La última película (1971)

Elprimerhombre ha visto La última película, de Peter Bogdanovich, un film en el que se retrata el tipo de vida de la gente de un pequeño pueblo del Estado de Texas, allá por los años 50, cuando era presidente Harry S.Truman y los chicos se alistaban en el ejército para luchar contra Corea. Una historia nostálgica que presenta a unos personajes aburridos por la vida que llevan, demasiado anclados en el pueblo donde habitan, con un pasado para olvidar, llevando a ciertas mujeres a tener alguna que otra infidelidad.

El eje central de la película es Sonny, un chico interpretado por un jovencísimo Timothy Bottoms, cuya carrera cinematográfica se recuerda por este papel y por el de Johnny cogió su fusil. Su amigo más querido es el que interpreta Jeff Bridges, que con 22 años ya sabía utilizar su talento para hacer papeles creíbles, de ahí que siempre se le haya considerado como uno de los mejores actores de su generación (apareció en una película en brazos de una actriz cuando sólo tenía 4 meses). A ellos se les une el personaje interpretado por Cybill Shepperd (conocida más por la serie Luz de luna), una chica remilgada cuyo deseo más ambicioso es perder la virginidad y hay que destacar que se la ve desnuda varias veces y hasta hace un striptease (si se le puede llamar así) encima de un trampolín en una fiesta nudista. Como actores más veteranos están Ellen Burstyn, que dos años más tarde sería la madre de la niña de El Exorcista, Cloris Leachman, que tres años después sería la ama de llaves de El jovencito Frankenstein y Ben Johnson, que dos años antes había formado parte de aquel Grupo Salvaje de Peckinpah. Estos dos últimos actores consiguieron el Oscar al mejor actor de reparto.

Peter Bogdanovich debutó como actor a los 17 años y dos años después como director de teatro. Entonces fue cuando empezó su amor por el Cine, viendo miles de películas y haciendo las críticas en importantes revistas como Esquire. Y a lo largo de su vida ha publicado libros sobre Alfred Hitchcock y Orson Welles, como también libros de entrevistas con John Ford y Fritz Lang. Y gracias a Roger Corman, debutó como director (durante 5 días) en El héroe anda suelto, con Boris Karloff. Y en 1971 rodó esta película, su mayor éxito. Luna de papel, de 1973, tuvo también bastante éxito de crítica y público, gracias a la pareja Ryan O’Neal y su hija Tatum O’Neal, que consiguió el Oscar con sólo 11 añitos.

Dicen las malas lenguas que cuando Bogdanovich dejó a su mujer, Polly Platt, con la que tuvo dos niños, su carrera empezó a decaer. Y no es para menos ya que Platt fue su colaboradora en sus primeras películas y un apoyo en su parte creativa. La culpable de aquella separación fue Cybill Shepperd, cuyas nefastas actuaciones a lo largo de su carrera no ayudaron mucho a Bogdanovich para encontrar el éxito perdido. Hasta llega a retomar a estos personajes, casi 20 años después, en Texasville (1990).

También es cierto que algunos críticos piensan que The Last Picture Show (el título original de esta película, que suena mucho mejor que el español) no ha envejecido muy bien, siendo además sus personajes bastante aburridos. Y en parte tienen algo de razón. La película no puede ocultar sus carencias en algunos puntos, sobre todo por culpa de su guión (nunca sabemos nada de por qué Sonny no tiene madre ni por qué no se habla con su padre) y por su montaje. Y su comienzo no puede ser más poco prometedor, con algunos planos cortos innecesarios que deberían haberse eliminado, como unos diálogos aburridos y unas escenas mal conducidas. Aún así, mientras visionas la película vas conociendo más a los personajes y te dejas llevar por situaciones más jocosas que las anteriores. La lograda fotografía en blanco y negro ayuda a que algunos planos impacten por su hallazgo visual y hasta ciertos leves movimientos de cámara demuestran que Bogdanovich aprendió algo después de tantos años viendo cine y sobre todo al estar al lado del maestro Corman. Lástima que el final sea bastante predecible y poco original, no dejando muy buen sabor de boca.

En definitiva, una película en la que al principio cuesta adentrarse a causa de un comienzo bastante insulso, pero que poco a poco te vas encariñando con ella gracias a la actuación de sus personajes y al buen hacer de Bogdanovich.

Bogdanovich se enamoró de la modelo de Playboy, Dorothy Stratten, que también hizo sus pinitos en el cine con Galaxina (1980), pero lloró su muerte ya que fue asesinada por su celoso marido. Esto le provocó un fuerte bache en su carrera. Esta historia la narró Bob Fosse en Star 80 (1983).

Un saludo!

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Shoot 'Em Up (2007)

Buenos días, soy el jefe Dreyfus, hoy es miércoles, y vuelvo con un nuevo estreno en dvd, y una peli que, sorprendentemente, no acabó de funcionar en taquilla a pesar de tener disparos, violencia gratuita hasta decir basta y una prota jamona: Shoot ‘Em up… ¡Empezamos!

Nótese que el bebé también pone cara de tipo duro

Bueno, pues yo suelo empezar contando un poco la trama de la peli y esas cosas que se hacen en esto de las críticas, pero lo cierto es que la película de hoy de guión más bien poquito, para que nos vamos a engañar. Un tipo duro, de gatillo fácil y al que le gusta comer zanahorias, se encuentra en medio de un fregado, con un bebé en brazos y una puta legión de matones tras suyo dispuestos a cargárselos a los dos. Como el hombre, como ya he dicho, es un tipo duro, no dudará en buscar ayuda en una prostituta, gracias a la cual ya tenemos al núcleo familiar completo (a pesar de que valores familiares, lo que se dicen valores familiares, encontrarán poquitos).

El director de este puñetazo de película es Michael Davis (al que servidor no conoce de nada y que al parecer había hecho un par de pelis anteriormente que habían pasado con más pena que gloria), que contó con un trio de lujo para esta nueva incursión en pantalla grande. El prota es Clive Owen, que últimamente se está especializando en papeles de tipo duro (que no vamos a negar que le quedan como anillo al dedo); la chica es Monica Bellucci, que no es que se esté especializando en papeles de tia buena, es que ya nació con ese don que la madre naturaleza tuvo a bien obsequiarle; y por último, pero no menos importante, el malo, que interpreta un Paul Giamatti absolutamente desfasado e ido de la pelota.

Y es que a la hora de la verdad, esta peli no te la puedes tomar nada en serio, pues al fin y al cabo no deja de ser un intento de hacer una película de acción caricaturizando, a la vez, a las dichas pelis de acción, algo que ya se intentó hacer hace algunos años con El último gran héroe, protagonizada por el cabecicubo de Arnold Schwarzenegger (he tenido que buscar en el google como coño se escribía), pero con menos fortuna. Así pues, la película solo nos regala diez segundos de descanso, al principio de la misma, tras los que siguen un festival de adrenalina, violencia, disparos, explosiones, persecuciones, gente atravesando ventanas, heavy metal, sexo ocasional (entre disparos, por supuesto, quizás la escena más conocida de la película), tópicos hasta decir basta y frases ocurrentes de esas que el bueno suelta justo después de cargarse a uno de los malos.

Está tan buena que incluso ella misma se soba

Pero, debo insistir, no se tomen la película en serio en ningún momento pues, al fin y al cabo, la misma es una soberana memez, tan vacía como ideal para pasar un rato entretenido sin apenas tener tiempo de aburrirte pues, como les decía, el ritmo es tan endiablado que, por momentos, uno ya no sabe quien está disparando a quien, ni maldita falta que hace. Y, gracias a Dios, cuando el rizo se empieza a rizar de forma más exagerada todavía, si cabe, y empiezas a pensar que no podrás aguantar mucho rato más el visionado de tal orgía de disparos y desenfreno sin acabar cayendo en el sopor, la película se despide, acabándose después de poco más de hora y cuarto de duración. Quizás podrían haber metido un cuarto de hora más de metraje y haber conseguido que la historia fuera más coherente, cierto, pero joder, ¿eso a quién le importa?

Resumiendo: Tópico tras tópico construyen una película de acción pura y dura que en ningún momento deja de reírse de sus compañeras de género, cayendo, en repetidas ocasiones, en la caricatura. La peli es un chute de adrenalina y poco más.

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Dr. Alien (1989)


Ni American Pie, ni Supersalidos ni pollas, la época dorada de la comedia adolescente fue los 80. Claro que aquí no encontramos tras la cámara a mi idolatrado John Hughes, sino al pérfido David DeCoteau, un pieza de mucho cuidado que ha basado gran parte de su filmografía en mezclar monstruos espantosos con chicas de buen alternar, títulos tan sugestivos como Chicas playeras de otro mundo o Crepozoides así lo avalan. En los 80 la mayoría de productos de consumo adolescente estaban destinados al videoclub, tenían escasas pretensiones y trataban el peludo tema de la pubertad de la manera más pueril y distraída posible, así que no era de extrañar que los primerizos escarceos sexuales de los petimetres de turno, se vieran mezclados con vampiros, hombres lobo, viajes temporales o, como es el caso, alienígenas, alienígenas con grandes domingas.


La propuesta de David DeCoteau nos cuenta como una bola de energía manda al hospital un profesor de biología. A la mañana siguiente llega a la universidad su sustituta, la doctora Xenobia, una neumática rubia de toma pan y moja que retomará las clases sobre el cuerpo humano describiendo el coito y preguntando a los alumnos sobre sus penes. La doctora elegirá como ayudante de laboratorio a Wesley, un remilgado y aburrido estudiante (lo que ahora llamamos un nerd) sin demasiada suerte con las chicas, por ahora, porque su vida sexual dará un vertiginoso giro cuando la maciza doctora le administre una vitamina especial y una carnosa antena le salga de la cabeza. Dicho apéndice no tardará en levantar pasiones entre el sector femenino y la primera en sucumbir será su profesora, con la que confraternizará encima de la mesa, mientras las probetas echan humo. Ya por la noche, los sueños de Wesley se poblarán de las más tórridas fantasías, en su interior, algo está cambiando, una extraña fuerza se está apoderando de él. Cuando despierta se calza sus converse, se pone sus gafas de sol y se levanta la solapa de la camisa, ¡tiene estilo!



Esta basura teen es el cine más descerebrado y cenutrio que se puede echar uno a la cara, solo recomendable para compradores asiduos de clearasil con las hormonas revolucionadas y treintañeros nostálgicos. No, no es una peli porno, aunque parezca que al prota le haya picado una polla radiactiva, eso sí, hay erotomanía festiva como para parar un tren. El principal reclamo de la cinta son su surtido elenco de actrices con pechonalidad y pelo cardado a lo Samantha Fox, encabezado por Judy Landers, una rubia siliconada que poco más ha hecho en este mundo, salvo salir en un par de episodios de El coche fantástico (realmente es el tipo de chica a la que se suele arrimar David Hasselhoff). Otro de los posibles encantos del filme es Stuart Fratkin en su eterno papel de amigo enrollado y molón, como ya hiciera en Teen Wolf II, por ejemplo. Billy Jacoby, el prota, también es una cara conocida de este tipo de subproductos, aunque perfectamente olvidable.



La cinta pretende mezclar humor fácil, fogosas alienígenas, mutantes sexuales y actuaciones de cabaret picantonas, con un resultado que puede caer en gracia a un pequeño sector del público, pero de valor cinematográfico realmente irrisorio.




La frase:
“¡Madre de Dios, es una tetuda de Marte!”


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Stardust (2007)

Buenos días, soy el jefe Dreyfus, hoy es viernes y vuelvo a las pelis con un estreno en dvd. Y es que soy la hostia, porque con todas las películas que tengo por ver, voy y el otro día me pongo a ver una de la que tampoco es que esperara gran cosa, todo sea dicho, ¡y encima va y me gusta! Lo que son las cosas, hoy: Stardust… ¡Empezamos!

A ver como les cuento yo la trama… La cosa va de que un pringado que está enchochado perdido por una moza del pueblo, le promete traerle una estrella que cae del cielo para ganarse su amor. Para lograrlo deberá atravesar el muro que separa el mundo real del mundo de ficción (que cosas oiga, fijo que esto en el Diario de Patricia arrasaba). Cuando la encuentra, la estrella caída tiene el físico de una chavala (la Julieta que se zumbaba al DiCaprio), pero el problema es que además de él, otros también la están buscando, entre ellos una bruja en busca de la juventud eterna (catwoman pero sin el traje guarro) y unos príncipes que se disputan el trono que está a punto de dejar vacante su padre (el Lawrence de Arabia). En su camino, además, se toparan con todo tipo de extraños personajes e incluso un temible pirata (toro salvaje) reconvertido en cazador de rayos. Para que nos entendamos, y a grosso modo, un cuento de hadas de los de toda la vida, para que nos vamos a engañar.

Y el director de todo esto es Matthew Vaughn, al que, en un principio, han encargado la tarea de llevar a la gran pantalla el personaje de Thor (otra de superhéroes, estamos que lo reventamos), que también está detrás del guión, junto con otro, basándose en una novela gráfica de Neil Gaiman (mundialmente conocido, entre otras cosas, por ser el guionista del comic Sandman).

Y una vez visto el resultado parece que el hombre estuviera empeñado en revivir las cintas fantásticas que todos vimos en los años 80: La historia interminable, la princesa prometida, cristal oscuro, dentro del laberinto, Willow... incluso Legend, si mucho me apuran (aunque luego lo negaré todo). Y lo hace en un momento en que el género de lo fantástico empieza a estar un poco más que quemado (y si no que se lo digan a los de New Line, que se han pegado una hostia padre con “la brújula dorada”). Y es que parece que la gente empieza a estar un poco harta de las trilogías fantásticas después del boom de los últimos años (que si los anillos, que si Narnia, que si Eragon, que si Terabithia, que si la dicha brújula dorada, que si Harry Potter y su puta madre, que no es ni trilogía eso es una maratón…).

Si me lo propusiera les aseguro que podría ponerme a rajar de esta peli cosa mala hasta dejarla por los suelos y, probablemente, en la mayoría de los casos dudo mucho de que me faltara razón. No obstante, confieso que la cinta consiguió camelarme desde bien temprano, me tuvo entretenido y contento durante buena parte de su metraje y al final todos los errores que pueda tener, que los hay, que los hay, se van haciendo cada vez más pequeños a la vez que se agrandan sus virtudes. Y es que estamos ante una película simpática, entrañable y sin demasiadas pretensiones, llena de aventuras, humor, magia, brujas, espadas, fantasmas, piratas y, por supuesto, buenos y malos, que consigue funcionar tanto para un público infantil como para un público más adulto (el verdadero reto en este tipo de producciones), con una gran escena final y un divertidísimo duelo con espadas. Puestos a quitarle cosas, quizás sobra algo de metraje y algunas escenas donde la cosa se pone demasiado ñoña para mi gusto.

Resumiendo: Sorprendentemente recomendable, sin duda. Reconozco que me esperaba otra cosa (no se muy bien el qué) y reconozco que no pensaba que me llegara a gustar, no obstante, debo admitir que a la hora de la verdad, y por arte de magia, me lo pasé como un niño.

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La costilla de Adán (1949)

Elprimerhombre invita a la gente a ver La costilla de Adán, de George Cukor, una película sobre la guerra de los sexos en la que brillan con luz propia Spencer Tracy y Katherine Hepburn, una encantadora pareja que acapara toda la atención del espectador gracias a su gran química y su excelsa personalidad.

La historia empieza cuando una mujer intenta asesinar a su marido al descubrir que le engaña con otra. Es entonces cuando entra en escena el matrimonio de abogados Tracy-Hepburn, que en la primera escena juntos, al leer la noticia en el periódico, discuten sobre lo sucedido sin tener los mismos puntos de vista. El opina que “la Ley es la Ley” y ella toma en consideración de que la mujer debe ser igual al hombre ante la justicia. Lo que no sabe esta parejita es que se van a enfrentar en el caso, siendo él el fiscal y ella el abogado defensor.

No me negarán que no son un encanto estos dos actores. Su modo de ser tan distinto hace que su relación afectiva sea más atrayente para el público. Una vez vista la película te quedas con las ganas de verles otra vez decirse cosas como “Pocholín” (Pinky) o “Pocholina” (Pinky). Se nota que entre ellos había algo más que respeto y amor. Fuera de la pantalla, tuvieron un flechazo durante el rodaje de La mujer del año, de George Stevens, en 1942, siendo desde entonces un amor secreto ya que Tracy estaba casado y prefería la infidelidad al divorcio. Lástima que su gran amor sucumbió con la muerte de Tracy en 1967, poco después de finalizar el rodaje de Adivina quién viene esta noche, de Stanley Kramer.

En lo profesional no hay que ser muy lúcido para decir que Spencer Tracy y Katherine Hepburn son dos de los mejores actores de la historia del Cine. Él obtuvo 2 Oscars a lo largo de su carrera, junto con 7 Nominaciones y ella 4, junto con 8 Nominaciones. Tracy era duro, complejo y difícil y Hepburn era inteligente, revolucionaria y atractiva por su manera de ser y actuar. Ambos debían de sentir algo muy grande entre ellos y eso ayudó a que tuvieran una buena conexión en las 7 películas que realizaron juntos. George Cukor los dirigió en 3 ocasiones y en esta película tuvo la habilidad de equilibrar el peso de los dos personajes gracias, sobre todo, a los guionistas Garson Kanin y Ruth Gordon. Esta última había sido actriz en Broadway antes de casarse con Kanin y lo curioso es que volvió a la interpretación en 1968, ganando un Oscar a la mejor actriz de reparto con su papel de vecina de Mia Farrow en La semilla del Diablo, de Roman Polansky.

Además de la sonrisa que nos consiguen sacar estos dos monstruos del celuloide, la película también tiene ciertos toques de humor bastante acertados, sobre todo por el personaje ingenuo de la mujer engañada, interpretado por Judy Holliday, que antes de disparar a su marido la vemos mirando las instrucciones de cómo disparar una pistola. Aunque también está el vecino músico que le tira los tejos a Hepburn, quizás un personaje que no está a la altura de los demás por ser la actuación de David Wayne un tanto exagerada. Unido a esto, hay algunas escenas que son demasiado forzadas, como la escena del juicio en la que una mujer muy fuerte levanta a Tracy por un pie hasta elevarlo muy alto, viéndose descaradamente que se aguanta en el aire gracias a unos cables aparentemente invisibles.

En definitiva, sin ser una película redonda, George Cukor logra una de las mejores comedias de la historia del Cine, con unos inmensos Spencer Tracy y Katherine Hepburn, que nos encandilan con su encomiable actuación y su gran simpatía en la gran pantalla. Si alguna vez están bajos de moral, pónganse esta película. Acabarán con una sonrisa dibujada en su cara.

Un saludo!


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