas). ¿Y qué se persigue con todo esto? Muchos buscarán ocultos motivos económicos detrás de todas estas rentables franquicias, pero los más nobles de corazón sabemos que el fin último de este tipo de productos no es otro que el amor por arte mismo. A los títulos ya conocidos súmenle un nuevo fenómeno que ha llegado con la firme intención de reventar las taquillas de medio mundo: Los juegos del hambre.

La acción se sitúa en un futuro en el cual los Estados Unidos se han dividido en doce distritos, cada uno de los cuales, cada año, deben ofrecer a dos jóvenes, un chico y una chica, entre doce y dieciocho años, que son trasladados hasta la capital para luchar entre sí en un programa televisivo retransmitido a todo el mundo. Son los llamados “juegos del hambre”, una especie de circo romano a gran escala, retransmitido en directo las veinticuatro horas del día, donde sus veinticuatro participantes deberán enfrentarse entre sí, hasta que solo quede uno con vida. Para que nos entendamos, es la suma perfecta entre el “Perseguido” de Schwarzenegger; y el “Battle Royale” de Kitano.

En el distrito número doce, el más alejado de todos, encontramos a Katniss Everdeen, una muchacha de lo más desenvuelta, y de gran soltura con el arco, que el día en que su hermana es elegida por sorteo para participar en los juegos, ella se ofrecerá voluntaria para ir en su lugar. Junto con otro chico de su mismo distrito viajarán hasta la capital donde se encontrarán con una sociedad extremadamente pija y viciada, con unas vidas tan vacías y superficiales que se ven obligados a rellenarlas con entretenimientos de nivel, tan crueles como los juegos del hambre. Una vez allí serán entrenados y adiestrados ampliamente (cuatro días) en el manejo de las más variopintas armas, con la intención de prepararlos para luchar por el título de vencedor de los juegos, cuyo mayor premio, independiente de la fama y la riqueza, es el de poder seguir respirando.


Peli dirigida por Gary Ross (Pleasantville, Seabiscuit) alguien a quien le gustan mucho los movimientos frenéticos de cámara con la intención de crear en el espectador la sensación de caos y velocidad, o que tiene la mala costumbre de contratar operadores de cámara con serios problemas de parkinson. En cualquiera de los dos casos, recomendamos a los espectadores que se tomen una caja entera de viodraminas antes de empezar el visionado de la cinta. 

Si la dirección no resulta un motivo especialmente atrayente para ir a ver la película, sí lo es su protagonista, una aguerrida Jennifer Lawrence (Winter’s Bone, X-Men First Class) que gusta y convence con su papel de chica resolutiva y joven aunque sobradamente preparada. Si logra no encasillarse en el papel (ya se sabe que este tipo de trilogías pueden llegar a ser muy puñeteras para un/a actor/actriz) le espera un futuro de lo más prometedor. A su lado encontramos un puñado importante de nombres de actores  ilustres, algunos de ellos con papeles tan y tan breves que la única explicación que se le puede encontrar a su contratación es el hecho de que sus personajes ganarán en protagonismo en entregas posteriores. Ellos son Stanley Tucci, Woody Harrelson, Donald Sutherland, Toby Jones, Elizabeth Banks e incluso Lenny Kravitz, La sensación general es de que las órdenes que recibieron fueron: sed todo lo histriónicos que podáis y, a poder ser, un poquito más.


La película tiene muchos problemas y muy serios. Lo que ocurre es que algunos de ellos resultan tan pasmosamente evidentes y exagerados que finalmente consiguen darle la vuelta y convertirse en puntos a su favor. En ese sentido el film tiene una estética tan cutre y de serie B que finalmente consigue caer simpática y despreocupada al espectador. Creo sinceramente que estamos ante el blockbuster de estas características con un aroma más de serie B que recuerdo en lustros. Todo acaba resultando caótico, con una sensación de poco trabajado y con secuencias que no acabas de saber si la cosa va en serio o te están tomando el pelo (esa entrada triunfal de los participantes a los juegos entre llamas y subidos en cuádrigas romanas es como para no pestañear en años). Los efectos tampoco terminan de estar a la altura, lo que ayuda a que la cinta desprenda un cierto aroma entre lo kitch y la caspa.

Luego está el problema principal: casi dos horas y media de metraje. Y ni con eso termina uno con la sensación de que la peli esté bien contada. Es demasiado larga, sin duda. Tampoco se tiene la sensación de que la historia dé para tanto ya que se termina perdiendo en chorradas y para cuando empieza lo bueno de verdad ya llevamos más de una hora de metraje. Así pues se hace larga, sí, pero incluso con todo lo malo, logra entretener y su premisa es tan burra (a pesar de que nuestro cerebro no tarda en relacionarla con films anteriores) para los tiempos que corren en Hollywood que uno se une a la despreocupación reinante en pantalla y se deja llevar por este sonoro despropósito reconvertido en entretenimiento que es la cinta.


Resumiendo: Serie B reconvertido en blockbuster para masas cargadas con palomitas.

3 piquitos de oro:

Bea Cepeda dijo...

Me da una pereza bárbara esta película, y eso de que dure dos horas y media no ayuda nada a que yo me decida a verla.

Hugo dijo...

O sea, que según esa premisa, excelentes films de tres horas o casi, como "Ben Hur", "Lawrence de Arabia", "HEAT", etc, etc... quedarían descartados, ¿es así, Bea...? Realmente, vivimos una época bastante gris, en lo que a
aficionados se refiere...

Möbius el Crononauta dijo...

No sé, pero me gustan esos uniformes futuristas tan setenteros

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