Californication. 3ª Temporada.



Sobre reír y follar.

Es evidente que las comedias de Woody Allen no intentan ser realistas, nadie habla como en Annie Hall (1977) o Desmontando a Harry (1997). Lo mismo sucede con las películas de Russ Meyer, que nos remiten al personal mundo de este cineasta, repleto de hembras de armas tomar y grandes domingas. Californication también se ha convertido en uno de esos paisajes televisivos donde la realidad se distorsiona, “no permitas que la historia interrumpa la acción”, decía el director de Supervixens (1975), y la serie ha resultado ser una fiel seguidora de esta premisa. Por muy inverosímil y rebuscada que parezca, esta producción de Showtime nunca escatima en acción sexual y el espectador siempre queda satisfecho con su cuota semanal de desnudos y perversiones mientras se siente apabullado por la degradación de los personajes y el desenfreno de ciertas situaciones.



En esta, su tercera temporada, encontramos a Hank Moody (David Duchovny) ejerciendo de profesor universitario, un improbable giro argumental que solo atiende a un único propósito: la introducción de nuevas hembras con tan poca ropa como pudor, ¡más carne para el asador! Digo improbable porque, a ver, ¿quién en su sano juicio le daría trabajo de profesor a semejante tipo? Quizás Larry Flynt, pero sigamos, Hank tendrá que compaginar su atolondrada vida sexual y su labor como educador, con la tarea de padre a tiempo completo, ya que su ex, Karen (Natascha McElhone), estará en Nueva York por motivos laborales. Por si fuera poco, Becca (Madeleine Martin), la hija de ambos que hasta la fecha se comportaba como una santa, empezará a resentirse de ese mal llamado adolescencia y de que su padre se acueste con todas las chicas de buen ver que se crucen en su camino.



Por otro lado, Charlie Rumkle (Evan Handler), el compañero de correrías de nuestro amado protagonista, centrará sus esfuerzos en salvar su malogrado matrimonio, tras los acontecimientos de la pasada temporada que lo relacionaban con una estrella del porno. Rumkle también tendrá que lidiar con su nueva jefa, Sue Collini, un personaje que sin duda calará hondo en la audiencia. Kathleen Turner, aquel mito sexual de los 80’s, interpreta a esta ninfómana de aspecto rollizo como si se hubiera zampado a Ron Jeremy y luego se hubiera tomado seis botellas de coñac para digerirlo. Además, a estas alturas sigue sorprendiendo lo suelto que está Duchovny en su papel, el actor, más payaso que nunca, interpreta con convicción a este autodestructivo y narcisista escritor de lengua afilada, un personaje que no solo se folla a cuanta hembra se le pasa por delante sino que consigue montárselo también con la cámara, que definitivamente lo adora. Sí, aunque parezca mentira estemos hablando del mismo que interpretara en su día al lila de Fox Mulder en Expediente X (1993/2002).



El hecho de que cada temporada sea tan solo de 11 o 12 episodios de veintipico minutos de duración, hacen que la trama siempre apunte en una dirección concreta y nunca se pierda en los devaneos típicos de series mucho más longevas. Su progresión resulta pausada y en el fondo mantiene una estructura de comedia de enredos clásica, aunque la lleva a cabo con una incorrección superlativa. El clímax de esta temporada llega en el capítulo 8, que no por casualidad recibe el wilderiano título de El apartamento, dicho capítulo representa uno de los momentos cumbres de la serie y uno de los más provocativos, algo que cada vez cuesta más conseguir, por dos motivos. Primero, lo de ir subiendo el listón puede desenbocar en filmar penes entrando y saliendo de vaginas, y no se trata de eso. Y segundo y más preocupante, existe una tendencia cada vez más pronunciada a prescindir de Hank practicando el sexo de forma comprometida para limitarse tan solo a presentarnos los preámbulos, quien sabe si por querer otorgar de cierto romanticismo al personaje, por justificarle un poco, por autocensura inconsciente o por meras exigencias de la trama.



A pesar de todo, o precisamente por ello, Hank sigue inventándose nuevas e insólitas maneras de meter la pata sin perder ni una pizca de carisma, que es lo que define al personaje. Un capullo, al fin y al cabo, pero con encanto. La serie oprime ese tipo de teclas que hacen que veas al buen padre o esposo que podría llegar a ser, así que una parte de nosotros siempre deseará que todo le vaya bien, ese es el hilo conductor de la trama y a lo que se recurre durante cada temporada, pero que inevitablemente se salda con un coitus interruptus. Aquí no hay posibilidad de redención, y no es porque el guión no lo permita o porque sea una de las características intrínsecas al protagonista, sino porque va contra las leyes naturales de la propia serie. El día en que Hank Moody expíe sus pecados Californication perecerá, pero de momento no hay de qué preocuparse, la serie goza de muy buena salud y Hank, el escritor que nunca escribe, sigue en caída libre. Como suele decirse con una copa en la mano; ¡hasta el fondo!



La frase: “¡Es hora de que dejes de follarte a todo el campus escolar!”

La frase 2: “No soy fanático de ese término… acto de amor, hacer el amor. Prefiero joder, meter, culear, follar, rellenar, enterrar. Cualquiera, escoge uno, pero hacer el amor no.”

3 piquitos de oro:

Carlos Serrano dijo...

MI hermano dice que la tercera temporada empieza a flojear...

cruasan dijo...

flojea, ya te lo digo yo. Con la misma temática (folleteo vamos) existe Hung, sobre un profesor de baloncesto de secundaria que se mete a puto (me niego a decir gigoló) gracias a su gran herramienta. La van a emitir por el plus, aunque en USA acabó la primera temporada hace algunos meses.

Darthz dijo...

Muy buen artículo.

: )

A mí esta temporada me encantó, como todas. Y precisamente el creerte esa suspensión de la incredulidad que la serie ofrece es la que le hace ganar puntos, a diferencia de lo que muchos, sin entender, opinan.

Por cierto, ¿sabes que eligieron un fragmento de una crítica mía para publicitar recientemente la segunda temporada en DVD (portadas físicas por toda España) de Californication? ¡Qué sorpresa me llevé! La tengo en casa, y la miro con ciertos ojos de enamorado de vez en cuando. Jiji.

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